Entre Líbros | Wenclair

Summary

Dónde Enid ama los libros de romance y Merlina la ama a ella.

Genre
Romance/Poetry
Author
fabii
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Parte Unica


"Atenea's" era aquel lugar que Enid amaba con toda su alma, el olor a libros viejos inundaba cada rincón del gran salón mezclado con el olor a café puro de aquella estación en la esquina. Las grandes estanterías repletas de libros que la hacían sentir como en un mundo de fantasía, el silencio que acompañaba el ambiente junto a las respiraciones tranquilas de sus compañeros lectores, sin dejar de lado el pequeño y leve chasquillo de dedos de aquella pelinegra que delataba su concentración en cada acción que está realizaba.


La familia Sinclair se mudo a Jericho desde hace ocho años y desde aquel entonces la pequeña rubia junto a su padre descubrió aquel refugio de la locura que los acompañaba en casa. Enid amaba a su familia pero desde que descubrió ciertos ojos negros, brillantes acompañados de una oscuridad abismal, se dió cuenta que también amaba pasar tiempo en el viejo edificio para así admirar a aquella chica misteriosa desde lejos.


La rubia buscaba cualquier excusa para ser merecedora de escuchar aquella voz, no es que Wednesday fuera una grosera o que optará por ignorarla pero ninguna de las chicas se había tomado el atrevimiento de entablar una conversación larga. La pelinegra era aferrada a mantener el contacto visual al contrario de la rubia quien mantenía la cabeza gacha la mayor parte del tiempo, debido a este hecho Enid decidió que tal vez no era lo mejor. Así que ideó una estrategia para hablar con ella siempre que estuviera en la librería, aunque fuera un simple intercambio de 5 palabras, ella estaba completamente feliz de recibir media sonrisa o dos palabras de la pelinegra y hoy no era la excepción.


Tal vez sería una exageración decir que en los últimos meses Enid había asistido a la librería con la única misión de admirar a Wednesday, también sería una exageración decir que ella adora las leves pecas que descansan en su nariz y mejillas, también lo sería decir que adora ver cómo su cabello antes atado ahora se ve algo libre, desorganizado y eso la hace lucir hermosa ante sus ojos, Tal vez sería una horrible pero acertada exageración decir que Enid estaba perdidamente enamorada de Wednesday.


Tanto que aún en noche buena estaba sola en aquella librería esperando a que su enamorada hiciera una aparición estrella para así deleitar sus orbes azules que anhelaban como único deseo de navidad ser dichosos de admirar tal belleza que la morena poseía.


-¿Enid?- murmuró la pelinegra.


La rubia levantó la mirada ansiosa por encontrarse con la sonrisa dueña de sus mayores anhelos.


- Si planeas quedarte más tiempo aquí, al menos podrías estar más cómoda.


Levantó levemente sus manos, mostrando una pequeña manta afelpada y un gran termo de café.


El corazón de Enid estaba apunto de salir de su pecho, sentía como si algo en ella se revolcaba de la alegría por aquella acción tan considerada. Cada día estaba más segura de que pasar su tiempo pensando y admirando a Wednesday era la mejor inversión de éste.


La rubia estaba sumida en sus pensamientos sobre la pelinegra que en ningún momento se percató de las acciones de Wednesday, en un abrir y cerrar de ojos su cuerpo empezó a entrar en calor, el olor a café penetró sus fosas nasales, entonces Enid fue consciente de que la chica que ella tanto añoraba estaba justo al lado suyo, tomándose la libertad de apoyar su cabeza en su hombro y entrar en completa relajación.


-¿Qué tal estuvo tu día? -Susurro la pelinegra, rompiendo el silencio nuevamente.


- Algo ocupado, ya sabes la cena navideña y todo eso- dijo, aún admirando cada pequeño gesto que hacía su compañera-. ¿Qué tal la librería?


-Bastante sola, nadie viene aquí en fechas festivas


- Yo estoy aquí.


Sintió como su corazón latía fuertemente esperando una respuesta positiva.


- ¿Por qué? -Enid la miró ofendida -. Quiero decir, podrías estar en tu casa, disfrutando con tu familia en lugar de estar aquí.


Wednesday señaló el gran salón frente a ellas, completamente vacío.


- Simplemente no me pareció justo que tuvieras trabajo en un día tan especial, tampoco que estuvieras sola toda la noche.


- Agradezco que estés aquí- dijo la menor en un leve susurró.


En silencio reinó nuevamente en el lugar, Merlina no sabía cómo proseguir con lo que tenía en mente, los nervios habían invadido por completo sus sistema, convirtiéndola en un ser inútil para actuar. Por otro lado, Enid se sentía ansiosa. Ansiosa de saber que estaba pensando Wednesday, por saber si realmente se sentía agradecida y cómoda con su presencia, lo más importante, saber si ella se sentía tan feliz de pasar este día día especial juntas o simplemente era un hecho que le daba igual.


-Tengo algo para tí- dijo de pronto.


La pelinegra tomó su mochila del suelo y la abrazó con fuerza, giró a ver a Enid y suspiró profundamente preparándose para lo que venía.


- Quería enviarlo está mañana pero a decir verdad no estaba segura de mis palabras, no quiero decir que lo esté ahora, simplemente no sé cómo hacerlo, pero siento la necesidad. Quisiera ser breve y directa pero no se si a ti eso te parecería bien, no se si te gustaría que esto fuera más romántico, siendo sincera no se que hacer, es la primera vez que siento esto, como si mi estómago estuviera siendo atacada por mil aguijones al mismo tiempo.


Enid río.


-Lo que intento decir Enid, es que realmente me gustas. Y no solo como mi amiga. Me gustas tanto que se ha vuelto un gusto culposo escuchar canciones románticas y pensar en ti.


-Wednesday...


-Antes de que puedas rechazarme te pido que lo pienses -. Murmuró nerviosa-. Tengo buenas cualidades y mi abuela dice que soy un buen partido.


La morena está al borde del colapso, el solo pensar que la rubia dueña de sus pensamientos podía declinar la propuesta que ella tanto demoró en decir le ponía los nervios a flor de piel. Merlina era consciente de todo lo que Enid podía ser, la que una vez le pareció una chica con exceso de azúcar en la sangre era ahora la dueña de sus suspiros y sus más empalagosos pensamiento. Ella quería ser esa persona que recibiera el exceso de dulzura que Enid estaba dispuesta a dar.


- Wednesday - dijo apretando levemente la mano de la pelinegra -. ¿Cómo podría yo rechazarte?


Susurró finalmente.


- ¿Qué? - pregunto atónita.


Enid sonrió, soltando su mano para rebuscar el sobre que días antes había escondido en su libro favorito. Aquella carta que repitió tantas noches en su habitación, maldiciendo al cielo y a todos los Dioses para que la iluminasen pero en esa noche Enid pensé que nadie había escuchado sus súplicas. Ahora podía retractarse, Eros lo había hecho y él se encargó de darle la mejor repuesta.


La rubia le entregó el sobre a la joven bibliotecaria, la miró con una sonrisa para apartar el mechón de cabello rebelde que estaba entre sus lentes.


- ¿Qué es esto?- miró a la rubia confundida.


- Mi confesión de amor - dijo tranquila, haciendo una pausa-. Aunque ya recibí una respuesta a mi pregunta.


La morena aún confundida, abrió el sobre con delicadeza, sin dejar de lado su mochila. Empujo levemente sus lentes para empezar a leer la carta de la mayor.


La página yacía casi completamente en blanco a excepción de una pequeña frase, acompañada de una perfecta caligrafía. Wednesday frunció el ceño confundida debido al contenido de esta.


-"La luna está hermosa hoy ¿No lo crees?" - dijeron ambas chicas al unísono.


Enid giró a verla, con una sonrisa sincera, esperando su respuesta. El silencio empezó a inundar aquel lugar, su pequeño oasis entre los estantes había desaparecido. Enid asustada sin despegar la vista de Wednesday guardó silencio, la pelinegra sin dar explicación alguna rebuscó entre su mochila.


Enid no podía creer lo tranquila que estaba la pelinegra viendo su evidente desesperación. Después de una eternidad, según ella, al fin Wednesday despegó la vista del interior de su mochila, sacó un paquete y se lo entregó a la rubia con una sonrisa.


La rubia sin dejar de verla tomó el regalo que ella le ofrecía, apartó su vista lentamente de la joven bibliotecaria.


-"Ya puedo vivir en paz"- dijo pasando sus dedos por el relieve de las letras. Apartó el papel navideño con cuidado de no maltratar aquel mensaje. Las orillas plateadas del libro que ella tanto había buscado ya se hacían presentes - Un día dura tres otoños -. Chilló con emoción de ojiazul.


Wednesday se acercó a Enid con delicadeza. La rubia giró a verla con sus ojos cristalizados con la sonrisa más sincera que pudo haberle brindado. Enid no esperó y se lanzó a los brazos de la pelinegra, atrayéndola hacia ella con fuerza.


- Espero te guste, porque soborne a alguien para conseguirlo- comentó Merlina sacando a la rubia de su trance.


La rubia rió entre sollozos, aún sin soltarla, abrazó más fuerte a Wednesday.


- ¿Dónde lo conseguiste? - pregunto emocionada.


- Santa lo trajo para ti- respondió casi en susurró, envolviendo a la rubia con sus brazos.


- ¡Eres la mejor! - murmuró en voz baja.


Se apartó de la más baja con delicadeza, sin apartarse demasiado Enid pudo admirar la sonrisa de la pelinegra, una por la que había luchado tanto para ser merecedora, admiro sus ojos y en ese momento pudo corroborar lo que pensaba todas las noches antes de irse a dormir, podría admirar aquellos ojos color chocolate todas las noches antes de irse a dormir y se sentiría afortunada hasta el último de sus días.


A diferente de Enid, la pelinegra admiraba con tentación los labios de la contraria debatiéndose si era prudente cortar la poca distancia que las separaba de aquel acto. Wednesday pasó su mano por la nuca de la rubia atrayendo hacia ella, tocando casi sus labios con los de la contraría, soltó un suspiro pesado antes de mirar a la rubia a los ojos.


- ¿Puedo?...- susurró.


-Hazlo - Respondió rápido.


Wednesday sin esperar más anuló los pocos centímetros que quedaban entre ambas. Los labios de ambas chicas se encontraron en un suave y tierno beso, sellando un momento de complicidad y pasión que parecía detener el tiempo a su alrededor. Sus corazones latían al unísono mientras se perdían en la dulzura del momento, dejando atrás cualquier preocupación o duda. Las manos se entrelazaron con ternura, aferrándose la una a la otra como si temieran que el contacto se desvaneciera. Fue un instante donde el mundo se redujo a sus dos figuras, envueltas en un halo de amor y dulzura.


El aire empezaba a ser escaso y fue cuando ambas jóvenes en el interior maldijeron su nula habilidad para aguantar más y hacer el momento más duradero. La pelinegra rompió el contacto, respiro profundo aún sin ser capaz de levantar su mirada para encontrarse con la rubia.


Enid tomo la barbilla de la pelinegra con delicadeza y se acercó a ella nuevamente haciendo el azul chocará con el marrón de sus ojos, las mejillas de la menor habían sido invadidas por aquel color carmesí que ella tanto repudiaba, sin esperar más, la rubia se acercó a ella imitando la acción que antes había iniciado Wednesday.


Ella inclinó su rostro hacia el de la morena, cerrando los ojos con una mezcla de nerviosismo y desesperación. Sus labios se encontraron en un suave y tierno encuentro, desatando un torbellino de emociones que les hizo olvidar la vulnerabilidad que las rodeaba por un instante. Fue un beso lleno de deseo y ternura, que selló un vínculo especial entre ambas amantes.


Enid escondió su rostro en el cuello de la pelinegra, La rubia estaba roja por los nervios tanto que susurraba incoherencias provocando una risa en la más baja. Wednesday la abrazó con fuerza sabiendo que apenas era el inició.


En aquel momento Enid se sintió dichosa de que los Dioses o el cielo escucharán sus plegarias. Y Wednesday, ella se sentía afortunada de encajar con la rubia. La pelinegra sonrió al pensar que entre todos los gustos extraños de su amada aún había espacio para ella.


- Tienes que conocer a mis padres -. Dijo de pronto la rubia.


-¿Qué? ¿Ahora? -preguntó Wednesday confundida.


-¡Si ahora! - respondió riendo.


Ambas chicas salieron del edificio entre risas hasta el hogar de la rubia. Esa noche la pasaron entre bromas por parte de la familia Sinclair, pequeños besos y leves caricias. Wednesday estaba segura que aquella era la mejor nochebuena que había tenido en su vida y Enid se propuso darle una mejor cada año, ambas pensando aquello en secreto.


Aunque si en algo estaban de acuerdo las amantes era en que aquella hermosa coincidencia había sido el mejor regalo de navidad que podrían recibir.


-Feliz Navidad Nini - susurró la pelínegra con una sonrisa.


-Feliz navidad Wedns- dijo la rubia colocando un pequeño muérdago en la ventana -. Oops


Dijo sonriendo la rubia.


Bajo la suave luz de las estrellas y el cálido resplandor de las velas, ambos corazones se acercaron tímidamente bajo el muérdago suspendido en el marco de la ventana. Sus miradas se encontraron, llenas de emoción y anhelo. Con un suave susurro, el aire se impregnó de la dulce complicidad que solo esa noche podía ofrecer. Con manos temblorosas, la pelinegra se acercó lentamente, sus labios casi rozándose, hasta que finalmente se encontraron en un tierno beso que selló el inicio de una nueva historia de amor en aquella mágica Nochebuena.