✨🌙PROLOGO - HAS ESCUCHADO EL RUMOR🌙✨

-¿Has escuchado el rumor?- Le susurro una dama a otra -¿Ese que circula sobre la princesa?- Siguió susurrando cerca del oído de la otra
-No ¿Qué se dice de ella ahora?- Preguntó la otra dama tambien en un susurro llena de curiosidad
-Dicen que visita pasar noches enteras en el mirador del palacio- Murmuro en respuesta en voz un poco más alta -La han visto mirando al mundo mortal y llorando-
-¿De verdad? ¿Y desde cuando lo viene haciendo?- Preguntó la doncella con sonrisa maliciosa
-Parece que lo hace desde que su niñera falleció, la recuerdas, era La Dama Kaguya- Respondió la dama de manera burlona -Fue esa princesa descarriada, quien le enseñó a mirar ese sucio y pecaminoso mundo-
-Pero de eso ya hace más de un siglo ¿Cómo no lo puede superar?- Cuestiono de vuelta la compañera ocultando su sonrisa sarcástica tras la manga de su kimono
-¿Y qué esperabas de ella? Es solo una mortal que tuvo la suerte de ser adoptada por su divinidad- Se rio por lo bajo la otra dama y así siguió -No importa lo que haga su divina majestad, cuánto polvo de estrella de a comer para volver tan longeva como nosotros o cuántas bendiciones coloque sobre ella, no es más que una simple niña recogida-
Así siguieron chismorreando y las risitas maliciosas las dos damas celestiales, mientras seguían con su paseo por los amplios jardines del palacio, ignorando por completo que aquella princesa de la que se burlaban en secreto las estaban escuchando.
Escondida tras algunos arbustos florales y árboles de cerezo, la joven princesa estaba pensativa, mirando su reflejo en el agua del estanque lleno de coloridos peces, cuando escuchó sin querer esa conversación, siempre escucho cuchicheos a su alrededor desde que tiene memoria, pero nunca les presto atención “Una noble princesa celestial no deja que cosas banales como rumores y habladurías perturben su buen juicio” O eso es lo que siempre le decía su madre y ella obedientemente hacia caso... Siempre hacía caso a todo.
Pero desde que su niñera, La Dama Kaguya se volvió polvo cósmico, esa obediencia comenzó a pesar más que un meteorito super-masivo e intentar ignorar esos cuchicheos dolía como mil cuchillos clavándose en su corazón, su querida nana era la única persona que le mostraba amabilidad y cariño en ese palacio lleno de seres celestiales y hermosos, como las estrellas del firmamento, pero tan fríos, crueles y distantes como el universo mismo.
Contemplando su reflejo en el agua se percató de que también ese otro planeta, ese pequeño mundo pintado de azul, ese que todos los seres celestiales acusan de ser tan impuro, sucio y lleno de sufrimiento, donde solo viven los seres horribles seres mortales, también se reflejaba en el agua.
-No entiendo... ¿Cómo un lugar que se ve tan bello a la lejanía puede ser tan malo como dicen?- Susurró la princesa para sí misma -Nana... Nana aunque no recordaba su tiempo allí... Aunque no estaba segura de que hubiera alguien esperándola y extrañándola... Siempre deseo volver...-
Volvió a susurrar con tristeza la princesa, para sí misma, ahora con su mirada en ese pequeño mundo azul tan distante y a la vez tan hermoso, una pequeña canica azul flotando en medio de la inmensidad cósmica, pero no podía quedarse para siempre en su pequeño escondite, tuvo que salir para realizar sus tareas y pasatiempos diario.
Todos sirvientes, damas y caballeros, toda estrella y cometa, todo ser celestial que habita y sirve en el Palacio Lunar, inclinan sus cabezas ante la presencia de la princesa, siempre que la ven pasar deben mostrar sus respetos a la única hija de su soberana adoptó ya hace mucho tiempo, la deidad que gobierna sobra la noche, las estrellas y la luna misma, aquella que tiene tantos nombres que sus adoradores y servidores se refieren a ella simplemente como la Diosa de la Luna.
Pero solo muestran respeto para evitarse los problemas, ya que desde la llegada de la princesa siendo una bebé recién nacida, no ha recibido otra cosa que indiferencia y frialdad de parte de la corte lunar, en ocasiones hasta a sido blanco de críticas y burlas por ser una hija adoptiva, pero por sobre una mortal llena de sentimientos, ya que los seres celestiales consideran los emociones como suciedad que empeña la pureza del alma.
Y su madre jamás hizo nada para protegerla y aun así exigía tanto obediencia como amor de parte de la princesa...
La princesa que ahora estaba en su mirador nuevamente del palacio, contemplando ese lejano y pequeño mundo de color azul en medio de la inmensa oscuridad del espacio, sintió su corazón llenarse de tristeza nuevamente, tanta soledad, tanta criticas, la presión para ser una noble princesa perfecta y menos precios, ya no podía mas...
-Esta será la ultima vez que llore al mirar hacia allá- Se dijo la princesa a sí misma con decisión, sacándose una lágrima que caía por su mejilla desde su ojo derecho -No seré más su marioneta ni su muñeca, seré libre...-
De entre sus túnicas sacó el tesoro astral que había tomado sin permiso hace un par de noches antes de la Cámara del Tributo, lugar donde su madre guardaba todas aquellas reliquias de valor incalculable y gran poder mágico que a adquirido con los milenios, solo con ese artículo la princesa podría escapar del control y el amor tóxico de la diosa... Solo así podría escapar de la Luna.
CONTINUARA...








