PRELUDIO
Sabiamente dijeron los dioses de Thalassía, desde el impetuoso Hvalros «hundidor de montañas» hasta el justo Vathós «barba salada», que ningún hombre se hace a sí mismo, sino que es el resultado de las personas que el Balance ha puesto en su camino. Es por esto que comienzo este diario agradeciendo.
A mi padre Skuallos; por ser mi guía en la senda del honor, la rectitud y la lealtad. Por enseñarme a luchar con honradez, aun cuando mis enemigos no lo hagan. Por enseñarme a ser mesurado y disciplinado, a evitar los aplausos y el reconocimiento efímero. Y por criarme para ser fuerte, obrar con valentía y a defender al débil.
A mi madre Cilia, por mostrarme el valor de la bondad, la delicadeza y el respeto por la vida… Enseñarme que las lágrimas tienen significado y que menospreciar el dolor ajeno no es fortaleza, sino necedad. En mi corazón vivirás para siempre.
A mi hermano, Akris; mi compañero de batallas. Por cuidar mi espalda, luchar a mi lado, proteger el honor de nuestra casa y recordarme el camino.
Tu devoción a los dioses solo es superada por mi lealtad hacia ti. En tus manos el clan de Skylos tendrá gloria eterna.
A mi mentor, Markus; quien me volvió el hombre que soy y terminó el trabajo que mi padre no tuvo vida para concluir. Por proteger el honor y el porvenir de nuestra familia como si fuera la tuya. Por brindarme tu comprensión, tu lealtad y tu sabiduría, tanto en la gloria, como en la desdicha.
Aunque tu vida se extinga antes que la mía y el paso de las generaciones llene mi mente con el saber de todos los eruditos de Thalassía siempre serás mi maestro.
A mi primo hermano, Thalasius; por tu sabiduría mordaz y descarada, tu atrevimiento, astucia y fortaleza. Y porque, pese a ser un pillo incurable, siempre has tenido el valor de hablarme con la verdad.
A Breezza; mi aliada, amiga y confidente. Por tu apoyo, tus sabias palabras y tu lealtad. Thalassía y Vindheim siempre serán amigos, al igual que tú y yo, lo seremos por siempre… Pase lo que pase.
A Ikari; mi amada, mi compañera, mi corazón… por demostrarme que las gemas que se forjan en la adversidad son las más bellas de todos los reinos inmortales. A Ikari; mi diosa, mi flor roja, mi reina inmortal… Por recordarme que, incluso el mar y el fuego, pueden interpretar un baile que traiga algo distinto al caos y la destrucción. Y por ofrecerme, en tus besos, tu olor, tu compañía y tu sonrisa, una dicha que, aunque pueda, no quiero encontrar en otros brazos…
A Ikari, mi vida y mi muerte, mi guerra y mi paz, mi esperanza y mi desconsuelo…
Que las alas de la muerte y las sombras del pasado vengan por nosotros… Yo las someteré y volveré a tu lado. A ser ese lugar donde, pase lo que pase, consigas sentirte segura…
A Ikari. Porque eres mi risa y mi pena, mi peligro y mi seguridad, mi gloria y mi ruina… mi todo.
A Ikari, mi niña eterna. Incluso a tu lado la inmortalidad es demasiado breve.
A mi Ikari, por quien enfrentaría hasta al más poderoso de los inmortales…
Memorias de Magnus Aequor Skylos. Segundo heredero del clan Skylos. Hijo de Gaius Skuallos Skylos; Capitán del Ejército de Thalassía.