Flores de Cerezo en Invierno [BL]

All Rights Reserved ©

Summary

Cuando Ian enfermó, fue en le cumpleaños de su mejor amiga, Olivia, por el anuncio de su relación con su amigo de toda la vida, Karim. Entonces no sabía de sus sentimientos por este último. Y ahora, un año después, Karim y Olivia están a punto de casarse. ¿Cómo es el inminente destino que le espera? Novela Corta disponible en formato físico e eBook en Amazon.

Status
Complete
Chapters
5
Rating
4.7 3 reviews
Age Rating
18+

Capítulo Uno

El siguiente capítulo contiene escenas de autolesión que pueden resultar sensibles para el lector, se recomienda leer con discreción.


El día en que el té se evaporó


La brisa del frío invierno golpeó el cuerpo de los individuos, causándoles que un escalofrío recorriera sus cuerpos en respuesta. Pero el frío que envolvió a Ian se sintió más intenso y cruel cuando las palabras de Karim entraron por sus oídos.

—Nos vamos a casar —anunció este con una sonrisa mientras acariciaba la mano que colgaba de su antebrazo.

El corazón de Ian se rompió.

Ian sonrió desencajado y sorprendido ante la noticia de su amigo de la infancia.

—Queríamos que fueras tú el primero en saberlo porque gracias a ti nos conocimos, Ian —confesó Olivia con una amplia sonrisa.

Los ojos verdes como esmeraldas fueron a parar a las manos que se tocaban, en ellas resplandecían bellamente sus anillos de compromiso.

Las lágrimas se juntaron en sus ojos y amenazaron con salir.

—¿Eh? ¿Qué pasó? ¿Vas a llorar? —preguntó Karim en tono burlón.

Ian se sorprendió por esto y talló sus ojos con el dorso de su mano.

—¿Quién va a llorar? —contestó Ian con diversión—. Como estoy muy feliz por ustedes supongo que la emoción quiso ganarme —sonrió avergonzado.

—Siempre eres así, Ian —comentó Olivia—. Cuando algo te emociona quieres llorar. —Rio.

—Lo hace, llora como magdalena. —Esta vez carcajeó Karim.

—¡Oh, vamos! No siempre lloro. —Carcajeó Ian, suprimiendo el dolor en su pecho.

Los tres rieron fuertemente atrayendo la atención de los demás comensales que al igual que ellos, también se encontraban en las mesas de afuera de aquella cafetería.

—Estoy feliz por ustedes —dijo Ian apenas las risas cesaron—. Les deseo toda la felicidad del mundo. —Sonrió con ojos cerrados.

—Gracias —contestó la pareja.

—¿Y cuándo planean casarse? —preguntó Ian dándole un sorbo a su té.

—En seis meses —contestó Karim.

—Oh, guau... —exclamó sorprendido.

—No queríamos esperar tanto tiempo —explicó Olivia.

—Bueno, tienes razón —concordó Ian—, ustedes se aman tanto que supongo ya no pueden esperar más tiempo.

—Ja, ja, ja, sí, es eso —afirmó la chica—. ¿Y tú cuándo te casarás?

—¿Yo? —Se señaló Ian a sí mismo, sorprendido por la repentina pregunta—. ¿Cómo es que me voy a casar si no tengo a nadie...? —Rio con vergüenza.

—Bueno, entonces te presentamos a alguien —sugirió Karim tomando de su refresco.

Ian vio por un momento a Karim sintiendo como su corazón se apretujaba. No quería conocer a nadie ni tenía intenciones de intentar tener una relación.

—No, de verdad, así estoy bien. De igual manera, no creo casarme —comentó—. Soy una persona aburrida.

—Bueno, eres raro, eso es cierto —afirmó Karim mientras asentía.

—¡No seas grosero! —reprendió Olivia mientras pellizcaba la mejilla de este—. Eres muy buena persona y eres lindo, Ian, estoy segura de que alguien te valorará por como eres y te amará tanto como Karim y yo nos amamos, confía en que así será. —Sonrió en señal de apoyo.

—Ojalá... —contestó mientras acariciaba su nuca con una mano.

La pareja frente a él se dedicó miradas llenas de amor indicando que no había nadie más que el otro en su mundo. Su corazón se estrujó y un nudo se formó en su garganta.

Quería huir.

Rápidamente buscó una excusa para poder irse y revisó su celular.

—Oh, vaya, ya es tarde para mí, recordé que tengo algo pendiente —avisó Ian de inmediato y se levantó.

—¿Eh, tan pronto te vas? ¿No puedes quedarte un poco más? —preguntó Karim.

Ian casi desistió al instante al ver la extrañeza de Karim, pero se resistió al impulso de quedarse, era mejor para él irse de aquí pronto.

—Esperábamos pasar más tiempo juntos —comentó Olivia con lástima—, ¿no puedes quedarte un poco más?

—Me gustaría, pero no puedo, otro día será.

—Ya veo, bueno, otro día será. —Asintió la chica.

—Nos vemos, Kim, Liv. —Se despidió con un ademán.

—Cuídate —vociferó Karim.


Tan pronto llegó a su habitación, Ian se encerró. Recargó su espalda en la puerta y las palabras de Karim resonaron en su cabeza repetidas veces, martillando y torturando cada fibra de su ser haciendo que sus sentimientos dolieran terriblemente. La noticia de la boda entre sus dos amigos lo hirió de una manera inimaginable.

El dolor en su pecho creció aún más y el nudo en su garganta se intensificó.

Se sentía mareado y su cabeza dolía.

Un cosquilleo doloroso recorrió su garganta, lo que le hizo toser fuertemente.

Y entonces los pétalos de cerezo salieron.

Hace ya un año que Ian fue diagnosticado con una terrible enfermedad llamada: hanahaki.

—¿Hanahaki...? —preguntó Ian para cerciorarse.

Hanahaki es la enfermedad donde el paciente escupe pétalos de flores al sufrir un amor unilateral, no correspondido —explicó el doctor.

Inmediatamente la imagen de Karim vino a la mente de Ian, haciendo que un nudo se formara en su garganta y la tristeza lo invadiera.

—Médicamente, ¿cómo es eso?

—Diminutas raíces se asientan en el corazón y se extienden de a poco hacia los pulmones; mientras crecen, pétalos brotan y son expulsados por la cavidad bucal, esta enfermedad causa un fuerte dolor en la zona del pecho —explicó señalando su radiografía, donde se pueden observar diminutas raíces en el centro del corazón.

Ian llevó una mano a su pecho y estrujó la tela de su ropa por inercia, como dijo el doctor, dolía.

—¿...Y las consecuencias? ¿Es curable? —preguntó con precaución.

—La enfermedad se cura cuando su amor es correspondido, pero ojo, de la forma romántica, una amistad muy fuerte no basta —respondió recargándose en su asiento—. Si el amor no es correspondido, la víctima de la enfermedad muere, esa también sería una especie de “cura”.

La palabra muerte retumbó en la cabeza del más joven. ¿Terminaría muriendo? No quería morir.

—¿No hay otra forma de ser curada?

—Con cirugía —respondió—, la infección se extirpa y la víctima vuelve a tener una vida normal.

—Entonces-

—Pero —interrumpió el doctor—, los sentimientos del paciente por su persona amada desaparecen también y en raros casos, los recuerdos con esta se borran. El paciente no puede volver a amar a esa persona o en casos extremos esta pierde la capacidad de volver a amar.

Ian expandió sus párpados de par en par y una punzada ajena al dolor por la enfermedad pinchó su corazón. ¿Olvidaría sus sentimientos por Karim? No, él no quería eso. Prefería sufrir esta enfermedad y morir, que olvidar lo que siente por Karim, o peor aún, olvidarlo a él.

—Prefiero morir, doctor Andrews —contestó Ian con decisión.

El doctor le dio una mirada de resignación y soltó un suspiro, parecía que no era el único que prefería morir antes que olvidar sus sentimientos.

Había más tontos como él allá afuera que preferían morir a manos de esta enfermedad.

Entonces, una sonrisa se dibujó en los labios de Ian, adornando su pecoso rostro.

—En ese caso, te recetaré un medicamento para poder lidiar con el dolor que produce la enfermedad —dijo el doctor al tiempo que tomaba su recetario donde anotó rápidamente la prescripción, después se la extendió.

Ian tomó la receta en sus manos y trató de leer lo escrito.

—Por último —mencionó Andrews. El joven alzó su vista de nuevo—, ahora mismo estás en etapa inicial, pero en el futuro, las raíces se extenderán a un punto en el que terminarás escupiendo flores completas —explicó—. Cuando eso suceda, significa que estarás en la etapa final —agregó.

Ian tragó duro, pero si debía ser así, entonces así será.

—Ven a verme cada dos semanas para un chequeo, así podemos tener un ritmo en el crecimiento de las raíces.

Ian asintió y agradeció, después se marchó.

El dolor punzó terriblemente su pecho, creía sentir que las raíces en sus pulmones se extendían, lo que aumentó el dolor que le hizo gritar. Los pétalos siguieron saliendo de su boca, haciéndole difícil respirar correctamente. Las lágrimas se juntaron en sus ojos cristalinos y entonces se dejaron caer con braveza por sus mejillas.

Todo su cuerpo dolía horriblemente. Sus músculos estaban tan tensos que casi podría sufrir calambres. Ian cayó de rodillas al suelo y se inclinó hacia enfrente apoyando una de sus manos en el frío suelo de su habitación.

Algo obstruía su garganta.

No podía respirar.

La ansiedad lo carcomía.

Ian golpeó su pecho varias veces con su puño, quería respirar. Esto estaba siendo peor que otras veces. Su enfermedad se estaba agravando.

Entonces una flor de cerezo salió por su boca.

Ian nuevamente pudo respirar, pero aquella flor en el suelo le quitó el aliento.

Era la primera vez que expulsaba una flor completa.

El miedo lo invadió.

Observó la flor por un momento e Ian pensó que era tan bella que empezó a reír desesperadamente.

Era como si dijera que su amor no correspondido era bello.

—Quiero morir... —murmuró con una sonrisa delicada en sus labios.

Debido al dolor, Ian se arrastró con pesar hacia la mesa de noche donde tenía sus medicamentos. Abrió los frascos y dejó que las dosis acatadas cayeran en la palma de su mano, llevó ésta a su boca y tragó las pastillas.

Ian se recargó en la pared y se dedicó a normalizar su respiración, por un momento su mente se había nublado.

Su respiración era pesada, pero de a poco se fue normalizando, la calma estaba llegando.

O tal vez no.

Nuevamente la escena de hoy se repitió en su cabeza, haciéndole llorar nuevamente, y no solamente la noticia de su matrimonio, otra escena que se repitió mucho en su cabeza fue cuando Karim y Olivia empezaron a salir.

Eso fue hace un año.


Los invitados terminaron de cantar “cumpleaños feliz” a Olivia y acto seguido aplaudieron con fervor, provocando que la sonrisa de la festejada solo se ensanchara más.

—Liv, pide un deseo —dijo la madre de la chica con sonrisa gentil.

Como si se hubieran puesto de acuerdo, todos los presentes callaron y se mantuvieron expectantes en cuanto Olivia cerró sus ojos y juntó sus manos, pidiendo el deseo en su interior.

—Ya pedí mi deseo —avisó Olivia a los pocos segundos.

—¿Qué pediste, cara redonda? —cuestionó Karim con sonrisa ladina.

—Kim, no seas chismoso —reprendió Ian.

—Calla, nerd —contestó Karim.

Ian observó a Karim, quien, a su vez, observaba a la chica de cabello corto y castaño con ese radiante brillo en sus ojos carmesí.

Era increíble lo mucho que la expresión de este se suavizaba cada vez que veía a su mejor amiga, lo que le hacía tener un sentimiento extraño en su interior.

Por alguna razón, a Ian no le sentaba del todo bien que Karim estuviera enamorado de Olivia.

No sabía por qué se sentía de esta manera cada vez que ambos interactuaban o cada vez que le hablaban del otro a solas.

Y probablemente no quería saberlo jamás.

—Si digo mi deseo en voz alta, entonces no se cumplirá, Karim —respondió Olivia, negando con una sonrisa.

«¿Eh? ¿Karim?» Se preguntó Ian.

—¿Ahora lo llamas por su nombre, Livie? —preguntó Ivana de inmediato con cierto tono tembloroso.

Tono que, al parecer, solamente Ian pudo distinguir por una muy buena razón: sabía que Ivana Twist amaba como nadie a Olivia y estaba planeando confesarse.

Ian sintió que su corazón dio un vuelco violento al notar esto, por lo que sus párpados se expandieron.

Olivia y Karim compartieron miradas cómplices, provocando que un terrible nudo se formara en la garganta de Ivana e Ian, los cuales también compartieron un rápido vistazo, demostrando el terror en sus ojos.

Olivia ensanchó su sonrisa y entonces, contestó—: Bueno, es natural llamar a tu pareja por su nombre, ¿no?

Ante el repentino anuncio, la ovación felicitando a la nueva pareja no se hizo esperar.

—Ya era hora —comentó Sander, provocando risas.

—Los años de tensión finalmente acabaron —dijo Terry, aliviado.

—¿Ian? —llamó Karim, extrañado.

Ian parpadeó múltiples veces, saliendo de su trance y dibujando una amplia sonrisa en su rostro.

—Perdón, perdón, me tomó por sorpresa —se excusó rápidamente, avergonzado—. Felicidades —dijo, obteniendo un extraño sabor en la boca—. Estoy feliz por ambos, ya era hora —rio.

Karim hizo una mueca con sus labios, sabía que algo pasaba con Ian.

—¿Qué? —preguntó Ian con risa nerviosa.

—¿Estás bien?

Esa sola pregunta de parte de su amigo de la infancia fue como una cruel puñalada a su corazón que le hizo tensar su mandíbula al sentir que sus ojos se aguadaron.

—Claro, es solo que me tomó por sorpresa, pero realmente estoy muy feliz por ti, finalmente conseguiste una novia. —Sonrió nuevamente.

—Es una experiencia nueva para mí, y realmente estoy feliz de que me correspondiera —comentó Karim con una sonrisa ligera mientras veía nuevamente a su ahora novia.

Ian cerró la puerta del baño y pronto fue hacia el váter, donde vomitó apenas acercó su rostro al interior. Sus ojos se cristalizaron por el esfuerzo y el ardor que implicaba vomitar. Dolía.

Dolía mucho.

Pero no el hecho de vomitar.

Después de un rato, Ian finalmente dejó de vomitar, después de todo, ya solo vomitaba jugo gástrico. Se sentó al lado y recargó su espalda contra la pared, limpió su boca con el dorso de la mano y luego la dejó caer.

Estaba sin fuerzas.

Llevó una mano a su garganta y acarició la zona. Ardía.

Su pecho dolía.

Sentía como si su corazón le hubiera sido arrancado de forma cruel.

Pero, ¿por qué?

¿Por qué sufría tanto? ¿Por qué le dolía tanto que las personas que más quería comenzaran una relación? ¿Cuál era el problema?

¿Qué estaba mal?

La incertidumbre y la angustia del por qué no puede sentirse del todo feliz hizo que sus latidos incrementaran al grado en que estos aturdían sus oídos, llevándolo a sentirse falto de aire, que le hizo desesperar.

Ian comenzó a tomar bocanadas de aire al igual que tensaba sus músculos, adormeciendo su cuerpo y a su vez, provocando que cada sensación en su cuerpo se sintiera intensa.

Pero fue en vano.

El aire no entraba.

Sus manos fueron a su garganta y arañó.

Arañó buscando una forma de que el aire entrara.

Era demasiado, quería respirar. Pero el aire no entraba y su voz no salía más que en forma de gemidos llenos de desesperación.

Quería respirar, quería respirar, quería respirar.

Pero no podía, no podía, no podía.

¿Por qué no podía? Sentía que iba a morir.

Y sus músculos comenzaban a doler por la fuerza aplicada.

¿Por qué dolía tanto? ¿Por qué estaba sufriendo tanto?

Tantos pensamientos pasaron por su cabeza, pero ninguno se mantuvo tanto tiempo ahí como el reciente evento.

Karim y Olivia eran pareja.

La taquicardia se intensificó de igual forma en que sentía su corazón romperse en múltiples pedazos. Dolía.

—Ya… basta… —rogó entre jadeos.

Sus manos se deslizaron hacia su cabeza y tiró de su cabello con desesperación.

Dolía.

Sus ojos se cristalizaron y las lágrimas salieron despavoridas, empapando sus mejillas en el proceso. Ian se encogió y siguió tirando de su cabello, a la vez que arañaba sus brazos con fuerza, intercalando entre un acto y otro demostrando desesperación y ansía por querer respirar.

—Kim… Kim… —llamó entre llanto.

Lo necesitaba, necesitaba a Karim.

Pero no podía dejar que lo viera en este estado, él estaba con Olivia allá afuera.

Estaba con Olivia, su novia.

Karim ahora tenía novia.

Pero quería que estuviera a su lado y le ayudara a calmarse.

Si tan solo fuera una mujer…

No.

¿Por qué querría ser mujer? Estaba seguro de que Karim lo quería igualmente.

Entonces, ¿por qué dolía tanto?

¡YA BASTA!

—No quería esto… —murmuró Ian entre jadeos y llanto.

Como si fuera tortura, sus pensamientos comenzaron a distorsionarse, mostrando sucesos que jamás sucederían y eran realmente tontos, haciéndole sentir tanto dolor que sus arañazos comenzaban a ser más fuertes, llegando a rasgar la piel de sus brazos y garganta.

En medio de su desesperación, una risa baja se escuchó de su parte cuando su propia cabeza le mostró una imagen totalmente irreal.

Karim confesando sus sentimientos. Pero no era a Olivia a quien se confesaba.

Sino a él.

En ese momento, las lágrimas por la realización acompañaron su risa histérica, que era opacada por el ruido de la música allá afuera.

Otra vez ese molesto ardor y picor resurgieron en su garganta, haciéndolo toser esta vez. Ian sintió una extraña textura en su garganta al momento de toser, por lo que se inclinó hacia enfrente en señal de reflejo, y fue así como se encontró un pétalo de cerezo en el suelo envuelto en saliva.

La extrañeza se hizo en él por aquello, pero siguió tosiendo.

De su boca, dos pétalos más fueron expulsados, cayendo elegantemente junto al otro en el suelo.

Ian sintió que su mundo se sacudió, mareándolo por lo mismo y, con ello, un dolor indescriptible se asentó en su pecho e hizo que el jadeo incrementara a la par de las lágrimas.

¿Qué era esto?

De repente, el golpeteo a la puerta resonó, ocasionando que Ian se callara abruptamente, tapando su boca con ambas manos.

Ian —pronunció aquella voz que pertenecía a uno de sus mejores amigos—. Voy a pasar —avisó y actuó en consecuencia sin darle tiempo a Ian de prepararse, por lo menos mentalmente.

Sander quedó pasmado al ver la grotesca escena frente a él.

Hilos de sangre decoraban la garganta y antebrazos de Ian, cabello desordenado y lo que parecían ser algunas hebras oscuras en el suelo, donde encontró unos pétalos de cerezo resplandecientes debido a la saliva.

Rápidamente, Sander cerró la puerta tras de sí y fue hacia Ian, notando de esta forma las lágrimas en sus mejillas.

—¡¿Qué pasó?! —cuestionó Sander intentando mantener la calma mientras colocaba sus manos en las muñecas de Ian.

Pero no podía hablar debido al encuentro chocante entre sus emociones y la realización de sus sentimientos.

—¡Ian! —llamó su nombre demostrando desesperación en sus ojos.

Es que no entendía nada, jamás había visto a Ian de esta forma. Jamás.

Después de unos segundos, Ian finalmente contestó envuelto en lágrimas—: ¿Por qué no estoy en el lugar de Olivia?

Sander retuvo el aliento antes esta fuerte confesión y sintió como sus ojos se aguadaron por lo mismo. Buscó mil y una respuestas que darle a su amigo, pero las palabras no salieron. ¿Qué debía hacer?

Sander mordió su labio inferior con fuerza y rodeó a Ian entre sus brazos en un fuerte y largo abrazo.



(...)



El doctor colocó las nuevas radiografías en la pantalla de luz a su lado y las observó con mortificación.

—Han crecido bastante —soltó.

Ian apretó sus puños y aplanó sus labios, pero en ningún momento apartó su vista de las radiografías. Debía seguir enfrentándose a su realidad.

—Lo imaginé —mencionó Ian con tristeza.

El doctor Andrews se giró a verlo.

—¿Ocurrió algún suceso recientemente? —cuestionó quitándose sus lentes por un momento.

—Él... va a casarse con su novia. —Miró al suelo.

Nuevamente sus ojos se cristalizaron.

—Ya veo...

—A este punto ya no tengo ninguna esperanza de que él corresponda, aunque sea un poco, mis sentimientos —admitió al alzar su rostro, que tenía una amplia sonrisa llena de dolor.

El silencio se hizo presente un momento.

—Creo que no te había preguntado, ¿él sabe de tu enfermedad?

—Para nada, ni quiero que lo sepa.

—Entiendo.

—Los únicos que saben de esto son mi mejor amigo y su pareja, otro amigo y mi madre. De hecho, uno de ellos vino a acompañarme.

El hombre asintió.

—Volviendo al tema de tus raíces... —Revisó el expediente—, ¿viste algo diferente?

—Escupí una flor entera esta vez —respondió.

La mirada del doctor sobre él le demostró preocupación.

—¿Solo una? ¿Expulsaste más?

—Solo una, el resto fueron pétalos.

—¿Y el dolor?

—Aumentó un poco, las pastillas casi no lo disipan.

—Entonces aumentaré media dosis.

—Está bien.

—Bien, ahora vayamos con un chequeo físico.

Ian asintió.


Ian caminó con un poco de pesadez por el pasillo hasta llegar a la sala de espera del consultorio, donde Sander, su mejor amigo, lo esperaba pacientemente.

—Sander —le llamó.

El mencionado alzó su rostro inmediatamente al escuchar la voz de su amigo, que le sonreía desde el marco. Sander se levantó instantáneamente de su asiento, dejando la revista de moda a un lado para ir con su amigo.

Una vez estuvo frente a él, le preguntó—: ¿Cómo te fue?

—Te cuento en el camino de regreso.

Sander asintió.

Quería ignorarlo, porque le dolía, pero esta vez notó a Ian un poco más pálido que otras veces. Y sabía perfectamente por qué había empeorado.

—¿Puedes caminar bien? ¿Necesitas ayuda? —preguntó Sander apenas dieron unos pasos hacia la salida.

—Está bien, está bien, no te preocupes, el dolor en mi pecho sigue, pero puedo caminar. —Le sonrió.

—Si tú lo dices...

Los amigos caminaron hacia la salida del consultorio y Sander se apresuró a abrir la puerta para que Ian no se viera molestado por el dolor al moverse.

La brisa fresca golpeó sus rostros al salir.

—Tonto, puedo abrir puertas yo solo. —Se echó a reír ligeramente, pero luego el dolor en su pecho incrementó y se forzó a no reír por lo mismo.

—Lo siento, no puedo evitarlo.

Se encaminaron hacia el auto del más alto, quien se apresuró a quitar la alarma. Una vez dentro del auto, Sander volvió a preguntar mientras encendía el auto.

—¿Entonces?

—Las raíces crecieron un poco más.

Sander apretó el agarre al volante mientras le daba una mirada llena de preocupación a su mejor amigo.

—¿Qué tanto? —preguntó con temor.

—Ya cubren el cuarto de mis pulmones —contestó con resignación, pero sin borrar su sonrisa mientras se abrochaba el cinturón de seguridad.

Sander mordió su labio inferior por la impotencia que sentía ahora mismo. No era justo que su mejor amigo estuviera sufriendo esto. No era justo que existiera una enfermedad que te matara si no eras correspondido por la persona que amabas. No era justo que Ian tuviera a la muerte sobre él.

Nada de esto era justo.

Pero tampoco podía enojarse con Karim porque no era su culpa no poder amarlo de la misma forma que Ian lo amaba a él, menos cuando ni siquiera sabe lo que Ian está pasando ni sobre sus sentimientos.

Toda esta frustración lo ahogaba y arrastraba hasta el abismo, ojalá pudiera hacer algo por su amigo. Quería dirigir su enojo, rabia, tristeza y frustración a algo o alguien, pero no había nada que pudiera canalizar el dolor por el que estaba pasando al ver como su amigo moría lentamente.

—¿Estás seguro de que no quieres considerar-?

—No —contestó Ian abruptamente.

Sander le dio un último vistazo a su amigo antes de echar su auto de reversa para llevarlo a casa y observó que no había ni una pizca de duda en su semblante ante la decisión tomada.

—Está bien.

—A pesar de que sufra por ellos… —habló—, estos sentimientos que tengo por Kim son mi mayor tesoro y no pienso deshacerme de ellos para salvar mi vida —declaró—. Prefiero morir amando a Kim, que continuar mi vida y no poder hacerlo, aún si eso me hace un egoísta.

Sander tensó su mandíbula y musitó con voz ligeramente temblorosa—: Eres un tonto.

—Lo sé —respondió Ian en un susurro.



(...)



Ian bebió de su té y se tomó el tiempo para saborear el líquido que recorrió su garganta, dándole una sensación de calidez en medio de este invierno. Observó por la ventana y apreció el paisaje que esta le brindaba desde lo alto. La gente iba y venía por la acera, ya sea paseando a sus mascotas, en una cita con sus parejas o simplemente disfrutando de un paseo solitario.

Los autos manejaban a una velocidad constante que le causaba una sensación de satisfacción, que le hizo disfrutar aún más de esta vista. La nieve caía delicadamente siendo empujada por el viento, empañando levemente el vidrio de la ventana.

El sonido del fregadero se detuvo y poco después apareció una mujer —que se encontraba en sus cincuentas— con una sonrisa cansada adornando su rostro.

—¿Qué tal el té, Ian? —preguntó la mujer mientras se sentaba frente a este en la pequeña mesa junto a la ventana del apartamento.

—Tan bueno como siempre, mamá —contestó con una sonrisa resplandeciente.

—¿Verdad? —aseguró Irina de la misma forma que su hijo.

Nuevamente Ian asintió. Ambos admiraron el paisaje de su adorado Nueva York invernal con una sonrisa que irradiaba paz en ambos. Irina también se sirvió una taza de té y al dar el primer sorbo observó a su hijo.

Repentinamente el recuerdo del día en que Ian nació llegó a su cabeza. Recordó lo pequeño que era y como se acomodaba perfectamente en su seno. Recordó el amor inmenso que la invadió apenas escuchó su llanto y cuando lo tuvo en sus brazos. Recordó sus primeras palabras y sus primeros pasos; el primer día de escuela y el día en que le presentó a su primer amigo.

Y entonces las lágrimas se permitieron resbalar por sus coloradas mejillas en un sollozo que llamó la atención de su hijo.

—¡¿Eh?! Mamá, ¿qué sucede? ¿Por qué estás llorando? —preguntó y pronto se levantó de su asiento para ir a socorrerla.

—Oh, vaya, me puse a recordar tu infancia y ya estoy así. —Rio entre lágrimas.

—Mamá…

Un nudo se formó en la garganta de Ian al escuchar lo dicho por su madre, se sentó en el suelo sobre sus piernas y tomó las manos de su madre con las suyas, inevitablemente, Irina giró su rostro hacia su hijo.

—¿Por qué tienes que pasar por esto, Ian? —cuestionó con voz temblorosa.

Ian se quedó sin palabras ante el reclamo de su madre.

—¿Por qué tengo que ver cómo mi hijo va muriendo lentamente? —reclamó elevando un mínimo de su voz—. ¿No hay una forma de evitarlo? ¿No puedes simplemente dejar de amarlo?

Irina sabía que lo que pedía era tonto e imposible, pero estaba desesperada, era una madre desesperada que le tocaba ver cómo su hijo moría lentamente por decisión propia.

—Quisiera enojarme con Karim, quisiera enojarme contigo —confesó—, pero no puedo… no puedo, porque sé que ninguno tiene la culpa y que Karim no lo sabe siquiera.

La mujer apretó sus párpados con fuerza intentando no llorar. Ian sintió que su madre temblaba con cada palabra que decía y le dolía aún más que los síntomas de su enfermedad.

—Te juro que daría mi vida porque tú no tuvieras que estar sufriendo de esta manera, Ian. —Sollozó más fuerte.

Las lágrimas que se habían juntado en los ojos de Ian ante las palabras de su madre finalmente salieron, despavoridas.

—No digas eso, mamá…

—No sabes lo mucho que me duele, Ian. —Mordió su labio inferior esperando que su barbilla ya no temblara.

Ian sabía que durante todo este tiempo su madre se había estado haciendo la fuerte frente a él y que parecía ser que hoy se dio la oportunidad de sacar su dolor y compartirlo con él. Irina sabía que no importaba lo mucho que le reclamara, no iba a hacer que su hijo cambiara su decisión, porque sabía lo importantes que eran sus sentimientos hacia Karim.

Solo estaba sacando su dolor.

—Mamá, yo-

—Lo sé, Ian, sé que no vas a cambiar tu decisión, también sé que eres tú el más afectado. Solo… solo quiero que mi hijo sea feliz.

Ante esto último, ambos se echaron a llorar ruidosamente, Ian apoyó su frente en las piernas de su madre sin soltar sus manos, como si pidiera perdón, en cambio Irina, apoyó su frente sobre la cabeza de su hijo.

Y ambos se permitieron ser débiles con el otro, se permitieron sacar su dolor y frustración, aunque ya no pronunciaron palabra alguna.

Los llantos resonaron en la habitación por un buen rato hasta que madre e hijo se quedaron sin fuerzas ni lágrimas para seguir haciéndolo. Una vez su llanto se disipó, se vieron cara a cara y se sonrieron mientras limpiaban los rastros de lágrimas del otro.

Ian nuevamente se sentó en su silla, ignorando que el dolor en su pecho aumentó un poco. Otra vez, ambos vieron el paisaje por la ventana y mantuvieron un silencio agradable.

—Kim va a casarse —anunció Ian.

Irina se mostró sorprendida inmediatamente y al momento después se sintió triste por su hijo.

—En el momento que él y Liv me lo dijeron, intenté con todas mis fuerzas no derrumbarme, pero en cuanto llegué a casa… me rompí y comencé a escupir pétalos nuevamente. Debería sentir genuina felicidad por ambos, pero me duele terriblemente. —Se calló un momento—. Sí estoy contento porque ambos se corresponden y se ven realmente felices, pero no dejo de pensar, muy en el fondo, que quisiera ser yo quien esté en el lugar de Liv.

Lo único que Irina pudo hacer en ese momento, fue tomar la mano de su hijo y acariciarla gentilmente, intentando reconfortarlo de alguna manera.



(...)



El verano llegó. Las raíces de Ian se han extendido un centímetro más, sigue vomitando una flor de cerezo entre pétalos cada vez que sufre de un episodio. Actualmente no ha habido ningún cambio brusco en el crecimiento de sus raíces respecto a hace unos meses.

—Hace un tiempo que no salimos a beber los tres solos —comentó Karim con una sonrisa mientras daba un trago a su tarro de cerveza—. Los preparativos de la boda me han vuelto loco, bueno, a ambos —se corrigió y luego soltó un suspiro.

—Ya lo creo —comentó Ian bebiendo de su refresco—. Y luego ya se acerca la fecha de la boda, supongo que deben estar más ocupados que nunca.

—Cierto, de hecho, estoy sorprendido de que nos propusieras salir a beber —comentó esta vez Sander, que al igual que Karim, dio un trago a su cerveza.

—Bueno, Ollie fue a visitar a sus padres y me dijo que si quería podía tomarme el día y salir para despejarme del estrés.

—Y parece que tuvo razón, te ves más relajado que hace unos días —intervino Sander.

—Siempre me sorprende —confesó el cenizo—. De verdad que la amo cada vez más con cada día que pasa, es increíble —suspiró mientras una sonrisa tonta adornaba su rostro.

«Yo también te amo más cada día, Kim, tanto que duele… literalmente», pensó Ian, inevitablemente. Entonces, se forzó a mantener su sonrisa.

Sander le dio una mirada a Ian, mirada que pasó desapercibida para Karim.

—Liv debe ser muy afortunada de tenerte —reconoció Ian.

—Querrás decir que yo soy el afortunado de tenerla —corrigió Karim.

—Tienes razón —concordó Ian entre risas.

—¿Y tú cuándo te casas con Henry, Sander? —preguntó Karim.

—Ah, sí, yo también quiero saber, Sander.

—Lo hemos hablado, pero decidimos que queremos seguir en noviazgo un tiempo más.

—Se entiende —opinó el pecoso.

—Para cuando eso suceda esperemos que Ian ya esté en una relación, han pasado casi dos años desde que se le vio con alguien —comentó Karim con diversión.

—Ya, no necesito estar con alguien, ¿sabes? —contrarió Ian con una sonrisa ladina.

—A mí también me gustaría verte con alguien —habló Sander.

Ian abrió la boca, se sintió atacado por sus amigos más cercanos.

—¿Acaso les parece tan mala la idea de que envejezca y viva entre gatos?

—Sí —contestó Karim sin vacilar.

—La verdad me da igual —respondió Sander.

Después de un pequeño silencio, el grupo de amigos soltó una risotada, pero esto ocasionó que el dolor en el pecho de Ian incrementara, lo que le hizo encogerse para apaciguar ese punzante y tortuoso dolor.

«Mierda».

—¿Ian? —pronunció Sander con clara preocupación—. ¿Estás bien? ¿Te duele?

Por supuesto, Karim se mostró extrañado, lo que alarmó a ambos.

—¿Qué pasa? ¿Estás enfermo Ian? A decir verdad, te he notado diferente de un tiempo para acá —comentó Karim, enderezando su espalda para acercarse a Ian sobre su asiento.

Ian se alarmó más, poniéndose nervioso, pero rápido encontró una excusa.

—No, no pasa nada, me troné la espalda accidentalmente —contestó.

—¿Seguro? No sé si soy yo, pero te veo más pálido.

—Ah, seguro es porque tengo anemia, he tenido exceso de trabajo —mintió.

Sander decidió no mencionar ninguna palabra, no quería arruinarlo.

—Deberías prestarte más atención, siempre tiendes a descuidarte por cosas sin sentido. No hagas que los demás se preocupen, eh.

—Entendido, Kim, lo siento —soltó una pequeña risa avergonzada.

—Karim tiene razón, deberías enfocarte bien en tu salud —comentó Sander.

Las palabras de Sander compartían parte de su deseo porque Ian sanara de alguna forma y no muriendo, aunque sabía que eso era algo imposible.

La tríada se pasó la siguiente hora hablando de cosas meramente triviales y haciendo bromas al otro, durante ese tiempo, Ian olvidó su sufrimiento y se sintió verdaderamente feliz, por su parte, Sander sintió como el sentimiento quiso apoderarse de él al ver cómo su amigo sonreía de verdad por primera vez en un tiempo, es como si aquellos tiempos en la preparatoria volvieran.

Ojalá las cosas fueran así por siempre.

El timbre de un celular acalló las carcajadas del pequeño grupo y cada uno revisó sus celulares.

—Es el mío —dijo Karim frunciendo ligeramente su entrecejo a la pantalla—. Número desconocido, dice. Voy a tomar la llamada igualmente —avisó.

Los dos chicos asintieron en respuesta y entonces guardaron silencio cuando Karim atendió la llamada.

—¿Sí? —respondió con cautela apenas contestó—. ¿Para qué lo quieres? —preguntó, demandante, pero entonces su rostro palideció en tiempo récord—. ¿Qué mierda acabas de decir? —alzó la voz, sonsacando a los dos chicos frente a él.


Ian, Karim y Sander fueron rápidamente hacia la recepción, siendo Karim el que llegó primero a esta. Tan pronto Karim terminó la llamada, se lanzó al hospital sintiendo como su corazón podría salirse de su pecho en cualquier momento.

Le llamaron diciendo que Olivia había tenido un accidente en carretera, cosa que no quiso creer al principio, seguramente debía ser una broma de muy mal gusto. Pero acababa de confirmar que no era así, así que ahora se dirigían al área del quirófano.

—Kim, mantén la calma, seguramente no es tan grave como parece —intentó disuadir Ian, quien hacía un esfuerzo sobrehumano por ignorar el dolor que sentía por culpa de su enfermedad.

—¡¿Cómo quieres que me calme?! ¡Olivia tuvo un accidente, ¿y dices que me calme?! —gritó, sorprendiéndolo.

—¡Eso no es lo que quise decir! —exclamó el chico.

—Vamos, no griten, estamos en un hospital —reprendió Sander.

Karim tensó su mandíbula y chasqueó su lengua. No quería pensar en lo peor, pero, no soportaría perder a Olivia, no podría.

Al poco tiempo, los chicos llegaron a las afueras del quirófano donde se encontraba Olivia y ahí, se encontraron a sus padres sentados en las sillas metálicas que, al verlos, se levantaron. Karim se acercó a sus suegros y se reconfortaron entre ellos mientras intercambiaban palabras.

Mientras, Ian se mantenía un poco alejado ya que estaba retomando el aliento lentamente, el pecho le dolía demasiado por la agitación. Sander, preocupado, acarició la espalda de este como una forma de que se lo tomara con calma.

—¿Duele mucho? —preguntó Sander de forma que Ian solo lo escuchara.

—Nada a lo que no me haya acostumbrado —respondió el contrario con una sonrisa.

“Nada a lo que no me haya acostumbrado”. Sander frunció ligeramente su ceño con frustración y aplanó sus labios con fuerza.

—Estoy bien, ya me he acostumbrado —insistió mientras se enderezaba—, ahora mismo es Olivia de quien debemos preocuparnos, no de mí.

Le gustara o no, Sander tuvo que aceptarlo, ahora Olivia, su amiga, estaba en una grave situación, ahora ella era prioridad.

Pronto, los dos se acercaron hacia Karim y los señores, que cuando los vieron, les dieron una sonrisa que disfrazaba su angustia.

—Buenas tardes —saludaron ambos.

—Buenas tardes, Ian, Sander —saludó la mujer igualmente en una reverencia al igual que su esposo.

—¿No ha sabido algo sobre el estado de Olivia? —preguntó Ian.

—No… cuando llegamos ya había sido llevada al quirófano —respondió nuevamente la señora.

—Olivia estará bien —alentó Ian—, ella es una mujer fuerte, sabe que tiene a su familia y amigos esperándola, no va a rendirse. Mañana ella nos recibirá con una sonrisa y todo habrá pasado —sonrió ampliamente.

Sus palabras no eran vacías, él deseaba y creía en que su amiga saldría bien de esta situación y pronto todos estarían compartiendo risas con ella. Deseaba de todo corazón que Olivia estuviera bien, porque ella era la razón de las sonrisas de Karim y también era su preciada amiga.

Los ojos de los padres de su amiga se cristalizaron y ambos asintieron dándole la razón.

—Así que, no nos desanimemos, cuando salga del quirófano no va a querer vernos tristes, intentemos sonreír —le dio un vistazo a Karim quien mantenía su vista en el suelo.

—Tienes razón —concordó Karim al tiempo que se sentaba en una de las sillas.

Sander vio a Ian y sintió que un nudo se le formó en la garganta, ojalá fuera lo mismo con él, que algún día Ian le dijera que ya se había curado.

—Me alegro de que Olivia tenga a alguien como tú en su vida, Ian —comentó la señora.

—Yo también me alegro de que Olivia esté en mi vida —contestó Ian sin borrar su sonrisa.


Los minutos pasaron lentamente causando que la angustia en los presentes aumentara debido a que no tenían noticias sobre el estado de Olivia. Ojalá la cirugía terminara pronto y les notificaran que Olivia se encontraba fuera de peligro y que pronto se recuperaría.

—¿Por qué tardan tanto? —murmuró Karim con desesperación mientras tallaba su rostro con agresividad con ambas manos.

—Una cirugía no se hace rápidamente, Kim, debemos ser pacientes, además, no sabemos la gravedad de las heridas de Olivia —habló Ian en un intento porque este se calmase un poco.

Sabía lo desesperado que Karim se encontraba, lo sabía mejor que nadie porque sabía lo mucho que Karim amaba a Olivia, él en carne propia fue testigo de cómo el amor de su vida llegó a amar tanto a su mejor amiga.

—Yo sólo quiero que esto termine para poder abrazarla de nuevo y sentir su calor —soltó Karim.

Ian devolvió su mirada al suelo y aplanó sus labios, recordó cómo fue que se enamoró de Karim al punto de llegar a amarlo tanto.

Fue por la forma en que él hablaba tras bambalinas sobre su amada, cuando aún ni siquiera sabía lo que sentía exactamente por ella.

Fue por la forma en cómo sus ojos irradiaban felicidad y ensoñación cuando la veía. Por la forma en que sonreía por ella, por la forma en que suspiraba.

Al ver a su amigo de la infancia enamorándose de alguien por primera vez, Ian se preguntó muchas veces si alguien también se expresaría y le vería de la misma forma que Karim hacia Olivia, se preguntó si también sería el motivo de las sonrisas y suspiros de alguien. Luego, en algún momento, Karim fue invadiendo sus pensamientos hasta que él era lo único en lo que pensaba.

Pero para cuando se dio cuenta de sus sentimientos ya era demasiado tarde.

Entonces enfermó.

El dolor por la enfermedad comenzó a incrementar en su pecho haciéndole saber que el efecto del medicamento estaba disminuyendo y que ya era hora de tomar su medicina nuevamente.

«No ahora, por favor, ¡no ahora!», pensó Ian mientras fruncía el ceño y llevaba una mano a su pecho.

Abrió su boca ligeramente y los pequeños jadeos comenzaron. Las lágrimas se arrejuntaron en sus ojos, no quería escupir flores aquí, no enfrente de Karim. Así que se levantó rápidamente, pero el dolor punzante se sintió demasiado intenso en ese momento que se detuvo abruptamente con tal de que este no incrementara más.

—¿Qué sucede? —preguntó Karim alzando su rostro hacia Ian, extrañado.

Ian expandió sus párpados de par en par, alarmado, y Sander, que estaba sentado frente a ellos, inmediatamente se dio cuenta de la situación.

—No es nada, solo se me revolvió el estómago, creo que iré al baño —se excusó al instante mientras sonreía despreocupado.

—Te acompaño —sugirió Sander al tiempo que se levantaba de su asiento.

Karim no se sintió muy conforme con la excusa de Ian, pero decidió no preguntar y tragarse lo primero que este le soltó.

—Bien, entonces yo me quedaré aquí —mencionó Karim volviendo a relajarse en su asiento.

—Es lo mejor —soltó Sander.

Ambos se encaminaron hacia el baño que ahora mismo parecía encontrarse muy lejos. Ian comenzó a sudar frío gracias a que sus músculos se tensaron al borde de los calambres. Los jadeos aumentaron y casi sentía que los pétalos estaban por salir de su boca, pero aún no llegaba al baño, debía aguantar.

Tenía que aguantar.

Las piernas de Ian flaquearon por un instante, lo que ocasionó su casi caída, pero Sander lo ayudó a sostenerse al instante tomando uno de sus brazos y colocándolo alrededor de sus hombros.

—Gracias… —agradeció entre jadeos.

Las lágrimas se dejaron caer debido al intenso dolor que sentía, quería gritar.

—Dios mío, duele, duele demasiado —murmuró Ian con desesperación apretando su pecho con su mano.

—Lo sé, ya casi llegamos al baño, aguanta un poco más, ya casi llegamos —dijo Sander al igual que frunció su ceño y apretó ligeramente su agarre.

Esto también era doloroso para él.

Pronto llegaron al baño y justo enfrente de los lavabos, Ian se dejó caer y entonces dejó que los pétalos salieran como vómito, envueltos en saliva. Sander se colocó a su lado y acarició su espalda.

Los pétalos lastimaban su garganta conforme estos subían para ser expulsados, aumentando su llanto por tanto dolor que estaba sufriendo. Su cabeza comenzó a doler por el esfuerzo que estaba haciendo, el dolor punzante se clavaba en su pecho haciéndole retorcer hasta que pegó su frente al suelo.

—¡Ian! —exclamó Sander tomando los hombros de su amigo con ambas manos y agachándose para verificar que no se hubiera golpeado.

Ian estuvo expulsando pétalos por un momento más, en medio de todo ese agonizante dolor que la mayoría de las veces lo hacía desmayar, hasta que terminó por expulsar una flor de cerezo, marcando así el final de este episodio.

Sander vio aterrorizado y preocupado aquella bella flor en el suelo.

Era la primera vez que lo veía expulsar una flor entera.

El llanto y los jadeos de Ian cesaron, así como también el temblor de su cuerpo, notándose al instante que sus músculos se estaban relajando.

—Ya terminó, ya terminó —repitió Sander mientras acariciaba la espalda de Ian.

—Pero… el dolor no… —balbuceó.

—¿Traes tus medicinas?

—Sí… —respondió jadeante mientras se enderezaba con ayuda de Sander.

Ian llevó sus manos al bolso que cruzaba su pecho y después de que abrió el cierre, sacó frascos del interior, colocó la dosis indicada de cada uno en la palma de su mano y se los tragó sin más.

Un momento después, Ian y Sander ya estaban de vuelta con los demás. Al regresar, Ian pensó que se encontraría a cierta persona, pero no era así, cosa que le extrañó, aunque sí que encontró a uno de sus mejores amigos: Terry Landers.

Intercambio algunas palabras con sus amigos, al igual que Sander, y luego se alejó nuevamente.

Ian sacó su celular y marcó un número en específico, después pegó el aparato en su oreja y esperó pacientemente.

—¿A quién llamas? —Preguntó Sander apenas se acercó.

—A Ivana.

—Ya veo —asintió—. Es raro que no esté aquí, ya debería haberse enterado del accidente, después de todo, hablamos de Olivia —comentó Sander.

—Exacto. —Asintió Ian y, mientras esperaba que la chica contestara, la punta de su pie golpeó varias veces el piso.

Buzón de voz, la llamada será transferida-

—Me mandó a buzón —avisó Ian al mismo tiempo que colgaba.

—Qué extraño —comentó Sander.

En cierto apartamento, la chica que tanto buscaban se encontraba tirada en el suelo, ahogada en marihuana como forma de disipar el dolor que tanto sentía últimamente. Debido a que ahora mismo estaba tan drogada, no era consciente de su realidad y por eso mismo, no escuchaba su celular timbrar con las múltiples llamadas y mensajes de sus allegados.

La chica que tanto buscaban estaba tirada en su apartamento, viendo cosas que no eran reales con tal de no sufrir.

Aunque más adelante recibiría un golpe de la cruel realidad.

Regresando al hospital, una doctora salió del quirófano. Todos se levantaron de sus asientos y le lanzaron preguntas llenas de preocupación a la mujer, que apenas pudo quitarse el cubrebocas.

—¿Cómo está? ¿Cómo está ella? —preguntó Karim intentando no ser brusco.

Ian y Sander colocaron una mano en cada hombro de Karim como forma de querer reconfortarlo.

—Por favor, guarden la calma —pidió la doctora con mirada cansada—. Cuando la señorita Unsworth llegó a urgencias, presentó graves heridas en la zona del tórax y cabeza, varios de sus huesos presentaban fracturas, tenía múltiples cortes y heridas por las cuales perdió una cantidad excesiva de sangre.

Los latidos se aceleraban con cada palabra pronunciada por la doctora, anunciándoles el estado en el que Olivia había llegado al hospital hace poco más de una hora.

Y luego lo soltó.

—La señorita Unsworth no pudo resistir más y lamentablemente falleció.

Entonces el mundo paró.