Ăšnico
SaliĂł de la casa furioso y azotando la puerta principal, su humor prácticamente decayendo por completo luego de esa pelea. Como odiaba pelear con Amy, y mas por algo asĂ.
DespuĂ©s de llevar poco mas de un año juntos formalmente, le preguntaba su vista del futuro, casi que le obligaba a responder todos los planes a largo plazo que tenĂa con ella, a donde se dirigĂan con esa relaciĂłn. ÂżSe supone que deberĂa saberlo?
Pateo una piedra en su camino y bajĂł la mirada con las manos dentro de su chaqueta debido al frio de la noche, el invierno estaba cerca.
No querĂa pensar en su futuro; el nunca se habĂa puesto a considerarlo siquiera, simplemente dejaba que pasará lo que tuviera que pasar sin preocuparse si sus planes saldrĂan como lo planeo o no; no buscaba a alguien que se anticipara a algo que el ni siquiera sabĂa serĂa duradero.
QuerĂa a Amy, pero ahora estaba convencido de que quizás no de la manera en la que ella lo querĂa a Ă©l.
Gruño con fastidio y se dispuso a caminar mas rápido, se estaba congelando, además, no tenia ganas de seguir pensando en eso.
Estaba pasando frente a un callejĂłn cuando de repente escucho un estruendo en seco, un golpe. Volteo de inmediato hacia la oscuridad y achicĂł los ojos en un intento de saber que habĂa sido eso que sonĂł tan fuerte. Nada, solo oscuridad.
Pudo haber sido una rata, pensó; pero pronto escucho sollozos bajitos muy apenas, por lo que sus sentidos se alertaron preparándose para encarar a lo que sea que estuviera pasando ahà al fondo.
Inhalo y se adentro en aquel oscuro y estrecho lugar.
Daba paso tras otro lentamente anticipando cualquier susto, pero lo que vio... no creyĂł ver algo asĂ nunca. Sus pĂşas se erizaron por completo.
HabĂa un erizo, y frente a Ă©l y contra la pared se encontraba el cuerpo sin vida de una chica cubierta de sangre. Trago pesado muerto del miedo, y las cosas empeoraron cuando estuvo a punto de encarar al responsable y este volteo automáticamente encontrándose con su mirada, unos rubĂes oscuro mirándolo directamente causándole una ola de escalofrĂos.
Retrocedió un paso inconscientemente ganándose una ligera y casi imperceptible risa de su parte, burlándose de su seguro rostro pálido.
—¿QuĂ© pasa? ÂżTe comieron la lengua? —cuestiono. Un tono sombrĂo y aterrador.
—T-tu... ÂżQuĂ© has hecho? —cuestiono de regreso, las palabras se atoraron en su garganta cuando sin cuidado, el macho soltĂł el cuerpo de la chica y lo dejĂł ahĂ, como si nada.
—QuerĂa un bocadillo. —le escucho contestar, su tono aĂşn bajo aumentando su miedo, Âżiba a morir?
El erizo al que aĂşn no le veĂa el rostro se moviĂł y comenzĂł a acercarse lentamente a Ă©l, sus ojos aĂşn brillando en un rojo oscuro, algo como sangre.
El menor se quedó completamente inmóvil, incapaz de moverse, de gritar, de nada; incluso cuando la luz de un farol un tanto lejano se reflejo en el rostro del desconocido y vio la sangre salpicada en parte de su hocico no pudo hacer nada. ¿Estaba soñando?
Su aliento se atoro en su garganta cuando de repente sintió a su mano apretar su cuello para seguido estamparlo contra la pared detrás suyo.
Un sollozo inconsciente saliĂł de sus labios cuando tuvo aquel rostro salpicado en sangre frente a sus narices; el erizo azabache luciendo calmado, como si no hubiera matado a la chica de hace un momento y dejado en el suelo como si no fuera nada.
SintiĂł a las saladas lágrimas salir de sus ojos cuando vio una pequeña lĂnea dibujarse en los labios del erizo azabache.
—Por favor... —suplico casi imperceptible mientras bajaba el rostro con miedo —no me hagas daño.
Pronto, sintiĂł a un par de dedos en su mentĂłn para levantarle la mirada y asĂ poder apreciar al apuesto desconocido pasar los dedos de la mano que hace un momento apretaban su cuello por su mejilla para apartar la lágrima rebelde que salĂa de su ojo.
Aquellos ojos intensos le analizaron con detenimiento y una pizca de emociĂłn, sus dedos seguĂan acariciando sutilmente el rostro del erizo menor provocando que otro escalofrĂo le recorriera la espalda.
—¿CĂłmo te llamas? —le escucho cuestionar, podĂa sentir a su cálido aliento chocar con su rostro.
Trago pesado nuevamente y miro las manchas rojo intenso aún en el rostro del contrario causándole un mal presentimiento. —S-sonic.
Paso el dorso de su mano por la mejilla helada y sonrojada del menor. PodrĂa jurar que le sonriĂł —Sonic... —repitiĂł su nombre bajito.
—¿Q-qué le hiciste a esa chica? —no supo de donde saco el valor para hablar.
—Tu sabes lo que hice.
—La mataste. —sollozo —¿Qué eres?
Pudo jurar que los ojos rojos del contrario brillaban por un momento, y como unos pequeños pero muy afilados colmillos aparecĂan en sus labios. La sonrisa sombrĂa y hambrienta que le brindĂł el extraño aumentaron sus ganas de tirarse a llorar suplicando por su vida.
—Puedo escuchar a tu corazón. —dijo —Parece que te dará un infarto.
—P-por favor... —Sonic sorbio su nariz con dificultad —no quiero morir.
—¿QuiĂ©n dijo que morirĂas?
Sonic abriĂł los ojos y volviĂł a mirarle, el azabache alejándose lentamente de Ă©l y dando un paso atrás; volviĂł a sonreĂrle, sus colmillos brillando debido a la tenue luz del farol. Pudo jurar que esa sonrisa le causo un sonrojo y un temblor en las piernas.
El azabache se acomodĂł la chaqueta y paso su pulgar por sus labios, luego, se dio la vuelta sin decir una palabra mas.
Sonic le siguió con la mirada cada movimiento, y cuando vio que comenzaba a caminar a la dirección opuesta del callejón, se separo de la pared y avanzó dos pasos para verlo seguir hacia la neblina. Aún cuando el silencio perduro, el azabache se detuvo de repente y le miró de reojo para guiñarle un ojo y finalmente desaparecer entre la neblina y oscuridad.
ÂżQuĂ© habĂa sido eso?
( *** )
TRES DÍAS DESPUÉS.
—¿Alguna idea de lo que este planeando? —cuestiono el cobalto mientras caminaba a través del pasillo, el zorrito amarillo a su lado.
—Nada, no hemos visto señales en semanas, pero creo que es algo grande.
—¿Entonces que hacemos aqu� El comandante no nos llama a menos que quiera que le salvemos el pellejo. —soltó con deje de molestia y en voz un poco mas baja, obviamente no iba a divulgarlo estando en las oficinas de G.U.N.
—Dijo que tiene a algo que nos ayudará contra Eggman, supongo que quiere mostrarnos.
El cobalto asintió para seguido escuchar a su comunicador soñar. Amy.
NegĂł lentamente y colgĂł la llamada de inmediato, no estaba de humor despuĂ©s de haber terminado con ella apenas dos dĂas atrás.
—¿Qué paso con Amy? Creà que ustedes estaban bien.
—Y-yo... —de repente recordó el incidente de aquella noche —creo que las cosas entre nosotros no funcionaban, es decir, la quiero, pero no de la manera en la que creà hacerlo, ¿comprendes? No quise arriesgarme a lastimarla más en un futuro.
—Entiendo... —murmuro el menor —¿y no hay alguien más en tu vida? Ya sabes, que te haya hecho cambiar de opinión o algo. —rio bajito —Porque por la manera en la que acabas de sonrojarte, me imagino muchas cosas.
—N-no estoy sonrojado, —se tallo el rostro sintiĂ©ndolo un tanto caliente —solo hace un poco de calor aquĂ...
—Claro. Tienes calor con el aire acondicionado encendido. —se burló.
—Oh, cállate ya. —demandó mientras su sonrojo se hacia mas intenso.
De tan solo recordar esa noche y ese par de orbes rubĂes, no sentĂa mas que un revoltijo en el estĂłmago, algo que nunca habĂa sentido antes.
Una vez que llegaron a la oficina correspondiente, tocaron escuchando un apenas audible adelante desde el interior, asà que abrieron la puerta encontrándose con el hombre sentado en su escritorio.
—Sonic. —le saludo, su tono frĂo y sin emociĂłn alguna.
—Comandante.
—Hemos estado pendientes de cada movimiento del doctor esta última semana, y nunca hemos estado tan cerca de descubrir lo que planea hasta ahora. —dijo aún sin despegar la vista de los papeles entre sus manos —Todo se debe a nuestro nuevo agente.
—¿Nuevo agente? —cuestiono el niño de dos colas. A decir verdad, no creyó que se tratara de una persona.
—Por supuesto. De hecho tiene una historia muy interesante que contarles al respecto, lo he mandado llamar.
Y en ese instante se escucho el toque en la puerta para que seguido la silueta de un erizo azabache se asomara por esta.
El cobalto sintió a su corazón dar un vuelco al reconocerlo. Era él.
—Este es el agente Shadow.
Shadow. RepitiĂł su cabeza cuando su vista se cruzĂł con la rubĂ del azabache, este brindándole una pequeña y casi imperceptible sonrisa. SentĂa que iba a desmayarse al igual que la primera vez que lo vio.
—Sonic the Hedgehog. —dijo él —He escuchado mucho de ti.
El mencionado asintiĂł un poco intentando disimular el calor en sus mejillas.
Shadow se dio la vuelta y comenzĂł a caminar desde donde vino con naturalidad, Âżese era el nuevo agente que el comandante le comento hace un segundo?
Seguramente no sabĂan que era un asesino.
El cobalto y el menor de dos colas caminaron detrás del erizo mayor en silencio y a una distancia prudente. Sonic aun no podĂa creer que lo estaba viendo de nuevo.
—No hay nadie, eh... —escucho decir a su mejor amigo sacándolo de su ensoñación. Su tono burlón.
Sintió a sus mejillas calentarse nuevamente. —N-no se de que hablas.
—Por favor, —sonrió —es obvio que lo conoces.
Le dio un codazo en el hombro y se puso un dedo en los labios para que no siguiera hablando. SabĂa que Shadow podĂa escucharlo.
—No, no lo conozco... —suspiro.
—AĂşn asà —siguiĂł el menor —esa mirada que le dedicaste cuando lo viste dijo muchas cosas. Apuesto a que te gustarĂa conocerlo.
Si. En eso tenia razĂłn.
Quizás la misiĂłn serĂa mas interesante de lo que creyĂł.








