Decorar
—¡Rojo y plateado!
—¡Rojo y verde!
El joven cenizo observó con confusión a ambos adultos discutir en medio de la sala. Sus ojos carmesí se dirigieron hacia los muebles que estaban más apartados de dónde solían ir (movidos posiblemente por los mayores para tener mayor espacio en medio) en los cuales un par de chicas idénticas de aproximadamente 10 u 11 años estaban recostadas, una con una Swich y la otra con un plato lleno de galletas en sus piernas.
—¿Se puede saber que está pasando?— pregunto el joven de despeinados cabellos cenizos, ambas lo miraron un segundo antes de volver a lo suyo.
—No se ponen de acuerdo en... ¡Demonios, imbécil muñeco!— maldijo una de las gemelas al perder en el juego.
—...como decorar la casa— terminó de decir la otra de forma calmada mientras extendía una galleta a su hermana, quien la recibió bruscamente antes de ponérsela en la boca y reiniciar el nivel.
El chico volvió a mirar a ambos héroes profesionales con desaprobación. Y pensar que esa mañana había escuchado en las noticias lo rigurosos y perfeccionistas que eran al enfrentar villanos. Suspiro exasperado al notar como el pelirrojo tomaba una caja llena de adornos y la alejaba del otro.
—¡No dejaré que decores mi casa así!— gruño amenazando al de la cicatriz en el ojo con pequeñas explosiones saliendo de sus palmas.
—¡Para tu información está casa esta a MI nombre!
—¡Ja! Te recuerdo que también soy un Kirishima ¡ESTAMOS CASADOS!
Y con esto se abalanzó sobre su esposo para tratar de quitarle la caja de decoraciones navideñas mientras el otro trataba de alejarlas lo más posible del cenizo.
—Van a terminar destruyendo todo... Yūgo haz algo.
—¿Que pretendes que haga, Itsuki?— interrumpió su gemela antes de que Yūgo pudiera responder —¿Esperas que se lance sobre ese par y los noquee a ambos para que dejen de discutir? ¡Primero el viejo le explota la cara!
—¡Esa vez fue un accidente Itsuko!— gruño el mayor de los tres —Y tenía 9 años, no fue culpa de papá que yo metiera la cabeza justo cuando pretendía encender la fogata.
—Si, lo sé, aunque ahora nadie puede negar tu herencia Kirishima— rio la niña picando la ceja rubia del chico donde se había acomodado una pequeña cicatriz.
Rodo los ojos fastidiado, pero antes de reclamar una bola plateada se estrelló contra su cara.
—¡Dame eso Eijirō!
—¡No!
Los dos mayores se correteaban por la casa como niños peleando, cuando uno robaba la caja con decoraciones se invertian los papeles, los dos con el mismo objetivo.
Los tres jóvenes exhalaron negando lentamente, ¿Desde cuándo decorar era tan difícil?
—¿Tanta disputa para que? El verde se pierde en el árbol, y el plateado no convina tanto con el rojo.
Ambos adultos miraron a la chica, Itsuko solo seguía jugando sin prestar atención a sus padres o hermanos que la miraron con curiosidad.
—Digo, el dorado convina mil veces mejor con el rojo y no se pierde su color. Ninguno de los dos tiene conciencia del contraste ¿o que?
Eijirō y Katsuki la observaron, para volver a verse entre si, comprendiendo a lo que se refería la pequeña.
—¡Si! El dorado es más bonito con el rojo, igual que el naranja o ¡incluso el amarillo!—coincidio Itsuki
—No, el amarillo en el árbol quedaría muy chillón, con la estrella basta y sobra en amarillo— Yūgo rasco distraídamente su mejilla —¿No viste el árbol de la casa Kaminari? Brillan más los adornos que las luces, me sorprende que la tía Kyoka no lo haya quitado aún.
Itsuko asintió, dándole la razón a su hermano.
—Viendolo así... Oh, ¿saben a qué me recuerda esas guirnaldas verdes?— cambio de tema masticando una galleta —¡Al cabello del tío Midoriya!
Un golpe en su cabeza la hizo tragar la galleta.
—No hables con la boca llena niña, es de mala educa...
De repente una montaña de guirnaldas calló sobre los tres jóvenes, haciendo perder el juego de Itsuko, botar las galletas que le quedaban a Itsuki y entrar en la boca de Yūgo.
—Que demonios...
—Mocosos tiren todas esas cosas a la basura, ¡Quemen a las desgraciadas si hace falta! No quiero ver nada de eso en esta puta casa— ordenó el cenizo mayor —Y tu pelo de mierda ¡Ve y consigue decoraciones doradas! ¡Ahora!
El resto de la familia obedeció al mayor, las pequeñas quemando todo rastro de guirnaldas verdes mientras que los otros dos salían como cohetes a comprar lo pedido.
Si, las fiestas en aquella familia eran un tanto complicadas, pero al final del día podían pasar un rato simplemente jugando con las decoraciones y escuchando al cenizo mayor gruñir por hacer aquello.
Dejando que los rostros inocentes de las gemelas hablandaran el fortificado corazón del de filosa mirada escarlata.
Envolviendo el cabello largo y rojo de su padre con brillantes luces de colores.
Usando unos ridículos gorros de elfos a juego.
Convenciendo al mayor de los cinco de usar unas astas de reno y la brillante nariz roja que las acompañaba.
Huyendo de este mismo cuando descubrió a su hijo tomándole fotos que probablemente imprimiría para pegar en su pared.
Y al final, durmiendo los cinco en la misma cama gracias al cansancio y frío, con los héroes ignorando completamente que sus niños ya no eran tan pequeños como para que los dos no tuvieran que mudarse al sillón en mitad de la noche por el poco espacio.
Simplemente dejando de lado el constante riesgo que afrontaban al salir de casa, de no volver a ver a aqu "pirañas" a los que amaban tanto, permitiéndose sumergirse en un lugar seguro, lleno de paz y cariño.
Si, esos días valían más que cualquier regalo que pudiera llagar en esa época del año.