🄲🅄🅁🄸🄾🅂🄸🅃🅈; MιɳҽBαƙυ

Summary

En donde Mineta toca los pechos de Bakugou por curiosidad y le gusta la sensación.

Genre
Other
Author
Tocchan
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

La curiosidad mató al gato, pero murió sabiendo

Mineta no se consideraba alguien problemático (aunque se metiera en líos por acosar a las chicas) pero en el sentido de provocar una pelea con los muchachos de su salón era totalmente mentira, porque se llevaba bien con todos.

O bueno, casi todos.


En su defensa, que él causara una guerra con el rubio no sería su culpa, quizás no del todo, porque el chico tenía serios o graves problemas de ira acumulada. Bastaba con que le dieras un saludo casual y él ya te insultaba de la A a la Z en todos los idiomas conocidos y por conocer.


Y que ahora se encuentre en un castigo con Bakugou era una pesadilla para Mineta, no sabe cuántas veces rezó y pidió amablemente a All Might que lo rescatara si a la bestia se le antojaba querer asesinarlo. Aún era muy joven para morir, tenía muchos deseos por cumplir.


Pero nada de eso le hubiera pasado sino fuera porque decidió actuar como héroe al interponerse en una riña. Prácticamente los amigos de la infancia estaban envueltos en sus típicas batallas verbales con gritos de fondo (la cual por supuesto era cortesía de Bakugou, siempre las provocaba), así que él tan sólo quiso comentar algo al respecto para que el mayor dejara al peliverde en sana paz, sin tener que involucrarse mucho.

Pero le salió todo lo contrario, el ojirubí fijó su completa atención en él y lo persiguió por toda la sala, esto le dio chance al ojiverde para huir y pedir ayuda al profesor.

Al final Aizawa calmó la persecución, pero tomó erróneamente a Mineta como culpable, castigándolo junto a Bakugou.


Desde ese día juró no volver ayudar a Midoriya y ponerlo en la lista de traidores.


Ambos habían sido mandados a limpiar la planta baja de los dormitorios, Bakugou agarró el lado de la sala dejándole a Mineta la cocina y parte del comedor.

Tenían prohibido retirarse hasta terminar, luego debían avisarle a su tutor y por fin largarse a dormir.


—Hey, mierda morada— se tensó cuando escuchó el llamado y no pudo evitar soltar un chillido mientras giraba hacia el rubio detrás suyo. Cargaba la escoba y el recogedor en una mano mientras se quitaba el pañuelo blanco que se había amarrado en la cabeza. —Esperaré en el sofá, ¡más te vale que te apures!—


«Era de esperarse que terminaría rápido, con tantos castigos que le ponen debería de estar acostumbrado»

, fue el pensamiento fugaz que se le cruzó por la cabeza, mirando con más calma como el "peligro" se retiraba de la cocina y volvía a sentirse seguro..., más o menos.


Debía acabar su parte rápido sino quería que un furioso chico con tendencias musulmanas regresara para patearle el culo, desaparecerlo de la faz de la tierra y pretender que nada sucedió.

Pero el rubio debía comprenderlo aunque sea un poquito, a Mineta le era difícil manejar bien la escoba. Que le tenga piedad, por favor, hacía su mayor esfuerzo.


A duras penas barrió el último rincón con polvo, guardó los utensilios, se lavó las manos y salió para avisarle al Diablo que debían ir con Dios (Aizawa) a que los libere del castigo.


Cuando atravesó la puerta fue grande su sorpresa ver al histérico chico dormir plácidamente en uno de los sofás; no fueron muchos los minutos que se demoró, y en todo caso esperaba que el posible desenlace fuera el de Bakugou entrando a la cocina para mandarlo a la mierda por retrasarse.

Fijó su vista por un momento en el reloj de pared, eran más de las nueve, y el chico normalmente se dormía a las ocho. Entonces era por eso.


Se acercó con sigilo temiendo despertar bruscamente al rubio.

Tocó su hombro para moverlo ligeramente y por mero instinto se alejó cubriéndose con sus brazos enseguida, pero no recibió un grito o explosión; seguía dormido.


Estaba considerando la idea de dejarlo botado e ir donde su profesor para avisar el cumplimiento de sus tareas, total, ambos ya habían terminado. No habría problema en que Bakugou se quedara durmiendo en el sofá.


Antes de alejarse por completo, sus ojos captaron por un breve segundo algo que le dio curiosidad. Los pectorales de Bakugou.

Ciertamente él no era gay para estar viendo de manera morbosa el cuerpo de otro chico, pero aquella parte específica del rubio pondría en duda a cualquiera.


Obvio, menos a Mineta; él era un hombre hecho y derecho.


Volviendo al tema que ponía a dudar...

«¿Los pechos de Bakugou serán suaves?»

, normalmente la mayoría de los pectorales son músculo grueso y fuerte, lo contrario a unos senos blandos.


La musculosa deportiva que llevaba el mayor hacía resaltar los contornos de su pecho; y que le crezca la nariz a Mineta si mentía, pero podía hacer una comparación entre Bakugou y Jirou, y definitivamente el explosivo muchacho ganaría por mucho.

Sin ofender a la hermosa de Kyoka.


Se volvió a acercar con más confianza y por supuesto, mucha curiosidad.

Estiró lentamente el brazo hasta tener su mano derecha a centímetros del pecho izquierdo de su compañero y... lo tocó.


Sorprendentemente:

«Es suave»

.

Acarició un poco con los dedos, para luego apretar delicadamente con la mano.

Era como amasar una bola antiestrés, pero más satisfactoria al tacto.


—¿Qué?— Katsuki fue abriendo perezosamente los ojos tras sentir los toqueteos en su cuerpo, quedando en shock al ver a Minoru manosear libremente y sin pena sus dos pectorales. —¡¿Qué demonios haces, pervertido?!—


—Bu-Bueno, no te despertabas así que...— a pesar de haber saltado del susto y empezar a sudar frío, no despegó para nada sus manos de las dos suaves almohadillas.


—¡¿Y esa es la forma de levantar, maldito enano?!— empezaba a tener un severo tic, y la vena en su frente estaba a nada de explotar por ver como la mierda morada seguía apretujando descaradamente su pecho.


—Pues... si funcionó— se atrevió a contestar aún si sabía que callarse y salir corriendo era la mejor opción.


El resto de la escena fue muy rápida: pasó de ver la cara enfadada de Bakugou, a tener una mano en su punto de visión, unas chispas de colores cálidos brotar de la palma, sentir el impacto y sonido de la explosión, para terminar a unos metros rodeado de humo y la cara magullada.


Definitivamente otros mencionarían que se lo mereció aunque él diga lo contrario.

Porque nadie lo mandó a ser curioso.


El ojirubí terminó retirándose con pasos apresurados y ruidosos hacia las escaleras, claramente estaba furioso por las maldiciones que soltaba al aire y las leves chispas que sacaba de su mano izquierda.

Mineta pensó en el milagro divino de que no lo haya asesinado, quizás los rezos sirvieron para algo.


Antes de que el rubio se alejara por completo de su campo de visión, no pudo evitar mirar como la mano derecha de su compañero tomaba el borde superior de su propia camiseta alzándola, como queriendo cubrir su pecho. Pero no iba a cuestionar eso.


El punto malo a su favor en todo eso es que su rostro sufrió consecuencias.

El punto bueno..., es que quizás sería lo más cercano a manosear un pecho, por más de diez segundos en toda su vida, no era de mujer pero la sensación fue sorpresivamente la misma.


Ya no sabía si ir a quejarse con Aizawa por la explosión.

Preocuparse porque le gustó aquel tacto.

Decepcionarse porque no fueron los senos de una chica.

O sentir más curiosidad en preguntar que copa era Bakugou.


Tendría toda la noche para pensar en su habitación.


Pero primero debía notificar a su tutor que habían terminado la limpieza.