Capítulo 1.
Los Ángeles, 07:30 A.M.
<Maldita vida> Es lo primero que pienso cuando soy llamada a la oficina de mi jefe, ese hijo de perra es un grano en el culo. Siempre se roba mis trabajos, y todos los méritos, oportunidades y felicitaciones se lo dan a él, sin siquiera haber puesto un "gracias por tu trabajo, Lafourcade".
Me paro de mi asiento y camino en dirección a la oficina del desgraciado, la cual <para mi mala suerte> está doblando dos veces a la derecha y una a la izquierda de mi oficina. Puede parecer poco, pero no lo es. Los pasillos son extremadamente largos, y el roba méritos me solicitó en 2 minutos, así que en vez de caminar debo correr. Al llegar, saludo a la señorita Zoé, su secretaria, y ella me anuncia y paso adelante.
—Buenos días, sr. James. ¿En qué puedo ayudarle?
—¡En hora buena, Lafourcade! —Es evidente que está celebrando, y eso a mi me vale pero a mi sueldo no, entonces decidí fingir interés.
—¿Qué estamos celebrando, sr James?
—MI ascenso querida, todo gracias a tu arduo trabajo. Por eso he decidido premiarte.
Me vale su ascenso y el premio todo raro que tenga para darme.
—¿Con qué me va a premiarme, señor? —Finjo interés nuevamente.
—Serás mi secretaria personal.
—¿Y la señorita Zoe? ¿Qué pasará con ella?
—Ustedes saben compartir, ¿no?
Es un idiota, pero con una 'i' bien mayúscula.
●●●
Ya la hora de almuerzo está por terminar, al igual que mi turno de trabajo y estoy muy agradecida con eso, pues hoy tengo una cita con Stewart al atardecer y necesito arreglarme para la ocasión.
Stewart es mi mejor amigo desde los 10 años, nos conocimos en la primaria de una forma.. especial. En ese entonces todos pensamos que nos íbamos a odiar, pero no fue así, nos queremos un montón y nada ni nadie puede cambiar eso ahora. Yo sé todo de él, y él sabe todo de mí, por eso es la cita de hoy. Stewart me quiere presentar a su novio, llevan casi dos meses saliendo y por mi trabajo no había tenido tiempo de conocerlo.
Espero que sea el hombre perfecto para Stewart, porque él no se merece menos. Él es una persona que ha sufrido bastante después de los 16 años, tanto así que quisiera ponerlo en una cajita de cristal y poner esa cajita de cristal en una caja fuerte, para que nada ni nadie le haga daño.
Y es que, Stewart Parker cumple años un 17 de diciembre y perdió a su padre un 5 de diciembre y a su madre cinco días más tarde. Algunos de sus hermanos son unos homofobicos de mierda y ni hablar de sus tíos y primos, los cuales abusaban de él cuando estaba en sus casas. Ni siquiera era que él quería estar allí, es que tenía qué, pues al perder a sus padres, los tíos se los repartieron haciéndose responsables de ellos, y de los trece hermanos, a Stewart le tocó la peor familia.
Stewart es un moreno claro, de ojos verde agua preciosos, mide 1.87, tiene un hermoso cabello de color azul azabache y un rosto masculino-femenino. Tiene una personalidad preciosa, y ni se diga del humor, él tiene ese humor difícil de comprender y sabe diferenciar entre una broma y la realidad. Stewart es como ese hombre que uno ve en TikTok y dice "Dios mío, el negro", es de esos hombres que ves y no parecen reales, y a sinceridad, si no fuera del otro bando hasta yo hubiese probado de ese chocolate, porque dice la canción "Que un polvo no dañe la amistad".
Los minutos pasan volando y cuando me doy cuenta ya me estoy despidiendo de Zoé y los demás, y escribiendo en el grupo "3/3" a ver donde vamos a quedar.
El "3/3" fue creado por Samantha bajo un significado inventado por ella;
"3/3": 3 Lleva vidas, 3 Chismosas y 3 Comentaristas.
Paro un taxi y subo en él, para ir a mi casa. El trayecto es tranquilo y me gusta, pues así puedo admirar el hermoso paisaje que me ofrece Los Ángeles. Pero como "la felicidad en una casa pobre dura poco", mi teléfono empezó a sonar.
—¿Bueno?
>>¡Sacha! ¿Dónde estás?
Pregunta Samantha al otro lado de la línea.
—Voy de camino a mi casa en un taxi, ¿por qué?
>>Pues dile al taxista que cambie de ruta.
—¿Y eso por qué? Sabes que no estoy para paya… —No logro terminar, por una intervención abrupta de Samantha.
>>Cállate y pásame al taxista.
—No voy a hacer eso, Sam.
>>Ayasha Lafourcade.
—Señor, le hablan. —Le pasé el teléfono al taxista como me habían ordenado anteriormente en medio de un escalofrío y no me molesto en ponerlo en voz alta, pues al final como quiera tendré que hacerle caso a Sam. La cara del señor es un poema.
Solo puedo escuchar pequeños sonidos de asentimiento provenientes de su garganta y un "sí, sé dónde se encuentra", y tengo un presentimiento.
El conductor da la vuelta en la rotonda y conduce por la ciudad.