Noches de Luna llena

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Summary

Esta no es esa historia de un hombre lobo enamorado, esta es la historia de un hombre lobo vengativo; amante de la sangre, del dolor y el sufrimiento. Como bien dice el subtítulo (Sed de sangre y venganza), en esta historia se narran hechos ficticios obviamente, de cómo un joven se volvió leyenda en las calles de un pequeño pueblo de Rumania. Si bien la historia comienza con un contexto romántico, va poniéndose algo turbia con el correr de los capítulos. (Ambientada en la época del renacimiento; a eso de los años 1700).

Status
Complete
Chapters
22
Rating
n/a
Age Rating
18+

Extraviada

Al sureste de Europa, específicamente en Rumania, cuenta la leyenda de que existió un pequeño grupo de hombres lobo que habitaba en el rincón más recóndito y apartado de los montes Cárpatos; mismos montes que rodean los bosques de Transilvania.

Según cuentan los pueblerinos que vivían cerca del lugar, que todo sucedió en la Rumania renacentista, aquella época del estilo brâncovenesc o renacimiento Valaco. Para aquel entonces las cosas eran muy diferentes, y es que, en 1700 la ética y la estética dominabanlas calles, siendo una de ellas la detonante de esta historia.

Todo comenzó una noche de septiembre de 1714, cuando una bella y joven mujer llamada Nicoleta, se introdujo en el bosque en busca de privacidad luego de discutir con sus hermanos. La doncella ignoraba por completo el peligro al que estaba expuesta.

Pasada la media hora, Nicoleta decidió que era tiempo de volver a casa, pero se perdió en el camino de regreso, pues, era despistada en cuanto a temas de orientación. Acompañada del silencio y con la visión algo borrosa, la dama intentaba salir del bosque, pero lo que no sabía era que, en lugar de caminar hacia la salida, lo hacía en dirección contraria.

—¡Cielo santo! ¿Cómo voy a salir de aquí? —se preguntaba la joven en voz alta.

A medida que la noche avanzaba, el corazón de Nicoleta se aceleraba más y más, y una sensación de que la observaban hacía que entrara en estado de pánico rompiendo en llanto. Siguió caminando hasta encontrar un tronco en el cual se sentó para descansar.

Secando sus lágrimas, pensaba en que iba a morir. Repentinamente, escuchó el crujir de las hojas secas en el suelo, eran pasos. Nicoleta empuñaba la frondosa falda de su hermoso vestido de color azul celeste y encajes blancos.

Los pasos se escuchaban cada vez más cerca y la joven comenzaba a respirar más rápido. Miraba a todas direcciones hasta que vio una silueta masculina que lentamente se acercaba a ella. Un hombre de apariencia extraña la miraba fijamente mientras que, ella se resignaba a perder la vida esa misma noche.

—¿Qué haces aquí? ¿No te advirtieron tus padres del peligro que representa venir a este lugar? —cuestionó el extraño sujeto.

—Me perdí, solo quiero regresar a casa. —Nicoleta respondió sollozando.

—Vas en dirección opuesta —dijo el hombre —¡Lárgate y no regreses!

Nicoleta se levantó y corrió en dirección a la salida del bosque. Al llegar, se detuvo intempestivamente, luego miró hacia atrás para ver si aquel extraño hombre la seguía. Al cerciorarse de que nadie iba tras ella, siguió corriendo hasta llegar a su enorme morada.

Sus padres la regañaron fuertemente, pues estaban muy preocupados por ella. Nicoleta se disculpó y subió a su recámara. Al entrar a su habitación, la joven se apoyó en la puerta y comenzó a llorar. Las imágenes del sujeto del bosque invadían su mente y, a pesar de que vivió una experiencia terrible, aun le costaba creer lo que minutos antes había visto.

Nicoleta jamás le contó a nadie lo que vivió aquella noche, aun pudiéndose tratar de algún asesino que había llegado al pueblo, pero a juzgar por las apariencias, más bien era alguien o mejor dicho algo que, pese a no verlo con claridad a causa de su visión borrosa y la tenue luz de la luna, Nicoleta juraba por su vida que aquel ente extraño que vio se trataba de un hombre lobo.

La doncella se dio un baño y no dejaba de pensar en aquello, al salir se dio cuenta de que la ventana de sus aposentos estaba abierta y temía que, lo que le habló en el bosque la siguiera e ingresara a través de la ventana para atacarla. Rápidamente la joven cerró la ventana y en su defecto las cortinas, evitando así también, el viento helado y su sonido espeluznante que el mismo causaba.

—¿Estaré enloqueciendo? —se preguntaba como si se analizara a sí misma de que estaba cuerda y que lo que había visto era tan sólo producto de su imaginación. Se vistió y se preparó para dormir, pero varios golpes en la puerta no la dejaron siquiera arrodillarse al costado de la cama para orar —¿Quién es?

—Olvidó tomar su té, señorita —habló la criada desde el otro lado de la puerta.

Nicoleta caminó para abrir y recibir el té, el cual bebió de un solo sorbo ante la mirada de asombro de la criada. Le entregó la taza a la mujer al tiempo que le deseaba las buenas noches y salvajemente cerró la puerta.

Dispuesta a orar; Nicoleta se inclinó al costado derecho de la cama, y elevó una plegaria al cielo pidiendo coraje para olvidar su amarga experiencia aquella noche sombría de septiembre. Levantándose lentamente, la joven se acomodó la ropa y sin rodeos se acostó a descansar.

Pese a lo que vio en el bosque, la señorita Dragomir-Sigmaringen, hija de un hombre pudiente descendiente de la realeza rumana, no tuvo pesadillas por lo menos esa noche.

A la mañana siguiente la joven despertó temprano pues pronto su institutriz llegaría para dictarle clases de literatura y lenguas. Las criadas la ayudaban a vestirse y arreglarse para iniciar su jornada, habiendo terminado, la dama bajó lentamente por las escaleras disponiéndose a recibir sus clases.

Así pasaron los meses; Nicoleta no salía mucho de casa, solo cuando había cenas de gala o eventos en los que la dama era presentada en sociedad. La hija de Georgescu ya era mayor de edad y estaba interesada en contraer matrimonio, pero ninguno de los hombres que se presentaban ante ella eran de su interés.

Una noche de febrero de 1715, la hija de otra familia pudiente había desaparecido causando furor en las calles. Dicen que la joven fue vista por última vez en las cercanías del bosque, lo que causó escalofríos a Nicoleta, pero a su vez, despertó su curiosidad.

La joven era bastante necia y testaruda, tuvo la osadía de salir de su casa con tan solo una lámpara y una escopeta por si necesitaba defenderse. Olvidando la advertencia de aquel sujeto, la hija de los Dragomir-Sigmaringen se aventuró a las profundidades del bosque.

Sigilosamente y con mirada de recelo, la señorita caminaba de tal manera que no hiciera tanto ruido al pisar las hojas secas. Nicoleta miraba a todas partes sin omitir nada, como si estuviese analizando el perímetro. Pronto, la mujer se llevaría una desagradable sorpresa.

Sin darse cuenta caminó una distancia considerable y llegó hasta un extraño lugar. El bosque parecía haber terminado y Nicoleta se hallaba en los límites de aquel sombrío lugar con los montes Cárpatos. Su visión esa noche era más clara que la última vez y pudo divisar como la luz de la luna brillaba con intensidad.

—¡Qué lugar tan extraño! —expresó la dama como si hablase con alguien más, cosa que hacía cuando estaba muerta de miedo —Mejor regreso a casa.

Al girar se topó con aquel ser que le advirtió jamás volver al bosque. Como Nicoleta tenía buenos reflejos a pesar de ser despistada, tomó la escopeta y le disparó sin piedad a la criatura, causando que esta soltara un fuerte alarido a los cuatro vientos.

Nicoleta intentó correr, pero aquel sujeto sin importar el dolor que sentía por la bala, corrió tras ella atrapándola y arrastrándola de nuevo al bosque. La desobediencia de la señorita le había salido cara, y ahora debía resignarse a correr con el mismo destino cruel y el infortunio de la otra dama, que en extrañas circunstancias, había perdido la vida.

En el pueblo, la familia de Nicoleta la buscaba desesperadamente. Los padres ofrecían una jugosa recompensa a quien la encontrara, así que todos en el lugar comenzaron a recorrer cada rincón con tal de hallarla y recibir el dinero. Mientras tanto, había sido llevada a una extraña y espaciosa madriguera.

Luego de casi una hora inconsciente, Nicoleta despertó y vio el lugar —¿Dónde estoy?

—quejándose por el dolor de cabeza, la dama intentó ponerse de pie, en su esfuerzo pudo ver al sujeto tendido en el suelo gimiendo de dolor —¡Oh, Dios mío! —rápidamente cubrió sus ojos pues aquel hombre estaba desnudo. “Tengo que hacer algo” pensó y fue cuando se le ocurrió agarrar un manto para cubrirlo.

Como ya había visto el rostro del hombre, se levantó y lo arropó diciendo —No quise lastimarte, pero es que te vi amenazante y esa fue mi reacción.

—Te dije que no regresaras, este es mi territorio y no quiero intrusos aquí —respondió el hombre mientras seguía quejándose de dolor.

—Déjame revisar y curar tu herida —demandó Nicoleta levantando un poco el manto para ver el daño provocado por la bala.

El hombre la miraba con los ojos entrecerrados; pues desconfiaba en ella, pensaba en que cuando menos lo esperara, Nicoleta volvería a atacarlo. Por su parte, la doncella sólo tenía la intención de curarlo para que este no la agrediera más adelante.

Habiendo curado la herida del hombre, Nicoleta se alejó un poco y le preguntó —¿Eres uno de ellos?

—No entiendo de qué hablas.

—¡Ya sabes! Uno de esos hombres lobo que merodean por ahí según dicen en las calles.

—No es de tu incumbencia saberlo —dijo tajantemente el hombre.

—Por lo menos sé educado y preséntate.

—Mi nombre es Razvan ¿Satisfecha?

—¡Más o menos! Me llamo Nicoleta Dragomir-Sigmaringen, hija de Georgescu y Cosmina.

Descendientes de la realeza por parte de los Sigmaringen. —A la doncella le encantaba presumir su procedencia familiar.

—¡No me interesa! —habló Razvan interrumpiendo a la dama.

—¡Eso es de mala educación! ¿Te has preguntado si es esa la razón por la cual no perteneces a la sociedad como los hombres cultos que habitan lejos de este inmundo bosque? —cuestionó Nicoleta arrogantemente.

A lo que Razvan contestó —¡No! Y cállate que me impacientas.

Nicoleta no soportaba la insolente actitud de Razvan —Una cosa más ¿Qué harás conmigo?

—Si valoras tu vida, lo mejor es que te quedes. Mañana temprano regresarás con tu gente

y ni una palabra de esto —advirtió.

—¡Lo prometo!