EL ENEMIGO DE MI NOVIO

AVA
—¿Cuando aprenderas Ava?—musita Paris enojado—están mirándote y no sé porque me desobedeces cuando sabes que en estas reuniones no me gusta que pongas ese tipo de atuendos que nada mas llaman la atencion.
No le gusta el vestido que triago puesto, dice que es muy revelador.. El enojo lo puedo sentir, e intento que se relaje pasando la mano por su pecho, tocando el traje implacable de tres piezas. Los azules son sus preferidos y siempre le he dicho que me gusta cómo le quedan, ya que le dan un toque elegante que resalta.
—No puedo cubrirles los ojos Paris, están en todo su derecho.
—Sí, pero si tu no los provocaras—sacudo mi cabeza dejando pasar ese comentario.
—No hago tal cosa y por favor no discutamos—definitivamente no me dejo asesorar más de Lorena.
No suele molestar con mi forma de vestir, pero en estos eventos quiere que luzca lo menos atractiva posible. Me gusta pasar desapercibida, pero eso a veces es imposible, se me complica con mis rasgos y el ser la novia de uno de los empresarios más importantes de la ciudad.
Reconozco a varios de los presentes que nos cruzamos mientras siento la mala vibra de Paris al notar como algunos de los presentes y colegas me observan aun cuando yo no presto atención concentrada en estar a su lado.
De las miradas femeninas tampoco escapo, prefiero no prestar atención, simplemente trato de centrarme en mi novio. El mesero que pasa nos ofrece una copa de champagne, típico en estas reuniones, pero no me quejo ya que es una bebida deliciosa.
—Paris Santamaría—alguien nos habla por detrás obligándonos a girar—pensé que no vendrías.
—Imposible perderme tu evento Maddox—lo reconozco, al hombre, es un peso pesado en las finanzas, su fortuna la ha conseguido en inversiones millonarias en la bolsa y no solo por eso, es uno de los mayores benefactores en el cuidado y protección de animales—gracias por la invitación.
Se saludan de un apretón de manos a la vez que los ojos del rubio con ojos verdes viajan hacia mí.
—Te presento a mi novia Ava Valentine—le ofrezco mi mano, seguido de una sonrisa.
—Mucho gusto señor Maddox, he escuchado mucho de usted.
Deja un beso en los nudillos de mi mano, ocasionando que Paris me tome de la cintura tan fuerte que la copa se me mueve.
Varias gotas de la bebida me salpican la mano.
—Espero que cosas buenas—amplía sus labios en una sonrisa—ya que delante de una hermosa mujer como tú, no quiero tener una mala fama.
La mano de parís sigue en mi cintura ocasionando que los ojos del empresario lo noten.
—Son cosas muy buenas—aclaro mi garganta llamando la atención de sus ojos que centra en los míos arrugando su ceño. «Ya lo notó»— además de admirar su trabajo como activista defendiendo, luchando y velando por los derechos de los animales, he seguido su trabajo señor Maddox y se ganó me total respeto al donar varias hectáreas para el cuidado de estos pequeños desafortunados donde además hacen campañas para adopción dándoles una vida digna.
No aparta la mirada de mis pupilas sonriendo con mis palabras. Su trabajo es impecable y he de resaltar que le han hecho reportajes en Discovery y animal planet debido a su lucha interminable de querer rescatarlos y darles una vida digna.
Comparto el sueño de tener un espacio para estas especies, todas, sin excepción alguna.
—Mi novia es veterinaria, ama a los animales y diría que tiene alma de activista al igual que tú.
—Maddox—una pelinegra llama a uno de los hombres más ricos que posiblemente se presenten el día de hoy. Alza su copa saludándolo, además de llamarlo con el movimiento de su cabeza para que se una a su grupo de personas que la rodean.
El empresario solo alza su mano dándole una respuesta a la chica que asiente, voltea a vernos de nuevo.
—Tenemos que hablar tú y yo—me dice mirando a mi novio—si no hay ningún problema Ava, si tienes cualquier problema o idea, no dudes en comunicarte conmigo.
—Mi novia no tiene por qué hacer tal cosa, no va a necesitarte porque para eso me tiene a mí.
—Uno nunca sabe—responde serenamente—no seas celoso.
Mi novio se queda callado en lo que Maddox extiende la tarjeta que saca del bolsillo de su pantalón y la acepto mirando su nombre y teléfono grabado. El hombre se va antes de verme de una forma que no sé cómo describir, se acerca a la chica y nosotros seguimos nuestro camino.
A Paris no le gusta la mirada que me da, sé que tiene problemas de controlar sus emociones ya que le fueron infiel, desconfía mucho, pero nunca le ha dado motivos para que sienta celos ya que solo tengo ojos para él.
Lo quiero, en verdad lo quiero, pero a veces se torna insoportable la relación con la desconfianza y celos de tu pareja.
—Pensé que era diferente—comento mientras seguimos nuestro camino, el salón está lleno, pero no hay tarimas lo que me da a entender que no hay discurso, así que nos podemos irnos rápido.
No me gusta estar en estas reuniones, por lo general te topas con personas presumidas que solo hablan de sus viajes y la forma más fácil de derrochar el dinero.
Es tonto que generalice, pero estos son ricos encopetados que vienen a jactarse y descubrir quien tiene más dinero que el otro.
—¿A qué te refieres?
—Pensé que era un engreído como la mayoría de aquí—digo solo para los dos. Guardando la tarjeta en mi pequeña bolsa negra que hace juego con mis zapatos.
—Se lo que piensas, soy millonario, pero eso no me hace un engreído, pedante o fatua persona.
—Amor, tu eres la excepción a la regla—acaricio su pecho dejando la copa vacía en charola del mesero—gracias.
Paris toma otra, yo lo rechazo porque el alcohol y yo no somos buenos compañeros. Miro a mi novio que se detiene por un momento y quiero besarlo, pero los besos en público no le gustan ya que quiere guardar una apariencia.
—Son una linda pareja—la familia Johansson—cuando nos darán la sorpresa de casamiento.
Soltamos una risa incomoda. Siempre sale con lo mismo cuando no hemos pensado en eso todavía.
—Estamos en la mejor etapa de la relación, así que no tenemos prisa, solo queremos disfrutarnos y conocernos más.
Digo con las mejillas sonrojadas.
—Cuando vi a mi mujer supe que quería casarme con ella—mira a su mujer— ahora los chicos deben vivir juntos 10 años para después conocerse y descubrir que no eran la pareja perfecta.
Dice el señor volviendo el momento más incómodo.
—Los tiempos cambian mi amor—dice ella—espero pronto nos den la sorpresa, hacen una pareja estupenda.
Se van y Paris afloja el nudo de su corbata.
La primera vez que conocí a Paris fue en una reunión precisamente en la mansión de Nena que me invito, era una celebración por la renovación de votos de sus padres y mi novio estaba allí, no me quitaba los ojos de encima hasta que se acercó e iniciamos una conversación.
Al principio no lo quería cerca, lo rechazaba como a todos los que se acercaban, me da miedo al saber que era dueño de una de las constructoras más importantes de la ciudad, sin embargo, me conquisto, fue sincero al contarme su vida, lo mucho que sufrió con el engaño y ya llevamos tres años de relación.
Me hizo prometerle que jamás lo engañaría y lo juro porque no sería capaz de hacerle algo así a una persona y menos a la que quiero.
Caminamos saludando de lejos a las personas que reconocemos, la mayoría se encuentra, por lo menos aquellos que me ha presentado en las diferentes reuniones que lo he acompañado, como los padres de Nena, Abigail y Bernard Rousseau. Lucen elegantes y solo los saludo con un movimiento de mi cabeza intentando no tener una conversación con ellos.
En ocasiones siento que no me quieren ya que, gracias a mí, su hija no quiere hacerse cargo del restaurante familiar. No me lo dicen, pero son cosas que sientes, en la mirada, gestos y hasta en las indirectas.
Avanzamos, me quedo con él en una esquina bebiendo de la copa mientras varias personas se acercan a felicitarlo por el contrato millonario conseguido hace una semana y eso es muy normal para él o en el medio, pero lo impresionante es que nunca la constructora de mi novio, había ganado una licitación en la cual participara los McFinnigan.
«Esa dinastía son una potencia poderosa en la ciudad dotados de una belleza cargada de ego»
No lo digo yo, son los comentarios de hombres y mujeres que han tenido la fortuna o la mala suerte de toparse con ellos. No los conozco a todos físicamente, Demian, el banquero de ojos negros que fue noticia al tomar el negocio familiar, a Cruella McFinnigan ya que es una figura pública al aparecer diariamente en revistas mostrando la belleza física que posee.
Los tres poseen ojos como la noche, tan oscuro que enamoran y aterran por igual.
Esa mujer tiene una mirada muy pesada con la cual te dice basura sin tener que emitir palabra y el que sea hermosa y adinerada no le quita el que intimide así la veas a través de un cartel.
—Sabes Cielo—lo miro— me gustaría que no te acercaras a Maddox, es un casanova de pies a cabeza—no lo iba a dejar pasar, lo intuía.
Ignoro sus palabras en lo que nos acercamos a un grupo de hombre que apenas lo notan, ríen a modo de saludo.
Me presenta a cada uno, recuerdo a uno, pero supongo que hacen parte del gremio de la construcción ya que entre miradas que se dirigen a mi escote, hablan de temas que no entiendo y mucho menos me interesa.
—La jugada que le hiciste a los Mcfannigan fue maestra—dice uno de barba larga llamando mi atención, Aran es como se llama y es el chef del grupo—te felicito, nunca pensé que…
Se queda callado con el gesto que Paris le hace y del cual me percato. «El callate» fue notorio cerrándole la boca al hombre que disimula llevándose la copa a los labios..
No obstante, la intriga queda sembrada. ¿Jugada?. No pensé que mi novio fuera de esas personas que tienen que utilizar algún tipo de truco para ganarle a alguien.
Mi Paris no es así, es un hombre honesto y trabajador, que todo lo conseguido es debido a su esfuerzo e inteligencia.
—Pero por fin le ganaste una a Dracco—es Stich, amigo de mi novio y trabaja en su empresa como contador—eso debió dolerle al McFinnigan mayor, daría lo que fuera por verle el rostro en el momento exacto al saber que tu conseguiste lo que el no.
—Le diste donde más le duele.
Quien habla es Usama Khan, es amigo de Paris de descendencia pakistaní y sus padres se dedican al negocio inmobiliario. Compiten con los japoneses que también se encuentran en esta reunión.
Aiko padre, Kiki y Rin Yoshida. Ellos trabajan con los McFinnigan, lo sé porque Paris me ha explicado un poco.
—¿Sabes si vendrá? —pregunta Aran y Paris se encoje de hombros.
—Ojalá que no—es Usama—pero escuche que Maddox es muy cercano a Cruella y Demian, así que lo más seguro es que tu principal enemigo aparezca.
Escuchar eso me hace tomar una bocanada de aire a la vez que siento la leve descarga que lanza mi tórax y trato de obviar.
Tengo mucha curiosidad de conocer a Dracco, es como una leyenda urbana de esas que te erizan la piel al mezclar terror y erotismo, los hombres quieren matarlo a golpes, mientras las mujeres quieren bajarse las bragas.
—¿Tú conoces a Dracco? —me meto en la conversación.
—¿Si lo conoce? — Stich se burla—se odian a muerte desde adolecentes, son némesis pese a que sus padres son amigos.
Sabia el tema de los padres, pero no sabía que mi novio odiara a una persona y menos al tal Dracco McFinnigan. Lo peor es que no hay una reunión que no se hable mal de esta familia llenándome de curiosidad.
Los hombres lo odian y las mujeres con solo hablar de ese hombre se derriten.
—No tiene importancia amor—contesta Paris.
—Dile la verdad, que son peores enemigos desde que estudiaban juntos.
—¿Y eso por qué? —estoy fuera de base.
—Paris—la voz de su madre interrumpe la conversación.
Stich, Usama y Aran se marchan dejándonos con la familia de mi novio.
—Tu siempre tan hermosa Ava—es Novak, el rubio de ojos verdes me observa antes de darme un abrazo cálido. No me tira mala vibra como tampoco las gemelas.
Saludo a su padre, a Victoria que es amable conmigo, pero siento que no soy de su agrado del todo, ya que el que sea veterinaria no lo considera como una profesión respetable y mucho menos digna de estar al lado de un respetado empresario.
—Estas un poco descubierta hoy Ava—lanza Victoria la primera puñalada dándole más razones a su hijo para molestarse.
—Se ve hermosa mama—es Laura—ojalá cuando sea más grande tenga esos atributos para mostrar.
—Tienes un cuerpo sensual que el mundo debería admirar, no se por qué no eres modelo Ava—segunda Lisa—me encanta tu vestido, luces preciosa.
—Gracias niñas—ignoro la mirada criticona de la madre, mientras el señor Cesar solo me sonrió cuando nota mi mal estar.
París se aleja con sus padres y hermanos, hablan no sé de qué, mientras yo me quedo con las niñas a las cuales intento convencer de no beber champagne, pero me aseguran que su madre si les permite esa bebida dejándome con dudas.
Me preguntan sobre el hospital, y solo respondo que está bien para no profundizar en mis problemas. No quiero hablar de eso, las cosas van de mal en peor y prefiero hoy permitirme dejar esa cuestión a un lado.
Cambio de tema queriendo saber sobre sus estudios y preguntar sobre eso, es como echarle gasolina al fuego ya que comienzan hablar como locas.
Me hacen reír con sus ocurrencias mientras miro a mi novio quien solo asiente cuando su madre habla quien me mira de vez en cuanto haciendo que desvié la mirada. «Que pesada la situación» la idea es caerle bien a la suegra, aunque ella no siempre se muestra como ogro, hoy siento que está en modo suegra peligrosa.
Escucho a las gemelas Laura y Lisa mientras noto la presencia de alguien mas. Scott el alcalde también se encuentra en compañía de su esposa y sus hijos.
—No soporto a Karime, en verdad esa chica es una pesadilla—escucho a Laura mientras miro mi copa pensativa—tienes que verla, nada más porque tiene ojos grises piensa que todos los chi….
Se queda callada de un momento a otro, obligándome alzar la mirada a ella, mira detrás de mí y noto que todos los presentes hacen lo mismo como si estuvieran hipnotizados generando el tipo de curiosidad que te hace te voltear.
Los McFinnigan hacen una entrada triunfal ganándose la mirada de los presentes mientras atraviesan el umbral destilando soberbia, altivez, poder.
Reparo a los tres y separo los labios respirando cuando mis ojos se concentran en el hombre que luce diferente a todos con una chaqueta negra, la cual le cae en los hombres y se le ciñe a la medida. Marca diferencia sin usar traje, pero inspira respeto viéndose elegante con el magnetismo que destila y subyuga a los asistentes que no pueden apartar los ojos pese a él ignorarlos a todos.
Me cuesta desviar la mirada con el impacto que me genera su presencia. «No pensé que fuera así» El pecho se me desboca paseando los ojos con calor por su figura, detallando la altura, el porte, el aspecto y apariencia imponente que emana solo al caminar, no necesita más para cautivar.
—Debo decir que Dracco McFinnigan es lo más sexi que existe en esta ciudad—dice Laura—no, me equivoco, del mundo entero.
La mandíbula la tiene apretada con gesto de pocos amigos, notándose más atractivo.
—Amen a eso hermana—le contesta Lisa—pero muero por Demian, esos ojitos negros son muy hermosos.
—Los de Dracco también—insiste Laura.
—No, los de Dracco son fríos y dan miedo—dice Laura y quiero apartar los ojos, pero no soy capaz—en cambio los de Demian son cálidos y tiernos.
Es demasiado alto, los tres llegan al corazón de la sala ignorando a todo el mundo, dialogando entre ellos como si no existiera nadie más y lo peor es que al parecer temen a los hermanos, porque nadie se acerca pese a que no los dejan de mirar.
No sé qué aruña mi espina dorsal, pero el cosquilleo se extiende a medida que reparo sus hombros anchos cuando me da la espalda, bajo, a las piernas gruesas que cercan sus vaqueros negros y quiero desviar los ojos, pero el hechizo me puede más detallando los brazos fuertes que se le marcan debajo del cuero y me hace tragar grueso.
Dios, ¿que me pasa? Tengo calor, el pulso lo percibo descontrolado y las mejillas las siento como un horno.
Me obligo a mirar a otro lado, necesito hacerlo, pero se mueve quedando de perfil, pose la cual me permite admirar como juntas las manos atrás denotando autoridad y respeto. El cuello de la chaqueta se mantiene firme dejando expuesto el tatuaje en su nuca y desde mi posición me cuesta saber que marca su piel, pero resalta más su aspecto varonil colmado de misterio.
—No puede ser—la voz de Paris me hace bajar la cabeza con pena. Me cuestiono. No sé por qué me pongo así, ¿Qué estoy haciendo mirando a otro hombre? pero guardo el mechón de cabello detrás de mi oreja—esa plaga decidió venir.
Organizo mi tiara escondiendo los nervios inesperados que me invaden.
—Voy a saludar a Cruella—es Laura.
—Te quedas aquí señorita—la reprende Victoria—nadie se acerca a esa familia.
—No iras tu—Cesar la contradice—son los hijos de mi mejor amigo, así que Laura acompáñame.
—Mis amigas no me lo van a creer, necesito una foto con ella.
Se emociona la chica yendo con su padre, enojando a Victoria que bufa y la cual me he percatado que le gusta controlar todo. Novak le resta importancia a la situación pidiendo permiso para ir al baño y tengo unas ganas absurdas de mirar por encima de mi hombro, pero la presencia de Paris que sujeta mi cintura me lo impide.
—No lo soporto—exclama Paris dándome un beso en la sien.
—Pues no mires y ya mi amor—le dice Victoria—ven, centremos en lo importante.
—No sé qué pasa con papa que siempre quiere lamerle los pies a los McFinnigan.
—Son amigos—error, hablar de mas hace que me gane una mirada de odio de Victoria.
Arrastra a su hijo que me lleva con él y miro atrás, la curiosidad me gana tragando el cumulo de sensaciones cuando le puedo ver más de frente los rasgos de la cara. «Diseño perfecto»
Volteo, tengo el corazón como una locomotora y no presto atención a la conversación que sostiene victoria, Paris y la pareja que me presentaron, Ya que se enfrascan en temas que no me interesa, o no entiendo por los sentidos perdidos.
Tengo la mente en otra parte y la piel erizada.
—Ava—espabilo al escuchar mi nombre.
—Sí, discúlpeme—que tonta, Paris me observa no muy bien, pero me perdí por un momento.
—Vimos a tu padre esta semana en uno de los casinos McFinnigan—comenta la señora—lo perdió todo.
Me toma desprevenida sus palabras y la situación de mi padre está empeorando.
—Si, la familia ya lo sabe—miento—lo lamento, iré al baño.
Le entrego mi bolsa a Paris.
—De acuerdo amor— deja un beso en mi frente.
Tomo distancia. Respiro profundo sumergiendo en el pasillo que atravieso metiéndome al baño. Abro la válvula mojando mis manos, el calor corporal tiene una capa de sudor en mi piel lo que me hace suspirar hondo.
Me siento confundida, con el pecho embravecido.
—Dios ese hombre no tiene presa mala—entra un par de mujeres y continuo en lo mio.
—Pero tiene dueña—dice la rubia que saca el maquillaje de su cartera—Dayanara Ferrara..
La supermodelo de descendencia italiana, se quién es ella, está en revistas, pasarelas y es que su belleza la ha llevado a la cima codeándose con las mejores.
—Sí, maldita zorra suertuda al ser la novia de semejante bombón.
Agarro las toallas para secarme las manos.
—Dracco no es para cualquiera—dice la morena—supongo que ser la mejor amiga de su hermana, le ayuda.
Era lógico que un hombre como ese, no estaría solo. Arrojo la toalla usada al cesto de la basura.
—Buena noche chicas—me despido.
—Igual—dicen al unísono.
Las escucho a medida que salgo hablar de los atributos físicos de Demian, Cruella no se salva tampoco y vuelvo al pasillo, atravieso el umbral, pero el ambiente ya no lo soporto, por ello busco un poco de aire fresco que me ayude con esto que me asalta.
Las puertas de cristal la empujo saliendo al pasillo, el choque térmico lo siento con el aire que golpea mi rostro y el cual me hace empinar la cara cerrando los ojos cuando apoyo las manos en la barandilla.
Me siento mejor y abro los ojos, el cielo estrellado, la luna esta inmensa y la fuente en campo abierto frente a mí, iluminada con luces de colores le agrega al entorno un toque romántico.
La brisa helada ondea mi cabello mientras intento darle un respiro a mis pensamientos. Ese hombre no sale de mi mente, el magnetismo que genera es fuerte y ni hablar del poder que emana con la presencia..
Suelto los hombros, estoy tensionada y la piel se me ha erizado más, estoy peor, como si mi instinto de supervivencia presintiera el peligro. «Así como si sintieras ojos sobre ti, acechándote constantemente». la noche se ha tornado helada, la brisa fría tiene mis pezones erectos y no sé cuánto tiempo llevo afuera, Paris debe estar buscando, no quiero que se enoje y por ello froto mis brazos dándome calor antes de voltearme y…
El choque abrupto me manda atrás, pero reacciono sujetándome de unos brazos con fuerza, a la vez que capto la mano que con firmeza me toma de la cintura y me impide caer.
Alzo la mirada y el impacto me saca el aire de los pulmones, impresionándome con el rostro que tengo al frente y la mirada oscura que se ancla a mis ojos.
No lo creo.
Dracco McFinnigan, me sostiene con una mano mientras las mías agarran sus brazos y mi tórax contra el suyo envía descargas eléctricas que me recorren de pies a cabeza, y tengo tan cerca su rostro del mio que respiro su aliento poniéndome a temblar las extremidades con la cercanía.
El silencio reina reparando su rostro y él, el mio. Algo me envuelve y me pierde con el perfume vigoroso en mi nariz que me empeora volviendo todo más intenso, está a centímetros de mi boca y las costillas se me contraen al grabar en mi pupila el rostro con ojos negros, labios gruesos, nariz perfilada, mandíbula cincelada y los rasgos hombrunos.
No sé en que caldera del infierno forjaron a este hombre, pero sus ojos negros con pestañas largas no son más que condena.
Su calor corporal, sus brazos y lo que detona me hace sentir en una fortaleza poderosa, lo que pone arder mi clítoris e incrementa las sensaciones que me queman la piel.
¿Dios que es esto que me hace sentir? ¿Por qué me siento así? Tan diferente y caliente.
—¿Estas bien? —el tono profundo de su voz recalca más esa aura que emana llena de poder y atractivo sexual. Asiento atontada o eso creo mientras aprieto levemente sus bíceps exaltada sin tener una clara explicación ante el efecto que experimento.
Se mueve cegándome y la dureza que me maltrata abajo me contrae aflojando una leve gota de humedad que mancha mis pantis.
Esta duro, debería alejarme, pero no muevo un musculo sintiendo la erección. Me sobrepasa en estatura, debe inclinarse y pese a tener zapatos de tacón no logro igualarlo.
—¿Estas bien? —repite haciéndome sentir como idiota. No estoy actuando bien lo se.
—Si—me aparto escondiendo el mechón detrás de mi oreja mirándolo a la cara—lo siento yo..
Temo a un paro cardiaco con mis latidos acelerados. Tomo distancia, pero aun siento su calor en mi cuerpo y su aliento golpeando mi cara más fuerte que la brisa nocturna.
—Ava—escucho la voz de Lisa desatando el palpito lleno de miedo—¿estás aquí?
Escucho los pasos cerca y debo pensar rápido, si Paris se entera, no quiero ni pensar cómo se va a poner si sabe que cruce palabras con su rival.
—Lo siento mucho.
Me muevo rápido rosando su mano con mi dedo y el mero contacto envía descargas a todo mi cuerpo.
—Oye—que voz.
Lo escucho, pero no me detengo encontrándome con Lisa que deja caer las manos un poco molesta.
—Te estábamos buscando—la abrazo—¿donde estabas?
—Lo siento—Miro atrás pidiéndole al creador que no aparezca, no tengo como explicar eso—ven, vamos, solo quería aire fresco.
Abrazo por los hombros a Lisa caminando de vuelta al salón, no quiero, pero volteo atrás inevitablemente y el pecho me galopa cuando está mirándome también.
—Paris ya quiere irse—las manos me tiembla—te veo rara, ¿el aire te sentó mal?
—Eso debió ser.
Me acerco y acaricio la espalda de Paris, me mira dejándome ver lo mal humorado que se encuentra.
—¿Donde estabas?—dice con evidente molestia—te estaba buscando.
Estaba conociendo a la perdición hecha hombre.
—Solo quería un poco de aire—explico—si quieres vámonos ya.
Asiente tomando mi cintura. Nos acercamos a sus padres de quienes nos despedimos, al millonario no lo veo ingresar y me decepciono por algún motivo.
Quería verlo por última vez, esa es la verdad y sacudo mi cabeza cuando le doy un beso en la mejilla a Cesar Santamaría antes de irme, a Victoria fuerzo el abrazo, no es para nada agradable y sincero de parte y parte, pero a las gemelas como con Novak nada me cuesta.
Paris sujeta mi mano cuando pasamos cerca de Cruella que deslumbra con el vestido rojo y las miradas que antes eran para mí, ahora las acapara ella. Demian sonríe y al parecer es el único alegre de los tres.
—No soporto a ninguno—escucho a Paris.
Salimos del salón, el aire frio me golpea más cuando estamos afuera del centro de convenciones y la espera del auto se hace largo por lo que parís se quita el saco de su traje dejándolo en mis hombros.
—Gracias cariño—le digo, siempre es caballeroso conmigo.
Traen el auto el cual abordamos y miro las puertas dobles bajando la mirada a mis piernas cuando no veo lo que quería. Basta Ava. Me regaño mentalmente al sentir como la humedad se incrementa mojando la tela de mis bragas mientras pienso en quien no debo. ya que tengo a mi novio aquí y yo pensando en su peor enemigo.
—¿Vamos a mi apartamento amor?—propone.
—Si está bien.
Acepto mirando por la ventana pensativa, Paris me habla, pero es poca la atención que obtiene, ya que no sé qué pasa conmigo, me siento rara, muy desubicada con el millón de sensaciones desconocidas que despertó ese hombre.
No puedo olvidar las sensaciones que asomaron al tener el calor de su mano en mi cintura, su aliento en mi cara y su perfume en mi cuerpo. Pese a tener el saco de mi novio dándome calor sobre los hombros, el suyo no se compara.
El recuerdo me calcina, sus ojos en mi mente me incendian y tengo mucho calor, las manos me suda y me quito el saco que dejo a un lado con la temperatura de mi cuerpo elevada. Junto mis piernas, el cosquilleo en mi sexo no lo soporto y apresuro a mi novio para que lleguemos rápido.
Pronto ingresa al parqueadero del edificio de su apartamento que queda en el centro de Manhattan. Ya lo conozco, he venido en varias ocasiones y sé qué camino tomar, por lo que me apresuro al ascensor.
No hago ningún movimiento, a Paris no le gustan las demostraciones de este tipo por ello me contengo. «Tengo ganas de follar». Me trago el nudo que se acumula en mi garganta, respiro profundo cuando el pasillo se me hace eterno y abre la puerta de su apartamento el cual atravieso dejando mi cartera en el mueble.
Las luces automáticamente se encienden tenuemente cuando siente nuestra presencia.
—¿Quieres tomar algo? —sacudo mi cabeza acercándome.
—No—acaricio su pecho—te quiero a ti.
Me empino solo un poco rodeado sus hombros solo con una mano mientras la otra se pasea por su pecho, Paris no es tan alto, solo unos centímetros mas alto que yo en tacones y ataco sus labios buscando desesperada quitarle la camisa.
Lo beso con pasión mientras el apuro de sentir su piel me vuelve torpe a la hora de desencajar su camisa y la necesidad es tanta que la rompo como nunca lo había hecho sorprendiéndolo, me toma de los brazos apartándose.
Me mira confundido, me repara soltando una sonrisa y temo a que me rechace por mi acto, quiero hablar, pero tira llevándome contra su cuerpo nuevamente. Nuestras lenguas se tocan en lo caminamos sin soltarnos los labios a la habitación, la camisa se la saco arrojandola a un lado y cuando ingresamos lo tiro a la cama a la que cae sentado.
—Cariño—se sorprende.
No sé qué pasa conmigo, pero doy un paso atrás dejando caer el vestido que deja al descubierto mi cuerpo solo con las bragas de hilo. Acomodo las tiras en mi cintura mientras mi novio sentando en el borde de la cama, con las piernas abiertas me mira, los senos quedan a su vista y la mirada verde se le enciende reparándome.
—Eres hermosa Ava—dice—la más hermosa de todas.
Me gusta su mirada, que lo reconozca y el que me desee como lo hace. Aparto el cabello de mis hombros cuando me acerco y mis senos con pezones erectos entran en contacto con su pecho cuando me encaramo abrazándolo con mis piernas para que me chupe las tetas.
Acaricio su cuello mientras las agarra y lame con delicadeza, a la vez que muevo mis caderas restregándome contra su erección con mis manos en su cuello.
Estoy en llamas, me siento demasiado caliente y húmeda. Quiero apartarlo de mi mente, y lo logro por unos segundos donde sujeto la cara con ambas manos de mi novio a quien beso mientras me lleva contra la cama quedando encima mio, las piernas ceden y corro la braga urgida mientras el libera su polla.
Me gusta, tiene un buen tamaño que me hace sentir siempre bien cuando estamos juntos y elevo la cadera para que me penetre. Lo necesito, quiero tenerlo dentro de mí, la ansiedad me consume y cierro mis ojos con la invasión lenta que me llena y no me satisface con las estocadas que me da.
—Estas tan caliente.
Me muerdo los labios cuando mi mente me traiciona trayendo de vuelta la sensación cálida de su mano sujetando mi cintura, el calor corporal que emanaba y envolvía mi cuerpo dejándome sin respiración.
No está bien lo que pienso, pero me es imposible evitarlo, reprimirlo, como tampoco puedo con las ganas de abrirme de piernas y agarrarme los senos sin saber qué es lo que me quema, que es lo que me golpea y me incita a contonearme buscando más profundidad en las estocadas que me dan..
Cierro los dedos en mis pezones que aprieto y me abren los labios respirando, mientras Paris continúa penetrando, hundiéndose, desatando el sonido encharcado con el exceso de humedad. La imagen no se aparta de mi mente incrementando las sensaciones, mientras Paris entra y sale besándome la boca, no le niego el contacto antes de arrastrar la lengua a mi cuello que besa tratando de complacerme a mí que pienso en la boca y la dureza que sentí en mi costado y no se compara con el miembro que me taladra.
—Mas—pido aruñandole—más duro.
Obedece acelerando el ritmo de sus estacadas, soltando gruñidos complacidos cuando lo aprieto cada que entra y sale empapado de mi crema femenina. Quiero llorar, pero siento que soy un volcán a punto de erupción, el calor que me recorre me altera los sentidos y sus ojos en mi mente no aporta calma, por el contrario, me empeora haciendo que lleve los dedos a mi clítoris el cual masajeo imaginándolo encima de mí, dándome con fuerza mientras le mojo la polla con los jugos descontrolados que emano.
Paris mi folla mientras me froto con fuerza, con ojos cerrados mientras siento los gruñidos de mi novio que no para las estocadas. los jugos salen por montón mientras no me hayo, me siento como una caldera, que provengo del infierno, el desespero me sacude y con más fuerza agito mis dedos sobre mi clítoris hinchado, se me va a explotar y lo castigo con movimientos circulares tratando de aquietar lo que me quema, me calcina y no puedo controlar.
—Ava—me besa el cuello pero lo aparto queriendo que entre mas profundo, más fuerte.
—Mas—hondeo mis caderas buscando lo que quiero.
Lo siento pequeño, que su pene no es suficiente y por ello busco aumentar la sensación. El pecho me galopa, el cuerpo se me calienta como si tuviera fiebre, cerca de una hoguera, como si fuera a él follandome y no mi novio, la imagen en mi cabeza me hace pasar la mano libre por mis senos acrecentando los efectos cuando aprieto, tiro y piñizco.
El aire que aspiro no se siente normal y no estoy bien, pero todo combina con la imagen de su rostro invadiendo mi mente, lo que emana, esa mirada oscura e intimidante y la sensación que me recorrió al captar su dureza tallándome el costado desencadena la..….
La tensión que tenía sale disparada manifestándose en un chorro imposible de contener, la espalda se me curva y la planta de los pies se clavan en la cama mientras continúo frotando mi clítoris teniendo a Paris adentro, el impacto no lo soporto liberando el estallido que me arrasa como una ola y me deja sin aliento sobre las sabanas.
Mori. Los ojos los tengo cerrados mientras intento normalizar mi respiración, pero…
—Que mierda Ava—el tono brusco de Paris abre mis parpados—¿Qué pasa contigo mujer?
La mejilla se me calienta y la vergüenza se hace presente en cada uno de mis latidos cuando noto su abdomen mojado con lo que acabo de soltar.
—Que asco—me golpea esa palabra. siento que me muero cuando empuja mi pie con fuerza, saliendo de entre mis piernas.
Observo su abdomen que me hace arder la cara con el sofoco que se me sube.
—Yo… lo… siento mucho—intento explicar con los latidos erráticos y la vergüenza consumiéndome las mejillas..
—No lo vuelvas hacer—esta ofuscado y la expresión de asco que hace cuando se mira me contrae la garganta—es asqueroso, no me gusta Ava, acabas de orinarme y eso es más repúgnate.
Quiero morir con las palabras que suelta cargadas de repulsión.
La expresión que hace cuando se limpia, aplasta mis órganos y la vergüenza me fustiga, por ello me pongo de pie huyéndole a su mirada repelente, logro agarrar mi vestido y cómo puedo, ya que tengo las piernas débiles, alcanzo la puerta del baño que cierro apoyando la espalda a esta, cuando rompo en llanto.
Cubro mi boca con ambas manos para que no me escuche mientras lloro incontrolablemente buscando una explicación para mi comportamiento.
Pierdo las manos en mi cabello confundida y no sé qué me paso, jamás había experimentado un clímax como ese y nunca en mi vida en un momento de intimidad había sentido tanto morbo que desencadenara un orgasmo tan húmedo.
Llevo mis manos a mi pecho, el corazón golpea con fuerza mi pecho y las palabras de Paris calan hondo sacándome más lágrimas. «Asco» su gesto, su cara, sus palabras me malogran y prensan la boca del estómago.
Trago lo que se me acumula en la garganta y me apresuro a limpiar mi sexo. Quiero irme de aquí.
La cremosidad que yace entre mis pliegues me hace apretar los ojos con fuerza, limpio varias veces sentada sobre el excusado y por más vergonzoso que esto sea, fue algo que sencillamente no pude controlar.
Se me salió de las manos y a eso debo sumarle el sentimiento de culpa que aruña mi pecho al saber que mientras mi novio me penetraba yo estaba pensando en otro. Y no en cualquiera, su enemigo.
Aparto las lágrimas cuando ya me siento limpia y me pongo el vestido que organizo mirandome en el espejo. El maquillaje está un poco corrido, organizo la tiara en mi cabello y suelto los hombros deprimida porque no sé qué sucedió conmigo, no tengo cara para mirarlo a los ojos, la vergüenza, la culpa y el miedo me atropellan haciéndome sentir una mala mujer..
La pesadez avasalla mi respiración, me siento muy mal, como una traidora y no puedo evitar pensar que acabo de engañarlo mentalmente con su peor enemigo mientras me hacia el amor.
Tomo valor, tengo que hacerlo, toda la vida no puedo quedarme aquí y abro la puerta buscando mis zapatos desesperada.
—Ava—no lo miro, simplemente me monto en los tacones y salgo de su habitación en busca de mi cartera—Cielo espera.
Logra tomarme del brazo antes de abrir la puerta.
—Me excedí—miro mis pies, él está descalzo—no debí decirte algo tan feo, perdona cielo.
—No es tu culpa—me duele el pecho y la vergüenza es tanta que no tengo el valor para enfrentarlo—solo quiero irme a mi casa.
—Déjame ir por las llaves y te llevo.
No respondo, se aleja y siento que tengo un camión sobre mi tórax, apenas toma distancia abro la puerta corriendo por el pasillo. Aprieto el botón del ascensor que me deja en el vestíbulo que atravieso sin detenerme y mirar atrás.
Solo quiero huir y las puertas automáticas se abren dejándome en las escaleras, hay una persona que baja de un taxi para mi buena suerte y no dudo en correr hacia este queriendo que me saque de aquí.
—Espere por favor—el chico no cierra la puerta para que ingrese—gracias.
Le digo al chico que me sonríe y cierra la puerta para irse.
—A donde la llevo señorita.
—Hudson Yards.
Pone en movimiento el auto mientras llevo la frente al vidrio conteniendo las lágrimas. No quiero que el conductor note mis miserias, Paris me revienta el móvil y le envió un mensaje diciéndole que estoy bien, que mañana hablamos para que me deje en paz y lo vuelvo a guardar. La nariz me arde y los pensamientos son una tortura al transcurrir el tiempo empeorando mi situación.
Sacudo mi cabeza, lo engañe, traicione a mi novio pensando en otro y no sé si eso se considera igual de grave como el contacto corporal. El que el pecho se me acelere y la mente me lo reitere mi dice que es una infidelidad.
Pago el taxi cuando estaciona frente a mi edificio. Apresurada atravieso la puerta saludando al guardia y no me quedo a conversar, como siempre lo hago, solo quiero llegar a darme una ducha a ver si se me quita la suciedad.
Nada más es cerrar la puerta de mi apartamento, Lorena está viviendo conmigo e intento no hacer ruido metiéndome a mi habitación donde me despojo de la ropa en el baño.
El agua caliente me empapa y lleno de jabon las manos que paso por mi cuerpo impregnándome, restregándome, la cara la empino cuando siento su perfume en mi olfato y lavo mi cintura, toda mi piel y ojalá pudiera enjabonar mi mente quitándome estos sucios pensamientos.
Me pongo la pijama de vestido corto y me siento en el borde de la cama, tomando mi diario personal que está encima del nochero. Es rojo, tienen una mariposa azul en la pasta gruesa y abro las paginas trazando letras que exponen mi alma. Aquí no puedo mentir dando una detallada descripción de esta noche y las sensaciones indescriptibles que me envolvieron.
Siento que no soy breve, porque no me siento bien y no lo puedo sacar de mi cabeza.
Mi mente los proyecta y me meto bajo las sabanas recordando que tuve el mejor orgasmo de mi vida pensando en Dracco McFinnigan.
No puedo con mis sensaciones, me volteo cuando las lágrimas mojan la tela de la almohada. Tuve un «Squirt» mientras tenía en mis pensamientos al hombre el cual mi novio considera su peor enemigo.
DE: MI
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