Capítulo 1: Arresto
Su sedoso vestido blanco, junto con el mantel de vinilo de la mesa del comedor, era la típica escena de gente adinerada. Los platos, los cubiertos, las copas, incluso el suelo, todo estaba teñido de un rojo tan puro, un rojo perfecto. La sangre de ella, la mujer que llegó a su vida para arruinarla y robarse lo que más le importaba en el mundo, su familia. Ella era Alice. Todos los problemas de ese tiempo comenzaron a ser triviales, sin sentido, ya nada importaba, porque el cuerpo de Alice yacía frente a Alyanne, totalmente inerte. Había sido brutalmente asesinada delante de sus ojos. ¿Cómo pasó? No lo sabía. Solo sabía que las sirenas de la policía resonaban una y otra vez en su cabeza, su mente no procesaba bien la realidad y su cuerpo tampoco parecía reaccionar a un solo estímulo de sus neuronas. El tiempo comenzó a ser efímero y el ruido se extinguió.
De un momento a otro, algo frío y de metal aprisionó sus manos, inconscientemente miró, encontrándose con las esposas que un agente le estaba poniendo en sus muñecas. Zamarreada de forma brusca, su mirada siguió perdida sin poder asumir nada, en cosa de segundos estaba dentro de una patrulla. Si le dirigieron o no la palabra, no hubo un solo ruido que sus oídos pudieran percibir y mientras era llevaba a la patrulla, que tenía como destino la estación de policía, miró por las ventanillas como los edificios parecían perder su color.
¿Tenía otra opción? La verdad no. El arma estaba en sus manos, sus huellas en todo el lugar y sus ropas cubiertas de sangre, todo era muy claro. No era necesario investigar mucho, más de un detective podía ver de este caso, un caso sencillo. Una vez que llegaron a la estación, la chica fue despojada de todo lo que llevaba encima, tratada como un criminal, se le dio ropa para cambiarse, para luego ser dirigida a una habitación cerrada herméticamente. Ella rápidamente supuso que era la sala de interrogatorios, su mente por fin comenzó a conectar con la realidad. Allí donde estaba no podía ver más que solo paredes, una oscuridad extraña junto a un frío aterrador. En silencio aguardo mientras que con sus manos enterraba sus uñas en su piel, tratando de calmar la ansiedad que mantenía oculta.
De repente, entre toda esa tranquilidad, la puerta que estaba frente a ella se abrió con rapidez y de allí un hombre junto con unas carpetas entró sin mirarla. Alyanne lo observó mientas que una saliva espesa paso por su garganta, ya había formulado las respuestas a esas preguntas que seguramente le harían. El agente, hecho atrás la silla que estaba frente a ella y se dejó caer para luego llevar sus ojos a su rostro observándola.
—Dime, ¿qué fue lo que pasó? —dijo el hombre uniformado.
—¿Qué cree usted que pasó, señor agente? —preguntó ella con una sonrisa dibujada en su rostro. Él pareció un poco más molesto con su expresión facial, estrechó rápidamente los ojos y al mismo tiempo llevó sus manos sobre su pecho entrelazándolas—. La maté —confesó sin dudar la muchacha.
Él pareció levemente sorprendido, pero dibujó una pequeña sonrisa haciendo entender que estaba logrando lo que quería.
—No se imagina lo bien que se sintió acabar con esa perra —habló sin sacar sus ojos de él—. ¿Acaso no me cree? —Alyanne no pudo evitar soltar una carcajada de satisfacción. El agente no dijo nada, solo escuchó lo que estaba narrando, sin dejar de observarla—. La tomé del cuello y corté su garganta, con un corte profundo, para que agonizara lentamente y que le doliera hasta el alma. Merecía morir. —Se burló ella en respuesta viéndolo con una sonrisa psicópata.
El agente tomó su declaración, anotando todo lo que ella decía en un pequeño cuaderno. Le hizo un sinfín de preguntas protocolares para poder situarla en el lugar de los hechos, pero en ningún momento cuestionó lo que ella le estaba confesando. Luego de un momento el hombre simplemente se puso de pie y salió de la habitación dejándola sola.
Alyanne perdió la noción del tiempo, no sabía qué hacer ya que no había más escapatoria que permanecer allí. Su mente aún la mantenía a la defensiva y mientras más lo pensaba más molesta se llegaba a sentir. Cuando la puerta de esa habitación en la que se encontraba fue abierta nuevamente, dos guardias se la llevaron hacia una celda. Parecía de esos típicos parajes que salían en las películas, la verdad era que aquello no estaba tan alejado de la realidad.
Dentro de allí, Alyanne se encontró con otras dos mujeres, presas, igual que ella, no parecían ser de alguna pandilla o algo parecido, solo se asemejaban a chicas normales, comunes y corrientes. Alyanne supuso que incluso podían están rodeando los veintidós años al igual que ella. Con ropas diferentes y semblantes serios, una estaba acostada en una banca mientras que la otra caminaba por el sitio, ninguna dijo una sola palabra.
Alyanne solo aguardó sentándose en el suelo mientras dejaba descansar su cabeza en la pared. El tiempo volvió a ser efímero, no sabía si fuera de ese paraje la noche había caído o si el sol estaba sobre sus cabezas, las otras mujeres habían sido buscadas y solo ella permaneció allí sin una sola señal de ser sacada. De repente, cuándo creyó que lograría conciliar el sueño, un fuerte golpe en las rejas de la celda la hizo sobresaltar de inmediato y golpeó su brazo con una de las sillas debido a la impresión.
—Joder, ¿qué no ves que intento dormir? —protestó la joven rodando los ojos al ver al mismo idiota de hacía un rato, era otra vez aquel guardia que la había encerrado en esa celda.
El guardia sin decir una sola palabra la sacó de allí y la guío por los pasillos del sitio hasta una habitación que ella reconoció de inmediato pues era la sala de interrogatorios donde había estado previamente. Dentro de ella, nuevamente estaba una mesa con dos asientos estaban en el medio de la habitación, no había nada en las paredes y la única luz iluminaba directamente a las sillas. El hombre del primer interrogatorio lentamente se sentó frente a Alyanne mientras que en la oscuridad de los rincones un segundo agente la miró con seriedad.
—Bien, comencemos de nuevo —habló el primer agente—. Mi nombre es Lucas y él es el detective Cameron Reece de homicidios. —En cuanto lo dijo Cameron mostró una identificación, pero sus labios se mantuvieron cerrados y ocultos en la penumbra. Aquello no la intimidó ni un poco, pero tampoco evitarían que pudiera decir lo que pensaba.
—¡Me importa una mierda quienes sean los dos! —respondió ella mirando a Lucas con el ceño fruncido—. Ya dije lo que tenía que decir. No diré ni una palabra más a menos que mi abogado este presente. —Lucas la observó detenidamente como si la analizara mientras que Cameron solo llevó sus manos pasando sus dedos para peinar lentamente su cabello sin cambiar su semblante.
—¿Puedo regresar ya a mi celda? Al menos allí no tengo que escuchar a gente estúpida que no entiende las respuestas que ya he dado —agregó la chica apoyándose en el espaldar de la silla y cruzando sus brazos sobre su pecho.
Sinceramente, ella no entendía por qué se negaban a culparla, todas las pruebas estaban en su contra, era fácil a su parecer condenarla y más teniendo una declaración de su parte, pero ellos seguían insistiendo.
—No te preocupes, tenemos bastante paciencia y experiencia —habló Cameron saliendo de las sombras con una leve sonrisa mientras se recargaba en la mesa y fijaba sus ojos en los ojos de la detenida—. Tu declaración no me convence mucho, tienes bastantes cabos sueltos, no me detendré hasta llegar al fondo de esto. —Fue su respuesta sin sacar esa sonrisa arrogante.
Luego de eso se incorporó y le hizo una señal a su compañero para salir de la habitación. Alyanne quedo un poco incrédula, pensaba que la tendrían horas y horas interrogándola, no esperaba que aquello hubiese sido tan sencillo y fugaz.
—Es bastante astuta —habló Lucas mientras caminaban por los pasillos.
—Astuta o no, algo debe estar ocultando —dijo Cameron—. Ningún caso es tan sencillo.
Mientras caminaban de vuelta a la oficina de Reece, el detective no pudo evitar meterse en sus pensamientos. Cameron sabía que ella ocultaba algo, porque… ¿Quién, en su sano juicio, admitía un crimen con tanta facilidad? También estaba la forma en que ella contó cómo mató a la víctima, todo quedaba demasiado encajado, demasiado perfecto, tan perfecto que hasta parecía planeado con antelación.
—¡Lucas! —Cameron llamó a su compañero—. Quiero que investigues todo sobre esa mujer; quiero saber desde el día que nació hasta la ropa interior que usa ahora mismo. —Le ordenó con voz demandante. Lucas rio ante la orden dada por su compañero.
—¿Todo?, ¿seguro? —preguntó Toledo divertido.
—¡Todo Lucas! Vamos anda, ¡estoy esperando el informe! —Reece lo apresuró y suspiró sentándose en su escritorio. Tenía más casos pendientes, pero este le intrigaba demasiado como para llevarse toda tu atención en él.
No pasó mucho cuando Lucas entró irrumpiendo nuevamente en su oficina. Reece que estaba concentrado leyendo unos archivos, dio un sobresalto por el repentino susto que su compañero le dio.
—¿Qué te pasa ahora, hombre?, ¡¿Por qué entras así?! —Cameron regañó a su compañero. Lucas sabía que a Reece no le gustaba el escándalo y mucho menos, que entraran a su oficina sin tocar, lo cual causó el arrepentimiento de su compañero por haber actuado sin medirse.
—Lo siento Reece, pero… debes ver esto —habló entregándole un expediente que decía “Confidencial, información clasificada”.
—¿Qué es esto? —preguntó el detective un poco desconcertado—. ¿Pero si es información confidencial por qué me lo estás dando? —Reece miró a Lucas sin entender.
—Me pediste los antecedentes criminales de Alyanne Russell, ahí los tienes. Como verás, la chica parece ser alguien importante, sabes que la información clasificada es difícil de conseguir —dijo él y Reece quedó tan sorprendido ante lo que escuchó que abrió los ojos enormemente y llevó su mano a agarrar su barbilla.
—Bien, ahora realmente podremos saber qué es lo que tiene a la mujer tan a la defensiva. Puedes retirarte —respondió Reece con seriedad.
—Sí, señor —contestó Lucas dándose la vuelta y saliendo de allí.
Cuando Lucas se fue Cameron abrió la carpeta que contenía el expediente, tenía tanta curiosidad pro saber que escondía aquella mujer que no le dio importancia a otro asunto, tomó el sobre entre sus manos y se echó en el asiento para poder dedicar toda su atención al documento.
—Conque información confidencial, ¿eh? —rio levemente—. ¿Qué tanto escondes aquí? —murmuró para sí mismo y abrió el expediente—. ¿Qué? ¡Esto debe de ser una broma! ¡Pero qué carajos! —Reece arqueó su ceja derecha observando varias veces, creyó que tal vez pasó algo importante por alto, sin embargo, nada había cambiado. El detective seguía mirando la página, atónito, miles de cosas llegaron a sus pensamientos.