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La Verdad En El Espejo

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Summary

Lanna se encuentra a una misteriosa vendedora, que le invita a comprar un extraño Espejo que promete ser mágico. Lanna compra el artefacto y decide probar de primera mano la supuesta mágia del espejo, acompaña a Lanna a describir "La verdad en el espejo" Micro relato escrito para el concurso #ElEspejoEncantado en Inkspired

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1
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n/a
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16+

La Verdad En El Espejo

Lanna vio su reflejo en el espejo, insegura de dejarse llevar por lo que la Gitana le prometió al venderle el artículo.

–Te verás frente al espejo, tocarás la frente de tu reflejo y dirás las siguientes palabras “muéstrame mi verdad en el espejo” y eso será todo –dijo la Gitana, mientras empacaba el antiguo espejo a su nueva dueña. Lanna no creía en fantasías, por lo que dudó mucho si adquirir la reliquia. Pero era algo que Selyn definitivamente habría comprado, así que lo hizo.

En su habitación de pie frente al espejo, Lanna pensó que no estaría mal probar, si el espejo en verdad era mágico y con solemnidad realizó los pasos sugeridos. En el instante en que repitió las palabras, fue absorbida por el espejo y de inmediato cayó sobre un piso transparente que le permitió ver las estrellas a sus pies. Se levantó adolorida y se sorprendió de ver que prácticamente estaba flotando en el espacio sideral. Lanna temerosa del lugar en el que se encontraba, caminó a tientas en busca de alguien que le pudiera explicar en dónde se encontraba. A lo lejos logró observar una figura, “parece una persona” pensó, y caminó hacia ella.

–¡Disculpa, ¿puedes ayudarme?! –gritó a la figura mientras caminaba. La figura que Lanna lograba identificar como una mujer, se dio la vuelta. Lanna se detuvo de golpe y sintió una punzada en su pecho. Era ella, era Selyn, la misma que había fallecido un par de años atrás.

–Hola, Lanna –saludó Selyn sonriendo tiernamente.

Los ojos de Lanna que no habían derramado una sola lágrima en dos años, de pronto no podían detener el torrente que se avecinaba. Lanna sintió un nudo en la garganta, que cortó su respiración. El dolor atravesó su pecho y rompió cada espacio de su ser. Ella no podía creer lo que estaba viendo.

–¿No vas a decir nada? –preguntó Selyn. Lanna que había estado inmóvil, caminó despacio hacia quién fue su mejor amiga. Se acercó a ella con cautela y cuando al fin logró tocar delicadamente el rostro de Selyn, se dio cuenta que no estaba soñando y se lanzó a los brazos de Selyn. La abrazó tan fuerte que temió romperle los huesos; pero no podía soltarla y lloró en sus brazos hasta más no poder.

Lanna sentada al lado de Selyn en medio de la inmensidad del espacio, comenzó su conversación.

–¿Qué haces aquí? Se supone que tú estás –titubeo Lanna.

–¿Muerta? –interrumpió Selyn, concluyendo la frase que no pudo salir de los labios de Lanna.

–Sí, eso. –susurró Lanna con tristeza.

Selyn la vio a los ojos y le sonrió con amor maternal.

–No debes temer al decirlo –aseguró Selyn-. Sí, estoy muerta, o al menos así es como se le conoce a este estado.

–Yo... –las lágrimas volvieron a correr por el rostro de Lanna– lamento mucho, lo que te pasó. Yo debí estar ahí contigo. Debí ayudarte, debí salvarte. Esto no habría pasado, si yo hubiese estado ahí, perdóname, perdóname.

Lanna no podía dejar de llorar y repetir esas últimas palabras, mientras Selyn tiernamente acariciaba su cabello y trataba de consolarla.

Lanna despertó en su cama. Las lágrimas aun rodaban por sus mejillas. Se levantó de golpe, no podía creer lo que le acababa de suceder. Trató de recordar cómo había regresado de aquel lugar “Me quedé dormida en el regazo de Selyn, por eso volví” concluyó. Fue a su tocador y aliviada vio que el espejo aún se encontraba exactamente donde lo había dejado. Tomó sus llaves y condujo hasta la estación donde había encontrado a aquella Gitana.

Los rayos de sol pegaban fuerte contra el rostro de Lanna. Ella vio su reloj, siete de la mañana “Es muy temprano” Dijo con sorpresa, porque no estaba acostumbrada a salir tan temprano de casa. Últimamente se dormía de madrugada y despertaba siempre tarde para ir al trabajo, después salía con quién tuviera ganas de acompañarla y llegaba a casa lo más tarde posible para nuevamente repetir el ciclo. No visitaba mucho a su familia, pues ellos siempre estaban ocupados en sus propios asuntos, enviarles y recibir uno que otro mensaje era suficiente para ella.

Lanna buscó por todos lados a la extraña vendedora. Quería preguntarle que era todo aquello que había experimentado, porque estaba totalmente segura que no había sido un sueño. Buscó hasta el cansancio; pero no pudo encontrarla. Se sentó en la banca de la parada de bus, y vio a su alrededor. Todas las personas parecían ir tan rápido, todas sumergidas en su mundo, en sus urgencias y preocupaciones, tratando de llegar a sus destinos. Lanna se preguntó, ¿Cuándo había sido la última vez que se había detenido a observar a los demás?, ¿Cuándo se había tomado una pausa? Siempre estaba trabajando, siempre estaba ocupada.

De pronto la Gitana se sentó a su lado.

–¿Me estabas buscando? -preguntó la vendedora.

–Si, ¿Cómo sabes que te estaba buscando? –preguntó Lanna.

–Solo lo sé, niña –respondió la Gitana, sonriendo.

–El espejo, lo que hace ¿Es real? –preguntó tímidamente.

–Depende de lo que para ti sea real. El espejo solo muestra tu verdad. –admitió la Gitana.

–Pero había una persona ahí adentro y prácticamente todo un universo –insistió.

–¿Y eso te asusta? –indagó la Gitana.

–No –respondió Lanna de inmediato.

–Entonces, estás comenzando a descubrir tu verdad mi niña. No temas y resuelve lo que tengas que resolver. Debes saber que ya solo me verás una vez más. –advirtió la Gitana, mientras acomodaba un mechón de cabello tras la oreja de Lanna.

–¿Cuándo?

–Eso sólo tú lo sabrás –concluyó la Gitana.

–Pero ¿y si necesito saber más acerca del espejo?

–No te preocupes, el espejo se encargará de todo, espero que nos veamos pronto.

La Gitana se alejó entre la multitud y Lanna, aún más confundida regresó a casa.

Lanna fue al Bufete de abogados donde trabaja y trató de terminar todas sus labores lo más pronto posible, quería volver a casa.

–¿Iremos al club? –preguntó Simón, uno de sus compañeros de trabajo.

-No lo creo, debo volver a casa temprano. –respondió Lanna, mientras sacaba los documentos de la fotocopiadora.

–¿Estás segura? Tú nunca faltas los viernes.

–Muy segura –respondió de inmediato.

–¿Te pasó algo? Hoy te ves, diferente –concordó Simón, observando con detenimiento a Lanna, quien estaba concentrada leyendo los papales para su nuevo caso.

–En realidad no -respondió sagazmente.

Lanna regresó a casa a las seis, el sol aun pegaba en su ventana. Ella no recordaba la última vez que vio los rayos de sol entrando a través de la ventana de su habitación. Vio al espejo y tocó sus contornos “Ella está aquí adentro” pensó.

Se sentó sobre la cama y tocó su pecho que aún se sentía cálido y ligero, como si se hubiese quitado un enorme peso de encima y volvió a entrar al espejo, esta vez más preparada, más fuerte. Cuando a aquel inmenso y basto lugar, buscó enseguida a su amiga que estaba sentada en un columpio hecho de luz que le recordó al polvo de hadas. Selyn le sonrió y Lanna se sentó a su lado.

–¿Acaso vives aquí? –preguntó Lanna, esta vez un poco más serena.

–Por el momento –le respondió.

–¿Qué es este lugar? –volvió a preguntar.

–Este es un espacio hecho para ti -aseguró Selyn.

–¿Puedes salir de aquí?, ¿puedes regresar conmigo?

–Me temo que no. –respondió Selyn con tristeza.

De pronto Lanna vio que la imagen de Selyn se nublaba y sintió que era trasportada a otro espacio, hasta que nuevamente se encontraba en casa.

Vio el reloj, eran las siete de la noche, había pasado exactamente una hora, desde que entró al espejo. “Entonces no fue el quedarme dormida lo que me trajo de vuelta –pensó–fue que se acabó mi tiempo” Tocó el espejo y repitió las palabras; pero nada pasó “Y solo puedo hacerlo una vez al día” concluyó.

Lanna, no podía esperar a que llegara el siguiente día y se durmió temprano, en un esfuerzo porque el tiempo pasara más rápido. A la mañana siguiente, estaba totalmente descansada, hacía tiempo que no dormía tantas horas. Se despertó temprano, el reloj marcaba las seis y nuevamente intentó entrar al espejo y este no respondió “Supongo que debo esperar las veinticuatro horas” pensó.

Llegó temprano al trabajo, algo que sorprendió a todos sus compañeros, pues ella siempre llegaba a contratiempo.

–¡Lanna! te ves bien –dijo Cristel– ¿te hiciste algo en el rostro?

–No me hice nada, ¿por qué lo preguntas? –indagó.

–Es que... disculpa que lo diga, pero siempre tenías esas ojeras terribles, y aun las tienes; pero parecen estar desapareciendo.

Lanna se extrañó por el comentario, ella nunca se había percatado de tal detalle, después de todo, nunca se detenía a observarse al espejo.

Volvió a casa temprano después de nuevamente rechazar la salida de sus compañeros a los que ella tenía tan acostumbrados a salir. Se sentó nuevamente frente al espejo y volvió a entrar en él. Esta vez Selyn estaba sentada en una mesa hecha de luz, al igual que el columpio, y sobre la mesa se encontraban los platillos favoritos de ambas.

Lanna se sentó al lado de Selyn y como siempre le regalaba una dulce sonrisa.

–¿Qué es todo esto? –preguntó Lanna observando la deliciosa comida.

–¿Recuerdas que comíamos esto, cuando íbamos a la universidad? –preguntó Selyn, señalando el brawnie sobre la mesa. Postre que Lanna había evitado probar desde dos años atrás.

–¿Cómo olvidarlo? Es tu favorito –respondió.

–Pero, ¿recuerdas que fuiste tú, quien me regaló el primer brownie que probé? –Lanna Sonrió ante el recuerdo de Selyn.

–Tienes razón. Te lo llevé el día que no parabas de llorar porque no pudiste ir al concierto de tu cantante favorito –dijo Lanna entre risas.

Las dos amigas disfrutaron de todo aquello que Lanna se había privado todo ese tiempo, hasta que nuevamente volvió a casa.

Lanna cada día se despertaba más animada. Hacía todo con calma, tomaba una ducha caliente, caminaba al trabajo para así poder tener más cosas que contarle a Selyn. Observaba cada cosa en el mundo, sonreía a los niños y a las mascotas que se encontraba, pensando en que a Selyn le habría encantado verlos. Trataba de ver a detalle el atardecer para así poder explicarle a Selyn cada tono y cada matiz. Además, escuchaba nuevamente la música que Selyn y ella disfrutaban.

Pasaron días en el ir y venir del espejo, hasta que un día Lanna encontró a Selyn, sentada nuevamente en el columpio. Ella igualmente se sentó a su lado.

–¿Disfrutaste tu día? –preguntó Selyn.

–Creo que sí, pensé mucho en ti, porque moría por contarte todo lo que había hecho.

–Y sonreíste al pensar en mí –afirmó Selyn.

–¿Cómo lo sabes? –preguntó Lanna sorprendida.

-Porqué estamos llegando al final de tu verdad Lanna –anunció Selyn.

Lanna ya había olvidado de ese asunto, por lo que le asustaron un poco las palabras de su amiga.

–Ven conmigo –dijo Selyn.

La tomó de la mano y la llevó hasta donde se encontraba el espejo mágico; pero éste tenía un tamaño diferente, ya que reflejaba el cuerpo completo. Lanna y Selyn se pararon frente al espejo y Lanna vio su reflejo; pero no el de Selyn, quien todavía permanecía a su lado. Selyn camino y entró al enorme espejo, parándose frente a Lanna, como si fuese su reflejo.

–Esta es tu verdad Lanna –anunció Selyn– y ahora estás lista para verlo.

Selyn le mostró a Lanna imágenes sobre lo que ella había estado haciendo esos dos años. Como se había negado a la vida, cómo su alma se había privado de la felicidad y a la paz, como su ser poco a poco se iba deteriorando. Lanna no pudo evitar sentirse triste, al verse a sí misma y en lo que se había convertido.

–Lanna, dejaste de sonreír, de cantar, dejaste de disfrutar tus días, y de ser la persona que eras cuando ella estaba en este mundo –dijo Selyn con tristeza.

–Selyn, yo ... –titubeó Lanna– yo no sabía cómo continuar, tú eras la persona más maravillosa que yo conocí y perderte fue demasiado para mí.

Lágrimas rodaron por las mejillas de Lanna.

–Y tú también, eres la persona más maravillosa que Selyn alguna vez conoció, lo sé porque yo puedo ver dentro de ti, puedo ver en tus recuerdos, que a la vez son sus recuerdos –dijo Selyn.

–¿Por qué hablas de ti en tercera persona? –preguntó Lanna.

–Porque, yo en realidad soy un reflejo del anhelo que hay en tu corazón, yo soy el espejo.

–Pero… entonces ¿todo este tiempo, fuiste tú? ¿no fue Selyn?

El espejo negó con tristeza y explicó a Lanna que todo ese tiempo, había estado ella misma llenando cada vacío y hueco que Selyn había dejado en su vida.

–Te bloqueaste y encerraste todo tu dolor durante esos dos años, tenías la chispa de vida tan apagada, que tuve que traer de las profundidades de tu corazón a tu amada amiga, para que junto a ella pudieras comprender un poco mejor, que las personas nunca mueren en realidad, aunque físicamente no están en ningún lugar, ellos están en todas partes. Llenan tu mundo con sus recuerdos, con cada cosa que hicieron, que aprendieron y que disfrutaron juntos. Ellos dejan una parte de sí mismos en las personas que los conocieron. Cada vez que tú sonríes, ella sonríe contigo, cuando disfrutas las cosas que les gustaban, cuando ves un atardecer, cuando caminas por la calle y disfrutas del momento, ella está a tu lado, porqué tú nunca vas a olvidarla; pero debes recordarla desde la belleza de su vida, no desde el dolor de la pérdida, porque si tú chispa de vida se apaga, entonces ella si morirá y lo hará contigo.

El espejo le mostró a Lanna mientras le explicaba las paradojas de la vida y la muerte, los momentos que compartió con Selyn, y Lanna finalmente lo entendió.

–Esta es la primera imagen tuya que se reflejó en el espejo –explicó el espejo y le mostró a Lanna una imagen que ella nunca se había detenido a observar, su propio reflejo, sus ojos apagados y cansados, su piel pálida casi hasta la transparencia y su cuerpo delgado hasta los huesos.

–¿Esta era yo? –preguntó Lanna asombrada, al ver su propia imagen, que contrastaba totalmente con la imagen que refleja ahora. Su piel tocada por el sol y sus ojos con esa chispa que siempre la habían caracterizado, era nuevamente la misma chica de hace dos años.

–Sí, así viniste a mí y ahora espero que te permitas disfrutar cada momento que vivas, piensa que tu vives por las dos, no vuelvas a tratar de escapar de tus emociones. Ten por seguro que Selyn siempre estará contigo.

Lanna sonrió y una lágrima de resignación y paz rodó por su mejilla, y así volvió a encontrarse sentada sobre su cama. Respiró profundo, tomó el espejo y fue en busca de la Gitana, que la esperaba sentada en la misma banca, bajo la luz de la farola.

–¡Has regresado! –exclamó la Gitana. Lanna sonrió y se sentó a su lado.

–Sí, he descubierto mi verdad en el espejo, todo este tiempo estuve huyendo del dolor y fingiendo como si Selyn nunca hubiese existido, y ese dolor que llevaba dentro me estaba consumiendo, era yo quien me estaba transformando en un fantasma, el caos que dominaba mi alma no me dejaba avanzar. Ahora veo con toda claridad y lo acepto –dijo Lanna, extendiéndole el espejo a la Gitana, quien lo tomó con absoluta delicadeza.

–Gracias –dijo Lanna– pero, ¿Cómo supiste que necesitaba del espejo?

La Gitana vio a Lanna con dulzura.

–Cariño, todos a tu alrededor podían notar la tristeza que guardabas en tu corazón, aunque intentaras ocultarlo, es solo que tú no te dabas cuenta.

–Tienes razón, era yo que no quería darme cuenta –aceptó Lanna.

–Ahora sabes lo que debes hacer, ¿verdad? –preguntó la Gitana.

–Sí, ya no debo tener miedo de seguir adelante, ahora sé que ella siempre está conmigo de formas en las que yo no puedo entender –aseguró Lanna con una sonrisa.

–Entonces mi trabajo ha terminado, el espejo te mostró tu verdad, una verdad que estuvo oculta dentro de ti todo este tiempo –concluyó la Gitana.

–Muchas Gracias –dijo nuevamente Lanna, despidiéndose para siempre de la Gitana y del espejo mágico.

La Gitana vio a la joven alejarse, tomó el espejo y emprendió su camino. El viento sopló fuerte, acarició su mejilla y en su oído escuchó el susurro de un “gracias...“.

–De nada Selyn –respondió la Gitana, perdiéndose entre la oscuridad.

FIN.

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