I
Leo no está seguro de cuándo comenzó exactamente la tradición. Sabe que estuvo sucediendo durante años antes de que él formara parte del Barcelona. Aunque él no había estado allí mucho antes de que Ronaldo lo obligara a participar.
Recuerda a Deco y Sylvinho abrazándolo y susurrando sobre una celebración especial después del partido. Estaban llenos de guiños y empujones, y diciéndole garantías que, según ellos, le encantarían.
No lo hicieron.
Había algo retorcido al respecto.
Incluso cuando ningún equipo ganó, y hubo una dura lucha por el empate, de alguna manera los capitanes tenían una forma de decidir qué equipo saldría ganando. Para ellos había un claro ganador, y con eso, un claro perdedor que iba a ser castigado. Casi siempre delanteros que no marcaban. Tal vez el defensor ocasional que lo estropeó.
Cuando Leo tenia oportunidad, fingía alguna lesión o cansancio para evitarlo. No quería ver de rodillas a esos jugadores rivales. No quería verlos restringidos mientras las sonrisas de sus compañeros de equipo se volvían crueles. No quería ver la mirada de vergüenza y humillación en esos ojos.
No fue una celebración.
Quizás estaba anticuado de su parte pensar eso, pero quería que fuera divertido. Y no lo fue. Ni por asomo.
Por supuesto, lo era aún menos cuando él estaba en el lado receptor.
Pepe es el que abre la puerta. —¿Messi?—saluda con curiosidad, colgando de la puerta y mirando antes de darse cuenta. Él frunce el ceño. —No jodas hombre, ¿Marqué gol y no fui invitado? Esto es una mierda.
Leo se mueve incomodo en el umbral.
El mal humor de Pepe no dura mucho ya que toma otro sorbo de su bebida y mira a Leo de arriba abajo. —Es posible que hayas tenido un partido de mierda, pero te ves bien. Mal que me perderé lo mas divertido. —Se rasca la cabeza y mira con lascivia.
Leo tuerce los labios en una media sonrisa. Si Pepe cree que alguna vez lo invitará a uno de estos eventos cuando Leo está involucrado, entonces está muy equivocado.
Leo entra pasando a Pepe y se saca la capucha. Los paparazzi siempre están dando vueltas, pero estaba bastante seguro de que nadie lo vio. La seguridad de Cristiano es buena en su trabajo.
Tenían que serlo.
Pepe se acerca un poco más a Leo mientras se baja la cremallera de la chaqueta. —¿Seguro que no estoy en tu lista?—pregunta y se lame los labios.
Leo cuelga su chaqueta encima de otra escandalosa chaqueta de piel que solo puede pertenecer a Sergio. Se gira para mirar a Pepe y se mantiene firme. —No lo estás. —dice rotundamente, ni cerca de estar de humor para lidiar con esto ahora.
Leo lo esquiva y se dirige a las escaleras al final del pasillo. Ha estado aquí suficientes veces para conocer la distribución de la casa de Cristiano. Hay música y risas saliendo de todas las habitaciones mientras el Real Madrid celebra su victoria. Camina rápido y evita mirar a los ojos a nadie. Un borracho gritando en varios idiomas y un fuerte empujón lo sobresalta por un segundo, antes de escucharlo riéndose histéricamente y afirmando que fue un accidente.
Leo niega con la cabeza y comienza a subir las escaleras, sonriendo momentáneamente mientras mira una linda foto de Cristiano y su hijo que había en la pared. Es un candid de los dos, mezclado con numerosas fotos profesionales muy buenos. Se pone a pensar en Thiago por un momento, hasta que escucha una aclarada de garganta y se voltea para ver a su anfitrión al pie de las escaleras mirándolo.
Cristiano está vestido impecablemente como siempre, con una camisa blanca abotonada metida en jeans de vestir. Lleva un par de gafas de sol metidas en el cuello a pesar de lo tarde que es, y un reloj de aspecto caro envuelto alrededor de su muñeca.
Y luce bien.
Y él lo sabe.
Leo no pensó tanto en su propia ropa, un simple cuello en V blanco y jeans holgados, ya que no los usará por mucho tiempo. También habría sorprendido a sus compañeros de equipo si se hubiera arreglado para salir del hotel y no estaba para dar explicaciones.
Tal como van las cosas, ya recibió algunas miradas de complicidad.
Cristiano le sonríe y sube unos escalones hasta estar un escalón por debajo de Leo. Todavía superándolo en altura. —Me alegro de que pudieras venir—dice, poniendo una mano en la cadera de Leo y golpeándolo suavemente en la mejilla, como si Leo fuera cualquier otro invitado en su casa.
Leo le devuelve el saludo, sonriendo. Se siente tonto con los dos parados en las escaleras. —Solo estaba-—dice dando un paso hacia arriba, asintiendo con la cabeza hacia la habitación de Cristiano.
La sonrisa de Cristiano se ensancha y hace un gesto en la misma dirección. —Después de ti—dice y sigue a Leo.
Leo continúa arriba. Finge que no puede sentir los ojos de Cristiano en su culo.
Están en silencio camino al dormitorio, pasando por una parte de la casa que afortunadamente está desierta. Todavía pueden escuchar la fiesta en el piso de abajo, aunque la música suena constantemente en toda la casa debido al sistema de sonido.
Cristiano no puede evitar mover un poco las caderas mientras caminan, lo que hace que Leo se ría en respuesta. Rompe la tensión.
Un poco.
Cristiano pone una mano en la espalda de Leo cuando doblan una esquina, toqueteando el algodón blanco que lo separa de la piel de Leo. Ninguno de los dos ha mencionado nada sobre por qué Leo está aquí esta noche, el único jugador del Barcelona en una fiesta de la victoria del Real Madrid. Pero Leo puede sentir la mano de Cristiano ardiendo a través de su camiseta y sabe que no hay nada que decir.
Llegan a la habitación de Cristiano y, como siempre, Leo se sorprende con los lujosos muebles. No se parece en nada a su acogedor dormitorio en Barcelona. Sus ojos se dirigen a la gran cama contra la pared, pero primero camina hacía la barra.
Cristiano se apoya en la pared y mira a Leo tomar un trago y pegar fuertemente el vaso al acabar. Sus ojos se encuentran en el espejo detrás de la barra, y Cristiano no puede evitar sonreír con anticipación.
Leo levanta una ceja y toma otro trago. No está exactamente nervioso, pero no puede negar que el vodka ayudará mucho a que su cuerpo se relaje.
El silencio se está formando de nuevo, y Leo siente que debería decir algo. Pero el Real Madrid ganó. Y Cristiano anotó primero, por lo que él está a cargo esta noche.
Así que Leo espera. Saca las llaves de su bolsillo y las deja caer sobre la barra, seguido de su teléfono. Luego se lleva el pulgar a los labios y bebe una gota de vodka. Le gusta la quemazón del alcohol que se desliza por su garganta, y es una sensación embriagadora saber que Cristiano no puede quitarle los ojos de encima.
—Desnúdate—, dice finalmente Cristiano, encontrándose de nuevo con los ojos de Leo en el espejo.
Y así lo hace Leo.
Se gira para mirar a Cristiano y se quita la camiseta blanca con cuello de pico lentamente, como sabe que le gusta a Cristiano. La camisa se deja caer en la barra al lado del vaso de chupito vacío. Entonces Leo se quita las zapatillas y las patea a un lado. Cristiano quiere comentar, pero se aguanta cuando Leo se baja la cremallera de los vaqueros. Leo apenas tiene que mover las caderas antes de que la mezclilla se deslice hacia abajo, ya holgada para empezar.
Cristiano respira hondo cuando Leo sale del charco de tela en el suelo.
Porque Cristiano apenas puede creer lo que ve cuando ve que Leo lleva calzoncillos marca CR7.
Cristiano traga saliva y se muerde el labio para no gemir. Le hace algo, algo indescriptible, ver a Leo en ropa interior. Tiene ganas de arrojar a Leo sobre la barra y follarlo una y otra y otra vez hasta que grita el nombre de Cristiano.
Leo sonríe como si supiera lo que está pensando Cristiano, pero de nuevo, no dice nada.
Leo se mueve para arrodillarse a los pies de la cama frente a Cris. Ha dejado su crucifijo puesto, y se balancea contra su pecho mientras se mueve. Recuesta su peso sobre los brazos, apoyándose sin esfuerzo en la cama y separa los muslos. Sus ojos son oscuros y conocedores mientras miran a Cristiano, esperando.
Puede que el Barcelona haya perdido el partido, pero nadie lo sabría mirando a Leo.
A Cristiano se le hace agua la boca al verlo. Está contento de haber recordado poner sábanas negras. La piel pálida de Leo es hermosa contra ellos. Sus dedos pican por tocar cada centímetro de esa piel. Poner sus labios en esa garganta. Pero se calma solo. Hay un montón de tiempo.
Y tiene que esperar a los demás.
Se lame los labios y se divierte al ver a Leo hacer lo mismo. Ese hijo de puta sabe exactamente cómo presionar sus botones. Casi hace que Cristiano se replantee su decisión de dejarse para último a Leo. Sería tan fácil cerrar la puerta con llave y tenerlo solo para él...
Está a segundos de hacerlo cuando Iker y Sergio llegan juntos.
—¡Y estoy jodidamente celebrando!—Sergio dice mientras entra. -¿Y sabes por qué?-pregunta, levantando los brazos.
—Porque no te dieron tarjeta—, dice Iker, poniendo los ojos en blanco.
—¡Porque no me dieron tarjetaa!—grita Sergio, bailando en círculo. —Pero adivina quién si lo hicieron?—Señala a Cristiano que también pone los ojos en blanco. Y luego se gira para mirar a Leo. —¡¿Y adivina quién más lo hicieron?!
Leo le da una mirada fulminante y se traga un comentario sobre que el árbitro está comprado a favor del Madrid. Sergio los ignora a todos y agita su mano en el aire. —Así que creo que merezco una recompensa muy especial esta noche.
Iker le da una palmada en el hombro y asiente con la cabeza a Leo. —Entonces creo que estamos en el lugar correcto—. Todavía está con los humos en el cielo después de la victoria, especialmente después de negarle un gol a Leo. Ver a Leo en ropa interior ya lo está poniendo ansioso por celebrar. Vuelve a mirar a Cristiano. —No ibas a empezar sin nosotros, ¿verdad?
—Ni de coña—, dice Sergio de repente, riéndose al ver la ropa interior de Leo. Se pone de rodillas en el suelo frente a Leo y le ahueca las mejillas. —¡¿CR7?! ¡Eres un tierno! ¿Cómo se veía su rostro cuando te vio usarlos? ¡Dime!
Leo sonríe y eso transforma su rostro. Sergio le devuelve la sonrisa, encantado... luego con maldad. —Bien, no me digas. Puedo adivinar—. Quita las manos y las apoya en las piernas de Leo. Sus pulgares recorren el interior de los muslos de Leo, acariciando la suave piel antes de volverse a mirar a Cristiano. —¿A quién más estamos esperando?
—Pues Karim, desde que marcó el gol—, dice Cristiano, jugueteando con uno de sus pendientes.
—Según esa lógica, Pepe también debería estar aquí—, dice Iker dirigiéndose al baño de Cristiano.
Bajo las manos de Sergio, Leo se pone rígido. Una de las manos que descansan sobre la cama se aprieta en un puño. No dice nada, pero recuerda esos tacos aplastando su mano. Recuerda haber ocultado a los medios lo mal que estaba, cómo se le hincharon los dedos después del partido, cuánto le dolía...
Lo que recuerda aún más es ver una cinta del partido después y ver a Pepe deliberadamente mirar su mano, demostrando que tenía la intención de lastimar a Leo. Leo siempre ha sabido perdonar las palabras acaloradas y las entradas bruscas en el campo, la presencia de Sergio lo demuestra... pero Pepe, eso... eso no lo perdonará jamás. Se obliga a sí mismo a relajar la mano y su expresión vuelve a ser neutral.
Sergio y Cristiano ignoran amablemente su reacción. —Sí, bueno, no lo está—, responde Cristiano, aunque Iker ya no escucha. —Entonces Karim, y también le dije a James e Isco que subieran si querían.
Los pulgares de Sergio comienzan a frotar pequeños círculos en el interior de los muslos de Leo, y Leo se estremece en la cama. Sergio se ríe y de repente empuja a Leo hacia atrás, antes de lanzarse encima de él. El aire sale como un silbido de los pulmones de Leo, pero deja que sus brazos se suban para descansar alrededor de los hombros de Sergio. Lleva puesto un suéter negro que se siente como cachemir, y ha Leo le gusta cómo se siente bajo sus dedos.
—Creo que deberíamos empezar—, dice Sergio, meneándose contra Leo. Todavía está completamente vestido, pero Leo puede sentir su polla presionando insistentemente contra su muslo. Y luego los labios de Sergio están en el cuello de Leo, que no puede evitar inclinar la cabeza hacia atrás y cerrar los ojos.
Cristiano mira de espaldas a la pared. No quita los ojos de la cara de Leo. Las mejillas de Leo están sonrojadas y se está mordiendo el labio.
Cristiano se endurece en sus jeans.
Presiona una palma contra su pene, tomando una respiración profunda cuando hay un golpe en la puerta. La voz de Karim retumba al otro lado y Cristiano lo deja entrar.
Karim le da una palmada en el brazo. —James dijo que se levantaría enseguida—. Luego voltea a ver a Sergio. —Será un poco difícil follarlo si llevas toda esa ropa, Sergio.
Sergio se eleva por encima de Leo hasta que este quede a horcajadas sobre él. —Buen punto—, dice, saltando de la cama y quitándose el suéter por la cabeza. Leo respira con dificultad mientras regresa a su posición anterior de arrodillarse en la cama. Sus pupilas están reventadas cuando su mirada se encuentra de nuevo con la de Cristiano. La ropa de Sergio se amontona en el suelo antes de que vuelva a subirse a la cama, esta vez detrás de Leo.
y desnudo.
—¿Qué tal ahora?—pregunta Sergio, y Cristiano abre la boca para decirle que tenga paciencia, pero James llamando su nombre y llamando a la puerta lo interrumpe.
—Espera—, dice Leo, enderezándose de repente e ignorando los ojos de Sergio en su espalda. Mira a Cristiano. -¿Cuántos años tiene? Parece de quince.
—Es joven, pero mayor que eso seguro. Lo suficientemente mayor como para marcarte casi—, dice Iker, secándose las manos mientras sale del baño para unirse a ellos.
—¿Lo dejo entrar o no?—pregunta Karim con impaciencia, con la mano en el pomo de la puerta.
—Hombre claro! Se merece un regalo—, dice Sergio, acercándose detrás de Leo en la cama y deslizando sus manos sobre el pecho de Leo para tocarle los pezones. —Un regalo muy especial—, dice Sergio, apoyando la barbilla en el hombro de Leo.
Leo se quita las manos. Se van de inmediato, pero luego de unos segundos regresan para descansar suavemente sobre las caderas de Leo.
—Además, tus reglas se pueden torcer—, dice Iker mientras se quita la camisa y la tira hacia la esquina de la habitación. Lleva viniendo a estas celebraciones incluso más tiempo que Leo, y no está seguro de por qué le siguen la corriente al barcelonés.
Las manos de Sergio comienzan a juguetear con la cinturilla de los calzoncillos de Leo, y él grita cuando Leo le aparta la mano de una bofetada.
—Dije, ¿Cuántos años tiene? Respóndeme—Leo repite, su acento argentino fangoso se agudiza mientras ignora los lloriqueos lastimeros de Sergio detrás de él.
Cristiano sigue apoyado contra la pared a los pies de la cama, todavía completamente vestido y con los brazos cruzados casualmente. —¿Realmente importa, Leo?—No pregunta para molestar a Leo, pero tiene curiosidad.
Los ojos de Leo se apartan de los de Cristiano y se pasa una mano por el pelo. Está tenso por un segundo. Luego exhala. La irritación desaparece de él y sus hombros se relajan. Vuelve su mirada a encontrarse con la de Cristiano. —Y claro que importa. No me estoy cogiendo a un niño—. Hace una pausa. —Y Ronnie solía ‘romper’ las reglas—, dice finalmente.
Leo espera que su tono sea claro de que esto no fue algo bueno. Todos en la sala saben cuántos años tenía cuando llegó al Barcelona.
Es una declaración cargada a la que ninguno de ellos está completamente seguro de cómo reaccionar.
—Espera, com-—comienza a decir Sergio antes de que Iker le dé una palmada en la nuca.
—Ahora no, nene —, dice Iker, haciéndole callar. Sergio se deja distraer y se pone a trabajar en el cinturón de Iker.
Karim sigue junto a la puerta, pero intercambia una mirada con Cristiano. A pesar de que Leo es superado en número cuatro a uno, no están haciendo nada sin su permiso. Una ola de música se derrama cuando el francés abre un poco la puerta. —¿Cuántos años tienes, James?
James frunce el ceño confundido. —Um, ¿Qué? Tengo veintitrés años —, dice, tomando un sorbo de la cerveza que sostiene y luego sosteniéndola contra su pecho de manera protectora. —¡Puedo beber esto! —Cuando Karim simplemente levanta una ceja, James se relaja. Él asiente hacia la puerta. —¿Se me permite entrar ahora?—pregunta, señalando a Karim
Karim vuelve a mirar a Leo, que asiente y se inclina un poco hacia atrás para descansar su peso sobre Sergio, que ha vuelto a ocupar su posición detrás de Leo con las manos en las caderas.
James da un paso y rápidamente deja caer su cerveza.
Cristiano pone los ojos en blanco y suspira ante la idea de intentar sacar eso de la alfombra. —La puerta, Karim—, dice en su lugar.
Karim empuja a James fuera del camino, evitando con cuidado el charco de cerveza en la puerta, y cierra la puerta. La música en auge y los gritos de los asistentes a la fiesta se amortiguan instantáneamente.
El rostro de James se sonroja mientras mira fijamente la cama. —Yo... y-yo, ¿qué, M-Messi? —tartamudea, girando para mirar a Cristiano que sigue contra la pared.
Leo se divierte. —¿Ni le dijiste?—pregunta, sus manos descansando sobre las de Sergio.
Cristiano niega con la cabeza a Leo y luego se ríe de la mirada en el rostro de James. —Es una especie de tradición para el clásico—, le dice al chico.
Finalmente se mueve de su posición contra la pared y se dirige hacia Leo. —Real ganó—, dice, pasando una mano por el cabello de Leo y tirando de su cabeza hacia atrás, —así que podemos celebrar...—Cristiano sonríe. —De la manera que queramos—, termina, inclinándose para besar a Leo bruscamente.
Leo se estira para besarlo, una mano se acerca para descansar sobre el cuello de Cristiano. La lengua de Cristiano es contundente, dictando el ritmo del beso, duro y rápido.
Las manos de Sergio vuelven a jugar con la cintura de Leo mientras mira a James. —Bueno, no en todos los sentidos—, dice riendo, —pero Leo va a ser bastante generoso.
Karim pasa un brazo por los hombros de James y lo conduce hacia la cama. —Vamos, ahora, no me digas que no quieres algo de esto—, dice, señalando hacia el grupo.
James todavía claramente no sabe qué pensar. Se pregunta por un momento si esto es una broma o una forma de molestar al chico nuevo. Luego se pregunta cuántas cervezas se ha tomado ya. Pero no puede dejar de mirar a Cristiano Ronaldo besando a Lionel Messi, besándose como si fuera completamente normal y se hubieran besado muchas veces antes.
Iker le llama la atención. Está apoyado contra la cabecera con las manos cruzadas detrás de la cabeza y las piernas estiradas frente a él. —Esta es una celebración solo por invitación, ya sabes—, dice, tomando un trago de una botella en la mesita de noche.
Leo rompe el beso con Cristiano y lo empuja. Está respirando con dificultad, su pecho agitado mientras mira fijamente la boca de Cristiano. Se obliga a sí mismo a mirar a James. —No tenes que participar si no queres.
Cris retrocede. Comienza a desabrocharse la camisa, su piel bronceada se vuelve aún más evidente cuando su musculoso pecho se revela y Leo se detiene por un momento, claramente distraído por la acción. Por el rabillo del ojo, puede ver que Karim también comienza a desnudarse. Leo niega con la cabeza y mira a James. —Vos decidís.
James mira a Leo antes de ignorar a Karim y dirigirse a la barra. Toma un trago del mismo vaso que Leo usó antes. —Y-yo sólo...emm..—, dice, encogiéndose de hombros. Sus mejillas se sonrojan y ya está duro. Quiere ser incluido, quiere a Leo, pero no se atreve a unirse a los demás.
Cristiano, ahora desnudo hasta la cintura, mira a Leo. —Está un poco nervioso. Creo que probablemente deberías hacerlo sentir más cómodo—. Pasa una mano por su pecho casualmente como si estuviera pensando, y luego asiente hacia James. —Mamarlo. —Sergio deja que Leo se le escape de las manos y se ponga de pie. Los ojos de Cristiano se clavaron en los de Leo. —Y creo que deberías arrastrarte hasta allí sobre tus manos y rodillas.
Detrás de Leo, Iker se ríe. —Como un maldito perro—, dice sombríamente. —¿Sabías que Isco le puso tu nombre a su perro? Muy buen nombre para una perra.
Leo se queda quieto.
Mira a Cristiano por un momento, con los ojos en llamas. Pero luego cae de rodillas hasta que sus manos agarran la alfombra. Aprieta tan fuerte que sus nudillos se vuelven blancos. Y luego lentamente se desliza hacia James, quien está congelado con el vaso de chupito aún en su mano y mirando con la boca abierta mientras Leo se acerca.
primera parte.