1.Uɴᴀ ʟᴜᴢ ᴅᴇ ᴇsᴘᴇʀᴀɴᴢᴀ
La luz solar se hace presente en la ciudad, los rayos del sol cegadores como siempre dan comienzo a un nuevo día. Lo que uno normalmente hace es abrir los ojos y ver su cálida habitación espaciosa, levantarse de su cómoda cama y empezar un nuevo día, pero ese no era el caso para nuestro protagonista.
𝗣𝗼𝘃 𝗡𝗼𝗿𝗺𝗮𝗹.
Los suaves ronquidos de un niño resonaban con eco en un callejón, no es el lugar donde uno espera ver a un infante, pero la vida no siempre es buena con las personas. El sonido de una botella de vidrio quebrándose fue lo que lo hizo despertar; abriendo sus ojos con curiosidad dobló su torso para finalmente sentarse, divisando el origen del pequeño alboroto. Un gato, un pequeño felino de color negro como la noche y ojos verdes, buscaba comida al parecer ya que se encontraba sobre el contenedor de basura, y al ver al niño levantarse, dio un maullido.
El niño tenía el cabello blanco como la nieve y los ojos de un color peculiar, similar al bello color de la vía láctea, cosmic latte.
El pequeño albino miró con pena al animalito.
ーLo siento amiguito… ojalá pudiera darte algo de comer, pero como ves, estamos en las mismas. ーel pequeño expresó su disgusto por su situación y por no poder alimentar al felino, desde que tenía memoria vivía así, tanto él como sus padres estaban en una situación de pobreza que apenas les alcanzaba el dinero para un aperitivo. El sonido de su estómago acompañado del molesto dolor lo hizo fruncir el ceño y apretar suavemente los dientes, eso es a lo que tuvo que acostumbrarse, saltarse algunas comidas del día para que la comida alcance para todos.
Soltando un suspiro de resignación, se estiró y se levantó. No sabía por cuánto tiempo más durarían, la vida terminó siendo cruel con ellos y los dejó así, la gente era tan hipócrita al querer ser parte de la sociedad heroica y ni siquiera se dignaban a ayudar a una familia en situación de pobreza.
Tomando aire salió del callejón y bostezó, miró a los lados antes de cruzar la calle para empezar a caminar en una dirección específica, hasta donde sabía, en uno de los nuevos restaurantes de Musutafu, varias personas rechazaban el platillo que se les era entregado porque no era lo que habían ordenado, podría decir que los entendía pero estaría mintiendo. Lo único que iría a hacer ahí sería saquear las sobras o las comidas que no fueran deseadas, no tenía más opciones, era eso o pasar hambre un día más, y él definitivamente no iba a dejar que eso pase otra vez, estaba harto de que tanto él como sus padres no pudieran darse una vida digna que incluso se les negaba comer.
Sus pies descalzos daban pasos torpes y algo tambaleantes, el rugido de su estómago era bastante audible y ya le empezaba a doler, mientras más rápido llegara a ese restaurante, más rápido volvería a su "casa", ¿por qué no se quedó a esperar a que sus padres le llevaran comida? Simple, porque la gente era estúpidamente tacaña e hipócrita, algunos presumían ser bondadosos o empáticos y no se atrevían ni a ayudar a una familia pobre, por eso apenas podían permitirse un pedazo de carne para comer entre los tres, y ni siquiera les sobraba.
Todo eso lo frustraba, sus puños se habían apretado y sus ojos se cristalizaron levemente, no podía entenderlo, ¿por qué la gente era así? ¿por qué no los ayudaban? ¿tan difícil era dar una mínima parte de su dinero para que una pobre familia pueda comer y ser feliz al menos un día?
Pensar todo eso lo hacía arder de rabia, por un momento se arrepintió de haberse levantado y cerró los ojos para maldecirse mentalmente, pero se trastabilló con algo cálido y peludo. Detuvo su paso y volteó a ver de qué se trataba, ¿ese era el mismo gato que vio antes de levantarse? ¿por qué lo seguía? No tenía sentido.
ー¿Por qué me sigues? ーLadeando su cabeza miró con curiosidad al animalito, no parecía tener más de 4 meses. El felino sólo dio un maullido en respuesta, y luego empezó a frotar su cabeza en la pierna del infante, sacándole una pequeña risilla.
Agachándose, estiró sus brazos y el animal caminó hacia él, dejándose cargar. El niño lo dejó contra su pecho y reanudó su camino sin que este opusiera resistencia.
ーEs raro… los pocos gatos que ví hasta ahora siempre fueron ariscos, pero tú fuiste el único que se quedó conmigo y me acompañó.
Una sonrisa tierna se dejó ver en los labios del menor, debía estar loco, ¿por qué estaba hablando con un gato? No lo sabía, pero se le hacía cómoda la situación, tener una compañía aparte de la de sus padres le gustaba, siempre y cuando no fueran unos idiotas que se metían al callejón sólo para emborracharse.
Hicieron falta como 200 o 300 pasos más para que finalmente llegara al restaurante que había estado buscando, hubo suerte, estaba abierto.
Tomando algo de impulso, dio un saltito y se subió a una maceta, para luego subirse al pequeño muro donde estaba la ventana, y escabullirse sigilosamente hasta llegar al callejón donde se encontraban los contenedores de basura y la puerta por donde salían los del personal de limpieza. Escondiéndose esperó pacientemente a que el hombre volviera a entrar, y una vez lo hizo caminó rápidamente y buscó algo de comer, aveces no entendía por qué la gente desperdiciaba comida en tan perfecto estado sólo porque no le gustó, ¿no podían simplemente dársela a alguien que sí le guste?
Agradecía internamente que ese señor haya tirado también la caja, tenía tiempo para salvar la pizza y llevársela para comer con su familia.
Con rapidez tomó la caja y se echó a correr, siendo seguido por el gato que se notaba bastante hambriento, y el aroma de la pizza le había abierto más el apetito. Sabía que se iba a cansar rápido si seguía corriendo, pero quería llegar rápido a su "casa". Como era previsto, en cuestión de unos minutos, el pobre infante cayó de rodillas a la mitad del camino, con la respiración agitada y algo entrecortada, y el animal a su lado no parecía estar mejor.
No tuvo más opción que sentarse y esperar a recuperarse para llegar pronto al callejón en el que vivía con sus padres… claro, si es que a eso se le puede llamar vida.
𝙰 𝚞𝚗𝚊𝚜 𝚌𝚞𝚊𝚍𝚛𝚊𝚜.
ーMi amor, por favor.. conserva la calma. -Pidió un hombre a su mujer con preocupación, esta caminaba de un lado para el otro, con clara angustia en su rostro.
ー¡¿Cómo esperas que esté calmada, Shigeru?! Nuestro hijo desapareció, ¡¿eso te parece algo por lo que estar en calma?! -Shigeru bajó la cabeza, siempre que su mujer perdía la calma, él perdía la suya por el miedo que le tenía.
ーHarumi… ven, salgamos a buscarlo -Dijo, levantándose de su lugar y caminando hacia la salida del callejón.
Su mujer asintió, estando a punto de salir de allí.
𝙳𝚎 𝚟𝚞𝚎𝚕𝚝𝚊 𝚌𝚘𝚗 𝚗𝚞𝚎𝚜𝚝𝚛𝚘 𝚙𝚛𝚘𝚝𝚊.
Soltando un suspiro ya más recuperado, llamó la atención del gato para que lo siga, yendo esta vez a un paso menos acelerado al ya no estar tan lejos de donde vivía.
Ir desde el callejón de aquel restaurante hasta el callejón donde él y sus padres vivían le había tomado exactamente una hora y media, al haber corrido la mitad del camino y la otra caminando rápido.
Sus padres por fin estaban ahí, preocupados y a punto de salir a buscarlo.
Al verlo ambos corrieron hacia él, abrazándolo, sin tomar en cuenta la caja en las manos de su pequeño.
ー¡Hijo! ¡¿Dónde te habías metido?! ¡Estaba tan preocupada! -Exclamó su madre, mientras su padre se separaba, revisando que no estuviera herido.
ーLo sentimos mucho, debimos llevarte con nosotros.. -Dijo Shigeru, arrepentido por haber dejado a su hijo allí, así como así.
ーNo. Yo lo siento, no debí irme así, debí esperarlos. -Dijo, bajando su cabeza con pena.
Su madre al separarse lo miró, un tanto molesta, pero comprensiva le acarició la cabeza y lo tomó de la mano.
ーYa hablaremos de eso más tarde jovencito, ahora comamos lo que trajiste. -Caminando con él y su marido hacia el callejón, ya habiendo notado la pizza que su hijo había traído.
El niño sonrió, caminando sin queja, mientras el felino los seguía.
ー«Me pregunto si podremos salir de esta horrible situación…»
Al llegar al fondo del callejón, los tres se sentaron y abrieron la caja, viendo con emoción y hambre la comida que el infante se arriesgó a conseguir.
ーAunque haya sido irresponsable… debo admitir que mereces ser premiado por lo que conseguiste, campeón. Muy bien hecho. -Dijo su padre, acariciando la cabeza del menor, haciéndolo reír.
Harumi sonrió e hizo lo mismo que su esposo.
Aún si había estado preocupada por más de mediahora, lo único que le importaba era que su hijo estaba sano y salvo, y su acto de valentía (o de rebeldía) les había traído una buena comida.
ー«Cuando quedé embarazada de él, creí que nuestra vida no haría más que mejorar.. pero me equivoqué, las tragedias ocurren cuando uno menos se lo espera…»
Hace 7 años, ella y su esposo se habían casado, y poco después se enteraron que esperaban un hijo.
La noticia los llenó de alegría, Shigeru empezó a trabajar como nunca antes lo había hecho, mientras ella se quedaba en casa, esperándolo con la comida ya hecha.
Por 9 largos meses fueron felices, sin embargo, la inesperada tragedia sucedió.
Su esposo fue despedido junto a muchos de sus compañeros, se les dio una explicación, pero eso no aligeró su frustración.
El día del nacimiento de su bebé, pidieron ayuda a sus respectivos padres… no obstante, estos les dieron la espalda.
Su vida al principio feliz y con un futuro brillante, se fue para abajo como la economía africana.
Takeshi era su única razón para seguir, no tenían nada más, antes de terminar así, sólo pensaban en darle la mejor vida.
Querían verlo en una cuna, verlo dar sus primeros pasos, escuchar sus primeras palabras, ver su emoción por las caricaturas o por los héroes.
Pero nada salió como planeaban, y ahora sólo podían pelear para sobrevivir.
ーMamá, ¿qué sucede? ¿te sientes mal? -Preguntó Takeshi, notando que desde hace unos minutos, su madre permanecía en silencio, viendo que sus ojos estaban lagrimeando.
Harumi se limpió las lágrimas y le mostró una sonrisa.
ーNo es nada, mi cielo, fue sólo un mal recuerdo. -Mintió, y su hijo no hizo más que creerlo, aunque le costara.
Un suspiro se le escapó, ya había perdido la esperanza de salir de esta.
Shigeru se le acercó, acariciando su espalda.
Apesar de cómo estaban, él jamás se había rendido, siempre estuvo con ella sin importar las circunstancias.
Era el único de los dos que no perdía la esperanza de salir adelante.
ーSeamos pacientes, Harumi. Tarde o temprano lo lograremos, ya lo verás, nuestra vida volverá a la normalidad.
La albina sonrió, negando con la cabeza por la confianza de su esposo, ¿cómo podía seguir siendo tan positivo? Aveces no lo entendía, pero admitía que le hacía falta.
ーSi tú lo dices, cariño.
Al darse un beso, marido, mujer e hijo siguieron comiendo.
Takeshi le daba las aceitunas al minino, consintiéndolo y acariciándolo cada que podía.
Shigeru sonreía cada que lo veía jugar con el animalito.
Siempre había querido una mascota, pero su padre era de mente muy cerrada, fue por eso que no esperaba nada de él, y la única razón por la que habló con él, era su esposa, ella lo convenció.
Por eso, durante los meses de embarazo de Harumi, él había prometido que le daría la mejor vida a ella y a su hijo en camino.
Con una mascota digna de ellos.
El ver su situación actual le partía el corazón, sintiendo haberles fallado, aunque no fuera su culpa.
𝙷𝚘𝚛𝚊𝚜 𝚍𝚎𝚜𝚙𝚞𝚎́𝚜.
Shigeru se levantó.
Normalmente dormía para evitar sentir el hambre. Esta vez no hizo falta pero se le había quedado la costumbre.
Al caminar fuera del callejón, se quedó viendo las luces de la ciudad, preguntándose cuál sería el primer paso para reempezar su vida.
Él no estaba dispuesto a permitir que su familia siguiera siendo miserable, no mientras estuviera vivo, y podía ver que su hijo compartía esa misma determinación, se los demostró al traerles esa pizza.
Volteando a ver a sus espaldas, pudo ver a sus únicas razones de existir, durmiendo plácidamente, dándose calor mutuo.
Apretando los puños, levantó su vista hacia la luna.
ーNo sé si esto es otra prueba tuya, Dios… pero te juro que la superaremos pase lo que pase. No dejaré que mi familia se hunda de esta forma.
Al decir eso, volvió con su familia, acostándose a su lado, mientras su esposa e hijo ya despiertos tenían una pequeña charla.
ーMamá... ¿Crees que podamos salir de ésta situación? ーHarumi miró a su pequeño con pena, desde que nació no pudieron darle una vida que fuera buena para él, a duras penas podían beber agua, por lo que no supo qué decir. Simplemente suspiró y besó su frente, de una manera tierna y maternal.
ーEso lo decidirá el tiempo, amor. Por ahora dejemos que las cosas sigan fluyendo, no las apresuremos.
El niño sólo pudo asentir, no muy conforme con esa respuesta.
𝙴𝚗 𝚘𝚝𝚛𝚘 𝚕𝚊𝚍𝚘
una familia de ropas bastante refinadas y costosas caminaba por los barrios de Musutafu, con una sonrisa pacífica y segura mirando las tiendas. La más pequeña de los tres miraba todo con fascinación y curiosidad, pues era la primera vez que pasaban por ése barrio en específico, hasta que detuvo su vista en un callejón a lo lejos, notando justo allí en la entrada a un niño peliblanco que miraba el cielo como si fuera lo único interesante en la Tierra. Su curiosidad había aparecido con fuerza cuando los ojos del pequeño se posaron en ella, jamás había visto unos ojos de ese color, unos oj tan brillantes y seguros de sí mismos, tan dulces y tan determinados. Guiada por la curiosidad detuvo su paso, por lo que sus padres también detuvieron el suyo, extrañados de que su hija se haya detenido así porque sí.
ー¿Sucedió algo cariño? ーPreguntó la madre del pequeño saliendo del callejón, viendo con sorpresa a la familia delante de ella, la diferencia de clases era tan obvia que era como comparar el frío y el calor.
La niña ladeó su cabeza, intrigada, preguntándose por qué esas personas estaban ahí y vestidas de esa forma, hasta esa noche ella jamás había visto lo que era la pobreza, ni había tenido una charla con sus padres sobre eso, creyó que todos podían sustentarse sin muchos problemas y tener una ropa un poco más decente y cómoda, pero ver a ese niño, a esa mujer, le abrió los ojos... Supo en ese momento que no todos podían tener una vida cómoda en la que no tuvieran que luchar para sobrevivir.
Guiada por la bondad latente en su infantil corazón, miró a su padre y tiró suavemente de la manga, llamando su atención y apuntando al callejón donde estaba aquella familia puso una brillante sonrisa.
ー¿Qué pasa, Momo? ーLa niña conocida como Momo dijo unas palabras que sorprendieron a sus padres.
ーQuiero ayudarlos, puedo ver que ellos no son como nosotros y no me gusta verlos en esa situación, por favor papá.
Jamás había visto una determinación tan grande en los ojos de su hijita, no desde que esta supo de los héroes y su deseo por ser una de ellos nació. Ahora esa determinación había vuelto con más fuerza, su bondad y sus nuevos valores heróicos estaban tomando el curso de sus acciones.
El padre, aunque dudoso, se acercó a paso firme hacia la familia que se notaba un poco curiosa y por parte de los padres, a la defensiva. El pequeño Takeshi apenas estaba empezando su vida en esa situación, pero sus padres sabían lo que era vivir como estaban viviendo porque había sido así desde antes de que naciera, no confiaban en la gente que se vestía de esa forma, no cuando todos los idiotas que se les acercaron vestidos así resultaron ser unos patanes que alardeaban sobre su estatus.
ーBuenas noches, me presento, soy Takahiro Yaoyorozu, un placer conocerlos.
El hombre pelinegro de traje elegante ofreció un apretón de manos a quien parecía ser el padre, quien vacilante lo aceptó y miró con algo de desconfianza al hombre frente a él, no era tonto, sabía que se trataba de uno de los tipos más adinerados de todo el país por lo que debía tener cuidado en cómo le hablaba.
ーSoy Shigeru Hamada, ¿Puedo saber a qué debo su visita, señor Yaoyorozu? ーPreguntó, claramente cauteloso con sus palabras y su forma de comportarse frente a él. Todo esto era visto por ambas madres e infantes que no hacían otra cosa más que estar quietos, observando toda la situación.
ーPues, mi hija ha visto su situación, y hace tiempo se interesó en ser una heroína, dijo que no le gustaba ver cómo estaban viviendo, así que me pidió que los ayude.
Sus palabras los dejaron realmente boquiabiertos, uno de los hombres con más dinero y estatus les estaba ofreciendo ayuda.. ¿por un acto de bondad de su hija? Ahora sí que lo habían visto todo.
Takeshi, a diferencia de sus padres mostró una sonrisa brillante de emoción, y vio con algo de esperanza al hombre, que al notar su mirada y su sonrisa no dudó en corresponderla con una propia. A diferencia de su pequeña, él había notado con más detalle lo que los ojos del pequeño niño frente a él mostraban... Determinación, y un fuerte sentido del deber destellando como una supernova en sus pequeños orbes de color singular. Jamás había visto una mirada así en un niño, al parecer, la familia Hamada no era la única que se estaba llevando sorpresas esa noche.
Volviendo la mirada a los adultos de la familia, les mostró una mirada más suave y tranquilizadora, para apaciguar su desconfianza, cosa que logró pero a duras penas, ya que tanto Shigeru como Harumi se notaban muy a la defensiva con él cerca. Tomando algo de aire empezó a hablar nuevamente.
ーEntonces, señor y señora Hamada, ¿qué dicen? ¿aceptarán nuestra ayuda?
Shigeru se tomó unos cuantos minutos para pensarlo adecuadamente, era consciente de que ésta era una gran oportunidad para sacar a su familia de la pobreza y darles la vida que merecían, pero aún había un atisbo de duda en él, ¿Era seguro confiar en ese tipo? Ni él ni su esposa habían tenido buenas experiencias con los millonarios, podía ser una trampa, pero la mirada de la niña apaciguaba su desconfianza, le daría la oportunidad.
Finalmente tomó su decisión, inhaló bastante aire y luego lo soltó en un largo suspiro, dirigien su mirada al hombre frente a él, viéndose en sus ojos que su confianza dependía únicamente de eso.
ーMi respuesta es...
𝘾 𝙊 𝙉 𝙏 𝙄 𝙉 𝙐 𝘼 𝙍 𝘼́. . .








