Entre el amor y el odio

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Summary

Jake es de los chicos que detestan convivir con las demás personas, principalmente por el carácter que tiene, pero de pronto su vida que se supone debería de ser tranquila en Londres, recibe una llamada de su padre quien le pide regresar a Estados Unidos. Sin aceptar en un principio, no pasa ni un día cuando es convencido, sin esperar que desde ese momento conoce a quien será el que lo proteja y este en todo momento cerca de él… solo para que su odio poco a poco comencé a convertirse en amor. La historia es de mi total pertenencia a excepción de la imagen de la portada, si no les gusta la historia dejen de leerla de plano.

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo uno

Jake siempre ha sido un chico algo especial en cierto sentido, detesta recibir órdenes de alguien más en especial de alguien mayor que él, odia a los niños, principalmente a sus sobrinos, odiaba el verlos correr por la enorme mansión solo porque pensaba que su hermana los adoraba.

Lo cual era una gran mentira, si fuera por él los agarraría y metería en un auto para llevarlos al jet privado para mandarlos a la Antártida si así lo deseaba, pero tenía que dejar de lado esos impulsos, llegando a fingir que le agradaban con una gran sonrisa o le iría mal con su hermana.

Lo peor es cuando había personas a su alrededor, el simple hecho de verlas o el escucharlas era tedioso, no sabía como soportaba estar tanto tiempo con su familia, aunque eso, cambio el año pasado, cuando apenas tenía 17, fue mandado a Londres a petición de su padre.

Se pudo negar claro, pero él estuvo encantado de estar lejos de aquellos monstruos como él llamaba a sus queridos sobrinos, estuvo bien por un tiempo al no tener a nadie con quien hablar e incluso el convivir, todo el mundo en aquel instituto tenía entendido que Jake era demasiado reservado como muy grosero.

Por ello, no se deberían de dejar engañar por su atractivo, su cabello negro que no era lo suficientemente como para llegar a sus hombros, sus ojos de un café demasiado oscuro como parecer negros, su rostro que pareciera que es más joven de lo que parece y el ser alto también le daba puntos.

Solo que al abrir la boca nunca se esperarían que llegara a insultarlos de una u otra forma, haciendo que la mayoría se aleje de inmediato, evitándolo a toda costa, causando que él sonriera por dentro al estar lejos de todo y que no lo tomen como un prospecto de amigo.

Pero sus días de tranquilidad se vinieron abajo cuando recibió la llamada de su padre diciendo que era momento de regresar. —No lo voy a hacer.

[—Jake sé que estás feliz allá, pero ¿no crees que es momento de estar con tu familia?—] el pelinegro tuvo que contenerse de llegar a decir alguna grasería teniendo que morder su puño por un momento sin tanta fuerza para no sangrar.

—No quiero regresar, estoy bien aquí, ¿quieres que deje a mis amigos? ¿La mejor vida que tengo?— lo de sus amigos tuvo que hacer un esfuerzo para no hacer como que vomitaba al decirlo, lo segundo esa si no era una mentira.

[—Vamos, Jake hace mucho que no veo a mi pequeño.]

—Ya no soy un niño— se levantó de la cama para ir a la cocina. —Además, existen las videollamadas.

[—No es lo mismo y tú lo sabes—] al estar cerca de la entrada a la cocina se detuvo para estar frente a la pared y comenzar a golpearse la frente levemente intentando pensar en algo convincente. [—Además, tu madre te extraña—] al escucharlo se detuvo llegando a reírse por lo bajo.

—Claro, ella me extraña bastante que me llama cada día— dijo con ironía mientras entraba a la cocina abriendo el refrigerador, llegando a sacar un cartón de jugo, dejándolo fuertemente sobre el mostrador. —Ya deja de querer que yo tenga alguna relación con ella.

[—Jake ella no…]

—¿Ella no qué? Se olvidó tan fácil de mí dejándome a tu cuidado sabiendo que estabas casado y tenías una hija, solo soy el hijo bastardo que tuviste con ella, al menos Sara no me desprecio llegando a cuidarme como su hijo, ella sí fue una mejor madre que… Jennifer— incluso decir el nombre de quien lo dio a luz le causaba repudio.

[—Jake deja de hablar así de ella, yo la vi y ya no se comporta como antes, está cambiando.]

—Por favor, qué vil mentira— sabía de antemano que su madre no cambiaría tan fácil, lo sabe porque por desgracia es igual a ella. —Como sea, no me voy a ir de aquí y punto— antes de que su padre hablara termino la llamada, dejo el celular al lado del cartón de jugo para ir a traer un vaso y servirse.

La llamada de regreso no se hizo esperar, lo único que hizo fue observar la pantalla por un segundo antes de tomar el jugo, hizo una cara de desagrado al saberle amargo en vez de dulce y todo al sentirse molesto, durante todo el día se sentía realmente enojado que en su rostro se podía notar.

Absolutamente, nadie se atrevió a decirle algo, incluso los profesores, al ser la hora del descanso camino por el campus, hasta que sintió como vibro su celular que dejando salir un largo suspiro lo saco del bolsillo de su sudadera, al principio pensó que era de nuevo su padre, pero se sintió confundido al ver que era su hermana.

Tenía el impulso de colgar, sin embargo, al recordar su carácter, desistió de hacerlo. —¿Qué quieres Lydia?

[—Uy, qué humor—] no pudo evitar rodar los ojos al escuchar esas palabras. [—¿Supongo que ya hablaste con papá?—] hay va también.

—Ya dime de una vez que quieres— prefería ahorrarse todo un discurso como lo había sido con su padre hace unas pocas horas atrás.

[—Que traigas tu trasero de una vez para acá y más te vale hacerlo o yo misma tomaré el jet de la familia, iré a tu escuela y te arrastraré, así aunque grites que te deje no lo voy a hacer, después te subiré para el vuelo de regreso valiéndome todo.]

Jake no hizo más que desactivar el micrófono en la llamada para comenzar a gritar sin importar que estaba en medio del pasillo llevándose la mirada de todos lo que pasaban ahí, después de maldecir tanto como pudo respiro hondo para tranquilizarse. —¿Cuándo quieres que vaya?— sabía que si no aceptaba su hermana cumpliría su palabra.

[—Qué lindo hermanito tengo—] se escuchó la voz alegre del otro lado de la línea. [—Así que prepara todo para hoy porque el vuelo será esa misma tarde, nos vemos pronto, besos—] la llamada termino y el pelinegro se quedó en shock al no tener tiempo de nada. —Eso fue sencillo.

—Pues para mí no lo fue— Lydia se acercó hacia su padre, quien se encontraba sentado frente a su escritorio para colocar sus brazos sobre sus hombros y abrazarlo.

—Es que no eres muy estricto con él, por eso es fácil evadirte— su padre sonrió un poco al llegar a recordar las veces en que Jake lo desafiaba por casi todo, su celular de ella sonó a lo que contesta. —¿Qué pasa?

[—Señora Aston son sus hijos de nuevo—] no pudo evitar suspirar al escuchar a la profesora otra vez, claro que quería mucho a sus hijos, pero había veces que la desquiciaban, nada que una buena copa de vino y una buena película no la relajaran.

Cubrió la bocina para hablar. —Lo siento papá, tengo que irme.

—Está bien, ve.

—Bueno, nos vemos otro día— se inclinó a un lado para besarlo en la mejilla antes de caminar hacia la puerta. —Ahora que hicieron esos dos— cuando la puerta es cerrada quedándose solo se recarga más contra el asiento.

—Al menos Jake va a estar de regreso, esa es una preocupación menos, lo difícil será lo que viene— dejo de lado eso para sentarse y empezar a hacer algo de trabajo. El pelinegro no podía evitar maldecir entre murmullos mientras hacía su equipaje.

Estando todo listo salió de aquel departamento que había sido su casa por un año, no estaba triste por dejarla, pero si extrañaría sus días de soledad, tomando un taxi con dirección a un aeropuerto privado, al llegar logro ver un rostro conocido quien le abrió la puerta cuando el transporte se detuvo.

—Es un gusto volverlo a ver joven Jake— aquel que era el asistente personal de su padre tuvo que ser el encargado de viajar para ser quien escolte al pelinegro.

—Lo que digas— no estaba de humor para actuar feliz o alegre, simplemente bajo del taxi llegando a ver a alguien cerca de ellos, llego a observar que estaba serio sin siquiera mirarlo, su cabello rubio oscuro como aquellos ojos verdes de la misma tonalidad llamaban la atención.

Pero el que llegara a ser más alto que él le molestaba por alguna extraña razón. —¿Quién es él?

—Oh, el Michael Kovac y nos acompañara durante este viaje— al escuchar al asistente no pudo evitar voltear a verlo, se le hacía sospechoso que no le diera más detalles como siempre lo hacía, al observar que se notaba tranquilo al respecto, chasqueo la lengua.

—No interesa, solo vámonos— al caminar llegó a cruzar al lado del rubio logrando ver que a penas si alcanzaba sus hombros, durante el vuelo no dejaba de ver de vez en cuando a Michael intentando descifrar en que trabajaba, ya que dudaba que su estatura como complexión musculosa fuera para ser un remplazo de asistente.

Llego un punto en el que decidió ignorarlo para dormir, las 7 horas de vuelo llegaron a su fin cuando aterrizaron siendo su destino el condado Westchester en Nueva York, no había necesidad de que lo despertaran al ya estarlo, solo fingía que aún dormía así llegando a evitar que llegaran a tocarlo.

No dijo nada hasta bajar del jet donde solo espero a los dos hombres, el asistente le señalo hacia donde ir llegando hacia una camioneta donde le abrió la puerta de pasajeros para que entrara, esto también era algo que odiaba, ya que perfectamente podía hacer las cosas por sí solo sin ayuda de nadie.

Simplemente, se subió llegando a esperar el momento de tener que regresar a su antigua casa, de no ser porque se distrajo con su celular, no hubiera notado lo mucho que se tardaron para subir su equipaje en la parte de atrás, al momento de escuchar como cerraron las dos puertas de enfrente.

No pudo evitar alejar por un momento la vista de la pantalla para llegar a notar como es que el rubio era quien conduciría. Así que es el chofer, pero eso no explica el porqué tenía la necesidad de acompañarnos en el viaje… argh como sea no me interesa. Dejo de verlo para concentrarse en ver su celular.

Unas horas más pasaron hasta que el asistente se gira un poco para ver al pelinegro. —Joven Jake estamos de regreso— al escucharlo alzo de nuevo la mirada llegando a notar que estaban por entrar a la propiedad de su familia, aunque no queriendo recuerdos de cuando estuvo aquí vinieron a él llegando a ponerse un poco nostálgico.

Cuando la camioneta se detuvo se apresuró a abrir la puerta y salir llegando a notar aquella mansión en la que ha vivido desde los 10.

Al voltear a un costado llego a ver aquel rosal de rosas blancas que tanto había cuidado Sara, al notar que el asistente se acercaba dejo de observar para caminar hacia la entrada de la casa.

Antes de que llegara a subir el primer escalón, una de las puertas es abierta dejando ver a una mujer de cabello casi canoso, siendo una pelirroja que de inmediato bajo los escalones para llegar a abrazar a Jake. —Mírate, cuanto has crecido.

—No me fui por mucho tiempo— la mujer se alejó, pero coloco sus manos sobre los costados de los brazos del pelinegro.

—Pues para mí fueron años— Madelyn era el ama de llaves y quien procuraba que todo estuviera listo dentro del hogar. —No has dormido bien, ¿verdad?— tomo con ambas manos su rostro mientras lo veía con atención.

—Si he dormido bien, suéltame— la tomo de las muñecas para alejarse, causando que la mujer lo viera con molestia.

—Más te vale no estar mintiéndome jovencito o me encargaré de dormirte.

—Le diré a mi padre que me estás amenazando… oye no, deja mi cabello— para nada le gustaba que revolvieran su cabello como si aún fuera un niño.

—Pues dile, vamos— el asistente se cubrió la boca para aclararse la garganta, además para evitar que vieran como sonreía a causa de lo gracioso de la escena frente a él.

—Disculpen si interrumpo, pero el señor Blake nos está esperando— con eso Jake pudo librarse de que Madelyn lo siguiera molestando, mientras ambos caminaban hacia el despacho de su padre, llego a peinarse como pudo con sus manos.

Se detuvo de hacerlo cuando escucho pasos detrás de ellos y volteando ligeramente, logro a notar como Michael los estaba siguiendo a una distancia considerable. ¿Y ahora este por qué nos sigue?. Dejo de verlo cuando estaban frente al despacho.

Cuando el asistente toca ligeramente del otro lado se escucha un adelante, teniendo el permiso abre concediéndole el paso al pelinegro. —Al fin llegaste— cuando su padre alzo la mirada le llego a sonreír, Jake lo veía igual como cuando se había marchado.

Con su cabello castaño, dejando ver que era algo que los diferenciaba con unas cuantas canas haciéndose presentes, el mismo color de ojos mostrando lo único que tienen en común. —Bien, ya llegué, ahora dime por qué tanta urgencia en que yo viniera.

—Jake— oculto su sonrisa al ver la actitud de su hijo antes de ver que el rubio había entrado, suspiro dejando las hojas que sostenía para afrontar lo que se viene. —Richard, ¿puedes dejarnos solos?

—Claro— lo que se le hizo raro al pelinegro es el porqué al asistente era al único al que le pedía salir, cuando la puerta fue cerrada el lugar se quedó por un momento en silencio.

—Bueno, para no hacer más largo este asunto y que ya conoces al señor Kovac quien a partir de ahora será el encargado de cui-dar-te— lo último lo dijo con cuidado.

—¿Cómo una niñera?

—Guardaespaldas— al escuchar aquella voz volteo a ver a Michael, por fin escuchando como sonaba su voz al hablar, lo vio por un momento antes de ver a su padre.

—¿Estás bromeando?— al ver que su padre solo negó, se tomó un tiempo antes de abrir la boca. —¡¿Qué demonios te pasa? ¿Por qué tengo que ser cuidado por este como si fuera un niño? No voy a aceptarlo!

—Es por tu seguridad.

—¡A la mierda la seguridad puedo cuidarme solo! ¡Sabes que me largo no voy a estar soportando estas estupideces!— abrió la puerta con furia antes de caminar e irse con dirección a la salida. ¡Maldita sea, debí suponer que esto era una trampa!.