Chapter 1
Las mañanas eran la parte favorita del día del pelinegro, pues al ser el primero en despertar le daba ese tiempo a solas que tanto le gustaba, beber su café con el silencio que trae el amanecer era casi terapéutico, era como si ese momento lo preparaba para lo que restaba del dia.
Ya era su rutina diaria preparar el desayuno para él y para Ji-hye, y aunque fuese algo tan repetitivo no le molestaba en lo absoluto, le gustaba ser el encargado de siempre tener en la mesa algo rico para almorzar.
—Buenos días, mi amor —escuchó la voz de su novia a sus espaldas—, cada vez tus desayunos huelen mejor, ¿como lo logras?
El pelinegro se giró cuando ya tenía los brazos de su novia en su torso.
—Buenos días —le contestó el más alto plantando un rápido beso en sus labios, dándole esa sonrisa infantil que a ella le gustaba tanto—, recordé que mencionaste que extrañabas mis pancakes y adivina —dijo girando de nuevo hacia la sartén, mostrándole los perfectos panqueques.
—Haces mi día mejor desde tan temprano —soltó ella ensoñada, acercando sus labios a la nuca del más alto para plantar un beso—, es como si supieses del desastroso día que me espera en el despacho.
—Hoy solo tengo dos citas en el estudio, así que regresaré temprano a casa y prepararé algo delicioso para cenar, ¿te parece? —habló sirviendo un pancake en un plato y se giró para entregárselo a su novia—, este es especial para ti porque puse mantequilla extra como te gusta —la pelinegra no pudo evitar perderse unos segundos en la mirada juguetona y brillante de su novio, pues los redondos ojos de éste brillaban de una manera tan angelical.
—No se como esa carita tuya puede ir en ese cuerpo tan frondoso y tatuado —le comentó recibiendo su desayuno con una sonrisa, sus mañanas eran tan especiales gracias a él.
—Y yo no entiendo como en este pequeño cuerpo puedes almacenar tantos pendientes —al ver a su novia sentada en el comedor no dudó en caminar hasta ella y llevar sus manos a sus hombros, masajeando para relajarla—, te admiro tanto.
La mañana continuó de la misma manera como cada día, charlas cortas mientras almorzaban y uno que otro beso, parecían seguir teniendo la expontiendad del noviazgo a pesar de vivir juntos casi un año y medio.
—Te veo más tarde, mi amor, prometo traer un vino que podamos disfrutar —habló ella sobre la boca del más alto, el beso de despedida en la puerta se había alargado un poco.
—Y yo prometo cocinar tu pasta de crema favorita —le respondió, finalizando el beso con un piquito—, ve con cuidado.
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La música del estudio sonaba por los parlantes en un sonido bajo, por el género musical que se escuchaba Jungkook supo que se trataba de Suga en el estudio.
—No creí verte tan temprano —saludó el pelinegro a su compañero con diversión, pues el más bajo siempre tenía problemas de horario matutino—, ¿está todo bien?
—Ja, todo está bien —le respondió Suga con sarcasmo, sabía que el más alto se burlaba—, es solo un cliente que paga bien pero tiene horario de la mierda.
—Me gusta tu pasión por la tinta —continuó Jungkook burlándose, le gustaba provocar al alfa refunfuñón que tenía por amigo—, ¿Jay viene hoy?
—Si, llega más tarde, ¿y tú? ¿Qué tienes hoy?
—Dos citas —respondió acomodando el material necesario para el servicio con su cliente—, uno es pequeño y el otro retoque... nada interesante del todo.
—¿Nada interesante? —preguntó Suga confundido.
—Quiero decir, nada grande, tengo bastantes ganas de hacer un diseño de tatuaje grande.
—Mi espalda agradece los tatuajes pequeños —comentó sin darle mucha importancia, regresando su atención a lo que hacía antes de que el alfa más alto apareciera a perturbar su ambiente tranquilo.
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El ocaso se ponía en el cielo, y Jungkook había salido un poco más tarde de lo planeado del estudio por lo que su tiempo de cocinar se había visto reducido, y la omega lo había tomado por sorpresa llegando antes, era por eso, que la botella de vino que Ji-hye había prometido traer ya iba más de la mitad a pesar de que su cena aún seguía en el horno.
—Y por un momento miré el caso perdido —le explicaba la mujer con diversión mientras bebía de su copa—, pero logramos litigar impecablemente, creo que merezco más que una copa de vino —canturreó caminando hasta la botella de vino.
—Creí que te referías a un beso —comentó tímidamente el pelinegro al sentirse torpe por haberse girado dispuesto a besar los labios de la omega.
—Ese premio es mucho mejor —contestó dejando la copa de lado y caminando hasta la barra donde se encontraba el alfa y pudo unir sus labios a la boca de este.
Eran muy comunes los besos en la cocina, después de tanto tiempo de relación era donde sus horarios les permitía coincidir más, y ellos como pareja intentaban hacer funcionar su noviazgo.
Las tres copas de vino que ya se había bebido la omega hicieron efecto en su cerebro, pues sentía que las feromonas del alfa se estaban intensificando, quizá era cuestión de su cerebro embriagado, pero realmente quería tener a su alfa entre sus piernas.
—¿Mamá? —se escuchó una tercera voz horrorizada que hizo a la pareja separarse abruptamente.
—¿J-Jimin? —musitó la mujer sin poder darle crédito a sus ojos por la imagen que tenía enfrente.
—¿Qué demonios es esto? —continuó el rubio con el mismo tono de voz de desagrado—, ¿que mierda es esto? —gritó aún más histérico, sin darle tiempo de siquiera hablar a la pareja—, regreso y esta porquería es lo primero que encuentro, ¿era por esto que no querías que regresara?
—Jimin, cielo —la mujer trató de acercarse a su hijo pero este retrocedió apenas miro sus intenciones.
—Yo sintiéndome una jodida mierda tan lejos de casa, estudiando una maldita carrera la cual odio... todo por ti y tu revolcandote con este tipo, ¿quien mierdas es él?
—Jimin, mi amor, todo tiene una explicación, Jungkook no tiene nada que ver con lo que sea que está pasando por tu mente.
—¿Lo que está pasando por mi mente?, ¿De verdad te importa lo que pasa por mi mente?, no parecías nada preocupada por mi mientras tenías la lengua en la boca de este delincuente.
—¡Jimin! —lo reprendió su madre.
—¡Jimin nada! —gritó aún más histérico, seguro todo el vecindario podía escuchar los gritos del rubio—, ¿sabes cuántas noches llore? ¿Cuántas veces me sentía una mierda por estar lejos y tratando de sobrellevar una carrera que odio por completo?, todo por complacerte, todo por hacerte sentir orgullosa, ¿y tú?, tu revolcándote con este, ¿acaso decidiste cogerte al primer pordiosero que encontraste en el barrio más bajo de la ciudad?
—¡Jimin, mide tus palabras! ¡Soy tu madre y merezco ese respeto! —lo regañó la omega, se sentía muy apenada por hacer pasar a Jungkook por esa situación.
—Tu no mereces mi respeto... ahora entiendo tus consejos de quedarme, de aguantar un poco más, solo querías tiempo a solas, querías ser libre, mi presencia aquí te molestaba... era un estorbo para ti y tu jodido amante.
—Lo mejor es que me vaya para que puedas arreglar esto con tu hijo a solas —le susurró el pelinegro a la omega, la cual asintió mirándolo con mucha vergüenza.
—Oh, no, tu no vas a ningún lado —le gritó Jimin al pelinegro, empujándolo con odio cuando estaba por pasar a su lado—, lo mejor es que te quedes, ¿iban a follar no?, eso quiere mamá, un jodido vándalo que la folle como la necesitaba qué es.
—¡Cuida tus palabras, jovencito! —le gritó su madre realmente molesta, su hijo se estaba saliendo de control—, el problema que sea que crees que esta pasando es entre tu y yo, quiero que por favor dejes de insultar a Jungkook que no tiene nada que ver en esto.
—¿Lo defiendes? ¿De verdad lo defiendes sobre mí? ¿sobre tu hijo? ¿tanta follada te fundió el cerebro?
Y sin pensarlo más la mujer estrelló su mano en el rostro de su hijo, sintiéndose la peor persona del mundo, nunca había golpeado a su pequeño, ni siquiera un mínimo golpe por la travesura más grande que hubiese hecho, pero esa noche su hijo había sobrepasado los limites.
Jimin al sentir el ardor de su mejilla llevó su mano hasta su pómulo, donde sentía que ardía como mil demonios.
Con el odio sintiendo recorrer su cuerpo volteó a ver su madre a los ojos, desconociendo por completo a la mujer que le dio la vida.
—Maldigo con todas mis fuerzas a la Diosa Luna por haberme asignado a ti como madre —soltó el rubio, con una seriedad y desprecio, disfrutando de cada palabra que dijo.
Jimin iba a aprender a la mala, que la Diosa Luna jamás cometía errores.