Big bad trouble // jinx - abo (+18)

Summary

« Tengo todo lo que un alfa podría querer. Fama a montones, dinero de sobra, y, en exceso, omegas que abren las piernas para mí sin que yo lo pida. Lo tengo todo. Entonces, ¿qué mierda hago deseando a un niñato que doblo en edad? » Joo Jaekyung es un famoso campeón de artes marciales al cual no le hace falta nada, pero tiene un secreto que los periodistas no deben saber: en los confínes de su gran penthouse, vive un pequeño omega de dieciocho años, el cual acogió de las calles, rescatándolo de la muerte. Desde entonces, ha asumido su tutoría. El pequeño omega se llama Kim Dan. Tenían un trato simple; Jaekyung le acogía el tiempo que Dan necesitara, con estudios pagos incluidos, y el omega haría algunas tareas de la casa, encargándose de la comida. El problema es que Jaekyung se dió cuenta que, en el momento en el que Dan comenzó a crecer, se desarrolló tan seductoramente como si fuera un pecado, y tenía que apartar la mirada y morderse fuertemente los labios si no quería cometer una locura. Y es por eso que siempre está furioso. Por desear algo que no podría tener nunca.

Status
Ongoing
Chapters
11
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

01


🍒PLAYLIST🍒

One of the girls- The Weeknd, JENNIE, Lily Rose Depp

Who do you want - Ex Habit

Cherry - Lana del Rey

Summer Bummer - Lana del Rey

Burning desire - Lana del Rey

She’s not me - Lana del Rey

Caught you boy - Lana del Rey

Lolita - Lana del Rey

Love lockdown- Kanye West

Earned it - The Weeknd

Lost in the fire - Gessafelstein ft. The Weeknd

The hills - The Weeknd

Older - Isabel LaRosa

I want it - Two Feet

Do it for me - Rosenfeld

Trouble - Namjoon ft Jin

Love you like me - William Singe

Gansta - Kehlani

Streets - Doja Cat

Pain & pleasure - Black Atlass

Horns - Bryce Fox

Prisoner - The Weeknd & Lana del Rey

Pillowtalk - Zayn

Us against the world - Lana del Rey

Sí, un poco de playlist en mi Lana del Rey. Solo pido que me entiendan.

Acogí a Kim Dan porque no tenía a dónde ir. Él confiaba en mí. No tenía a nadie más en el mundo, era el único que se preocupaba por su crecimiento.

Así como me estaba preocupado ahora por tener a la vista sus lindas y jugosas piernas al aire libre, paseándose por el penthouse.

Pero yo no debería estar mirando a Dan así, al carajo que no. Pero no podía apartar mi puta vista de él, era como si el carajillo me estuviera eclipsando con su presencia.

Él se puso su delantal para preparar la cena y yo respiré profundo, desde lo más hondo de mi pecho.

Estaba muy furioso ahora mismo, y tenía que controlarme si no quería arruinar todo.

No puedo verlo, no puedo tocarlo. Siquiera puedo mirarlo, carajo.Se lo juré a Namwook, y a mí mismo.

Tengo que irme de aquí antes de volverme completamente loco.



Tresaños antes...

JAEKYUNG.

Había ganado uno de mis muchos combates, manteniendo mi victoria intacta, sin que ninguno de aquellos que se hacen llamar luchadores, pudiera superarme. Como siempre, había terminado empapado de sangre y sudor, y un montón de premios, haciéndome más rico, más famoso e invencible. Siempre era así. Me gustaba saborear la ira y la frustración de los perdedores.

Por eso me encantaba mi profesión. Podía descargarme con violencia sin sufrir ningún tipo de consecuencia. Era un alfa maldito por naturaleza.

Cuando terminé y salí del lugar donde se llevó a cabo la lucha, inmediatamente, múltiples omegas se me tiraron encima, ofreciéndose y rebajándose, sin ningún tipo de valor, como si fueran unas putas baratas salidas de un prostíbulo en ruinas. Yo no tenía que hacer nada para que me abrieran las piernas, sin embargo, me fastidiadan. Me jodían sus putas voces chillonas y esas feromonas concentradas y asquerosas, como si fueran un perfume de último momento que se consigue en cualquier mercado. Como si creyeran que podrían volver débil a cualquier hombre con ello.

No me gustaban las fiestas llenas de alcohol y putas. Era de un nivel muy bajo para mí. Si me gustaba algún omega para follar, lo tendría muy fácilmente. Prefería los bares -aunque tomara agua-, lugares tranquilos sin música horrorosa y cuerpos sudados estrellándose los unos a los otros.

Fue por casualidad que decidí volver a mi penthouse caminando. No me faltaba mucho para llegar a casa, solo debía pasar cerca de un callejón y un par de minutos más.

Cuando pasé por aquel lugar oscuro, escuché algo que me detuvo el movimiento de las sangre por mis venas y me heló por completo. Era como un quejido, un sollozo colgado de un fino hilito, débil. Fue un sonido apenas audible que captó mi atención.

Y quería ignorarlo.

Pero mi lobo interior gruñó por seguir ese fino sonido, fui dominado por mis instintos, guiando a mis piernas hasta aquel lugar.

El callejón casi estaba completamente oscuro, de no ser por las tenues luces que alumbraban la calle y la propia luz de la luna.

Entonces, pude verlo.

En la pared, había un cuerpo delgado, con ropas desgastadas que no dejaba de lloriquear, y parecía más un pobre bulto abandonado que una persona. No dejaba de abrazar sus piernas, mientras se mecía de un lado al otro.

-¿Qué carajos?... -no podía evitar soltar palabrotas a toda hora y en todo momento. Más aún si la situación era desconcertante.

El muchacho que parecía no dejar de sufrir en un calvario completamente mierdero, levantó su cabeza, lleno de temor, y me miró.

Y yo me congelé. El tiempo dejó de existir por un par de segundos.

Tenía unos grandes ojos color avellana, brillosos y empañados por las lágrimas, estaban rojos porque debía haber pasado mucho tiempo llorando, y sus cejas se fruncían hacia arriba, completamentando su expresión angustiada. Eran unos ojos marrones que la mayoría de la población tenía, pero... Eran jodidamente especiales, y distintos. Pude sentir pequeñas corrientes eléctricas cuando me vi reflejado en ellos. Su cabello era de un color castaño acaramelado, y tenía la nariz respingadita, y el rostro completamente demacrado.

Pero yo seguía allí, parado como un idiota, mientras seguía contemplando al ser más hermoso que había pisado el puñetero planeta tierra.

Era un omega. No había forma de que no lo fuera. Un ser que tenía una belleza así de enferma y magnética, hechizante... No había forma de que fuera un alfa o un beta.

Él no debería estar en este lugar.

-P-por favor, no me hagas daño... -sollozó la pequeña criatura, al borde del colapso.

No sé qué fue lo que me pasó en ese momento. Sentí que la boca se me secaba, que los labios se me agrietaban, mi respiración se aceleraba, y cómo mis ojos se entonaban para verlo mejor.

Yo... Se supone que soy un hijo de puta. No soy una buena persona, muchas veces, no tengo piedad. No debería importarme lo que le pasara a este pobre desafortunado. Pero en ese momento, al carajo, claro que la tuve.

Instintivamente, me moví en su dirección, como si fuera una acción natural.

El chico se apartó cuando intenté acercarme a él. Y mi lobo gruñó en molestia, haciendo que yo también me impacientara un poco. Me agaché hasta su altura, tomándolo de su rostro para ver mejor si tenía alguna herida.

-Tsk, carajo, no voy a hacerte nada, así que no jodas y quédate quieto.

Él me hizo caso y yo lo examiné.

Por la mierda.

Yo daba golpes y los esquivaba. Mi profesión se basaba en luchar, en generar dolor y golpes a mi oponente. Era algo que estaba más que acostumbrado a ver y hacer, pero, ¿Esto?, esto no tenía ningún tipo de maldita justificación.

Su rostro estaba completamente magullado y adornado por golpes y zonas cortadas. Algunos moretones eran violetas, degradados en verde y amarillo. Su rostro demacrado encajaba perfectamente entre mis grandes manos. Fácilmente, tendría unos dieciocho o veinte años. Al menos, era lo que podía captar en la oscuridad.

-Mierda, estás completamente destrozado. Tengo que llevarte a un hospital.

Lo había decidido. Y no se opuso cuando lo cargué como costal de papas. Él solo se mordió los labios y bajó la cabeza en sumisión.

¿Cómo te llamas?, ¿Qué pasó?, ¿Quién te hizo esto?, ¿Dónde están tus padres?

Porque, ¿Qué padre dejaría a su hijo joven de veinte años deambulando por la calle, y más sabiendo lo jodido y peligroso que estaba el mundo?

Esas eran las preguntas que me hacía internamente, pero las descubriría en el hospital.

(...)

-¿Cómo está?, ¿Qué tiene? -le pregunté a la doctora, eufórico. No me preocupaba por nadie, pero esto fue... Instintivo. Cualquiera estaría igual que yo si encontraba un chico todo moribundo en la calle.

-Tiene golpes fuertes y hematomas por todo su cuerpo, y parte de su rostro. Es un milagro que los haya aguantado estando tan delgado y desnutrido, y más aún siendo tan joven...

-¿Cuántos años tiene?

-El paciente tiene apenas quince años, señor. Dios mío, ¿Cuánto odio hay que tener en el alma para hacerle esto a un chiquillo inocente?

Quince años...Maldita sea. Tenía unos putos quince jodidos años, un poco más y era un feto. Apenas y estaba en pleno secundario. Está tan desnutrido y demacrado que realmente pensé que tenía veinte años.

Un chico de esa edad debería estar con sus amigos tonteando con chicas y rompiendo corazones. No debería darle importancia a las cosas serias y debía actuar como un estúpido. Tendría que salir de fiesta, hacer travesuras y beber alcohol hasta casi tener un coma etílico. Debería estar disfrutando sus mejores años de adolescencia.

No tenía por qué sufrir un dolor tan severo.

Pero no. Estaba aquí, en un hospital, en un estado de semi inconsciencia porque fue brutalmente molido a golpes por algún enfermo mental. Lo último que habrá visto el chico fue la cara de los bravucones, sus verdugos, y después, se desplomó por completo, atontado y sin saber si iba a vivir. Si volvería a abrir los ojos.

Había estado luchando por no quedarse dormido, pero en el momento en el que lo sostuve entre mis brazos, se deshació como si fuera aire. Como si pudiera irse en paz.

Carajo, que situación de mierda. Él no tenía cara de ser un malandro. Definitivamente no era del ambiente en el que estaban Yeo Taeju o el maldito demente de Caesar.

Una enfermera vino, con un brillo de esperanza en sus ojos.

-El paciente ya despertó. Puede pasar a verlo. Está en esta habitación...

Me dijo el número y solo asentí con un movimiento de cabeza y fui hacía la habitación en donde se encontraba el adolescente.

Por algún motivo, estaba muy nervioso. ¿Qué mierda iba a decirle?, Supongo que voy a intentar comunicarme con sus padres o su adulto responsable.

Entré al cuarto de mala muerte y mi nariz se arrugó al instante. El lugar estaba repleto de un insoportable olor a desinfectante... Ese olor asqueroso característico de los hospitales. Siempre repletos de esa sensación de angustia y la espera de una salvación que podría convertirse en una simple muerte.

El chico me miró, y parecía completamente asustado por mi presencia. Se hizo pequeñito en su lugar como queriendo desaparecer. ¿Tanto miedo doy? Puta madre.

-¿Cómo te llamas, niño? -Jo, qué lindo debe ser estar internado en un hospital, y que el tío que te haya salvado, sea un agresivo desconsiderado que lo primero que te pregunta es tu nombre de la forma más delicada posible. Pero bueno, siempre fui así.

Me recargué en la pared blanca y desgastada, roída, esperando su respuesta.

-K-kim Dan, señor. -el chiquillo bajó la cabeza y comenzó a jugar estúpidamente tímido con sus dedos, de una forma tan linda que casi parecía un anime. -¿Y usted?

No es que fuera arrogante o algo por el estilo, pero, aún con toda la fama del mundo, este crío no me conocía. Eso quería decir que no tenía celular, ni televisión, ningún medio audiovisual que lo comunicara con el mundo exterior.

Por su ropa, ya me había dado cuenta de su mediocre posición económica. No había que ser inteligente para saber que un poco más y era indigente.

-Joo Jaekyung. -me tranquilizaba que no fuera un fan, que no me conociera, si no, ya hubiese saltado encima mío, poniéndose putamente irritable y chillando por un autógrafo. -¿Dónde mierda están tus padres?

Él bajó la cabeza e intentó contener la angustia que se reflejaba en su mirada, como ese conocido coloreo de ojos. Cuando se irritan y comienzan a enrojecerse por que se empañan de lágrimas.

Maldita sea. No puede ser que pregunte una cosa tan trivial como esta, y que justo el chico no tenga padres. Que llueva si la vida me odia.

Plot twist; sí llovió más tarde. Tengo que ser un grandísimo hijo de puta. Que fuerte.

-Ellos.. Yo... No los tengo, señor. -Dan se enjuagó las lágrimas con la manga que recubría su antebrazo. -Y mi abuela... Ella murió recientemente.

Así que el niño estaba solo en el mundo.

No sé por qué, pero podía saber que su garganta dolía para mantener el llanto oculto, que tenía una pesada piedra en ella.

E hice algo que jamás imaginé.

Solté feromonas para que se calmara. Era un alfa, después de todo.

Y, como por arte de magia, el niño comenzó a relajarse.

Después, rompí otra puñetera regla.

-Mira, Dan. Puedes quedarte en mi casa un par de días.

(...)

Los primeros días donde Dan convivía conmigo, fueron muy incómodos, para los dos.

De su parte, porque no le quedaba de otra si no quería quedar varado como un vagabundo en la calle. Tenía que vivir con un hombre mayor que no conocía de nada y acoplarse a mi estilo de vida. Él era muy tímido, y apenas salía de la habitación que le había asignado. Tampoco me lo traje para que viva de gratis, aclaro.

Y por mi parte, era una mierda porque nunca, jamás conviví con nadie en mi gran penthouse.

Y tampoco es que yo fuera una persona muy paciente, y Dan tuvo que aprender eso rápidamente, y a las malas.

Era uno de esos días donde volvía de correr desde muy temprano... Y cuando llegué, la casa apestaba a comida.

Odiaba el olor a comida a todas horas. Odiaba que el asqueroso olor a humo y frituras o hervor se me quedara pegado en la ropa, y odiaba que fuera tan temprano.

-Dan... ¿Quién mierda te dió permiso a meterte en mi cocina? -estaba enojado e insoportable. Aún más si volvía de correr, estaba cansado y lo primero que no quería apenas entrara era esto.

-S-señor... Lo siento, pero como siempre se va temprano, creí que vendría con hambre. P-por favor pruébelo, ¿Sí? A lo mejor le gusta.

Era un gran plato de bibimbap, acompañado de salsa de kimchi fermentada. ¿Hizo todo este lío solo por un plato así de simple?

Pero el estómago me rugía, y el vapor de la comida recién cocinada hizo que mi apetito saltara y me desesperara, por más agresivo que estuviera hoy. Si no pegaba bocado, me iba a comer mi brazo, como mínimo.

Cuando lo probé, quedé completamente sorprendido y cautivado por el sabor que me llenaba el paladar. Comí este plato millones de veces, era algo común y aburrido, pero esta vez... Quizás lo sazonó de una forma diferente, pero el bibimbap nunca me pareció tan delicioso como ahora.

-Está bueno. -dije mientras me llevaba otro bocado a la boca.

Desde entonces, no volví a quejarme del olor a comida, si sabía que un platillo delicioso me estaba esperando.

(...)

Un par de semanas después, Dan seguía en mi penthouse. Sé que dije que solo se quedaría un par de días, pero los nervios me estaban consumiendo.

No porque quisiera que se fuera, si no que...

Precisamente, estaba al borde porque sé que en algún momento, él abriría esa puerta y se iría. Y esto solo sería algo pasajero.

No sé qué me estaba pasando, pero no quería que se vaya.

No hablábamos mucho, sin embargo, se sentía reconfortante que el penthouse tuviera vida. Había una presencia que se encargaba de cocinar delicioso y la casa estaba en orden. No tenía que contratar a nadie. Además, no es que yo le hubiese pedido a Dan que hiciera algo, pero, supongo que se sentía en deuda conmigo, y es por eso que se encargaba de lo principal, como si fuera mi puto empleado.

Además, mi penthouse, cada vez que volvía, estaba adornado de un aroma delicioso. Era algo como cerezas, chocolate blanco, y algo acaremalado, dulce como los jazmines. No me gustaba empalagarme, pero, quería enfrascar esa fragancia para poder inhalarla siempre.

Y, cuando volvía, lo quisiera o no, había alguien esperándome en ese lugar. Dan hacía que este penthouse extremadamente ridículo, caro, vacío, y grande, se sintiera como un hogar. Y mi alfa ronroneaba por ello, por más que yo no quisiera.

Estábamos solos, los dos. Y la última vez que fui al psicólogo, me dijo que me vendría más que mejor una buena compañía.

Fue entonces que tomé la decisión de adoptarlo como su tutor.

Me autoconvencí de que lo hacía porque me favorecía. Dan hacía cosas sin que yo las pidiera, y no era molesto. No hablaba mucho porque ya conocía que yo no tenía muchos cabales, y mi carácter era una mierda. Era agradable que no me estuvieran encima preguntándome cosas las 24/7 porque... Vida de famoso, supongo.

Llevé a cabo los procedimientos legales para obtener su tutoría, y, cuando firmamos los acuerdos de consentimiento, los ojitos de Dan brillaron intensamente.

Pero yo no quería que se ilusionara, y no quería relacionarme con él más allá del trato actual que teníamos... O eso pensaba.

Así que cuando salimos, le aclaré las cosas y reventé su nubecita de ilusiones acaramelada llena de chicle y dulce que tiene todo crío de su edad.

-No creas que lo hago por ti o una mierda así. No creas que lo hago porque me importas o me encariñé contigo, lo hago porque es lo que más me conviene a mí. ¿Te queda claro?

Creo que mi voz salió más ronca, gruesa, y cruel de lo usual. Me había agachado casi hasta la altura de su rostro y podía decir que mis ojos lo estaban apuñalando, como si quisiera erosionar ese estúpido brillo de sus malditos ojos avellana. Sentí como las venas del cuello y la cara se me marcaban peligrosamente y bombeban sangre caliente.

Sin embargo, el brillo en sus ojos permaneció intacto e inmune a mis agresividades.

-No importa. Usted es la primera persona que se preocupa por mí, señor.

-No me preocupo por ti, ¿Qué parte no entien-

Pero yo no predije que se tiraría encima mío.

Se colgó de mi cuello y sus piernas se enredaron alrededor de todo mi tronco en forma de X. Era jodidamente enano, y apenas podía rodearme con sus piernas cortas.

Involuntariamente, tuve que atraparlo en mis brazos para que no cayera. ¿Qué me importaba a mí si se partía la cara o no? Sin embargo, lo hice, como un reflejo.

-¡Oye!, ¿¡Quién te dijo que podías hacer esto!?, ¡Suéltame, carajo!

Estaba a punto de reventar.

-¡Escúchame, mocoso de mierda!

Pero no lo solté. Él era quien debía dejar de abrazarme así. Lo sentía jodidamente cerca, y su temperatura corporal era alta.

-Gracias, señor Jaekyung.

Y supe que estaba haciendo cosas que no haría jamás en mi puta vida.

Rompí los límites que yo mismo me había impuesto.

Me juré a mí mismo no preocuparme por las personas. Primera regla rota.

Después, dije que jamás permitiría que alguien viviera conmigo, no importaba si era un futuro ser querido o mi jodido amante. Segunda regla rota. Dan no era nada de eso.

Este pequeño mocoso se metió en mi vida sin que yo lo pidiera, y ya había hecho que me traicionara a mí mismo.

No, él no se metió en ella. Fue mi culpa.

Fue mi puta culpa que lo primero que saliera de mi boca fuera que se quedara en mi casa un par de días, sin poder controlarme y sin poder ponerme un maldito candado oxidado en la boca.

Yo solito lo metí en mi vida. Yo lo busqué. No era su culpa.

Solo me estaba autoengañando.

Tenía que dejar de ser tan impulsivo.

Solo esperaba no encariñarme, y que sus estúpidas sonrisas y sus malditos ojos más brillosos que las estrellas en la noche, no me endulzaran y no se convirtiera en algo que me perjudicase más adelante.

(...)

Como encontré a Dan en su receso escolar, decidí inscribirlo en una escuela de renombre que costaba un ojo de la cara. Pero, ¿Qué iba a hacer yo con tanto dinero? Si soy billonario. El dinero me sobraba y me llovía del cielo. Era incluso aburrido y hasta ridículo que hubiera mucha gente muriéndose de hambre en el mundo, y que yo nadara en infinitos billetes.

Iba a tener una educación de las mejores, en una escuela privada. No como en la pocilga de escuela en la que iba antes. Que. Puto. Horror.

Pasó un tiempo desde que asumí la custodia total de Dan. Sin darme cuenta, le tuve que comprar nuevas ropas que no fueran unos polvorientos y asquerosos hárapos. Me sorprendí cuando tuve que comprarle una talla más grande porque había subido de peso.

Por suerte, Dan había logrado ganar un par de kilos. Ahora sí parecía una persona de su edad, lucia joven, con sus mejillas llenas y rosadas la mayor parte del tiempo. Ahora tenía color y vida, y ya no era un miserable muñeco salido de las películas de Tim Burton.

Decidí que, si era su tutor, debía amoldarse a mi estilo de vida y conocer un poco de lo que vivía.

Así que hoy lo llevaría al gimnasio para que conociera el lugar donde yo estaba durante la mayor parte del tiempo. Debía familiarizarse con el staff y los chicos del gimnasio.

Cuando estuvimos allí, lo primero que hizo fue temblar como una oveja en medio de una tempestad y se escondió detrás de mí, mientras todos me acuchillaban con sus miradas. No era propio de mí... Traer a alguien, que fuera un niño... Y un omega.

Los demás tenían que estar al tanto de la situación. Podía ocultar a Dan de los periodistas, pero no de ellos.

-Saluda, no seas maleducado, mocoso.

Dan aspiró fuerte, me apretó la chaqueta con sus dedos pequeños, y salió a dar la cara.

-H-hola, me llamo Kim Dan.

Los chicos eran muy amables, por lo que, inmediatamente lo acogieron y lo rodearon, preguntándole cosas y bromeando.

Iba a intervenir para que no lo abrumaran, pero Park Namwook me fulminó con la mirada. Cuando me volví, sus ojos desprendían llamas y me jaloneó hasta llevarme a un lugar más apartado.

Se viene el sermón del año.

Primero, me dió una bofetada.

¿Y a este loco qué?

-¿¡Qué te hice, anciano!?

-¿¡Pero, y a ti qué mierda te pasa!? -Zas. Otra bofetada. -¿¡Estás loco, imbécil!?

Ya entiendo a dónde va todo esto.

-¿Qué carajo se te metió por la puta cabeza para que te trajeras un omega MENOR en tu penthouse, Jaekyung? -espetó con la furia transformada en sus ojos, dejando salir al viejo amargado y que es fanático de cuestionar hasta mi forma de respirar. -¡Y encima es omega!, ¡O-M-E-G-A!

-¿Y qué querías que hiciera?, ¿Que lo dejara solo en el mundo, tirado en la calle, dejando que lo violen y lo prostituyan?

-¿No pensaste en un orfanato?

Mis pupilas se achicaron y mis dientes rechinaron. Mis puños se llenaron de ira, y apreté las manos y me clavé las uñas. ¿Un orfanato, en Corea del sur? Era un puto infierno. No me lo perdonaría nunca.

Un orfanato no era lugar para Dan.

Era insoportable y chillón. Pero prefería al enano mullidito en la cama, tapado y arropado. Tenía que estar en un lugar donde estuviera cómodo, donde tuviera calor cuando hacía frío, y con piscina y aire acondicionado si hacía un calor capaz de derretir los glaciares.

Y ese lugar era mi penthouse, conmigo.

Me quedé callado, gruñendo, mirando desafiante a mi manager.

-Más te vale que cuides tu carrera, Joo Jaekyung. -estaba amenazándome. -Y ojalá que no pienses con la puta cabeza de abajo que tienen los alfas y no te folles a ese omega. Es un niño, Jaekyung. Un puto niño.

Y mi cara se puso de todos los colores. Principalmente roja.

-¿¡QUÉ MIERDA!?, ¡POR DIOS, YO NO SOY UN ENFERMO MENTAL, PARK NAMWOOK!

Respiré profundo. No podía dejar que Namwook pensara mal y me metiera ideas raras en la cabeza.

-Solo lo estoy cuidando como su puto padre porque no tenía a dónde ir.

-Eso espero, Jaekyung. Más vale que te controles.

Y yo esperaba lo mismo, que Dan creciera, se hiciera mayor y pudiera buscar un lugar donde asentarse.

Mientras tanto, no iba a traerme mayores complicaciones.

Pero, que equivocado estaba en ese entonces.