La alquimista

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Summary

Un mundo de fantasía donde los alquimistas son escasos, un tirano Rey busca curar su extraña y mortal enfermedad. Lili, hija bastarda de este Rey, puede ser su única solución pero ¿Podrá Hades llevarla hacia el castillo y evitar que su amor se convierta en un obstáculo para cumplir su misión?

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

La alquimista más famosa

*Siempre me ha gustado escuchar los problemas de los vecinos de este pueblo, algunos son realmente divertidos* 


-Buenos días señora Lonvie ¿Qué necesita hoy?-


-Oh, Lili querida, que espanto, he encontrado a mi esposo con mi vecina y quiero hacer que no pueda volver a costarse con nadie en mucho tiempo...- decía fogosa mientras se podía ver la venganza en sus ojos.


-Eeeh... se..señora Lonvie, sabes que eso no puedo hacerlo... Lo que sí puedo darle es una poción de crecimiento... si lo añade en su crema corporal puede hacer que su pecho crezca un poco para hacer que su esposo se arrepienta... Todos sabemos que tiene fetiche por los pechos grandes- decía ofreciéndole la poción mientras veía cómo los ojos de la vecina se iluminaban. Tras pagar, pasó al siguiente y al siguiente. Llegó la noche y estaba a punto de cerrar.


-Abuelo siempre llegas a última hora...- dijo poniendo los brazos en jarra.


-Querida, traigo mercancía de la mejor calidad- dijo sonriendo abriendo un enorme saco que traía a la espalda. 


Mientras Lili escrudiñaba el saco en busca de alguna novedad, el abuelo tomaba un té sentado sobra un banco de madera que poca gente usaba. Sorbía su té haciendo bastante ruido, cosa que indicaba que tenía chisme que contarle.


-Desembucha- soltó sin mirarle.


-¿Yo? no tengo nada...-


-¿Me vas a hacer suplicar?- 


-Bueno vale, pero no te asustes-


Lili prestó atención a las palabras del abuelo ya que era raro que hablara tan rápido. Preparada para cualquier burrada, miró dentro de la bolsa una última vez mientras el abuelo se acababa su té.


-El Rey ha mandado llamar a todos los alquimistas del reino... Se muere.


Lili enmudeció. 


-¿Y eso me afecta a mi en?- dijo intentando ignorar la situación.


-¿No vas a ir? A fin de cuentas es tu padre... -


-No, saber que tú eres más mi padre que él. A fin de cuentas me criaste cuando mi madre murió... A demás no estoy colegiada... no salgo en ningún registro, no voy a ir- sentenció.


El viejo se encogió de hombros mientras Lili entraba a por el dinero. Suspiró recordando a la madre de Lili, Elina; una hermosa mujer que trabajaba en el palacio y que por desgracia se enamoró del Rey. 


Lili se encontraba dentro, con la bolsa de dinero para pagar la mercancía del abuelo, mirándose al espejo gastado que tenía tras unas pociones. Se bajó un poco el cuello de la camisa para dejar ver una extraña marca de nacimiento con forma de luna, marca que tenían todos los descendientes de la familia real, todos en el mismo lugar. Inequívocamente era hija de ese despreciable ser. Tenía sus ojos rojos y esa puñetera marca en el pecho.


Salió y cuando fue a entregarle el dinero al abuelo, este le entregó un papel.


-Tenlo en cuenta...-




A la mañana siguiente, el reclutamiento de todos los médicos y alquimistas era la comidilla del mercado. El pueblo comentaba que ya llevaban varias semanas reclutando y que en muchos pueblos vecinos ya no tenían a nadie que los tratase.


-Menos mal que nuestra niña se queda...-


-Sí, aunque no podemos dejar que nadie la encuentre, tendremos que tener cuidado.




Barría la entrada de la tienda cuando comenzaban a llegar clientes. Poco a poco se llenaba de gente que pedía sus pociones semanales. Otros comerciantes intentaban comprar pociones para revenderlas como suyas a otros pueblos que ya no tenían alquimistas pero Lili los echaba sin esperas.


Iban pasando las semanas y no se volvía a oír nada de todas las personas que fueron al castillo. Rumores y las malas lenguas decían que el Rey los mataba al no encontrar cura. Los comentarios y los chismes llegaban a Lili como lluvia. Por todos lados había comentarios y especulaciones. 


-Dicen que los matan si no son capaces de mejorar sus síntomas...-


-Sí, parece que no ha podido tener un heredero y está desesperado...-


-Tirano, impotente y estéril-


Lili se reía preparado los tarros para la siguiente clienta.


-Lili querida, mi reuma me va a acabar conmigo... Dame esas pociones que me dejan como nueva cielo-


-Marchando un endurecedor óseo.-


-Gracias mi vida-


-Gur, no puedes abusar de esto, recuerda que tienen que ser dos gotas con el café para que te haga más efecto.-




Tras calmar a algunos desesperados clientes que venían desde otros pueblos, los problemas parecían acumulársele en la tienda. Se quedó rápidamente sin pociones de curación provocando escaramuzas con todos los que se llevaban varias. No entendía nada... ¿De dónde venía toda esta gente?


-¡Eh eh eh! ¡Esperad! - dijo subiéndose sobre la barra que separaba su lugar de los clientes.


-¿Quién os envía? ¿De dónde venís? por que vosotros no sois de este pueblo- indicó enfadada señalando a todos los nuevos clientes.


-Eres la única alquimista en kilómetros a la redonda...- dijo un hombre que se notaba que pasaba hambre -Necesitamos ayuda...-


En ese momento la puerta del establecimiento se abrió de golpe asustando a todos dentro. Un imponente soldado entraba acompañado de otros dos que portaban la orden de reclutamiento.


-¿Tú eres la alquimista?-


-No, solo vendo sus productos- mintió descaradamente bajándose de la barra -Y les agradecería que no me espantarais a la clientela...-


El soldado clavó una orden de alistamiento en la pared.


-Si en tres días el alquimista local no se presenta se clausurará la tienda y con ella todas las pociones. 


Salió dando un portazo dejando a todos los allí presentes preocupados por la joven que miraba enfadada hacia la puerta. Se hizo un silencio sepulcral. Lili dio un suspiro sonoro y sonrió.


-Bueno ¿Quién es el siguiente? - continuó ignorando el aviso de ese hombre.




Una vez todos fueron atendidos, Lili se dispuso a cerrar cuando de entre los matorrales sintió que salía una figura. Cansada del acoso, sacó su daga y se dispuso a defenderse de quien fuese cuando vio a un apuesto joven de cabellos negros y ojos amarillos gravemente herido.


-Aa...ayuda por favor-


Lili corrió a ayudar al joven que se dejó caer sobre ella casi cayendo al suelo. La respiración del joven era ajetreada, estaba algo sucio y solo portaba con él una vaina vacía de una espada y una cadena plateada al cuello. Vestía con un apretado pantalón de cuero negro algo desgastados, una camisa negra de botones que estaba rajada por el pecho donde se encontraba una grave herida, profunda, que no paraba de sangrar.


-¿Qué demonios te ha pasado?- Decía mientras lo metía en su laboratorio para curarle la herida.


-Me... me robaron todo...- dijo casi ahogándose.


-Tranquilo, estarás recuperado en un momento...- Lili lo tumbó sobre una mesa y abrió con fiereza la camisa dejando al descubierto los turgentes pectorales del joven. Si sumaba lo alto que era él, y lo alta que era la mesa, tratarlo desde su metro sesenta era imposible. Como pudo, se subió sobre las caderas del joven que se sorprendió ante la osadía de la chica.


-Respira, esto puede escocer pero no dejará marca.


Comenzó a verter sobre él un pastoso líquido rojo que le quemaba pero a la vez le hacía sentirse bien. La sangre dejó de brotar y poco a poco la herida se fue cerrando. En cuestión de segundos el dolor desapareció por completo haciendo que el chico que quedase completamente dormido.