La sexta de la Mizo

Summary

Yume- chan es la mejor amiga de Takemichi Hanagaki desde que llegó a Japón a los 6 años. Ella y Mi-chan, como afectuosamente suele llamarle la chica, han estado juntos desde la escuela primaria hasta el presente. Ambos han compartido secretos, risas, tristezas y, ahora en secundaria, palizas. A pesar de que los chicos de la Mizo Gang intentaron con todas sus fuerzas no involucrar a la chica con el idiota de Kyomasa, sus esfuerzos fueron inútiles ante las firmes palabras de su amiga: "Yo soy su amiga y no pienso dejarlos solos ¡Soy la sexta integrante de la Mizo Gang!". Siendo fiel a su amigo de la infancia, desde ser esclava de Kyomasa hasta ser una de las perras de "el invencible Mikey", Yume esta dispuesta a seguir a Takemichi al mismísimo infierno y de regreso. *********************************************** +Los personajes no me pertenecen + Sin viajes en el tiempo + Comedia + Un poco de yaoi por ahí +Puede que la personalidad de algunos personajes cambie ligeramente, pero trataré de no hacerlo demasiado.

Genre
Humor/Other
Author
v2l3ser
Status
Ongoing
Chapters
65
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

La sexta de la Mizo Gang


- Yume-chan. - Escuchaba una suave voz llamándola, al mismo tiempo que la movían con cuidado. - Yume-chan. - Repitieron de nuevo, pero ella estaba tan cómoda y los parpados le pesaban demasiado.

-¡YUME! - Le zarandearon con agresividad mientras la persona que le servía de almohada se levantaba del asiento, provocando que casi callera de bruces al piso.

Se despertó confundida y asustada ¿Qué clase de idiota levanta de esa manera a una persona dormida?

Logró enfocar después de unos segundos y entró en pánico al ver que se encontraba sola en el vagón del tren. Sus amigos la esperaban afuera con sonrisas burlonas y haciendo ademanes de despedida.

El pitido del tren que anunciaba el cierre de puertas la alerto, tomó su mochila con urgencia y se lanzó a la salida antes de que las puertas se le cerraran en la cara. Los brazos de Makoto la recibieron firmemente mientras las risas burlonas no se hicieron esperar.

- Un poco más y te perdíamos. - Chasqueó la lengua Takemichi.

- Ni modo.- Le siguió Akkun.

- Ya será para la próxima. - Makoto le palmeó la espalda mientras le ayudaba a enderezarse.

- Tan cerca y a la vez tan lejos. - Se burlo Yamagishi mientras hacía una pose dramática con la mano en la frente y la voz lastimera.

- Los odio ¿ya se los había dicho? - La chica los miró con falso enojo y se colocó la mochila al hombro, levantando la barbilla en un gesto de indignación. - Hum, me voy a buscar personas que si me quieran.

Pasó la mirada por todos los chicos que la rodeaban y le sonrió al castaño que había permanecido en silencio hasta el momento.

- Como Taku-chan, el no es malo como ustedes. - Y se lanzó al cuello de su segundo amigo de la infancia mientras les mostraba la lengua a los demás.

Takuya la recibió con una sonrisa y las manos en su cintura. - Intentamos despertarte varias veces, pero parecías perdida en un noveno sueño.

- ¿En serio? Uf, perdón. - Se disculpó mientras desenredaba sus brazos del cuello ajeno y comenzaba a caminar al ritmo de sus amigos, fuera de la estación de trenes. - Me quedé hasta tarde poniéndome al corriente con los capítulos de One piece que se me adelantaron por las semanas de exámenes.

- Uy uy uy, ya llegaste a la parte en la que...- Yamagishi empezó con entusiasmo pero fue interrumpido por Makoto.

- No no no, nada de hablar de One piece. - Les advirtió a ella y al chico. - Aún no me pongo al corriente y si me hacen spoiler juro que me las pagaran caras.

Yume y Yamagishi se miraron con complicidad y sonrisas malévolas.

- Ey, Makoto/ Mako-chan. - Le llamaron con burla, el pelinegro supo, con solo verles las caras, lo que estaban planeando, así que se cubrió los oídos con prisa.

- Laa laa laa laaa no oigo, no oigo soy de palo. -Gritó con una cara chistosa y moviendo su cuerpo como una lombriz.

Las carcajadas de todos no se hicieron esperar y Makoto, inmerso es su trabajo, no se percató de que cierta chica lo grababa con el celular, hasta que Akkun, cansado de tanto escandalo y temiendo que les llamaran la atención, le codeo para que dejase de hacer aquello.

- ¿Lo tienes? - Le pregunto el de lentes.

- Cada segundo. - La chica puso play al video, los gritos del pelinegro cantando infantilmente volvieron a llenar el ambiente, la cara de Makoto era un poema.

- Excelente, vendámoslo y hagámonos ricos.

- Jalo.

- Malditos enanos.

El de lentes y la chica comenzaron a correr ante la amenaza implícita en la voz de su amigo, quién, los persiguió intentando quitarles el teléfono. Cosa difícil, pues, se lo arrojaban cada que el pelinegro le daba alcance a uno de ellos.

- ¡No corran! - Les gritó Akkun, con cara de estar cansado de las tonterías de ese trío.

- ¡No empujen a las personas! - Le secundó Takuya, mirándolos librar a las personas como obstáculos por los pelos de una rana calva.

- ¡Las escaleras! Cuidado con las escaleras.- Grito Takemichi casi histérico mirando como su querida amiga casi tropieza con el primer escalón por cuidar que Makoto no la alcanzara. Afortunadamente, ella recobró el equilibrio y siguió escapando del gigante de su amigo entre burlas y risas. - Juro que algún día le voy a poner una correa. - Masculló entre dientes caminando junto a sus otros dos amigos, que reían por su comentario.

- ¿Por qué te quejas? - Se burlo el pelirrojo. - Tu estas igual. Ambos siempre atraen problemas a donde quiera que vayan.

- Es verdad, nosotros deberíamos de ponerles correa a ti y a Yume-chan.

- ¿Qué dijeron?

Y así, el rubio teñido persiguió a sus amigos hasta la salida del tren, montando una escena muy parecida a la que acababan de presenciar.

*******************************

Ya en el restaurante de comida rápida, sentados en una mesa esperando a que llegara su comida, los chicos hablaban acerca de la pelea que tendrían con los de segundo año de una escuela vecina, se oían emocionados e inquietos porque llegara su hora de pelear.

- Les haremos tragar tierra. - Sonrió con suficiencia el único pelinegro del grupo, tronando los dedos de una sola mano con la palma de la otra.

- Es una suerte que el primo de Takemichi sea una persona fuerte, con el respaldándonos no habrá quién nos pare.

La conversación se vio interrumpida por Yume y Takuya, quienes, derrotados en piedra, papel o tijeras, tuvieron que pedir la comida de todo el grupo.

Los chicos recibieron a sus amigos y le dejaron un espacio libre entre ellos. Como siempre, Yume se sentó junto a Tekemichi, reclamando el lugar de lado de la ventana.

- ¿En verdad vamos a confiar en tu primo?- Le preguntó la fémina con preocupación, ella conocía a la familia del falso rubio desde hace años y siempre pensó que su primo era un idiota al que le gustaba alardear lo que no era. - Michan, sabes que adoro a tu familia, pero tu primo es un tonto con complejo de pinocho.

Repartió la comida que tenía en su bandeja y le dejó dos hamburguesas a su amigo de infancia y unas papas fritas grandes en frente. Ella se quedó con unas papas grandes, una hamburguesa de pollo y un helado grande.

- Bueno, sé que es un tonto, pero voy a confiar en el. No creo que sea taaaan tonto como para ir alardeado de algo así por la calle, cuando puedes recibir un buen golpe en la cara por ello. - Le sonrió a su amiga en agradecimiento por comprarle la comida, pues, estaba escaso de efectivo por comprar chucherías toda la semana, y solo le hubiera alcanzado para unas papas fritas pequeñas y se moría de hambre. Con una mirada le dijo que después le pagaría, ella le respondió con otra mirada, diciéndole que no se preocupara y que comiera.

- Michan, un día de estos, tu confianza en otros va a provocarte muchos problemas. Debería de desconfiar un poco más de las personas. - La chica abrió su hamburguesa para quitarle la cebolla y ponerla en la hamburguesa abierta de Takemichi.

- Tal vez deberías de ser tu quién confíe un poco más en la gente. - Takemichi recibió las rodajas de cebolla con la tapa de pan y con su otra mano ponía los pepinillos sobre la carne de hamburguesa de su amiga. Destapó su segunda hamburguesa con rapidez para quitarle los pepinillos y entregárselos a la chica, que lo presionaba con la mirada, pues ya quería encajarle el diente a su comida.- Tranquila, todo estará bien.

La chica hizo una mueca disgustada por la idea de tener que confiar en el primo de Takemichi, le hubiera gustado investigarlo a fondo, pero confiaba en Michan, así que prefirió no continuar con el tema y solo dedicarse a disfrutar de su comida.

- A veces pienso que son una pareja de casados. - Sonrió Takuya con gracia, pues, desde el momento en el que conoció a esos dos, le dieron la impresión de ser como sus abuelos. Dos personas que se conocían de toda una vida y que, con solo una mirada, podían decirle al otro lo que pensaban y necesitaban.

- Es verdad, pero de esos matrimonios viejos. - Habló Akkun con un tono burlón, pero dejando en claro que era lo que realmente pensaba. - Es lindo. A veces incluso tienen los mismos gestos.

- ¿Crees que es lindo? - Makoto hizo una mueca de descontento. - A mi me dan miedo, es como si se leyeran la mente, o algo ¿Quién dice que no nos la leen a nosotros también?

- Preciosa, lindura, dulzura, compañera de mis travesuras. Si leyeras la mente, ¿me lo dirías, verdad?- Pregunto Yamagishi con cara de cachorro.

Yume tragó su bocado y le sonrió. - Mi precioso, lindo y dulce compañero de tonterías, pero por supuesto que no. - La chica se rio de la indignada cara del castaño. - Me reservaría el gusto para mi solita. ¿Verdad, Michan?

- Verdad, verdad. - le siguió el juego a su amiga. Disfrutando de la conversación y los gestos de su amigo.

- Y cambiando de tema, ni se les ocurra repetir que Michan y yo parecemos casados frente a Hina-chan. - Yume hizo una mueca al recordar la penetrante mirada de la chica. - Suficiente tengo con la forma en la que me mira por saber que soy amiga de la infancia de su querido novio.

- ¿Eh? ¿Por qué dices eso? A Hina le caes muy bien. - Le volteó a decir su amigo con una cara de desconcierto. - Incluso mencionó algo sobre invitarte al centro comercial para conocerse mejor y hacerse buenas amigas.

A Yume le recorrió un escalofrío al pensar en quedarse sola con la novia de su mejor amigo. No era especialmente buena haciendo amigas, de hecho, no tenía ninguna amiga actualmente en la secundaria. Ella había crecido entre hombres hasta los 6 años y la única influencia femenina que tenía era su madre, quién prefería que su hija corriera, jugara y se ensuciara en el patio con sus primos antes de encerrarla en casa para enseñarle a “ser una mujer”, como habían hecho con ella en su infancia.

Al llegar a Japón no fue distinto, se sintió simplemente más atraída hacía la actitud relajada y enérgica de los varones, quienes jugaban futbol, armaban exploraciones para cazar extraterrestres entre las callejuelas y jugaban a ser héroes con capa que saltaban de cerca en cerca a los patios vecinos. No podía congeniar muy bien con aquellas niñas calladas que preferían jugar tranquilamente entre los juegos del parque, fingiendo que eran princesas atrapadas en un castillo esperando por su príncipe azul o que cocinaban la cena esperando la llegada de su marido.

En su momento, le traumatizaron los juegos de las niñas de su edad, recordaba muy bien la vez que intento con todas sus fuerzas jugar con ellas y terminó con un marido infiel, la cena quemada, un suéter echo bola que simulaba ser un bebé llorando entre sus brazos y un ataque de ansiedad porque resultó ser que la secretaria de su esposo, que también era su hermana ficticia, se había acostado con él, quedado embarazada y llamándola para decirle que tenía que dejar su casita de mentiras por que ella se convertiría en la nueva esposa y ella tendría que irse a vivir en la calle con un bebé que no paraba de llorar y sin un solo centavo en el bolsillo.

No volvió a pisar ese parque en meses.

Afortunadamente, gracias a aquel episodio de telenovela mexicana que le obligo a pasar el rato fuera del parque, había conocido a Takemichi Hanagaki, su héroe llorón.

Sonrió ante el recuerdo y siguió comiendo, escuchando y participando de la animada conversación de sus amigos. Pronto terminaron de comer y se dirigieron hacia el parque donde sería su próxima pelea.

La Mizo Gang bromeaba por las calles prediciendo su victoria sin saber la paliza que les esperaba.