Metandoia Guerra de luz y redención

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Summary

Un ser maligno se manifiesta en la tierra buscando revancha en contra de los guerreros de la luz, sacando a todos de su exilio por la desafortunada muerte del maestro Zavlon, el héroe rompe su voto de no volver a blandir su espada para acabar de una vez por todas al poderoso rey demonio. Con un mundo desecho por tanto dolor, corrupción y guerras, ¿podrán los guerreros volver unir a los reinos para afrontar esta amenaza titánica? No te pierdas esta emocionante historia llena de acción, aventuras y drama.

Status
Ongoing
Chapters
14
Rating
4.0 1 review
Age Rating
16+

Capítulo 1 Restitución

Ciencia, magia, divinidad y poder, son el resumen exacto de este mundo lleno de fantasía, aventuras y batallas épicas.

¿Qué harías si estuvieras en un mundo donde existen, dioses, monstruos inimaginables, demonios, brujas, magos, piratas, ladrones y guerreros muy fuertes?

Sin duda alguna, buscarías rápidamente pertenecer a uno de esos grupos. Pero que te diría si existe alguien, en esta basta tierra fantasiosa, prácticamente tiene un poco de todos estos atributos y ni siquiera hace uso de ellos. Esta es la historia del joven Saicam, un espadachín holgazán y pretencioso, cuya única actividad favorita es apostar lo que no tiene. Sino lo encuentras apostando, en el resto de sus horas del día, esta acostado debajo de un árbol, junto con su espada Arianfol debajo de un árbol.

El muy mozo, a pesar de ser atractivo, alto, de cabello muy corto, fornido, espalda muy ancha, delgado, con unos ojos cafés bañados en miel, nariz respingada y una barba corta pero delineada, no cautiva el corazón de ninguna dama. En ocasiones, suele ser demasiado lindo, en unas otras demasiado seco. Aunque lo intente de tantas formas, termina enamorado, pero no correspondido. Dichas situaciones lo cansan, por eso en el pueblo de Oldvalley lo vez todo el tiempo.

Una característica a destacar, no es su apariencia, sino su fiel amiga, su espada. Viaja con ella a todos lados, la cuida como su alma, sin embargo, nunca la desenvaina. Durante sus peleas entre las apuestas, usa los golpes, si la situación se pone muy tensa, con la vaina golpea a sus enemigos. Alrededor de ella, esta una venda muy vieja, desgarrada, con ligeras manchas de sangre, protege la empuñadura y el inicio de la vaina, siendo una metáfora a un posible candado, pareciendo que este misterioso hombre, no piensa usar nuevamente su filo para herir a alguien.

Los aldeanos de Oldvalley, lo aprecian tanto, que lo alimentan y le alojan en sus casas. Tanto es su gesto de agradecimiento por él, que, durante cada luna llena, lo acompañan al monte más alto cercano, y desde lejos, lo acompañan en su dolor, mientras hincado mira el resplandor del cielo, llorando sujetando siempre una rosa blanca. Incluso, cuando este pretencioso hombre suele viajar, aunque no esté presente, los aldeanos en esa colina dejan cada uno, una rosa blanca, justo en el lugar donde se hinca a llorar.

Las historias sobre Saicam vuelan por todo el reino, hombres fuertes vienen a buscarlo, tratando de provocar que use el filo de su espada. Hasta ahora, nadie lo ha logrado.

Existen otros misterios alrededor de este particular personaje, sin embargo, mi querido amigo que estás leyendo esto, no te vengo a contar de su pasado, sino su presente, tal vez, durante el transcurso de este viaje, te lo platique un poco. Queda atento, porque un viaje increíble te espera en las páginas de este libro, posiblemente, desees estar en este maravilloso mundo, aunque sea desde la raíz de tu imaginación.

Una mañana lluviosa, el joven Saicam yacía recostado debajo su árbol de manzanas favorito, aldeanos, se acercaron a decirle que entrara a cualquier posada, para que no se enfermara. Con su mano derecha, hacia el gesto declinando la invitación. Para su suerte, las ramas de ese frondoso árbol, cubría tanto que ni una gota le caía. Durante su descanso, se percató de un olor a madera con una mezcla dulce de lavanda. Ese aroma lo conocía bien, levantó un poco su cabeza, enfrente, estaba una diosa única, hermosa, la reina de la belleza, la diosa griega, Afrodita. Formada en su apariencia divina, se podía apreciar una silueta de mujer, cubierta de una densa neblina. Al reconocer a su nueva acompañante, bajo la cabeza, sobrepuso en sus ojos su brazo derecho, haciendo un gesto de “no molesten”.

-Según antiguas leyendas, cuentan que, si la lluvia es muy fuerte, es porque el cielo llora por la pérdida de una muy buena persona. – Expreso Afrodita, mientras flotando se posiciono a un lado del joven.

La respuesta del joven, fue recostarse del otro lado, ignorando su presencia.

Afrodita se molestó, por lo que recorrió su cuerpo hasta llegar nuevamente a su rostro, olvidando el concepto acerca del espacio personal.

-No le dirás a tu mejor amiga, Afrodita que gran privilegio volver a verte, oh mi diosa hermosa preciosa maravillosa-

Saicam quitó su mano y asomo su ojo derecho, la miro fijamente por unos segundos, mientras con su mano saludo sin ganas.

La furia de la diosa se desató por lo que apretó el puño y con todas sus fuerzas arremetió en contra del rostro del joven. Para su sorpresa, este reaccionó a tiempo, moviéndose, dejando un hueco grande en el pasto por el impacto.

- ¿Qué quieres? - Saicam se levantó furioso – Acaso no puedo descansar en paz-

-Vengo a verte amigo- contestó la dama mientras bajaba sus pies a la tierra.

Al fondo, se lograba apreciar una difusa silueta, muy pequeña, se aproximaba entre tanta lluvia. Era un niño de unos cinco años de edad, el muy lindo, traía consigo un plato de comida que guardaba de la lluvia con su abrigo.

- Hey, transfórmate en una humana, no quiero que espantes al crio.- Afrodita refunfuño por la orden, después de una batalla de miradas, ella cedió. Frunciendo el ceño, se transformó en una mujer muy guapa.

-Buenas tardes guerrero lunar- Saludo el pequeño, sacando de su empapado abrigo la comida. El muy chulo, con ambas manos reverenció al hombre mientras entregaba el plato. -No hace falta que hagas eso hijo. - Contesto Saicam mientras lo tomaba con gusto –No soy nadie especial. - Resaltó

-Lo se señor, pero usted me salvó de los traficantes, y mi madre insistió en agradecerle con esta comida-

En la mirada del pequeño se miraba el gesto de agradecimiento, además de una profunda admiración por el hombre.El contenido del plato, era un pedazo de pierna de pollo, con una reducida porción de arroz y un pan.

-Gracias hijo- Saicam se sentó para comer de manera más cómoda.

-Anda, regresa a tu casa, dile a tu madre que muchas gracias.- Feliz, el niño corrió por la lluvia volviendo a su hogar.

-Por lo que veo, la gente de esta villa te respeta - replicó afrodita mientras veía al niño entrar a su casa.

- Como si no nos vieras, todo el tiempo estas al tanto de mi- era difícil entenderle, tenía la mala costumbre de hablar con la boca llena. – Es más, la pasada luna llena te vi, estabas entre la multitud, pero no te dignaste en acompañarme-

- ¿Qué estas insinuando? Que te he estado vigilando todo el tiempo -

Saicam levantó los hombros y siguió comiendo.

Afrodita se sentó a su lado y lo acompaño hasta que termino de comer.

-Por lo menos, me hubieran traído algo para tomar, casi se me atoraba la comida-

-No seas quejumbroso, agradece que comparten de lo poco que tienen contigo-

-Estaba bromeando, les agradezco tanto a ellos que cuiden de mi- el héroe sonrió mientras veía fijamente a la diosa.

En ese momento, la lluvia se detuvo y las nubes se fueron esparciendo dejando salir el sol.

- ¿A que debo la visita de la diosa más disque hermosa de todas? - Saicam meneo la cabeza y se rasco la cien mientras pensaba

-Te tengo noticias- la mirada de la chica cambió.

-Sino es lo que espero, lárgate y déjame en paz- tomo su espada, se la colgó en su espalda y tomo el plato.

-Amigo, tu maestro murió- un silencio fúnebre se mantuvo por un par de minutos.

El plato de cerámica cayo el suelo, rompiéndose en mil pedazos. Saicam intentó tomar el cuerpo de Afrodita de forma brusca, anticipando su intención, regresó a su forma divina, evitando que la tocara.

- ¡Con eso no se juega! - Al ver que no pudo tocarla se llevó sus manos a la cabeza, guardando las ventanas de su vida, mientras de ellas corría un mar.

-No soy capaz de jugar con esto, menos a ti, al único humano que quiero realmente. La lluvia de hace un rato, es porque su alma fue tan agradable para los dioses que hicieron honor a su memoria, dando vida a la siembra de todo el reino. - Afrodita regreso a su forma humana mientras abrazaba al indefenso hombre.

-Si mi maestro me hubiera visto en esta condición, se habría decepcionado de mi- dijo entre líneas, debido a su gran dolor.

Su maestro era un señor de ciento treinta años de edad, un hombre sabio, fuerte, cansado por sus aventuras y desventuras que la vida le había dado. Su nombre era Zavlon, un valiente guerrero de la época, maestro de los débiles, pero fuertes de corazón.

Saicam había sido uno de sus últimos aprendices, siendo el más reconocido por sus arduas batallas en contra de la legión del Rey Demonio.

-Te puedo llevar en un instante a donde yace su cuerpo- dijo la bella mujer mientras intentaba no llorar al ver el profundo dolor de su único amigo.

Entre más lo abrazaba, el héroe más fuerte lloraba, hasta llegar al momento donde fue tanta su debilidad que cayó de rodillas, llorando a los pies de la diosa. Por piedad y amor, ella hizo lo mismo, lo recostó en su busto hasta el momento donde del cansancio del llanto quedó en paz - Aquí estoy para ti, no te dejare solo otra vez, más ahora que me necesitas. –

El duelo duro dos días, los aldeanos se dieron cuenta que Saicam no era el mismo, durante esos soles y lunas se mantuvo aislado junto que su amiga. El amor de los habitantes provoco que fueran a verlo, aunque sea por la ventana, esperando que pronto se recuperara.

En la tercera noche, Afrodita se levantó e intentó desenvainar la espada, acto seguido de Saicam arrebatando con fuerza el objeto.

La espada Arianfol, comenzó a iluminarse, la simbología de su empuñadura se tornó de un color dorado, pareciendo que llamara a su dueño.

Saicam, al percatarse de eso, pidió perdón, cerró sus ojos y después de recitar unas palabras los abrió.

-Afrodita, necesito que me hagas un favor, avisa a los demás la noticia, diles que nos vemos en el castillo, mañana cuando se ponga el sol. -

Los ojos del joven se encendieron de fuego, con una mirada penetrante.

-Cuenta con ello, pero, dime algo, ¿regresó? -

-Lamentablemente, si- Saicam envaino su espada, Afrodita se acercó sigilosamente y con un susurro al oído y un beso en la mejilla se despidió. Volvió a su forma divina, salió del cuarto y voló por los cielos.

Al final, Saicam tomó sus cosas, se despidió del jefe de la villa, buscó al niño y a la madre para dejarles la mitad del dinero que había ganado en sus apuestas.

El pequeño viendo que el hombre que más admiraba se iba, le pidió que se quedara, con lágrimas en sus ojos, lo abrazó. Por la tristeza del chico, Saicam de entre sus cosas, tomó una varita pequeña, junto con un libro delgado, en el poco tiempo que tenía, le enseñó cómo usarla. La única condición del regalo, fue usarla en caso de peligro. La madre alegre, le proveyó de comida para su viaje junto con un beso en la frente. Hecho que sonrojo al héroe.

Felices todos, se reunieron al centro de la villa, para decir adiós al guerrero que los cuido por tanto tiempo.

Viendo al joven subirse al corcel, aplaudieron mientras cabalga hacia el norte.

En la colina, se apreciaba como pétalos blancos eran esparcidos haciendo el camino que guiaba la aventura que le deparaba.