Vestido Rojo

—¡No me mires! —grita Daeron, escondido detrás de un árbol—. ¡Hablo en serio, Joffrey!
—Pero quiero ver...
—Si haces trampa, me lo voy a quitar.
—Vale, vale.
Joffrey cubre sus ojos y le da la espalda. Ajusta el vestido, pero no logra subir la cremallera de la parte de atrás. Decide dejarlo tal cual está, no durará mucho con él puesto.
Si su madre lo viera ahora, se moriría del coraje.
A Daeron le gusta usar vestidos, faldas o ropa que es considerada de mujer. Solía robarle la ropa a Helaena y probársela frente al espejo, cuando no había nadie en casa. Un día su madre lo atrapó y lo golpeó. Después lo obligó a ir al Septo a rezar y a arrepentirse por sus desviaciones.
Pero alguien que lo acepta tal cual es, es Joffrey, su novio.
Novio que su madre no acepta.
Bueno, ella no sabe que Joffrey es su novio. Para Alicent, Joffrey es solo el amigo problemático de su hijo menor. Amigo que quiere lejos de Daeron, pero siguen viéndose a escondidas y hacen cosas que no la harían muy feliz.
—¿Puedo mirar ya?
—No te vayas a burlar.
—Jamás.
—Ya.
Se descubre los ojos y gira para mirar a su lindo chico. El vestido de Daeron es rojo, con las mangas cortas y pomposas, y se ajusta perfectamente a su delgada cintura. Se quitó las zapatillas, quedando en sus medias blancas deportivas. Encara el suelo, sus mejillas ruborizadas y su mirada avergonzada.
Joffrey permanece callado, perdido en la inigualable belleza de Daeron. No tiene palabras para describir lo hermoso que es y lo muy enamorado que está de él.
—Es... demasiado, ¿verdad? —duda, cuando Joffrey lo mira, sin decir nada—. Iré a quitármelo.
—¡No!
Toma la muñeca de Daeron y lo acerca para darle un beso. Daeron lloriquea sobre sus labios, pero termina cediendo. Los besos de Joffrey saben bien, a menta y amor. Tiembla en sus brazos, pero no de miedo, nunca de miedo.
—Princesa Daeron —le dice, al separarse, inclinándose un poco y extendiéndole la mano—. Luce muy hermoso el día de hoy.
Ama cuando Joffrey lo llama princesa.
Su princesa.