Capítulo 1 El bosque se seca)
Sus ojos estaban grises. Un gris muy claro. El no quería hacerlo, el no quería matarlo. Casi todo había acabado, pero aún así quedaba un gran vacío. Un vacío que nadie podría llenar. Habían personas tratando de levantarse con el último aliento que quedaba en ellos. Como había pasado?. Como era que el cuerpo de Catalina estaba sin vida?. Tantos amigos y ninguno pudo salvarla. Fue ahí y solo ahí que entendí que nadie puede salvar a nadie, solo podemos intentar proteger a quienes nos rodean. Habrá veces que lograras protegerlos pero otras veces te quedará aceptar que no pudiste y ya no estarán. Vivimos en un proceso de recuperación constantemente porque no hemos sanado. Nos atormentan las muertes de seres queridos, de personas que no pudimos salvar y nos matamos poco a poco preguntándonos como pudo pasar. Siempre las heridas estarán abiertas porque no somos capaces de encontrar una manera de sanar. Siempre estaremos vivos pero muriendo. Las penas siguen a los vivos por que los muertos las provocaron.
Pasaron dos semanas y todo parecía tranquilo. Pero los ojos de Nickolas decían lo contrario. El no dormía, y apenas comía. Pocas veces Amber salía de su habitación y cuando lo hacía me evadía. Catalina era como el medio del bien y el mal, era el control de dos mundos. El humano y el sobrenatural. Miller tomó a los Sivit como de el, así que ya tienen un nuevo líder. Axel, Brus, Jay y Ryan se desaparecen en las noches cazando. No los vemos desde entonces. Solo dos semanas, solo dos y parece que ya hemos muerto. Busqué a Nickolas en su habitación la cual estaba destrozada por completo, pero el no estaba. Respiré profundo sintiendo un nudo en mi garganta. Así estaba su corazón. Así el se sentía. Cerré la puerta y caminé al jardín trasero sabiendo que ahí lo encontraría. Había silencio en los pasillos y el jardín estaba vacío a excepción de Nicko. Quién se encontraba frente a la lapida de su amada Catalina. Lucía muerto en vida, traía unos pantalones rasgados y una camisa en la cual cabía dos veces.
— Dónde estaba cuando pasó? —preguntó sin girarse para mirarme.
— Estabas dónde tenías que estar — contesté.
— Yo tenía que salvarla — decía en un tono culpable.
— No es tu culpa Nickolas —respondí consiente de que esta conversación me llevaría a dónde siempre acabo. En el llanto, la culpabilidad y el desespero.
— Es mi culpa por no haberla amado más, por no decirle que ella era la mujer que siempre quise, por no perdonarla ni pedirle perdón, por no comprarle un nuevo perrito y por no haberla besado una última vez —. Esa fue la gota que derramó el vaso. Mis lágrimas pronto se hacían presentes y el pecho comenzaba a quemar.
— Nadie tiene la culpa Nickolas, nadie puede salvar a nadie. Si no hubiera sido ella, hubiera sido Axel y estaríamos viviendo el mismo dolor. Nadie puede salvar a nadie —. Las lágrimas en los ojos de Nickolas ya se habían secado de tanto llorar.
— Hizo lo correcto verdad? — preguntó mirando la lapida.
— Hizo lo correcto — contesté. No porque quisiera que ella muriera, no porque prefiera la vida de Axel antes que la de ella. Si no porque ahí demostró ser como nosotros lo que siempre reprochó por ser humana, ahí demostró lo que somos nosotros, una familia que da su vida por ella una de las grandes virtudes de Axel.
— Una reunión familiar a la que no estaba invitado? — preguntó una voz gruesa. Desde ese día Nickolas y Miller no se veían. Miller se acercó y abrazó a Nicko con fuerza.
— Es muy duro para nosotros — dije refiriéndome a su comentario.
— Para mi también lo es — contestó. Quedamos en silencio un par de segundos, pero Nickolas carraspeo.
— Como te fue en la reunión? — pregunté.
— Bien, cazáremos con la Revelion, pensábamos que todo había terminado pero aún los Vervat siguen haciendo de las suyas — contestó. Su mirada se posó en su gemelo. — Sofi dice que tenemos que sanar, que otras cosas vendrán —.
— Que sabe Sofi?, solo es una niña — dijo Nickolas mientras con sus manos arrancaba césped de donde se encontraba sentado.
— Si, es una niña, pero ahora es un ángel guardian. Nuestro ángel guardian — dijo Miller.
— Sigue siendo una niña —. Miller me miró y luego miró de nuevo a Nickolas. Sentí una presencia a nuestras espaldas y me giré. Sofi estaba en la entrada mirando hacia nosotros. Era muy raro, como si un muerto nos mirara.
— Hey Miller — señalé con la cabeza hacia Sofi pero ella ya no estaba.
— Qué? —preguntó luego de ver que Sofi no estaba.
— Juro que Sofi estaba ahí — dije poniéndome de pie. Nickolas miró a dónde había señalado anteriormente.
— Estás segura? —preguntó Nickolas. No estaba loca, no había visto visiones. Sofi estuvo ahí parada viéndonos y apuesto que escuchándonos.
— Lo estoy, era como si nos quisiera decir algo. Algo importante. Aún no controla sus nuevos poderes — contesté. Se veía serena pero preocupada. Miller miró hacia donde estuvo Sofi hacía un rato y miró al suelo. Se veía pensativo y se puso en pie.
— Cosas peores vendrán —mencionó haciendo que Nicko y yo pusiéramos toda nuestra atención en el.
— Que? —preguntó Nickolas.
— Sanar porque cosas peores vendrán, fue lo que ella dijo. Tal vez eso quizo venir a decirnos, específicamente a ti — dijo Miller señalando a Nickolas quién se preparaba para ponerse en pie sin dejar de mirar la lapida de Cata.
— A mi? — preguntó sacudiendo las manos. Miller me miró y comenzó a caminar para entrar al instituto.
— Tengo una clase de vuelo que dar así que —. No terminó la oración cuando ya había entrado por aquella gran puerta. Respiré hondo y seguí los pasos de mi hermano mayor. Entré y me perdí por los pasillos hasta llegar a los casilleros. Ocho casilleros más allá del mío se encontraba el que un día fue de Catalina. Estaba lleno de papelitos, pequeñas flores y una gran foto del día de nuestro primer baile para animar a los chicos en el equipo de football. Una foto memorable en todos los tiempos, no sabía quién la había colocado ahí pero quien haya sido tocó una parte de mi. No me detuve frente al casillero a leer los papelitos de colores que se encontraban pegados allí, ni siquiera me detuve a ver la foto con determinación.
—Mía — escuché gritar a mis espaldas. Me giré y mirando la foto determinadamente estaba Steven. Tenía una camisa manga larga blanca que hacían juego con una gorra del mismo color. Mire su cabeza un instante, pues nunca lo había visto usando gorra. Ni a el ni a los demás chicos. El no giro su cabeza para mirarme, toda su atención estaba centrada en aquella foto.
— Steven —dije en voz baja haciendo que me mirase de inmediato.
— Mía creo que tenemos un problema — dijo sin preocupación. En cuanto lo escuché me di la vuelta y comencé a caminar. No quería saber de problemas en estos momentos. —Mía —volvió a repetir.
— Que, otro problema que no sea recuperarnos? —. Sus pasos se escuchaban bastante cercas. No se iba a detener si yo no lo hacía.
— El bosque —.
— Que pasa con el bosque? — pregunté sin detenerme. Steven seguía detrás de mi. A lo lejos vi a Amber y cuando ella se dio cuenta que la miraba doblo por otro pasillo y ahí me detuve haciendo que sin culpa Steven chocara conmigo.
—Y que le pasa a ella? — pregunté.
— Deberías de hablar con ella — contestó.
— Y si no quiere? —.
— Oblígala —. La voz de Steven siempre calmaba a cualquiera y a mi en lo personal me daba paz.
— Bien, y ahora que pasa con el bosque — pregunté.
— Esta diferente —respondió.
— Diferente como? —. Steven respiró hondo e hizo una mueca.
— Se está secando —dijo aún calmado. Nunca terminarán los problemas. Nunca sabremos lo que es estar en paz. Todo lo hacemos pensando que luego será mejor y estaremos bien pero no es así y nunca lo será porque para esto nacimos. Porque este es nuestro propósito.
Fui junto a Steven al bosque y las hojas comenzaban a verse grises. El bosque se secaba lento pero se secaba y solo podría ser por algo o por alguien.
— Yeska y Siplok — dije mirándolo.
— Si — contestó.