El Vagabundo
Estoy harto de esta basura, una y otra vez, ya hace tiempo que me dejó de importar las notas, las relaciones sociales, ¿Qué sentido tiene seguir respirando, si cada día es una tortura en este infierno. ¿El mejor instituto del país? Más bien el nido de víboras que se regodean en su arrogancia y su dinero, y luego, están los del otro lado, observé a un chico al cual le pisaban su almuerzo, almuerzo que seguramente trajo de casa, es demasiado caro comprar uno aquí, probablemente no puede permitirselo, era un pan relleno de carne de mermo, conocida por ser la más barata. Uno de los abusones escupió sobre el pan y los otros de se burlaban y a continuación, uno de ellos lo sostuvo desde atrás y le levantaba la camisa, al levantarla, miré su muy frágil cuerpo, sus costillas eran notables como las de los animales en los desiertos y su piel era tan pálida que parecía que el sol nunca acarició su piel, seguido le dieron un golpe justo en el estómago, el chico gimoteo de dolor y luego lo tiraron al suelo. Este tipo de situaciones la veo constantemente, es muy común que la gente diferente o que no da la talla sea el centro de burlas, pero, hoy me sobraba el dinero, no me importa comer de por sí y no está de más hacer algo bueno por una vez en mi vida.
Me acerqué al muchacho que yacía en el suelo y le tendí la mano, invitándolo a levantarse. Él la aceptó con timidez y yo lo impulsé hacia arriba con fuerza.
—¿Tienes hambre? —le pregunté, el chico mantuvo el silencio durante unos segundos, respiró agitado y luego respondió.
—Sí, gracias por preocuparte por mí, no pensé que... —le interrumpí porque me irritaba su tono feliz.
—Solo pregunté si tenías hambre, no hables de más, vamos.
Lo arrastré hacia el comedor, donde había algunas personas dispersas, pero no el tumulto habitual. Mientras caminábamos, el muchacho intentaba entablar conversación conmigo, pero yo lo ignoraba, evitando sus preguntas. Llegamos al mostrador, le pregunté qué quería comer, le compré lo que pidió y luego busqué la forma de escapar, pero…
—Ey, no me dejes, solo —replicó con un tono hasta patético,Traté de hacerme el sordo, pero no cesaba de insistir, hasta que cedí con resignación. Nos sentamos en una de las tantas mesas que yacían en el amplio comedor, y él se lanzó sobre la comida como si fuera un animal hambriento. Su forma de comer era tan vulgar y desprolija que atrajo varias miradas de desprecio.
—¿Por qué me ayudaste? —me preguntó justo después de haber tragado y colocar la cuchara en el plato.
—No sé —le respondí, ni siquiera me había volteado a verlo —.No tengo ni la menor idea de por qué lo hice.
el chico asintió.
—Tu cabello es genial —Dijo.
El elogio me tomó desprevenido.
Olvidé la última vez en la que alguien había elogiado algo sobre mí.
—.Tu cabello largo, es genial —reafirmó
—Gracias, supongo —respondí, no niego que sentí un leve cosquilleo en el pecho aunque sea algo estúpido, pero no quiero mostrar nada de mí.
Tras acabar el almuerzo salimos de inmediato del lugar, yo buscaba irme de una vez pero una vez más fuí retenido
—¿Cuál es tu nombre? —interrogó.
—Treira —respondí como siempre.
—Se supone que me tienes que decir ¿Y tú cómo te llamas? —reclamó con sarcasmo y seguido chasqueó la lengua —lo diré igual, soy Dareo, Dareo Leinar.
—wow —respondí forzando interés —bueno, hasta luego —dije para irme lo más pronto que pude.
—una cosa más antes de que te vayas —dijo cogiendome de un hombro —¿Tienes planeado algo para mañana?
—No —respondí, empecé dar a pequeñas pisadas.
—¿Quieres que nos veamos mañana en los salones de temporización? — antes de que pudiese negarme, continuó —creo que eres alguien que no la pasa muy bien aquí ¿No?, tampoco tienes amigos y me pareces una persona buena, podrías, si quieres, ir a ese lugar para conocer a gente como tú —dijo mirando hacia el suelo, su voz titubeaba y se equivocaba en su vocalización.
—Lo pensaré —dije y me retiré lo más rápido que pude, pude notar que Dareo se despedía con una sonrisa.
No le di mayor importancia a la propuesta de Dareo, detesto tener que hablar con las personas y relacionarme, la gente es simplemente basura. No le dí mas vueltas y fuí a la clase que me tocaba.
—¡Alumno Zeritha, dejé de estar pensando en muchachos sudorosos y músculos y ponga atención a la clase! —Exclamó el profesor Galumar golpeando la pizarra.
—No proyecte sus gustos en mí, profesor —le respondí con un tono de burla.
—Pero alumno Zeritha, eso no puede ser, a mí me gusta tu madre —respondió con el mismo tono de mofa, la dinamica entre el profesor y yo causa risas y diversión por un lado del salón y por el otro, les es irritante y molesto, supongo que están demasiado ocupados siendo imbéciles como para reírse un poco.
Al acabar la clase de Galumar llegó el almuerzo y ahí, hice lo de siempre, caminar por todo el instituto una y otra vez hasta que acabase el almuerzo ¿Que más podía hacer?, mi vida se basaba en eso, mandar a la mierda todo.Mientras caminaba me topé con los salones de clase de temporización, una clase que se daba hace bastante tiempo sobre la teoría y la función del tiempo, pero ya no se da y los salones quedaron sin uso, pero aparentemente, hay algunos alumnos que pueden entrar ahí, sin llave por alguna razón.
No tenía nada que perder, así que toqué la puerta dos veces. No hubo respuesta. Otras dos veces. Nada. Dos veces más. Silencio. Justo cuando iba a marcharme, la puerta se abrió de golpe, revelando a Dareo, que respiraba agitadamente y sudaba tanto que parecía que acababa de salir de la ducha. Su cabello castaño estaba revuelto y en vez de llevar el uniforme, vestía una chaqueta púrpura con una camisa blanca por dentro.
—¡Treira! si viniste, no te esperaste a mañana y viniste hoy ¿eh? —exclamó.
—No te ilusiones, era una simple curiosidad saber que demonios hace gente en un salón cerrado.
—No puedo esperar a enseñarte todo aquí, entra, entra —Me dijo con un tono que lo hacía parecer un niño, entré obediente.
Una vez dentro, vi a muchos estudiantes, algunos me resultaban familiares, sobre todo porque eran estudiantes con malas calificaciones o que eran víctimas de los de más arriba, unos marginados. No me caían especialmente bien, pero me parecían mejores que la mayoría de los idiotas. Y la verdad, yo era como uno de ellos.
—Esperame aquí —Dijo Dareo y luego se retiró hasta el fondo del salón.
El salón era bastante grande, las clases de temporización podían tener hasta 69 estudiantes, era normal que fueran enormes. El salón en sí era un desastre, sillas volteadas y destrozadas, un agujero enorme en la pizarra, garabatos, borrones, dibujos y frases en los pupitres, las mesas y las paredes. La mayoría de ellas expresaban el odio al sistema actual, al instituto y a todo. Y la verdad, estaba de acuerdo con todo lo escrito.
Tras la vuelta de Dareo él me llevó hacia el fondo, dónde, tras una puerta que llevaba a una pequeña sala llena con dos sofás, una silla junto a una mesa, el lugar estaba más ordenado que el propio salón, aparte de Dareo y yo habían 3 personas más. Una chica de cabello negro con el fleco teñido de blanco, sus labios adornados por un labial negro, del mismo tono que toda su vestimenta, incluyendo mallones, en su mano sostenía un cigarrillo.Un chico aparentemente condoriano por su cabello verde y su piel oscura, observaba un dije esmeralda que sostenía en su cuello como un collar. Y por último, un chico que se encontraba sentado en la silla, tenía un sombrero y vestimenta de mariachi por alguna razón, su cabello era rizado y rojizo como las pecas que adornaban su piel,en su cara una sonrisa que era hasta siniestra, me miraba con fijeza.
—adelante —dijo el mariachi, su voz era ronca y a la vez resonante — déjame adivinar, a tí también te molestan ¿No?, tú también odias está escuela basura, está vida de mierda, estás personas asquerosas que creen que pueden hacer lo que quieran contigo, que te molestan por no ser como ellos, por no tener el dinero que sus papás les dan ¿Verdad que lo odias? —antes de poder responder, interrumpió mi hablar, su sonrisa no desapareció en ningún momento y me seguía mirando, me empezaba a inquietar —no, no, no me digas, ya lo sé, esa cara de desprecio y esas ojeras, esos ojos verdes llenos de asco, ¡Es obvio que odias este maldito lugar! —exclamó, aunque todo lo que había dicho era cierto, no era tan difícil adivinar que el tipo estaba loco, y yo, no podía esperar a largarme de una vez.
—¿Cómo es que pueden entrar aquí? — pregunté, tenía más preguntas por hacer, pero hice la más trivial de todas.
—cuando eres capaz de hacer hilos y controlarlos, puedes hacer lo que sea —dijo y un hilo salió del dedo del chico —. Pero eso no importa ahora mismo, lo que importa es.. dime, ¿Quieres acabar con todo?
—¿Qué? —pregunté confuso, el chico acercó su rostro hacia mí.
—¿Quieres acabar con la vida de todos esos que te molestaron? ¿Quieres verlos arder? con tu ayuda y la de todos aquí, podremos acabar con este infierno, a todos y a cada uno de los elitistas hijos de puta —dijo, su voz se tornó más grave y estridente.
—¿Hablas en serio? —me empezaba a preocupar y sin darme cuenta, daba fuertes pisadas en el suelo.
—así es, de aquí a dos meses, todo va a acabar, Treira, ya lo verás —no pude responder nada ante eso, mis pisadas se hacía cada vez más fuertes, miré hacia Dareo y esa fue la primera vez que lo miré hacia la cara, pero su rostro, miraba hacia el suelo, hacia mis pies, mis pisadas. Me metí en un lugar peligroso, ¿Que es lo que debería de hacer?.