Amistad, Amor y Muerte

Summary

Lucifer extraña a su esposa, el sufrimiento agonizante del gobernante del infierno hace genuinamente feliz al demonio de la radio, queriéndolo usar a su favor, elabora un plan para romper el contrato que condena su alma. Una nueva amenaza está por llegar, obligando a Lucifer a buscar a Belzebú, Mammon y Asmodeus, además de hacer un contrato con el demonio de la radio. ¿Quién dijo que de amor no se puede morir? ADVERTENCIA: ♦️ Muerte de un personaje principal. ♦️Esta historia no tendrá una relación entre Alastor y Lucifer, si llegarán a tener un vínculo, pero no romántico.

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
16+

1

Lucifer había decidido quedarse en el hotel para recuperar el tiempo perdido con su pequeña hija, además de que no quería estar solo por más tiempo en ese gran castillo. Charlie aceptó encantada a su padre, dándole una habitación y tratando de que fuera tan cómoda como pudiese, pensando en que si su papá veía más de cerca el proyecto, no le quedarían dudas de que su idea no era solo una ilusión, por otro lado, Alastor estuvo en desacuerdo, pero no dijo nada, era estúpido ponerse en contra del soberano a menos que quisieras una muerte prematura y dolorosa.


— ¿Qué hizo qué? - una mujer de pelo largo y rubio se reflejaba en el espejo frente al demonio radio. — ¿Cómo pudiste permitir que eso pasara?


— Hice todo lo que pude para impedirlo... - fue interrumpido.


— Pues parece que tus patéticos planes no fueron de mucha ayuda. - Alastor sonreía, pero sus cejas se fruncieron, se ofendió ante el reclamo.


— Le aseguro que no volverá a pasar.


— Por supuesto que no volverá a pasar. - una cadena apareció en la mano de la dama, la cual terminaba en el cuello del demonio. — Me aseguraré de que no vuelva a pasar. - sus ojos eran amenazantes, el demonio de la radio estuvo a punto de doblegarse, pero la puerta fue abierta distrayendo al par.


— ¿Lilith? - Lucifer había entrado a la habitación, Alastor se tensó pensando que sería su fin, mientras tanto la mencionada solo sonrió con ternura.


— Ve a dormir cariño. - el hombre negó y al verlo más detalladamente, Alastor se dio cuenta de que este tenía los ojos cerrados.


— Quiero dormir contigo. - susurró el soberano.


— Oh, querido, ven aquí. - Lilith extendió sus brazos en dirección a su esposo y este obedientemente se acercó, pero no fue el cuerpo de su esposa el que abrazó, sino el de Alastor, el cual estaba incómodo con tal acercamiento. — Regresa a la cama Lucifer.


— No, vas a volver a abandonarme. - había pequeñas gotas de agua en sus ojos.


— Siempre estoy contigo y con nuestra hija, jamás te dejaría solo querido, pero ahora debes ir a la cama a descansar. - el rey del infierno soltó a Alastor y salió de la habitación de forma tranquila.


En cuanto la puerta se cerró, la sonrisa cálida de Lilith desapareció.


— Lucifer puede detectar mi poder, es peligroso que nos volvamos a contactar, así que no vuelvas a fallarme.


— ¿Qué pasará con él?


— Es sonámbulo, pensará que es un sueño o simplemente no recordará nada. - sin decir más, el reflejo desapareció del espejo y Alastor sonrió ante la nueva oportunidad que se le presentaba.


Alastor sabía que al poseer un alma dejabas una marca en el pecador, algo que les decía a otros soberanos que tenía dueño, si lograba que el sello de la marca de la esposa de Lucifer se mostrara a voluntad suya, podría jugar un rato con el sufrimiento del ángel caído.


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— ¿Sabes lo que estás pidiendo Lucifer?


— Lo sé. - el hombre se mostraba imperturbado ante la presencia de los que alguna vez llamó hermanos.


— Entonces entenderás que no podemos hacer que tu hija vaya directo con padre.


— A menos claro, que tengas algo que darnos a cambio. - Miguel se acercó hasta el desterrado y acarició su mentón, Lucifer apartó su mano con brusquedad.


— Ella quiere hablar con quien esté más haya de Adán.


— Eso es más fácil.


— Pero no prometemos que vayan a escuchar las alucinaciones de tu pequeño demonio infernal. - Lucifer se paró estrepitosamente sin perder su elegancia.


— Si no quieres que te arranque la lengua, será mejor que no vuelvas a faltarle al respeto a mi hija, Gabriel.


— Es una aberración que solo pudo crearse en el infierno. - el rostro del soberano se oscureció, mientras una sonrisa maliciosa se dibujaba en su rostro.


— Mi hija es una princesa y futura reina del infierno, no un simple lacayo, lamebotas y cachorro fiel del ser divino. - los arcángeles lo miraron ofendidos.


— Eso es mejor que ser un caído.


— Recuérdaselo a padre la próxima vez que le beses su trasero celestial. - los ojos rojos con una llama infernal hizo retroceder a los arcángeles.


— Ya basta. - la voz de Azrael se escuchó por toda la sala. — Todos váyanse, yo resolveré esto. - obedientes, sus hermanos divinos se retiraron, quedando solo ellos dos.


— Espero tener una charla civilizada contigo Azrael. - Lucifer acomodaba su traje. En un movimiento rápido, el arcángel tomó al ángel caído del mentón con fuerza.


— No vengas aquí a causar problemas Lucifer. - el mencionado solo sonrió con malicia. - Arreglaré una cita para que tu hija pueda exponer su idea, pero no podrá quedarse más de seis horas, tampoco causará desastres y mucho menos queremos que deje su esencia demoniaca por el cielo.


— Bien.


— La encargada decidirá si acepta o no la petición, solo tienen una oportunidad, ¿Entendiste? - Lucifer solo sonreía, esa sonrisa llena de superioridad que le causaba querer borrársela y así lo hizo, Azrael giró el rostro de Lucifer, dejando su cuello al descubierto y mordiendo la zona que lo unía al hombro, tan fuerte que la sangre manchó la blanca vestimenta del rey del infierno. — ¿Entendiste? - volvió a repetir, ahora los ojos de Lucifer tenían rabia en las pupilas.


— Claro, Azrael. - dijo mientras apretaba la mandíbula.


— Entonces hemos terminado. - el arcángel se fue sin decir más.


— Que te jodan. - susurró el soberano mientras veía la herida, la cual al tratar de curarla con su poder solo logró que dejara de sangrar y cambiar su traje, la cicatriz le tomaría más tiempo en borrar, pero eso no importaba ahora, estaba feliz y preocupado de haberle conseguido aquella reunión a Charlie, respirando profundo abrió el portal para ir al hotel.


Cómo lo esperó, la noticia fue tomada con gran alegría por su pequeña y él sonrió al verla feliz, es lo único que quería, que Charlie sonriera siempre.


Lucifer dejó atrás a su hija y demás pecadores para ir a su habitación y aparecer una botella de vino, ese día había sido una mierda en su mayoría y necesitaba una copa. Fue hasta el espejo, se quitó las prendas que cubría su dorso y pudo admirar la marca que Azrael le había hecho, tomó más del vino mientras sus dedos iban a la herida y sus uñas se encajaban en su piel con tanta fuerza que volvió a sangrar, cuando se calmó curo la herida y se echó en la cama.


Alastor estaba retorcidamente feliz, después de experimentar con algunas de sus condenadas almas pudo aprender lo que quería y esta noche lo pondría a prueba. Movía sus dedos de forma lenta y precisa, de la punta finos hilos negros salían e iban directo a su pecho, sintió como si se lo rasgaran, pero no se detuvo, continuó hasta que una luz morada salió de este, satisfecho se sentó en la cama y esperó. Fueron cinco minutos los que se tardó el rey del infierno en entrar a su habitación igual que la primera vez, con los ojos cerrados, dejándose guiar por la esencia de Lilith. Lucifer, al estar frente a Alastor se sentó en sus piernas.


— Lilith. - susurró el soberano y el demonio sonrió victorioso, se recostó en la cama junto a Lucifer mientras acariciaba su pelo, tenía que mantenerse en su papel si no quería despertar al ángel caído. — Azrael y Miguel, todos a los que un día llamé hermanos, son unos idiotas. - gruñó mientras se acurrucaba en el pecho de Alastor. — Unos hijo de Dios irritantes, pero Charlie está feliz y eso es lo que importa. - el hombre no dijo nada más, había caído de nuevo en el sueño profundo.


Alastor no cabía de la felicidad al saber tal información, el rey del infierno aún se miraba con aquellos arcángeles, y en su pequeña victoria pudo notar algo extraño entre el hombro y el cuello del soberano, al deslizar la tela pudo ver la marca de unos dientes, Lucifer se removió.


— Estúpido Azrael. - lo escuchó maldecir.


— Qué interesante. - los ojos de Alastor brillaron diabólicamente al llegar a una conclusión.