Un corazón consumido por la oscuridad

Summary

Sombras del pasado: Un corazón consumido por la oscuridad. El nuevo rey Daemon Targaryen había usurpado la corona de su hermano luego de ser exiliado. Su ejército marchó a su lado y cobrará venganza tomando a la hija de Viserys como su esposa. Secretos del pasado saldrán a la luz, y aquellos que parecen víctimas, tal vez no lo sean... Para todos los que leyeron sombras del pasado, esta es la versión nueva.

Status
Ongoing
Chapters
13
Rating
n/a
Age Rating
18+

Noche de bodas


La joven Rhaenyra Targaryen observaba con miedo todo lo que sucedía a su alrededor.

Hace tan solo pocos años su padre había exiliado a su tío, y la había nombrado a ella heredera del trono de hierro.

Rhaenyra sabía que su tío no se quedaría quieto.

Y sabía también que tenía razones para aborrecer a su padre. La prostituta favorita de su tío había quedado embarazada, él había amado a su hijo desde el momento en que se enteró que estaba en el vientre de Mysaria, y deseó obsequiarlo con un huevo de dragón como correspondía a cualquier príncipe Targaryen. El rey en cambio le ordenó aborrecer a su prostituta y devolver el huevo, obligado a obedecer, él había regresado al valle con su no amada esposa, y había enviado a Mysaria a Lys, donde ella terminó perdiendo a su hijo.

Como Daemon no había pronunciado palabra alguna, el rey no se preocupó por lo ocurrido con el hijo no nato de Daemon. Pero Rhaenyra conocía a su tío. Sabía que la muerte de su hijo había provocado furia en él, y ella si creía los rumores de que él se estaba haciendo de un ejército para atacar al rey.

Lo único que Rhaenyra no podía saber, era que su padre no sería la única víctima de la furia de su tío. Sino que ella sería la víctima inocente de la furia del dragón.

El reinado del rey Viserys no había sido fructífero ni inteligente. Rodeado de fiestas y dinero malgastado, no le costó al príncipe Daemon conseguir el apoyo necesario para usurpar el trono de su hermano.

El príncipe Daemon era un guerrero y un heredero legítimo del amado príncipe de la Primavera.

Luego del desprecio que Viserys había hecho a Laena Velaryon, y luego de que el rey ni siquiera se mostrara interesado en la batalla de los peldaños de piedra, Daemon encontró un fiel aliado en Corlys Velaryon, Señor de las Mareas y líder de la casa más acaudalada de todo el reino, cuya flota superaba por si sola a las flotas del rey.

Luego de conseguir que se anulara su matrimonio a través de un septón no leal al rey, Rhea Royce, su no amada esposa, no dudó en darle todo su apoyo y las casas del valle también. Rhea Royce tal vez no era a quién quería como esposa, y ella definitivamente no lo quería por esposo, pero una vez que llegaron a un acuerdo sobre su matrimonio, ambos se convirtieron en potenciales aliados.

Al saber que los Velaryon estaban aliados al príncipe Daemon, todos quienes apoyaron a la casa Velaryon en su intento de que Laenor Velaryon fuera el heredero al trono en el gran consejo del 101, presentaron nuevamente su apoyo a dicha casa, esta vez bajo el estandarte de Daemon Targaryen.

La casa Baratheon apoyo sin dudarlo la campaña de Daemon Targaryen.

Los Stark de Invernalia tampoco lo dudaron, el invierno se acercaba, y ellos necesitaban un rey que estuviera dispuesto a pelear sus propias batallas y no dejar a su pueblo a su suerte.

La casa Manderly de Puerto Blanco, Lord Dustin de Fuerte Túmulo, los Blackwood del Árbol de los Cuervos, Lord Bar Emmon de Punta Aguda e incluso los Celtigar de Isla Zarpa, entre muchos otros más apoyaron a Daemon en su batalla por el trono de hierro.

En un tiempo, todas esas casas fueron insuficientes para hacer que Laenor Velaryon ascendiera al trono como descendiente masculino de su madre Rhaenys, la reina que nunca fue.

Pero solo habían sido insuficientes porque no los habían enfrentado en una guerra, ahora, en el conflicto armado, solo la flota Velaryon lograría derrocar a la flota real que el rey tenía muy abandonada.

Eso sin mencionar que contaban con Caraxes, Vhagar, Meleys y Bruma.

Y sin mencionar tampoco los rumores de que los Velaryon dominaban a los Kraken.

Menos de un mes tardó Daemon en usurpar el trono, y fue solo la súplica desesperada de Rhaenyra, lo que impidió que su tío matase al rey.

El nuevo rey, al que muchas casas más juraron lealtad, perdono la vida de su hermano, pero lo confinó a las mazmorras para que pasara allí sus últimos días.

″Te permito vivir, un beneficio que mi hijo no tuvo″ Fueron las palabras de odio del menor de los hijos de Baelon Targaryen.

Sin embargo, Daemon Targaryen necesitaba una esposa. Muchos pensaron que tomaría por esposa a Lady Laena Velaryon, pero los Velaryon no querían que su hija corriera peligro casándose con quién había usurpado el trono, además, Daemon tampoco estaba interesado en ella para tranquilidad de sus mejores aliados.

La mejor opción era obvia para todos, la heredera al trono de Viserys. Su sobrina Rhaenyra, quién le había robado el título de heredero.

Cuando Rhaenyra se enteró la decisión del nuevo consejo del rey, no dijo nada, al menos estaba viva. Pero ¿Por qué su tío la elegía a ella?

Había mujeres más poderosas como Lady Laena, incluso podía tomar a Alicent como esposa, sería una buena venganza tomar a la esposa de su padre como esposa como hizo Maegor con la princesa Rhaena. Pero su tío solo había confinado a Alicent a las mazmorras junto con sus tres hijos nacidos, y el que llevaba en su vientre.

Cuando el día de la boda llegó, Rhaenyra observaba con miedo todo lo que sucedía a su alrededor.

La habían vestido de novia ¿Por qué le hacían eso? Ella no era una novia normal, ella no quería estar allí, pero sabía que debía mantener las apariencias.

Sino se comportaba, su padre moriría. Ella sabía eso.

Se miró al espejo, mientras las lágrimas caían de sus ojos y las mujeres que la maquillaban batallaban contra eso.

Estaba vestida con atuendos tradicionales valiryos, y Rhaenys Targaryen le explicaba en que consistiría la ceremonia.

Rhaenyra pensaba ¿Podría matar a su tío si en vez de cortar su labio cortaba su cuello?

No, no podría, él no demoraría nada en cortar su cuello y matar a toda su familia.

Su tío era un guerrero, ella una simple rehén.

Luego de la boda en que ella intentó no llorar cuando él cortó su mano, vino la celebración.

Todos los aliados antiguos y nuevos de su tío celebraban en su honor. Ella no quería estar allí.

Sabía por qué su tío se ensañaba con ella, pero no quería admitirlo. Era joven cuando todo sucedió. Joven e ingenua. No pensó que causaría tanto daño. Y no pensó que a su tío le importaría tanto.

Claramente se había equivocado. Y claramente su padre había asumido la culpa por ella, aunque estaba segura de que su tío sabía la verdad.

Rhaenyra quiso escapar, pero fue detenida por alguien a quién no deseaba ver a la cara.

- Ha pasado un tiempo desde que nos vimos por última vez, princesa- dijo Lady Mysaria que seguía siendo hermosa, pero contaba con una quemadura en su rostro que ella sabía a qué se debía.

- Por favor, solo quiero quedarme acá un poco más- dijo Rhaenyra que no quería presentarse en medio de la celebración de su boda, por eso había escapado hacia uno de los salones- Por favor, sé que me odias, pero te lo suplico- dijo Rhaenyra y Mysaria la tomó del cabello.

- ¿No eres tan valiente sin tú dragón ahora cierto?- preguntó Mysaria y Rhaenyra no dijo nada cuando ella la arrastró de regreso a la celebración.

Mysaria no solo había perdido a su hijo en Lys, sino que también había perdido su interés en el ahora rey Daemon Targaryen, aún así, seguía siendo una de sus mejores aliadas.

Ahora incluso una ex prostituta como Mysaria, tenía más poder que Rhaenyra, que a pesar de que sería la reina consorte, no sería más que una esclava.

Mysaria miró a Rhaenyra y casi sintió lástima por ella, pero luego solo sonrió.

La mocosa se lo merecía. Mysaria la empujó hacia el salón donde se celebraba la boda, y la llevó frente a Daemon que miraba con una sonrisa casi sádica a su ahora esposa.

- Lamento la tardanza, su majestad- dijo Mysaria con una reverencia y retirándose dejando a la chica frente a su tío.

Rhaenyra no le hablaba a su tío, no solo por miedo, sino por culpa. Ambos sabían la verdad y ella rehuía a esa verdad.

Su padre había perdido y ella había perdido. Ahora en esa celebración era objeto de burlas por todos los aliados del nuevo rey.

Que no la insultaran era solo gracias a que era la esposa del rey, y suponía eso significaba algo al menos.

Buscando fuerzas que no tenía, ella levantó la mirada y miró con orgullo a su tío, ahora esposo.

Él solo le dio una mirada fría, y siguió conversando con Corlys Velaryon y Lord Celtigar.

Ella se apartó rápidamente de allí y buscó algún lugar donde poder permanecer en soledad, tal vez escapar. Pero su tío no apartaba la mirada de ella, aunque ella se mantenía lejos para no molestarlo.

Ella sabía que todos los que la miraban sabían que ella no estaba allí por voluntad, aunque tiempo atrás lo habría estado gustosa, ahora ella no celebraba su boda, celebraban la victoria de su tío contra su padre, y ella era uno de los premios que su tío había reclamado.

Algunas personas comenzaron a conversar cerca de ella, pero Rhaenyra no era idiota, sabía que lo hacían a propósito.

Hablaban de los herederos del Rey Daemon y que seguro cuando nacieran serían tan fuertes como él.

Rhaenyra comenzó a temblar. Sería relegada solo a parir los hijos del rey, como su madre antes que ella.

¿Por qué hablaban de herederos? Eso era un matrimonio político, ella no tendría los hijos de su tío. Eso no era un matrimonio de verdad.

No era que no hubiera deseado a su tío alguna vez, pero ahora le temía. Él la odiaba, y ella sabía por qué.

Rhaenyra se quedó allí por lo que para ella parecieron horas, horas en que todos celebraban y se burlaban de ella con la mirada.

Estaba mirando por una de las ventanas, sintiendo la brisa del exterior, cuando una fuerte y conocida mano la tomó con fuerza de la muñeca y la volteó.

Era su esposo mirándola de forma demandante.

- Vamos- dijo él en una orden

- ¿Irnos? ¿Dónde iremos? - preguntó ella en tono bajo para que nadie pudiera escucharla.

Su tío la miró como si preguntara estupideces y solo tiró de ella con fuerza, la sacó de allí y cuando estuvieron solos en los pasillos ella se detuvo y tiró de su muñeca para soltarse.

- ¿Qué demonios crees que haces?- preguntó mirándolo con algo de miedo- ¿A dónde me llevas? Quiero ir a mi habitación, estoy cansada, déjame en paz- dijo ella con miedo porque ella sabía lo que pasaba.

- Por si no te quedo claro luego de nuestra boda- dijo él acercándose a ella y agachándose para mirarla a la cara- Ahora eres mi esposa, y haré lo que me plazca contigo, así que voy a disfrutar mi noche de bodas- aclaró él simplemente.

- Ni siquiera lo pienses- dijo Rhaenyra congelándose en el lugar.

- Ey ¿Qué demonios pasa contigo?- preguntó Rhaenyra mirándolo a la cara con algo de miedo- ¿A dónde me llevas?- preguntó ella

- ¿Acaso pensaste que no lo haría? ¿Qué clase de estúpido no lo haría?- preguntó su tío mientras la llevó a tirones hacia otro lugar.

- No es un matrimonio real, no es por amor- dijo ella comenzando a temblar mientras sus ojos brillaban.

- ¿Algún matrimonio lo es realmente? - preguntó su tío dándose la vuelta y tomándola bruscamente de la barbilla asustándola- Entrarás a mi habitación, y serás mi mujer, tú labor acá es menos que la de una esclava.

- ¿Cuál es mi labor acá?- preguntó ella intentando soltarse.

- Tú labor acá es estar en mi cama y tener a mis herederos, luego de eso, consideraré encerrarte junto con tú padre, después de todo, me debes un heredero- dijo Daemon casi con ira y ella se quedó callada, mientras las lágrimas caían de sus ojos.

No pudo mantener su dignidad comenzando a llorar libremente y el monstruo frente a ella sonrió.

Daemon prefería que su sobrina le temiera. Maegor había sido cruel, él sería peor.

Su dulce y traicionera sobrina, un pequeño monstruo que le había quitado tanto. Matarla habría sido bueno, pero hacerla su esposa era aún mejor. Ella pagaría lo que le debía. Lo que le había quitado.

Cuando ella quiso escapar, él la cargó sobre su hombro y la llevó hasta su habitación. Lugar donde ella estaría encerrada hasta que él lo decidiera.

Rhaenyra sabía por qué él la había elegido a ella, pero aun así se preguntaba ¿Por qué mejor no Alicent? Habría sido una buena venganza contra su padre.

¿Por qué no Mysaria? Podían casarse libremente ahora. ¿Por qué no Laena? Era hermosa. ¿Por qué no una Stark? ¿Una Celtigar? No quería ser ella, a pesar de que una vez no había nada que deseara más.

Cuando él la dejó en la habitación ella retrocedió negando, dándose cuenta que no tenía más alternativa.

Muchas mujeres de su época pasaban por lo mismo. Pero ella pensó que siendo la hija del rey, jamás se encontraría en esa situación.

- Por favor no- sollozó Rhaenyra.

- Nadie me ha rechazado antes, no serás tú la primera Rhaenyra- dijo él mientras se quitaba la corona de Aegon el conquistador de la cabeza y dejaba a Hermana Oscura y Fuego Oscuro descansando en uno de los sillones de la habitación.

Ella estaba de pie en medio de la habitación y no habría forma de escapar.

¿Cuántas mujeres deseaban escapar en su noche de bodas?

Ciertamente Alicent habría deseado escapar en su noche de bodas con su padre. Pero ella cumplió con su deber cuando se lo ordenaron.

¿Por qué a ella le costaba tanto simplemente aceptar su destino, su posición y su deber?

Odiaba sentirse así, siempre pensó que sería más. Que tendría un destino diferente a su madre.

Se había equivocado.

Se quedó quieta, quería luchar, ser un dragón, pero ¿Qué posibilidades tenía contra el rey?

Luchar y morir ciertamente le daría dignidad, pero no quería morir. Quería vivir. Quería vivir aunque fuera en el infierno.

Cuando miró a su tío vio que él ya estaba solo con unos pantalones y su camisa, se había quitado incluso las botas y ella agachó la mirada pensando en cuántas veces no deseó verlo así en el pasado.

Ahora no estaba en el pasado, estaba en el presente, y ella tenía una deuda con él.

- Por favor- sollozó ella cuando él la tomó de la cintura- Por favor no tienes que hacer esto- rogó ella, pero él solo la miró y comenzó a quitar bruscamente su vestido.

- Despídete de todas tus ambiciones Rhaenyra, ahora eres mía- dijo él fríamente y ella juró que él jamás le había hablado de esa forma antes.

- ¿Estás feliz por eso? ¿Por humillarme así? - preguntó ella cuando él le soltó el cabello para que cayera suelto por sus hombros y rompía el resto de ropa que le quedaba dejándola desnuda y a su merced.

- No te des tanta importancia, eres una buena opción para casarme, tú labor acá es darme hijos, nada más- dijo él y ella intentó cubrirse, pero él lo impidió.

- Han habido muchos tiranos como tú, y ninguno ha terminado bien- dijo ella y él la tiró sobre la cama, pero ella se quedó en silencio cuando él clavó sus ojos furiosos sobre ella.

Ella estaba desnuda, y él ni siquiera terminó de quitarse la ropa.

Entró en la cama con ella y Rhaenyra se estremeció cuando él la cogió de la cintura y la besó de forma demandante.

Sintiendo la fuerza que él tenía, y sus deseos de vivir, ella se rindió rápidamente ante él.

Tal vez ella incluso lo mordió, y tal vez él la lastimó, pero ella simplemente desconectó su mente de su cuerpo mientras todo ocurría.

Solo añoraba los días pasados, cuando él la quería, cuando él la amaba, antes de que ella le quitara todo.

Sabía que debería haber luchado, que no debería haberse entregado fácilmente a él, pero no tenía opción.

De haber luchado habría salido lastimada, y su padre habría terminado muerto. Ella también habría muerto. Y no quería morir.

Rhaenyra despertó al otro día y sintió un fuerte brazo envolver su cintura.

Se congeló al instante recordando la noche anterior.

Las lágrimas cayeron de sus ojos y comenzó a maldecirse por no haber luchado.

Había tenido miedo de que él la golpeara o lastimara, así que lo había dejado tomar su cuerpo libremente.

Al final, él no le hizo daño, pero dudaba de que él siquiera la hubiera mirado con deseo durante alguna parte de la noche.

¿Por qué entonces ahora la envolvía en sus brazos si ni siquiera la miró a la cara durante la noche?

- Quédate quieta, es temprano aún- dijo él apegándola más a si mismo y ella sintió su dureza presionando contra su trasero desnudo.

No sabía mucho del sexo, pero ¿Era normal que él ya estuviera duro nuevamente?

- Lo siento su majestad- dijo ella intentando ahogar sus sollozos.

Daemon la volteó en la cama y su rostro repleto de lágrimas le hizo sentir culpa, pero no debía sentir culpa por esa chiquilla, nadie la había sentido cuando él perdió lo que más quería, es más lo habían celebrado.

- Probablemente te hice daño anoche, llamaré a un maestre- dijo Daemon sentándose en la cama y ella negó agarrando su brazo casi de forma suplicante.

- Por favor no lo hagas- dijo ella tartamudeando.

- ¿Por qué no lo haría? Pude haberte lastimado- dijo él y a ella le pareció irónico que luego de su noche de bodas pensara eso.

- No quiero que nadie me toque- dijo ella agachando la mirada, su rostro sonrojado y su mirada humillada.

Daemon miró a su esposa y no vio a una esclava, vio a una princesa, a una reina ahora convertida en esclava que había sido humillada de la peor manera. Ahora se sentía culpable, y odiaba el sentimiento.

- Bien, si necesitas algo dímelo- dijo él poniéndose de pie y Rhaenyra se sonrojó al verlo desnudo.

A él no le importaba que lo viera así, no tenía nada de que avergonzarse, ella era su esposa y compartiría su habitación hasta que le diera herederos.

Aunque dentro de sí, tenía que admitir que aún la admiraba, que odiaba sentir cosas por ella, pero mataría esos sentimientos. Ella era un monstruo igual que él, pero él sabía serlo mejor.

- No deberías usar ese collar, ya no significa nada para mi- dijo él mirando el collar de acero valiryo en su cuello.

Ella lo observó salir de allí y la dejó encerrada.

Ella sabía que él no la dejaría libre, no era como si pudiera ir a muchos lados después de todo.

Tomó el collar y lo dejó en su lugar, no se lo quitaría. Él se lo había dado para que ambos tuvieran parte de su ascendencia y compartieran algo en común, para que no lo olvidara, y ella no lo olvidaría.

Ese collar era de los tiempos en que él la quería. No renunciaría a eso.

Aferrada a su collar, ella se permitió llorar.

¿Habría sido diferente si ella no hubiera cometido ese error?

¿Él la habría despreciado si ella no hubiera cometido ese error cuando solo era adolescente?

Ella sabía que sí, y también sabía que todo eso era la venganza de su tío contra ella.

Probablemente Mysaria disfrutaba de verla sufrir así. Probablemente todos lo hacían.

Pero ella no se rendiría.

No lo haría....

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