Capítulo 1
Sungmin bailaba mientras limpiaba el comedor. La música era funky, estaba usando unos short y la pintura de sus uñas finalmente se había secado desde cuando aplicó la última capa.
—¿Cómo puedes estar tan feliz en las mañanas? —Jaejoong zombi-caminando, salió de su recámara hacia la cocina.
—Es un hermoso día. Deberías de disfrutarlo, dormilón. —Su hermano menor movió la mano y se alejó mientras Sungmin trató de besar su mejilla—. Vamos a salir. Ir a un picnic en el parque.
—Cuando despierte. —Jaejoong bostezó, rascó su desnudo pecho y caminó adormilado de regreso a su recámara después de tomar una botella de jugo.
Sungmin sacudió la cabeza. Era imposible levantar al hombre antes del mediodía. Para entonces la mitad del día se habría perdido. Caminó contoneándose alrededor, levantando las latas vacías de refresco que había dejado su hermano, así como el tazón del cereal a medio comer y un plato con algo verde y pegajoso en él. El hombre era un desastre total pero él lo amaba.
Dejó los platos en el fregadero, entonces se acomodó la tanga que se había deslizado a un lado, tarareando feliz mientras llenaba con agua jabonosa el fregadero. —Esto debe remojarse durante un tiempo. —Sungmin tiró a la basura el plato que tenía lo que parecía un experimento científico creciendo en él. Incluso limpio le daría asco comer en él.
La canción de la radio terminó y la apagó antes de contestar el teléfono. —Hey, Mamá.
—Hola, Sungmin. Me preguntaba si podrías detenerte en mi casa antes de que tu día comience —dijo su madre.
—Demasiado tarde. Mi día comenzó hace horas. Sabes que despierto al amanecer. El crecer como niño de granja hace que sea de esa manera. —Sungmin sacudía las caderas de un lado a otro, ansioso por regresar a limpiar.
De algún modo sabía que eso no iba a suceder. Cada vez que su madre hablaba sus planes cambiaban.
Su madre resopló. «Qué poco femenina», pensó. Pero así era su madre. —¿Desde cuándo eres un chico granjero? Llorabas cada vez que se te quebraba una uña. La casa estaba impecable, pero afuera el trabajo nunca se hacía.
Sungmin suspiró, la misma vieja canción. Su madre era un disco rayado desde que salió del closet. No estaba seguro de por qué él esperaba algo diferente ahora.
—Entonces, ¿qué era lo que necesitabas? —él cambió el tema antes de que ella empezara a hablar de cómo él debería de haber sido su hija.
Eso podría ser la verdad ante los ojos de ella, pero aun así le dolía como el infierno cuando ella se lo decía.
Sung interpretaba eso como si hubiera sido un error el embarazo.
Él no era un error.
A Sungmin le gustaba lo que era y no lo cambiaría por nada del mundo. No quería ser una apestosa chica.
—Tengo asuntos que arreglar, pero tu hermano no puede llevarme.
Oh, Dios, una tarde con su mamá. ¿Qué había hecho mal últimamente para merecer eso?
No es que no la amara, eso estaba muy lejos de la verdad. Era el hecho de que ella hablaría sobre todas sus imperfecciones. Eso era como ser el chofer de tu propio crítico personal.
—No puedo. Tengo planes.
—Quiero verte dentro de una hora. Sin excusas. —Su madre colgó.
Maldito su hermano mayor Min. Él sabía lo que le estaba haciendo. «No podía, mi culo». Su hermano siempre encontraba la manera de salirse de esas cosas y dejar a Sungmin tratar con su extraña mami.
—Maldición, maldición, doble maldición.—Bueno, necesitaba cambiarse los shorts. Su madre podría tener un ataque si él se mostraba con esos shorts tan cortos y una camiseta de tirantes. Ella sólo tendría que tratar con el esmalte en sus uñas. Le había tomado horas lograr las tres capas y el diseño perfecto, y él no se lo iba a quitar.
—Llevaré a mamá a arreglar unos asuntos. —Sungmin asomó la cabeza en la recámara de Jaejoong.
—Mejor tú que yo. —Su hermano menor gruñó y jaló las sábanas por arriba de su cabeza—. Diviértete. Tendré un sedante esperando para cuando regreses.
—Malcriado. —Sungmin recorrió el pasillo hacia su propia recámara. Tomó unos jeans de cadera baja y una camisa sin mangas. Se duchó y tomó su bolsa para hombres, cerrando la puerta al salir.
Rezó porque su mamá no se demorara demasiado. Sólo podía tolerarla un momento antes de querer encajar clavos en su cabeza.
Sungmin llegó al frente de la casa en donde había crecido y tocó la bocina. Su mamá salió quejándose acerca de la prisa que tenía y entonces empezó a hablar contra su esmalte de uñas, su preferencia sexual, su cabello, sus jeans, su preferencia sexual, su camisa, su preferencia sexual, y su trabajo.
—No veo por qué no puedes encontrar una buena chica y asentarte. Todo está en tu cabeza. Sólo cambia tu manera de pensar y te sentirás mucho mejor. Confía en mí.
Sungmin estaba listo para llegar a la ferretería más cercana y buscar los clavos más largos y sólo llevaba cinco minutos con ella en el carro. Él apretó los dientes como siempre lo hacía.
Discutir con ella era inútil.
Ella nunca cambiaría su manera de pensar, pero le enojaba que no pudiera aceptarlo como era.
No había nada de malo con ser gay, sin importar lo que ella dijera.
Jaejoong y Min eran sus niños dorados. Ella no sabía lo gay que Jaejoong realmente era. El hombre lo escondía mejor que un regalo de navidad. Eso también era una vergüenza. Su hermano era muy atractivo. Por qué Jaejoong lo negaba constantemente iba más allá de lo que Sungmin entendía.
—Me gustan los hombres, mamá. Lamento decepcionarte ―dijo Sungmin por lo que parecía ser la millonésima vez. Él estaba comenzando a romper un record alrededor de ella. ¿Cuándo lo entendería? Él no cambiaría, ni por ella ni por nadie.
—Deberías aprender algo de Min y Jaejoong. Ellos son ejemplo de lo que un hombre debería de ser —ella resopló.
«¡Si correcto!» Sungmin quería reírse ante la equivocada percepción de ella. Min era el único hetero y seguía encontrando a las peores mujeres del mundo.
Sí, su madre nunca dijo nada cuando Min fue acusado de ser el ‘papá del bebé’ por una mujer embarazada que tocaba la puerta. Oh no, Min era perfecto.
Sungmin apretó las mandíbulas mientras llegaban a la ciudad, llevó a su mamá al centro comercial. Odiaba venir aquí. Siempre estaba lleno. Aunque siempre fingía indiferencia, le molestaba que todo el mundo lo mirara fijamente. Se sentía como el extraño que su mamá creía que era.
—No te atrevas a llevar esa bolsa. No quiero oír lenguas chismosas. —Su madre aferró su bolsa en el regazo, viendo fijamente a Sungmin .
—Es una bolsa para hombres, y está perfectamente bien el llevarla. No la voy a dejar en el carro. —Sungmin cerró la puerta del carro, listo para arrancarse el cabello y su día apenas comenzaba.
—Bien, pero no camines cerca de mí. No quiero que la gente crea que vienes conmigo. —Su mamá se apartó.
—Sólo apuñala mi corazón. Eso dolería menos —Sungmin murmuró. Ignoró al hombre que se burlaba, caminó hacia la puerta y entró. Bueno, él podía buscar una nueva colonia y espray para el cabello ya que estaba aquí.
Después de una hora, Sungmin se sentó en una banca frente a una pequeña fuente, deseando que su mamá se apurara. Giraba la pequeña bolsa de sus compras. Desearía que la gente pudiera aceptarlo por quien era y dejaran de verlo como si estuviera en exhibición en un zoológico.
Sungmin sabía que su trasero era demasiado grande, sus maneras demasiado femeninas y que caminaba muy afeminado. Hacía su mejor esfuerzo por aceptar lo que era sin importarle lo que la gente pensara de él, pero era difícil.
Había nacido de esa manera, no era algo que él hubiera elegido. Que su madre no pudiera verlo era frustrante. Él la amaba, a pesar de que ella era impertinente, y absolutamente obstinada. Sungmin la aceptaba tal como era. ¿Por qué ella no podía darle la misma consideración?
—Estoy lista —ella murmuró cerca de él, pretendiendo que no lo conocía. Sungmin se puso de pie y la siguió hacia el carro.
—Juro que oí más comentarios sobre ti de los que quisiera. Te dije que no usaras bolsa. Y ese color de uñas, ¿tenías que elegir un color tan brillante?
—Si, mamá. Lo que quieras mamá. —Sungmin abrió la puerta.
—No seas impertinente conmigo, jovencito. Eres un hombre, no importa lo mucho que quisieras olvidarlo.
Él no quería olvidar que era un hombre. Amaba ser uno. Si sólo ella pudiera entenderlo. La ignoró el resto del camino mientras ella seguía hablado de sus fallas.
Para cuando la dejó su autoestima estaba totalmente por los suelos. Su alegre humor de esta mañana se había ido y había sido remplazado por una agria actitud.
Quería patear algo mientras manejaba a casa. Estaba enojado y resentido por la manera en que ella actuaba con él. Se suponía que una mamá era amorosa y no de la manera en que era ella.
Sungmin se preparó para el trabajo y salió sin hablar con Jaejoong. Su hermano sólo sacudiría la cabeza y le diría cómo lamentaba todo lo que había tenido que pasar.
Eso no le ayudaría ahora. Bajó las escaleras del edificio de departamentos corriendo y se dirigió hacia su carro. Si él llegaba tarde de nuevo, su jefe lo reprendería.
Aguantar los regaños de una sola persona al día era suficiente.
Sungmin llegó a tiempo al trabajo y marcó la tarjeta en el reloj y limpió el mostrador. Usó unos guantes para no maltratarse el esmalte de sus uñas. «¿Para qué molestarme? Nunca encontraré al ‘señor perfecto’» Quizás su madre tenía razón. Quizás él debería de tratar de encontrar a una linda chica y asentarse.
Sungmin se estremeció ante ese pensamiento. No tenía absolutamente nada en contra de las mujeres, pero...se estremeció de nuevo.
Quizás, después de todo, él necesitaba un sedante. Ahora estaba deprimido como el infierno. Parecía que nada estaba bien en su vida. Había estado bien esta mañana, hasta su viaje junto a su crítico personal.
Sungmin se quedó con la boca abierta cuando el restaurante de comidas rápidas en el que trabajaba se llenó a toda su capacidad con los hombres más grandes que hubiera visto y algunos de los más pequeños. ¿Ese chico realmente estaba usando guantes de látex azules?
Se quedó viendo con los ojos más abiertos a los hombres que entraban. No iba ninguna mujer con ellos. ¿Serían algún tipo de club o pandilla? Se veían como una pandilla de motociclistas.
De cualquier manera sería una grande.
—Quiero cinco hamburguesas, cuatro papas fritas, cuatro champiñones fritos, dos postres y una coca de dieta. —El más hipnótico hombre del mundo estaba frente al mostrador de Sungmin . El hombre se inclinó en el mostrador y Sungmin no podía respirar. Se quedó con la boca abierta, mudo como un estúpido. Lo llenaba una abrumadora necesidad de cruzar el mostrador y rodear el cuerpo del hombre frente a él. Sungmin parpadeó.
—¿Entendiste eso?— Oh, esa voz, tan rica, tan profunda. El hombre tenía el cabello oscuro y acento coreano Sungmin estaba duro como roca al escuchar el mágico sonido.
Esto tenía que ser un sueño. No había manera de que alguien se viera tan bien como el chico parado frente a él. Después de pasar todo el día con su mamá, no había manera de que su suerte cambiara de esa manera.
Sungmin tenía la urgencia de limpiarse la baba en su mentón mientras el hombre lo veía fijamente. Rezaba por realmente no estar babeando. Sungmin se mortificaría si lo estuviera.
—Creo que freíste su cerebro —dijo el hombre más alto que Sungmin hubiera visto y le sonrió—. Acércate un poco, Kyuhyun.
El hombre de cabello oscuro giró los ojos ante el hombre alto. Sungmin quería cruzar el mostrador y subir en el cuerpo del hombre de cabello oscuro.
El aliento de Sungmin quedó atrapado en su garganta y sentía el latido de su corazón golpear contra sus costillas cuando el hombre se acercó, movió la mano frente a Sungmin y dio un bajo y sexy gruñido. —Mío.
—Dios, amo mis sueños —el hombre alto se rió.
—Yo... —La boca de Sungmin se rehusaba a formar palabras. Sus cuerdas vocales se congelaron después de que una sola palabra logró salir.
Llevó su mano a la boca y corrió a la oficina, cerró la puerta detrás de él. Se había comportado como un completo imbécil frente al más hermoso hombre que había visto y probablemente había arruinado cualquier oportunidad que pudiera tener. Se quitó los guantes y los lanzó al suelo, llevando una mano a su boca mientras trataba de controlar su respiración.
—Abre —dijo Brian, uno de sus compañeros de trabajo, tocando la puerta. Sungmin rápidamente quitó la llave y giró la perilla, jaló a Brian dentro de la oficina y cerró la puerta de nuevo.
—Oh. ¡Mi Dios! Acabo de comportarme como un imbécil frente a un hombre de ensueño. —Sungmin tomó en un puño el frente de la camisa de Brian, sacudiendo a su amigo.
Brian palmeó sus manos alejándolas. —No sé nada acerca de esa mierda del amor entre hombres, pero estoy seguro que es como con una chica. Sólo regresa ahí y pretende que nada sucedió. Eso me funciona.
Sungmin abanicaba su mano frente a su cara. —No puedo. Él es la cosa más caliente sobre dos piernas, y yo sólo me quedé ahí con la boca abierta. Además mírame —Sungmin señaló su uniforme—. Me veo como el tonto del año en este uniforme.
—Vamos, déjame ayudarte. ¿Cuál de ellos es?
—Es el hermoso con cabello negro rizado, soñadores ojos grises, mide un metro ochenta y cinco.
Sungmin vio curioso cómo Brian abría la puerta de la oficina. ― Está bien, ¿quién de ustedes tiene los ojos grises? Bien, ven aquí.
—Oh, infiernos, ¿Qué jodidos estás haciendo? —Sungmin jaló la camisa de Brian, tratando de que entrara a la oficina—. ¿Has perdido la cabeza?
—¿Si? —una profunda voz dijo desde afuera de la oficina.
Sungmin corrió hacia el escritorio y se metió debajo de él. Iba a matar a Brian. Se veía como un grasoso cocinero ahora y Brian le había hablado al hombre de sus sueños para que fuera testigo de eso. Dios, él realmente iba a matarlo y no rápidamente.
—El tipo bajo el escritorio cree que eres de ensueño —oyó que Brian repetía sus palabras. Si, él iba a colgar al traidor.
Una profunda risa retumbó en la oficina. Sungmin cerró los ojos ante el sonido. ¿Habría incluso oído una voz tan musical en su chico soñado?
«Infiernos no».
Él gritó cuando una mano se asomó bajo el escritorio. —Hola, soy Kyuhyun.
Sungmin seguía sentado bajo el escritorio con la boca abierta y su cerebro muerto de nuevo. ¿Qué infiernos estaba mal con él? Él nunca había actuado de esa manera antes. Claro que él nunca había encontrado a alguien tan rudo e impactante como Kyuhyun. Kyuhyun, Dios, incluso tenía un sexy nombre.
—¿Podrías salir y hablar? O puedo entrar ahí abajo, tú elije. —Yo...
—Bien, puedo ir ahí contigo, pájaro. —El hombre se arrodilló y se arrastró bajo el escritorio, haciendo que Sungmin moviera su pequeño cuerpo bajo el escritorio. Literalmente ahí no había espacio.
—Yo...
—¿Hablas un idioma diferente? Está bien para mi, pájaro.
El hombre pasó sus nudillos por un lado de la cara de Sungmin . ―Te he buscado durante mucho tiempo. Soy Jung Kyuhyun .
Sungmin debió de haberse tomado el sedante y ahora seguro le estaba causando algún efecto secundario, como alucinaciones. No había manera de que ese hombre estuviera bajo el escritorio y le coqueteara.
—Yo...Yo soy Sungmin .
—Sungmin. Sí, me gusta ese nombre. —Kyuhyun sonrió y asintió—. ¿Hablas fluido el inglés? Si no, puedo aprender tu idioma.
Las cejas de Sungminse juntaron y frunció el ceño. —No entiendo de lo que estás hablando.
—Ah, hablas inglés. Por un momento pensé que tendría que aprender otro idioma.
Sungmin empezó a reírse. —No, sólo tenía trabada la lengua. Eres muy hermoso. —Está bien, así que su cerebro estaba trabajando de nuevo. Gracias Dios—. ¿Por qué estás aquí abajo?
—Porque eres mi pareja
—¿Eso que dices es? —Sungmin preguntó.
—Eres a quien eligió el destino solo para mí.
—¿Esa es tu manera de pedirme salir? Yo diría que si. Solo un ciego tonto diría no. —Y eso no era cierto. El hombre derramaba sexualidad.
Kyuhyun se rascó el mentón. —Está bien, entonces, supongo que te pedía salir.
Sungmin se ruborizó, se sentía como un tímido adolescente de nuevo. —Pero no tengo nada que ponerme —bromeó. Sonrió cuando Kyuhyun tomó sus manos y estudió el esmalte en sus uñas.
Gracias a los dioses estaba usando guantes. Sus uñas estaban en impecable condición.
—¿Te pintas las uñas todo el tiempo?— Kyuhyun frunció el ceño y pasó su pulgar sobre las uñas pintadas.
Sungmin alejó su mano. No quería otro sermón como el que le había dado su mamá. —Si —dijo molesto.
—No lo dije como ofensa. Me gusta. —Kyuhyun se movió jalando a Sungmin más cerca y olfateándolo. Eso era un extraño fetiche.
Sungmin permitió eso, el hombre olía delicioso tan sólo con estar cerca. Miraba fijamente a Kyuhyun, viendo su enorme tamaño, nunca había estado con un hombre grande antes, le gustaba eso.
—Tengo un calambre. ¿Podemos salir de aquí abajo?— preguntó Kyuhyun
—Lo siento, si. —Sungmin casi fue aplastado por Kyuhyun mientras salía. El hombre se inclinó hacia abajo y lo levantó, sacándolo. Wow, él era realmente fuerte. Bueno, lo era, pero Sungmin sólo pesaba un dólar, con veinte estando empapado.
—Eres muy femenino. Me gusta eso.
—No soy una chica, no quiero ser una chica y nunca deseé ser una chica. —Sungmin colocó sus manos en sus caderas y miró a Kyuhyun. Ya había tenido suficiente de eso. No necesitaba a nadie más diciéndole eso.
—No, no es lo que quise decir. Eres muy delicado, frágil y pequeño. Infiernos, ¿estoy jodiéndola, verdad?
Sungmin se rió. —Sé lo que querías decir. —Y era un alivio ver que Kyuhyun estaba tan nervioso como él lo estaba. Eso hacía que el gran hombre se viera más alcanzable.
—Estoy feliz por ambos. Ahora, ¿te molestaría traer tu culo aquí y ayudar con esa pandilla?— Su jefe preguntó desde el marco de la puerta. Mierda, Sungmin había olvidado que el mundo existía fuera de este cuarto.
Kyuhyun gruñó bajo, y Sungmin levantó la vista con curiosidad.
—Mío —le gruñó al jefe de Sungmin .
—Como sea. Sólo déjalo regresar a su trabajo. —Su jefe los dejó solos. Sungmin se giró y le sonrió a Kyuhyun.
—No, no la has jodido. ¿Puedes recogerme después del trabajo? —Sungmin tomó la mano de Kyuhyun, una sensación de hogar lo inundó. No quería soltar la gran mano.
Sungmin estaba un poco sorprendido cuando Kyuhyun lo envolvió en sus fuertes brazos. No imaginaba ni por su vida por qué no protestaba. —Puedo quedarme hasta que estés listo para salir, pájaro.
Sungmin mordió su labio inferior, la excitación burbujeaba al pensar que ese hermoso hombre realmente estaba interesado en él. Olvidó cualquier razón que pudiera tener para protestar al ver esos ojos grises. —No, puedo tener problemas si te quedas. A las seis está bien.
—Entonces a las seis. —Sungmin gimió cuando Kyuhyunlo levantó y le plantó un suculento beso en los labios. Niño, el hombre podía besar. Envolvió sus piernas alrededor de la cintura de Kyuhyuny los brazos alrededor del cuello de Kyuhyun.
—Pájaro, por favor, no me tientes de esa forma. —La boca de Kyuhyun lo cubría hambriento, besándolo con una pasión que causaba que la cabeza de Sungmin girara y entonces Kyuhyunse apartó.
Se sentía como una puta, haciendo eso en la oficina de su jefe, pero no tenía la fuerza suficiente para detenerse.
—Seis —Kyuhyun repitió antes de dejar a Sungmin en trance como había sucedido antes. El hombre era taaan encantador.
Sungmin salió de la oficina y regresó al mostrador. Realmente no oía nada de lo que le decían. Sus ojos buscaron y encontraron los ojos gris humo. Kyuhyun le dio un guiño y le sonrió.
El corazón de Sungmin daba un latido extra con cada sexy sonrisa y ¡estaban dirigidas a él! ¿Podría aguantarse hasta las seis?
—¿Hola? —Alguien tronó los dedos frente a su cara—. Dije que quiero una hamburguesa con queso y papas fritas. —El hombre le sonrió a Sungmin y entonces a Kyuhyun. ¿Quién era ese hombre?
—¿Algo más? —Sungmin logró decir, odiando que su sesión de ver de soslayo fuera interrumpida.
—Si, nos vemos en la cena —se rió—. Mi cocina es mejor que la tuya.
Sungmin vio al hombre con el sombrero de vaquero. ¿Eso era en serio? —Aquí se sirve comida rápida. Nosotros no cocinamos, la calentamos.
Otro hombre con el cabello negro se reía. —Quiero lo que Zitao pidió. Y esperaré con ansias la cena.
¿Sungmin se perdió de algo? Todos en el cuarto lo veían, se sentía como si estuviera fuera del pequeño secreto. Pasó los siguientes cuarenta y cinco minutos atendiendo las órdenes de ellos.
Finalmente, él fue capaz de tomar un respiro. El área del comedor se desocupó y Sungmin trabajó en limpiarla.
Giró los ojos cuando oyó un zumbido. Sungmin sacó el teléfono celular de su clip y revisó el identificador. Justo con quien no quería hablar ahora. —Hola, Mamá.
—Hice la cena para Jaejoong. Necesito que vengas después del trabajo por ella.
—«Hola, ¿Qué acerca de él?»
—No puedo, tengo una cita.
—Tonterías, la jovencita puede esperar. Te esperaré. No dejaré que se eche a perder.
—No esperes. Tienes a Brad para eso.
— Lee Sungmin . No te atrevas a usar ese tono con tu viuda madre. —Sungmin repitió las mismas palabras sin voz al mismo tiempo en que ella lo hizo. El señor sabía que ella lo había dicho suficientes veces.
—Bien, iré por eso. No quiero que molestes a Min mientras hace otro bebé.
La voz de su madre aumentó en crueldad. —Al menos él lo hace. —Ella colgó.
Sungmin incrédulo veía el teléfono. Su mamá no podría ganar el concurso de la madre del año, pero nunca había sido tan cruel antes. Podía sentir el ardor de las lágrimas en sus ojos amenazando con fluir.
¿Qué estaba mal con ella últimamente? Estaba peor cada vez que él tenía contacto con ella.
Sungmin empujó el teléfono de regreso en su lugar, limpiándose los ojos mientras limpiaba el área el comedor. Suponía que la cena con todo el mundo no se llevaría a cabo. Sungmin levantó la vista hacia el reloj. Aun le quedaba un poco de tiempo antes de terminar. Quizás Kyuhyun podría darle otra oportunidad, darle un pase por lluvia.
Sungmin esperaba ser lo suficientemente afortunado para mantener la atención de alguien como Kyuhyun. Él no era feo pero el vivir con su madre había afectado su autoestima.
Lo sabía, pero aun así no podía evitar sentirse de esa manera. Sungmin pensó en esos grandes ojos grises, esos cincelados músculos y esa perfecta cabeza y cabello.
Sólo una oportunidad más, eso es todo lo que quería.