Capítulo 1
En una era desconocida, en medio de una nebulosa roja, nacieron dos estrellas gemelas... Ambos poseían la misma intensidad lumínica y el mismo patrón de brillo... ¡Eran inseparables!
Sentían un afecto fraternal tan único como el suceso de su nacimiento. Cuando las demás estrellas se enteraron de su existencia, reunieron a todos los miembros de su corte para darles una bienvenida formal al mundo, haciendo un bello espectáculo de luces hermosas que conmemorarían a las estrellas jóvenes con sus colores rojo y amarillo, formando así un bello lazo entre ellos y la comunidad estelar. Eran queridos por las estrellas mas grandes, sin embargo uno de ellos lo era aún más...
La estrella dorada brillaba aún más que la estrella roja con el paso del tiempo, y cada que avanzaban las generaciones, se volvían más distantes. Fue por eso, que la estrella dorada decidió alejarse de los suyos para cederle el puesto a su hermano, y así aprender por su cuenta lo que significaba la vida de una estrella independiente. Pasaron los años y con el tiempo, la estrella dorada fue formando su propio sistema solar, creando acompañantes planetarios con quien jugar y pasar el rato para no sentirse solo, con la ilusión de que algún día estos seres prosperen con sus objetivos, generando alegría en su zona de paz...
Quería compartir sus alegrías con su hermano, pero este no se sintió feliz por él, reportando sus errores e imperfecciones a las estrellas más ancianas.
La estrella dorada fue advertida por las conocidas "M's", sus anteriores cuidadoras, siendo informado así sobre las reglas estrictas al momento de realizar un sistema solar.
—¿Y que pasaba si no cumplía con las reglas?
—Oh, pequeño Gemisto. No querrás saberlo.
Un brillo desde el centro de Luprem se aproximó, iluminando los rincones mas oscuros de el universo, pero no al punto de alcanzar la frontera.
—Señor, Aurum ha despertado. Lo necesitamos al centro para la ceremonia de nacimiento.
—Solo un momento más, ¿Sí? Guíalos por mí, Stellara. —Pedía Gliseus, Astra de la vigía.
—Como usted ordene, señor.
Gliseus, se alejaba cada vez más de el centro, dirigiéndose al borde, a la famosa frontera y barrera que los protegía de la oscuridad del abismo. Miraba detalladamente los cuerpos celestes que se ubicaban fuera de su mundo, los cuales no eran nada diferentes.
Buscaba pacientemente...
—Vamos... Se que debes estar por aquí.
Ponía sus manos en la barrera de cristal, buscando una forma de encontrar a quien buscaba, pero sabía que debía asistir al llamado de su creador en el centro de Luprem.
Se rindió rápidamente y volteó, dirigiéndose lentamente hacia su objetivo, acelerando inmediatamente, tratando de alcanzar a sus deoros. Sus ojos se cerraron y una venda lo cubrió, tapando del todo sus ojos. La venda luego fue tapada por mechones de cabello celeste claro.
Pasaba cruzando el área de Alpheron, a toda velocidad como un cometa a la vista de un humano.
Alpheron lo saludó mientras organizaba por orden de nacimiento a los cientos de deoros que habitaban en su zona.
—Bien, Douma aquí; Jálim, aquí; tú, aquí...
Miraba a cada uno de sus deoros, eran tantos que una persona normal se rendiría si los contara uno por uno...
—Siento que falta alguien...
Observaba contando uno a uno sus deoros, trataba de recordar quien era, sin embargo el nombre se le iba del núcleo...
—Alpheron, somos 1036...
—Sí, si... Pero falta... ¡Nébulo! —se quejó —¡Aaah! ¿Dónde está?
El anillado lo buscaba por todo sitio, arriba, abajo y a todo su alrededor... Pero lo que no sedaba cuenta es que el pequeño Nébulo se estaba escondiendo entre los mantos de este majestuoso Astra, saliendo de ellos, riendo como un niño inocente.
—Oh... Aquí estabas —lo cargó.
Nébulo sostenía un arreglo de gemas preciosas en sus manos, midiendo el doble que él. Levantaba con esfuerzo con sus dos manos pequeñas, ofreciendo el bello adorno a su cuidador.
—¡Qué hermoso! ¿De dónde lo sacaste?
Justo cuando el pequeño estaba por responder, apareció atrás suyo Surgnus, su compañero de vida.
—Alpheron, ¿Vienes? Solo faltamos Gemisto, tu y yo.
—Sí, solo... Estaba contando a mis deoros.
—Alpheron, esto es urgente, ¡Es la primera vez que Gemisto presencia una ceremonia! Si Aurum no nos ve, estamos muertos. Nadie notará la diferencia entre uno o dos.
Alpheron volteó y los contó rápidamente según por fila, pero no lo suficiente para escuchar una de las ondas expansivas originada desde donde se ejecutaba la ceremonia.
—¡Ya voy! —volteó hacia atrás —Adelante. —ordenó a sus deoros.
Avanzaron rápidamente. Gemisto tomaba de la mano a su cuidador para evitar que se perdiera en medio del espacio. A su lado, un Astra superior con su ejército de deoros siguiéndolo, siendo este el que guía también al ejército de deoros de su acompañante.
—¡Surgnus! A los tiempos...
—¿Terminaste tu recorrido, Arsenius?
—Eh... No. ¿Sabes cuanto mide Luprem, Surg? —Preguntaba confundido, exagerando sus palabras.
—Estaba bromeando. Que bueno que estés bien. —Suavizó su hablar.
Arsenius, un astra de núcleo anaranjado, lleno de cicatrices en todos lados a excepción de su rostro. Movió la lanza que siempre sostenía en la mano izquierda hacia atrás suyo.
—Gracias, igualmente. ¿Y como está el pequeño? —se acercaba lentamente, mirando fijamente a Gemisto
—Hola... ¿Arsenius? —saludó Gemisto.
—¡Adivinaste! Eres un astra muy inteligente. —acarició al pequeño.
Gemisto lo abrazó. Irónicamente, a pesar de que Arsenius es mucho mayor que él, Gemisto era algo mas grande.
—Ugh —era apretado fuertemente a causa del abrazo —¿Estás seguro de que Gemisto está listo para la ceremonia?
—¡Por supuesto! —Respondió —Bueno... Tampoco es que obtenga un deoro de una generación a otra. —habló Alpheron, orgulloso de la cantidad que lo seguían.
—Si resulta así, Hautus...
—No lo menciones. —Interrumpió Surgnus. —No quiero oír su nombre ahora mismo.
Avanzaron con prisa, siendo Gemisto el que iba admirando el paisaje mientras era cargado por quien consideraba un padre.
A la velocidad en la que iban, el cosmos se veía aún mas bello gracias a las nebulosas y estrellas gigantes que adornaban el área. El brillo intenso daba una sensación de tranquilidad al momento de cruzar... Habían pasado tan solo dos segundos desde que cruzaron la barrera de nebulosas y cierto astra se aburrió.
—¿Falta mucho? —preguntó el de núcleo azul.
—Ya estamos por llegar. Solo hay que ubicar nuestro lugar. —respondió Alpheron.
Una tribuna enorme, libre de cualquier desorden. Cada deoro conocía su lugar a excepción de los nuevos, los cuales eran guiados por los deoros mas importantes. Los astras, por otro lado, tenían un espacio por decirlo, 'VIP', donde se ubicaban por orden de nacimiento y antigüedad. Primero, iba Surgnus; luego Alpheron; después Gliseus; le seguía Arsenius; Hautus y al final el pequeño Gemisto.
—Oye, ¿Y ese milagro que no te encuentras con los demás enanos? —preguntó Hautus.
—¡Ya soy un Astra grande! Cumplí 45 generaciones.
—Vaya vaya... Parece que alguien viene por primera vez a la tribuna. ¿Sabes que hacer cuando Aurum de la orden? —se acercó.
—Acercarme y... ¡Prender una estrella! —levantaba las manos expresando felicidad en su rostro. —¿Crees que pueda obtener mi primer deoro?
Hautus no respondió, limitándose a mirar su rostro inocente... Sin embargo tuvo un recuerdo similar a esa situación... Hace mucho tiempo. Abrió la boca con la intención de hablar, pero cuando iba a decir una palabra fue interrumpido por las palabras de Zenian, el astra mayor e irónicamente el mas pequeño de todos, poseyendo un núcleo color café con leche.
En los asientos, los deoros de el frente, sentados, guardaban silencio y respeto, pero en medio del grupo de atrás, habían ciertos grupos que murmuraban acerca de el nacimiento, que por lo que se veía, solo se trataban de dos deoros de buen tamaño, a comparación de otros ritos donde nacían más de 10.
—Ah vamos... ¿Dos más? ¿No es eso fuera de lo común?
—Silencio, Hautus. No hables de esto frente al menor. —reclamó Zenian desde el centro.
—¡Para eso si escuchas, enano!
El astra de la perfección tenía algo de razón en lo dicho anteriormente, ya que la cantidad de deoros en Luprem era extremadamente grande. Un astra con bastantes deoros, era un equivalente a controlar a cientos de niños en un solo colegio entero.
Hautus simplemente no prestaba atención, en su mirada apartada se veía que ya sabría un resultado cercano, basándose en referencias pasadas.
Aurum, suxarion de Luprem levantó dos de sus seis brazos mientras que los otro los estiraba. Reunía materia y generaba explosiones desde el centro, lo cual los espectadores admiraban. Zenian lo ayudaba avanzando el rito moviendo asteroides desde un lugar a otro. Todo lo alrededor se juntaba formando así dos núcleos perfectamente esféricos. Uno negro y otro blanco, tan bellos y brillantes como la luna reflejando la luz del sol en una noche despejada, sin ninguna nebulosa que las bloquee.
Se orbitaban el uno al otro, sin embargo, un evento casi nunca sucedido, empezó a arruinar el rito.
—Uno de los núcleos no brilló... —habló Maior, un deoro de Surgnus, para luego apegarse a otro deoro.
—Ha pasado mucho tiempo... Era cuestión de que pase otra vez. —añadió Novu, también deoro de Surgnus.
—¿Pero... por qué? —preguntó Odar, un deoro de carácter sensible.
—No lo sé... Pero de algo estoy seguro... Es probable que todo sea obra de los astras. —concluyó Audax, abrazando a Maior.
El polvo estelar que mantenía el alma del deoro encerrada en el núcleo no fue lo suficientemente resistente ya que aquel nuevo ser parecía no tener el nivel de un deoro cualquiera, por lo cual Aurum al estar demasiado confiado, no se percató que el alma desaparecía lentamente de ambos núcleos.
Zenian miraba con ciertas dudas a su jefe, haciendo señas que se entendían en un: "¿Qué sucede?"
El poder de Aurum era fuerte, sin embargo sentía que si seguía con ambas almas separadas en dos núcleos diferentes, puede llegar a ser catastrófico para su gente, por lo cual tuvo que aplicar su poder para unir ambos núcleos, formando el diseño de una luna en este nuevo, lo cual otros consideraban "mancha".
El núcleo de todos los seres normalmente son de un color estático, y con el avance de la edad adquiría líneas o manchas, marcando sabiduría, experiencia y madurez en el transcurso de su vida inmortal.
Y como cierto dicho decía: "Nadie nace siendo sabio"
—¿Otro defectuoso? Ya tenemos demasiados desterrados en el borde de Luprem.
—¿Te puedes callar un rato? ¡Asustas al pequeño!
—Oh vamos, de todas formas debe saber nuestra realidad, Surgnus. ¿También lo vas a dejar abandonado en medio del espacio por no entender tu método de enseñanza? ¿Vas a limitar también el uso de sus poderes?
—¿Quieres empezar otra vez con la misma discusión?
—Ahora sueltas amenazas...
—Surgnus, por favor... —interrumpuó Alpheron, apoyando sus manos en sus hombros. —No vuelvas a hablar sobre asuntos confidenciales, Gemisto es menor que tú y aún no está listo. —dirigió la palabra a Hautus.
—Saben que no es así. —respondió. —El no es ni mayor ni menor que yo
—Hautus, silencio. —habló Zenian acercándose.
Hautus solo murmuró, hablando horrible de Zenian quien era de un rango mas alto que todos los Astras presentes
—Solo porque es el favorito —susurró.
Una onda de luz dorada alcanzó a todos los presentes
—Avancemos... Pronto será la asignación.
El rojizo y el azulado se miraron frente a frente. A pesar de el carácter diferente de ambos, eran bien parecidos... Algo que notaba Hautus con su experiencia de vida. A pesar de que Gemisto también actuara como un niño pequeño, entendía algunas cosas, especialmente después de esa discusión, lo cual hacía sentir más interés en su gemelo.
Gemisto seguía a Hautus, teniendo en cuenta que su posición era estar al lado de él, siempre...
Estrellas parpadeaban en un patrón hipnotizante, demasiado brillante como para cegar a un infiltrado de una sola vez...
—¿Estás listo, Gem? —Preguntó Arsenius, quien se encontraba a su derecha.
El menor asintió y tomó su estrella sin tocarla, levantándola desbordando un brillo azul zafiro.
Era un total de 6 estrellas, cada una representando a un Astra. ¿Y Zenian? Oh claro... Este no necesitaba un deoro.
—Bienvenido al mundo, Nocte.
Nocte volteó la mirada hacia arriba, donde podía ver el rostro de Aurum sonriendo, a pesar de que la enorme cantidad de brillo que cubría todos sus rasgos lo impidiera.
El deoro recién nacido era de una corteza blanca con un núcleo bicolor, su cabello alcanzaba a rozar sus hombros y a cubrirlos un poco, sus ojos eran tan brillantes como los de cualquier recién nacido, sin embargo al lado de uno de ellos había otra mancha en lo que los humanos llamarían lunar. Al lado del parpado derecho para ser exactos.
—¿Estás listo para elegir a tu astra? —preguntó Zenian tomando a Nocte de la mano.
—Sí, señor... —habló el Deoro sin dueño.
Nocte, temeroso, se acercó lentamente al centro, guiado por el astra mayor, para luego ser dejado ahí siendo rodeado por seis estrellas de diferentes colores.
Nocte volteaba a mirar cada expresión en el rostro de los astras, e inmediatamente descartó a Hautus y Arsenius. A pesar de ser un recién nacido, sabía el cargo de cada uno, y no quería morir pronto en una invasión al cuidado de Arsenius, o siempre ver esa cara de seriedad de parte de Hautus. Volteó a ver a Alpheron y se acercó con intención de tocar la estrella, pero el público deoral, la cual la mayoría eran de el astra de la maestría, le gritaban que no.
—¡Silencio! —gritó Aurum estruendosamente.
Toda presencia tembló y el recién nacido volteó a ver a Zenian quien lo saludó, estando al lado de su amo y señor.
—Ush... —susurró el pequeño.
Descartó a Surgnus, por el mismo motivo que lo hizo con Alpheron, luego a Gliseus por el hecho de que todos sus deoros reflejaban seriedad ya sea en postura como en expresión facial. ¿Su última opción? Gemisto.
Este se veía tan inocente como él, lo veía y sentía curiosidad. Movía una mano para saludar y el contrario hacia lo mismo. Se agradaron inmediatamente.
—¡Creación! —se escuchó entre las palabras de Nocte que expresaba con nerviosismo.
Todos voltearon a ver y muchos se acercaron al borde de el límite máximo de observación.
—Él... Me eligió a mi. —susurró Gemisto —¡ME ELIGIÓ A MI! —celebró.
En el fondo se escuchaba la voz de Zenian y Aurum al mismo tiempo: "el deoro ha elegido".
Los deoros espectadores celebraban con emoción en sus gritos. La mayoría abrazados y otros lanzando polvo estelar.
—Veo que están felices por tí —comentó Surgnus, apoyando su mano en el hombro de Nocte.
—De hecho... Están felices porque no irás con ellos
Todos voltearon a ver y sorpresivamente se trataba de Gliseus.
—Ya puedes quitarte la venda. Aurum ya se volvió a transformar —habló Arsenius.
—No lo pienso hacer hasta regresar a mi punto de recorrido. Necesito terminar la inspección de una vez.
—¿Pueden hablar de eso mas tarde? ¡Gemisto obtuvo su primer deoro! —exclamó Alpheron.
Los dos astras reaccionaron y voltearon, mirando a Gemisto levantando a Nocte como dos hermanos jugando entre ellos. Su felicidad no tenía límites, sus ojos estaban tan ilusionados y emocionados por el momento... Tenía bastantes expectativas para los dos. Quizás... ¿Jugar todo el tiempo? ¡Que más da! Ahora tenía alguien con quien pasar el rato todo el tiempo.
—Felicidades, Gem. Tienes el récord de tener un Deoro en tu corto tiempo de vida. —halagó Arsenius, acompañándolo al igual que Surgnus.
—Recuerda que un Deoro no es un objeto, debes cuidarlo mucho y atenderlo bastante. ¡Son unas cositas hermosas! —describió Alpheron mirando con ternura a Nocte.
—Si necesitas ayuda para entrenar sus poderes puedes avisarme y con gusto lo entrenaré junto a los míos -ofreció Surgnus su apoyo.
—No te encariñes mucho con él... Su nacimiento fue poco común y quién sabe cuánto será su duración de vida. —aconsejó Gliseus.
Los cuatro Astras le daban consejos de cómo cuidarlo como si fuera una mascota, pero Gemisto no lo veía como tal, sino como un nuevo amigo para él.
—No durará nada. ¿Apostamos? —preguntó Audax en medio del público.
Y claro, al tratarse del deoro mayor/favorito de Surgnus, la mayoría de ellos (la mayoría eran hembras) le hacían caso.
Los astras seguían reunidos alrededor del considerado "menor", quien ahora tenía un compañero de juegos.
—Al menos no serás tan amargado como Hautus. Este se volvió enojón solo porque ningún Deoro le hacía caso. —se burló Arsenius, susurrando lo último.
Gemisto y Nocte voltearon mientras los otros Astras conversaban entre sí y miraron a Hautus flotando metido en sus pensamientos.
—Vamos de regreso, ¿Si? —preguntó Surgnus.
—En un momento. Quiero... Hablar a solas con mi nuevo deoro. —miraba disimuladamente a Hautus.
—Bien. Te esperaré por ahí. Cualquier cosa estoy en la estrella de allá.
Surgnus y Gemisto podrían llegar a ser parecidos. Ambos se quieren evitar el uno al otro des-intencionalmente en el fondo de su ser para centrarse en sus propios asuntos. Y esos 'asuntos' eran Alpheron, quien lo estaba llamando.
—¡Hola! —saludó en voz alta, haciendo sobresaltar al rojo.
—¡Ah! Hola. Vienes a mostrarme tu deoro, ¿No?
—¡Sí! Y no... Vengo a hablar contigo.
Nocte observaba en silencio.
—¿Hablar conmigo?
—¡Sí! Quería agradecerte...
—¿Por?
—¡Por no perder la esperanza en mí!
Hautus estaba confundido. ¿Cuál esperanza?
—... ¿Ah?
—Todos los demás decían que no podía llegar a conseguir un nuevo amigo, ¡Un deoro! Pero tú... Cuando te pregunté, nunca dijiste que no.
—Oye, menor, yo nunca... Espera, ¿Amigo? ¿Llamaste amigo a tu deoro?
Era la primera vez que oía que un astra llegara a llamar de esa forma a quien lo serviría durante toda su vida.
—¡Y te sugiero que no me llames así! Ya me lo dijiste, no soy mayor ni menor que tu...
—Solo lo decía para que tu cuidador se callara... No tenías que escuchar eso.
—Na-ah —negaba. —Tu sabes cosas que Surgnus no quiere contarme.
—Sí, si... Mejor te los cuento en otro momento, ¿Ya? Creo que no tienes permitido acercarte a mi... —veía que Surgnus se acercaba lentamente.
Hautus tomó una de sus estrellas y la convirtió en una hermosa nebulosa roja para esconderse.
—¿Donde?
—Donde... ¿Dónde yo pare siempre? ¡Que se yo! Ya debo irme.
Gemisto se sentía algo incómodo después de ver que su gemelo se iba lo más rápido que podía, pero luego recordó que él también tenía que irse.
—No le dirás nada a Surgnus, ¿Verdad? —miró a Nocte.
—Nop