Prólogo
Mi nombre es Izuku Midoriya, tengo veinticinco años y soy el heredero legítimo al trono de Japón.
Es una monarquía parlamentaria, o sea, el rey ni la reina gobiernan, es más algo simbólico.
La realeza tiene un papel totalmente secundario, cuyas atribuciones principales es la de árbitro y mediador en la política nacional; la de sancionar leyes; y la de establecer relaciones diplomáticas con otros países, facilitando la prosperidad del propio país.
Obviamente eso no quita que tengamos mucho dinero.
Ahora mismo voy camino a la sala principal donde mis padres esperan, me llamaron para comunicarme algo muy importante.
Estoy nervioso y a la vez emocionado, la mayoría de veces me involucran en cosas importantes respecto al país y me gusta hacerlo, además, dicen que sirve como preparación para cuando yo me vuelva rey.
Escucho un quejido detrás de mí y veo a una sirvienta levantándose del suelo, me detengo y veo cómo otra mujer se acerca para ayudarle.
-Lo siento mi príncipe -hace una reverencia de noventa grados.
¿Acaso no sabe caminar?, No dije nada y seguí con lo mío, siendo seguido por ella y otras cuantas.
-Lo hiciste enojar -susurran, regañando a la descuidada.
Sonrío levemente sin dejar que me vean al rostro.
Llegué donde mis padres y pido permiso para entrar, cuando me lo concedieron, deslizo la puerta y entro, me siento al estilo seiza frente a ellos y espero a que comenzarán a hablar.
-Izuku -dice mi papá con una sonrisa -Tu madre y yo pensamos que ya es tiempo para que des un paso más hacia la vida adulta como futuro rey.
Asiento suavemente -En unos días llegará tu prometida, la hemos elegido cuidadosamente para ti -trato de no mostrar mi emoción, al fin conocería a la chica -Así que deberás prepararte para recibirla lo mejor posible, demostrando cuánto valemos los Midoriya.
-Sí, padre -respondo y no puedo contener más mi sonrisa.
A solo días para que la chica que habían escogido especialmente para mí llegará al palacio y comenzarán los preparativos de la boda.
Salí del lugar con las sirvientas que todo el día me siguen para atender mis necesidades y caprichos, puedo escuchar cómo murmuran a mis espaldas.
-Cierren la boca -ordeno y rápidamente obedecen, me encanta hacer eso.








