Chapter 1
La tierra.
Siempre colmada de guerras, dolor y sangre, los humanos que habían existido en libertad hacia miles de años, ahora cada uno se encontraba bajo el mando de una especie.
Licantropos, Vampiros, Hadas, Sirenas, Unicornios y Dragones.
Todos y cada uno de ellos separados por territorios, enemigos unos de otros, mientras que los licantropos odiaban a los vampiros y viceversa, las hadas y las sirenas eran igual, sin embargo, entre estos había un tipo de alianza.
Hacia miles de años, con la aparición de "Los Grand". Aquellos seres que dominaron a la raza humana antes que pudieran destruir la tierra. Un guerrero de cada especie se levantó entre todos para asi dominar a los humanos, no fue difícil, a pesar de todas sus armas, dinero y más, no podían con seres inmortales y que tenían una curación más rápida, la guerra había durado años, pero al final se sabía que el destino estaba decidido.
Así fueron fundados los 6 reinos celestiales, como les gustaba llamarlos, se consideraban algún tipo de dios, aunque claro, cada facción tenía su propio dios, los licantropos adoraban a Hecate, a la luna, los vampiros adoraban a Lilith, las hadas adoraban a la naturaleza y las sirenas, eran adoradoras de Afrodita.
Nadie sabía mucho de los unicornios y dragones, vivían aislados de todos y a diferencia de las demás facciones, ellos decidieron vivir en un territorio sin humanos.
Entre vampiros y hadas había enemistad, no solo eran amigos de los licantropos, también era porque un vampiro no podía mantenerse mucho tiempo cerca de un hada, la oscuridad de estos era demasiada y la luz de las hadas no aguantaba todo lo que un vampiro tenía.
Fue así que las sociedades más unidas eran hadas con licantropos y vampiros con sirenas, sin embargo, los dioses no respetan enemistades.
(— • — )
Los celestiales estaban reunidos como cada fin de año, le habían otorgado el poder a 6 guerreros de cada especie creada por ellos, para salvar el mundo de la raza humana y desde ese día se juntaban para discutir la trayectoria de su mundo perfecto, tenían las riendas de todo, cualquier especie estaba bajo su mando y mientras creyeran en ellos, más fuertes serían, Hecate, Lilith, Asphyxie y Afrodita, eran las diosas que más iban a las reuniones, nadie sabía nada de Desmn y Dubaj, dioses que al igual que sus súbditos habían desaparecido de la fas de la tierra.
— Nuestros súbditos no paran, siguen peleando como si eso ayudara en algo. — Dijo Hecate mientras miraba la gran mesa redonda en dónde se podía ver a un licantropo pelear con un triton.
— Bueno, por lo menos los tuyos no mueren, mis pequeños hijos sufren por los vampiros cada día. — Asphyxie, quien era la diosa de la naturaleza y las hadas, no podía evitar sentirse triste ante aquello, las hadas eran fragiles y con cada enfrentamiento que tenían con un vampiro, morían, eran consideradas seres de Luz, la oscuridad de los vampiros les hacía perder su brillo y en cuanto eran mordidas morían de manera dolorosa, ningún hada había podido superar aquella muerte.
— Mis hijos son algo bruscos, pero aún así, tal vez solo necesitas que tus pequeñas hadas se escondan más, son débiles. — Soltó Lilith con una sonrisa mientras limaba una de sus uñas.
— Yo no me quejó de mis pequeños, son asombrosos, las sirenas son fuertes, bellas y tienen una voz hermosa, además todos los vampiros desean estar con ellas, los licantropos no saben nada, solo son animales sin cerebro.
Hecate ignoro las palabras de Afrodita y siguió viendo, la pelea del tritón y el licantropo hasta que paro, eso le hizo sentir calmada.
— Debemos hacer algo, no pueden seguir así, sí no van a tener el mismo destino que los humanos.
— ¿Y que quieres que hagamos? No hay solución — Soltó Afrodita mientras acomodaba su cabello y lo peina viendo a Lilith.
— Yo opino que destruyamos lo que no funciona.
— ¡No podemos hacer eso! — grito Asphyxie.
— ¿Entonces? — Dijo Lilith con molestia.
— Hay algo que siempre ha funcionado y que está vez no será diferente.
— ¿y eso es?
— Predestinados, debemos mandar Predestinados, les dimos libertad de elegir con quién encontrarse y algunas parejas son buenas, pero, necesitan a su predestinado, su alma gemela, su llama, bueno, tienen muchas formas de llamarse, tal vez si unimos a dos facciones con una pareja funcione. — Asph estaba segura de que aquello funcionaria y entonces decidió algo más. — Se que funcionará y por lo mismo, ofercere a la más hermosa de mis hadas, Elaine, la princesa de mis hadas, es la más joven de las hijas del rey.
— ¡Ja! ¿Y con quieres casarla? ¿Con un tritón? — Soltó Afrodita, nunca en su vida aceptaría aquello.
— No — Asph miro el centro de la mesa y señaló a alguien que le llamo la atención. — Con él, Asmodeo, rey de los vampiros, se que podrá amarla.
— Estás loca, los vampiros matan a tus Hadas solo con morder las, Asmodeo no es para ella, la mataría en una noche, casala con un licantropo.
— No, será con él.
Hecate, quien guardo silencio en toda la conversación sabía que era una idea estúpida, pero aún así, dejo que Asphyxie decidiera que hacer, era la más joven de las diosas, creada del polvillo que sus propias hadas producían, joven e inexperta tal vez debía aprender que no todo se podía hacer, aún así, no podía destruir sus esperanzas.
— Está bien, Asmodeo será su pareja destinada, pero si Elaine muere, buscaremos otra forma de unir clanes, así sea bajar a contenerlos.
Asph asintió, estaba segura de que saldría bien, claro que sí, era una diosa muy lista, miro a la pequeña princesa y sonrió.
— Tú puedes, Ela.
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Los días en el territorio de las hadas eran muy tranquilos, se le consideraba uno de los mejores reinos para vivir, los humanos que ahí vivían estaban muy bien cuidados y eran elegidos específicamente para ayudar a cuidar la naturaleza.
La conexión de un hada con la naturaleza era demasiado fuerte, incluso existía la leyenda de que su cabello a veces ocasionaba algunos problemas en el ambiente, muchos creían que era por eso que las hadas se ataban el cabello cuando tenían emociones fuertes pero no estaba comprobado.
El reino de las hadas era controlado por las más fuertes, nacidas de la línea directa del rey Drakty, uno de los Grand.
Los reyes que gobernaban actualmente, Akran y Uvlia, eran bondadosos y muy cariñosos, amaban demasiado a sus hijas y sabían que en algún momento deberían casar a su hija mayor, Anika, con alguien digno de gobernar el reino al lado de su pequeña.
Pero, no todo puede ser flores y dulces en el reino, debían estar ocultos constantemente de los vampiros, quienes de vez en cuando invadían su territorio solo para molestar.
La gran oscuridad que un vampiro cargaba era suficiente para que los diminutos seres de Luz y energía se sintieran débiles y desorientados.
Los vampiros habían sido hechos con la oscuridad del Inframundo, la lujuria de los incubos y la sed de sangre de los demonios, cada uno de estos seres cargaba una maldición y oscuridad tan grande que hacía que fuera difícil convivir con ellos, sin embargo, de vez en cuando las hadas escapaban del reino para ver a aquellos seres, hadas valientes y tontas, como les llamaría una de las princesas.
Una de estas historias fue la de Annie, la segunda princesa del reino, ella había nacido con el don de comunicarse con la luna y cambiar sus fases.
Un día cualquiera, decidió salir a investigar un poco del reino, lo que más le gustaba era la frontera de su territorio con el territorio de los vampiros, podía ver cómo empezaba a oscurecer y las plantas se hacían más tenebrosas, Annie sabía que la luna siempre iluminaba el cielo de los vampiros, en ese lugar no había una mañana, ni un atardecer, todo era noche.
Fue así que la princesa se encamino para poder ver si podía controlar la luna en ese lugar, su sorpresa fue que sí, sí podía hacerlo, sin embargo, el rey de este reino, Asmodeo, la secuestro y tomo como rehén al ver el poder que contenia, se sabía que él siempre había sido un hombre encantado con la luna pero más, por las estrellas.
Así que al encontrar a Annie y ver su poder, no dudo en llevarla a su castillo, cuando la tuvo con él e investigo como funcionaba su magia, empezó a pensar como mantenerla ahí, una controladora de la luna era algo maravilloso para él, no podía dejar de pensar en todas las maravillas que podía tener si hacía que ella se mantuviera en su reino, después de todo la fase lunar más importante para ellos, era la luna sangrienta y si ella podía mantener el reino con esa luna, serían demasiado fuertes, solo debía encontrar sí ella podía controlar las estrellas, pues eran aún más importantes para su poder, pero los padres de Annie, exigieron su liberación y él no podía permitirse una guerra con seres de Luz como lo eran las hadas, así que la dejo ir.
De vez en cuando Annie recordaba aquello en pesadillas, había sido demasiado para ella, desde aquel día había pasado la mayoría de su tiempo en su habitación y laboratorio, no salía del castillo. Hasta que nació Elaine, su pequeña hermana le hizo volver a aventurarse en el pueblo, pero con una regla que la pequeña chica pelirosa no entendía.
— No puedes ir a la frontera, Elaine, no importa que escuches, no importa que pase, no vayas a la frontera ¿Oíste?
Para aquella pequeña pelirosa era extraña la petición de su hermana, aún así obedecía y se quedaba en su reino, jugaba con las personas de su pueblo y conocía amigos cada día que pasaba en su vida.
Elaine había nacido con un don tan asombroso como ella y aunque no se había revelado más que a la familia real, todos consideraban a la princesa una de las personas más importantes del reino.
Desde pequeña, criada en secreto, amiga de licántropos y custodiada en secreto por un dragón ¿Qué te hace tan especial, pequeña princesa? Tú ¿Qué le conseguiras a este reino?
— Pequeña Elaine... Estrella del cielo que ilumina las noches junto a la luna, eres tú quién está destinada a grandes cosas, que Asphyxie te bendiga, hija del cielo y viento, hermana del sol y la luna.