𝕽𝖊𝖑𝖆𝖙𝖔𝖘 𝖊𝖓 𝖙𝖎𝖓𝖙𝖆 𝖗𝖔𝖏𝖆

Summary

"-No estoy loca..." "-Todo lo hice por ti..." "-Fue una prueba de amor..." +21 Lee bajo tu propio riesgo...

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

𝕻𝖗𝖔́𝖑𝖔𝖌𝖔

Me desperté temprano, antes de que los primeros rayos del sol iluminaran nuestra habitación. Acto seguido, me dirigí a la ventana para contemplar el vasto firmamento. Desde lo más profundo de mi ser, una sensación de remordimiento me atormenta día tras día cada vez que observo mi 𝖖𝖚𝖊𝖗𝖎𝖉𝖔 𝖉𝖎𝖆𝖗𝖎𝖔.

Sé que no puedo ocultar la verdad por más tiempo; el peso de mis acciones se ha vuelto demasiado insoportable. En nuestro nuevo hogar, con Asta a mi lado, la culpa me devora cada día un poco más. Sin embargo, verlo dormir tan tranquilo y sereno calma mi interior. Así que, rauda, escondí aquel pequeño librito en su escondite.

El día comenzó como cualquier otro –ya sabes la rutina matutina–, me dirigí a la cocina con movimientos suaves y precisos, para preparar el desayuno. El olor que expelía el sartén se esparcía por toda la casa, mientras ponía todo mi empeño en crear un plato perfecto para compartir con Asta. No soy la mejor cocinera del mundo, pero he aprendido a cocinar uno que otro... 𝖕𝖑𝖆𝖙𝖎𝖑𝖑𝖔.

Pasaron unos cuantos minutos; yo tarareaba una dulce melodía mientras cocinaba. Y cual espectro, Asta apareció de la nada –lo supe al ver su reflejo en mi cuchillo–; su energía vibrante llenó el espacio. Es imposible negar lo adorable que se ve recién despierto: sus cabellos desordenados y sus ojos aún somnolientos lo hacen ver tan... hermoso.

— Hola cariño —su dulce voz inundó mis oídos—. ¿Qué estás haciendo?

Puro cachorrito se acomodó en una silla cercana, al tiempo que sus ojos seguían cada movimiento que hacía con mi 𝖈𝖚𝖈𝖍𝖎𝖑𝖑𝖔. Mientras preparaba los ingredientes, le contaba las diferentes etapas del proceso y compartía s͟e͟c͟r͟e͟t͟o͟s͟ ͟c͟u͟l͟i͟n͟a͟r͟i͟o͟s͟ con él.

— Hoy estamos teniendo un desayuno especial —articulé al fin con algo de entusiasmo o al menos eso le hice creer—. Estoy haciendo tortitas esponjosas y jugosas, rellenas de deliciosa fruta fresca y cubiertas con un toque de sirope de arce.

Asta asintió emocionado, juraría que su sonrisa brilló más de lo normal en ese momento. Siempre es maravilloso tenerlo allí, compartiendo esos momentos simples pero significativos juntos.

— ¿Desde cuándo eres tan buena cocinera? —me preguntó entusiasmado.

— Desde que soy la prometida de un tonto —le contesté en un tono burlón y una sonrisa leve—. Las buenas esposas tienen que hacer platillos deliciosos... ¿no?

Me concentré en la tarea, mientras Asta continuaba observándome –amo esos ojos cuando me escudriñan de esa manera–. Cada vez que volteaba para agarrar un ingrediente, nuestros ojos se encontraban y nos regalábamos una mirada llena de amor, profundo amor.

— ¿Necesitas ayuda? —inquirió Asta, mostrando su disposición a colaborar.

Le agradecí su ofrecimiento, pero le dije que prefería sorprenderlo con mi creación culinaria, como ya era habitual. Esta era mi forma de expresarle cuánto significaba para mí. A través de mis creaciones culinarias, le transmito todo mi amor.

Finalmente, las tortitas estuvieron listas. Las coloqué en un plato, cuidadosamente decoradas con rodajas de fresas jugosas y plátanos en rodajas. El sirope de arce se vertió con precisión, formando una cascada dorada sobre las tortitas.

Coloqué el plato frente a Asta, cuyo rostro se iluminó aún más al ver el resultado.

— ¡Se ven deliciosas! —exclamó, mientras sus ojos verdes destellaban alegremente.

Tomamos nuestros lugares en la mesa y comenzamos a disfrutar del desayuno como solemos 𝖍𝖆𝖈𝖊𝖗𝖑𝖔 𝖓𝖔𝖗𝖒𝖆𝖑𝖒𝖊𝖓𝖙𝖊.

Asta me tomó de la mano, y como si estuviéramos programados entrelazamos nuestros dedos.

— Gracias por hacer de este día algo especial —me susurró mientras apretaba un poco mi mano—. Eres la persona más maravillosa que conozco.

Los colores tintaron mi rostro, le sonreí emocionada y agradecida por tener a alguien como él a mi lado.

— Asta, ¿recuerdas tu cumpleaños número 19? —le pregunté con una sonrisa nostálgica. El verlo disfrutar de esa manera de la comida me hizo acordarme de su último cumpleaños.

Asta levantó la mirada de su plato, sus ojos se iluminaron al evocar aquellos recuerdos.

— ¿Cómo olvidarlo? —respondió honestamente—. Fue un día increíble. Tú lo hiciste especial, ¿recuerdas?

— Sí, lo recuerdo perfectamente —asentí, sumergida en la calidez de ese momento—. Te preparé tu comida favorita, como siempre.

— Estaba delicioso —articuló Asta con una amplia sonrisa—. Nunca lo olvidaré.

Reímos juntos, reviviendo aquellos instantes de alegría compartida. Entonces, Asta me miró con ternura y añadió:

— Y hablando de cumpleaños memorables, ¿recuerdas el tuyo, Noelle? También fue el número 19.

— Si, obvio que lo recuerdo mi Bakasta —me mordí ligeramente el labio—, tú lo haces especial... todo lo haces especial, incluso los días más oscuros.

El desayuno se convirtió en un momento de tranquilidad, lleno de amor y paz. Sé que estos pequeños instantes son los que realmente importan en mi vida, estos momentos son los que me mantienen alejada de mis acciones pasadas. Si.

Hoy es el día, hoy tengo que enterrar este diario. Al verlo, revivo esas imágenes que me martirizan y me carcomen desde el interior como si fueran un puto parásito que me come lentamente.

Tengo que sepultar esto, ya no lo soporto más. Hoy mismo, hace exactamente un año empecé a escribir mi diario, en el cual contiene todos mis... 𝖘𝖊𝖈𝖗𝖊𝖙𝖔𝖘 que NUNCA saldrán a la luz.

Terminando nuestro desayuno, Asta se quedó fregando los platos y yo me dirigí a nuestra habitación con un destino: la cajita de madera escondida bajo el suelo. La tomé. En la palma de mi mano yacía aquel cajoncito. Abrí el cajón con cuidado, sintiendo un nudo en el estómago mientras mis dedos rozaban la madera desgastada. Tomé el diario entre mis manos, sintiendo su peso y su presencia. Es un libro pequeño, de color azul desgastado por el tiempo, con bordados plateados en sus bordes. Los hilos plateados forman intrincados diseños, añadiendo un toque de elegancia a su apariencia modesta.

Las páginas están cubiertas por un fino papel crema, ligeramente envejecido. El tacto suave y delicado del papel contrasta con la sensación de pesadez que emana el diario. Cada hoja de mi diario esconde misterios y enigmas, cada página es como un portal directo hacia el pasado.

El cierre del diario es una pequeña hebilla de plata, adornada con detalles intrincados. Cuando la desabrocho, libero voces de fantasmas, gritos y llantos. El sonido del cierre al abrirse es apenas un susurro, pero en mi mente resuena como un eco infinito.

Las primeras páginas están marcadas con delicados dibujos en tinta negra: flores y hojas entrelazadas, como si alguien –otra persona– hubiera dejado su firma artística en cada página en blanco. Algunas de las ilustraciones están inacabadas, ella no las terminó.

A medida que paso las páginas, la carga emocional que emana de los 𝖗𝖊𝖑𝖆𝖙𝖔𝖘 𝖊𝖓 𝖙𝖎𝖓𝖙𝖆 𝖗𝖔𝖏𝖆 genera emociones contradictorias en mi interior. Las palabras están trazadas con una caligrafía elegante pero temblorosa en ocasiones, narran mis experiencias, sueños, deseos y miedos. Cada línea es un pedazo de mi historia. Créeme, he dejado mi corazón en esas páginas.

Sin embargo, ese día s͟e͟r͟í͟a͟ ͟e͟l͟ ͟ú͟l͟t͟i͟m͟o͟. No podía permitir que mi 𝖖𝖚𝖊𝖗𝖎𝖉𝖔 𝖉𝖎𝖆𝖗𝖎𝖔 siguiera atormentándome. Y cual vaso lleno, sentí mis emociones desbordarse mientras sostenía aquel libro entre mis manos. A pesar de todo, también había una sensación de liberación y alivio. Estaba lista para cerrar ese capítulo de mi vida y comenzar uno nuevo. Como un ciclo sin fin, una y otra y otra puta vez.

Estaba caminando a paso lento directo a la puerta de la recámara, decidida a cerrar este capítulo de mi vida.

¿Sabes?

Apenas el día anterior dejé mi último registro en mi 𝖖𝖚𝖊𝖗𝖎𝖉𝖔 𝖉𝖎𝖆𝖗𝖎𝖔.

Pero, justo en ese instante, apareció él delante mío, de la nada.

—Noelle, ¿qué es lo que escribes en ese diario? —me preguntó suavemente—. Que siempre me ocultas.

Mis manos se aferraron a mi 𝖖𝖚𝖊𝖗𝖎𝖉𝖔 𝖉𝖎𝖆𝖗𝖎𝖔 con más fuerza, sintiendo una especie de presión que exigía una revelación. No puedo permitir que Asta, bajo NINGÚN concepto, conozca la verdad, que se sumergiera en las sombras de mis acciones pasadas. No puede saberlo, ¡él no!

— Asta —mencioné su nombre secamente—. Hay cosas... —ordené mis pensamientos— que no estás preparado para conocer —respondí finalmente—. Hay cosas... que no quiero que sepas.

Él frunció el ceño, confundido y desconcertado por mis palabras.

— Noelle, no entiendo. Si hay algo que te atormenta, deberías confiar en mí y compartirlo —habló con sinceridad, y lo sé, sé que él en verdad se preocupa por mí, pero revelarle mis secretos sería como destruir lo que tanto me tomó construir—. Estoy aquí para apoyarte, pase lo que pase y lo sabes.

Zarandeé la cabeza de un lado a otro, al tiempo que mi mirada se tornaba distinta.

— No, Asta. No puedes entender.

Mi negativa fue rotunda, dejando en claro que no cedería ante su demanda. Sabía que me arriesgaba a perderlo todo, pero también entendía que era el único camino para mantenerlo a salvo de las sombras que me acechan, de las voces en los cielos.

En ese momento, nuestras miradas chocaron, el silencio pesaba en la habitación. El desafío de nuestras almas estaba allí, luchando por encontrar un equilibrio entre el amor y el sacrificio que exigía la verdad.

Pero la verdad era que no podía permitir que Asta conociera los relatos escritos en tinta roja. Son secretos que me perseguirán hasta el final de mis días, y prefiero cargar con ese peso a arriesgar nuestra relación por la que tanta sangre derramé.

Y así, con mis labios sellados y mi corazón en un revoltijo, me negué tajantemente a mostrarle mi diario.

Después de la tensa conversación, decidimos dejar atrás el tema por el momento.

Poco después, el destino nos sonrió en forma de una visita sorpresa de nuestros amigos, Vanessa y Finral, quienes trajeron consigo buenas energías.

La puerta se abrió de par en par y allí estaban los dos, con sus sonrisas contagiosas y su entusiasmo desbordante.

— ¡Hola, tortolitos! ¿Interrumpimos algo? —bromeó Vanessa con una sonrisa pícara mientras entraba sin previo aviso, arrastrando a un apenado Finral.

Asta se sobresaltó por la sorpresiva intromisión.

— ¡Vanessa, Finral! ¡Qué sorpresa verlos por aquí!

Yo rodé los ojos, ya acostumbrada a las excentricidades de Vanessa.

— Podrían al menos haber avisado que venían, ¿no creen?

Finral se rascó la nuca, mirándonos con una mueca de disculpa.

— Sí, lo siento mucho, chicos. Saben cómo es Vanessa, quise detenerla, pero ya la conocen.

Vanessa soltó una carcajada, pasando sus brazos sobre nuestros hombros en un gesto amistoso.

— Ay, no aguantan una broma. Mejor cuéntennos, ¿qué planes tienen para hoy?

Nos contagiaron de su ánimo y pronto estábamos riendo y bromeando juntos. Finral, como siempre con sus comentarios innecesarios, no podía evitar soltar algunas de sus bromas estúpidas.

— Oh, Noelle, si supieras cómo resalta tu belleza en el jardín. Eres como una flor radiante bajo el sol —me piropeó Finral con una sonrisa traviesa, que no tardo mucho, pues recibió un golpe que lo mandó directo al suelo.

— ¡Asta! —le reproche con una máscara falsa de regañona, porque en el fondo disfrute como lo golpeó.

— Te recuerdo que es mi prometida —Asta sentenció sin rodeos.

Tras las palabras de Asta, no puede evitar que mi rostro subiera su temperatura. Desvié la mirada en un intento de ocultar mi bochorno.

Vanessa se unió a la conversación riendo a carcajadas ante la previa acción de Asta.

— ¡Oh, Finral, siempre estas metiendo la pata! —prorrumpió Vanessa, mientras intentaba contener la risa—. Te recuerdo que tú también tienes prometida.

Pasamos el día en el jardín de nuestro hogar, disfrutando del sol y del cielo azul pastel, entre las risas y la compañía de nuestros amigos.

Mientras tanto, Asta y yo nos tomamos de la mano, disfrutando de la paz y la felicidad que nos rodeaba. Nos miramos el uno al otro, compartiendo ese lenguaje silencioso que solo nosotros entendemos.

— Noelle... —susurró Asta, acercando su rostro al mío— te amo.

Sonreí y lo abracé posesivamente.

— Y yo a ti, Asta —le respondí suavemente, dejando que mi aliento acariciara su piel—. Eres el amor de mi vida y cada día contigo es perfecto. No podría pedir algo mejor.

Nos fundimos en un beso suave y lleno de cariño, mientras Vanessa y Finral nos miraban con una mezcla de ternura y travesura.

— ¡Chicos, un poco de privacidad, por favor! —exclamó Finral, cubriéndose los ojos en un intento de hacer otra de sus estúpidas bromas.

— Mejor vayan adentro para más privacidad —añadió Vanessa haciendo un ademán con las manos.

Todos reímos y continuamos disfrutando del día juntos, creando recuerdos que perduraran en nuestras mentes y corazones.

En ese jardín, rodeados de risas, bromas y amor, descubrimos que la amistad verdadera y el romance van de la mano, compartimos un buen día que fortaleció nuestros lazos y nos recordó la importancia de valorar y disfrutar de los momentos felices junto a las personas que amamos.

Tu redacción es emotiva y profunda, capturando la complejidad de las emociones y los conflictos internos del narrador. La descripción de la despedida con Vanessa y Finral es conmovedora y establece un contraste con la determinación del narrador de enterrar el diario y los secretos que guarda.

Aquí tienes la versión mejorada de tu redacción con algunos cambios menores:

Nos despedimos con abrazos cálidos y promesas de futuras aventuras. Mientras observaba a Vanessa y Finral alejarse, sus siluetas se difuminaban de a poco en la distancia como si fueran una mera ilusión. Pero en lo más profundo de mi corazón, supe que, a pesar de todas las alegrías que compartíamos, los secretos que guardo debían ser enterrados. Estaba decidida; debía enterrar ese diario.

Preparada, entré en nuestro hogar y contemplé la chimenea. Ver las llamas danzantes reflejándome levemente siempre me trasmite calma. Me encontraba indecisa, sin saber si debía quemarlo o no. Quemarlo sería más fácil, una forma rápida de deshacerme de aquellos recuerdos que me atormentarían hasta el final de mis días ▬cometí el peor de los pecados▬. Sin embargo, una parte de mí se resistía a hacerlo. Ella se resistía a hacerlo.

Deseaba liberarme de la culpa que me corroía, quería dejar atrás ese pasado que tanto me atormentaba y busqué un pedazo de papel para escribir una nota. Quería dejar una explicación plausible –una despedida final a aquel diario que había sido testigo de mis penas y secretos más oscuros

Tomé una pluma y dejé que las palabras fluyeran de mi corazón hacia el papel. Escribí con determinación, expresando mis sentimientos y dejando claro que había llegado el momento de decir adiós. Cerré la nota con un suspiro de alivio, sintiendo cómo un peso se levantaba de mis hombros.

Me precipité hacia nuestra habitación. En ese momento, mi corazón parecía querer escaparse de mi pecho y como si el destino conspirara en mi contra; un sonido inesperado reverberó en la estancia –el lento y ominoso chirrido de un cajón que se abría–. En tan solo un segundo, el miedo se apoderó de mí, y las lágrimas amenazaron con desbordarse, aguando mis ojos.

¡No podía permitir que lo viera!

¡PAM!

Azoté la puerta, abriéndola de un solo golpe.

Sin pensarlo, me apresuré hacia Asta, muy asustada por su reacción. Pero cuando llegué a su lado, me di cuenta de que Asta no había abierto el diario, solo lo observaba con curiosidad. Sin esperar su reacción, arrebaté bruscamente el diario de sus manos. Mis gestos fueron impulsados por el miedo más profundo y visceral que una persona puede sentir

— ¿Noelle? —su mirada penetró cual clavo en madera, directo en el diario que yacía en mis manos temblorosas—, ¿qué es lo que ocultas?

— No... oculto nada —le respondí tratando de mantener la calma, bajo una falsa fachada.

— No te pongas así... —se acercó a paso lento— me duele verte de esa manera.

— En su momento te lo contaré todo, es solo... que aún no estoy lista.

Y puede que nunca lo esté.

— Tranquila, está bien —se acercó a mí y me envolvió en sus brazos, en uno de sus consuelos que tanto me gustan—. Entiendo, no quiero presionarte.

Me rodeó con sus brazos, ofreciéndome consuelo en medio de mi tormenta emocional. Correspondí al abrazo, aferrándome a él como si fuera la única superficie sólida ante la inminente caída a un abismo infinito. Lo rodeé con mi brazo izquierdo y, con el otro, oculté el diario a mis espaldas, temiendo que tan solo su presencia pudiera desencadenar un efecto dominó irreversible.

Sabía que este era el momento. Asta debía partir en una misión fuera del reino, y era mi oportunidad. Esperé a que Asta se elevara a los cielos en Danma. Y entonces... aproveché su ausencia para cerrar este 𝖈𝖆𝖕𝖎́𝖙𝖚𝖑𝖔 de mi vida y comenzar uno 𝖓𝖚𝖊𝖛𝖔.

Con el diario y la nota en mis manos, salí al jardín una vez más. Busqué un lugar especial –un rincón tranquilo donde pudiera descansar en paz–. Cavé un pequeño hoyo en la tierra y coloqué el diario dentro, cubriéndolo con cuidado. Luego, deposité la nota encima, como un adiós final.

Observé el pequeño montículo de tierra, sintiendo cómo se cerraba un capítulo de mi vida. Sé que el pasado nunca desaparecerá por completo, pero al enterrar el diario, estaba dando un paso hacia adelante. Estaba dejando atrás los errores y las heridas, abriendo espacio para un futuro lleno de esperanza y felicidad. Si.

Mis lágrimas comenzaron a fluir, mezclándose con el eco del pasado que resonaba en mi mente. Sé que he desencadenado una tormenta que amenaza con destruirnos. Pero, a pesar del miedo y la tristeza, hay una chispa de esperanza en lo más profundo de mi ser.

...𝖄𝖆 𝖖𝖚𝖊 𝖆𝖍𝖔𝖗𝖆 𝖊𝖘𝖙𝖔𝖞 𝖈𝖔𝖓 𝕬𝖘𝖙𝖆, 𝖆𝖒𝖇𝖔𝖘 𝖊𝖘𝖙𝖆𝖒𝖔𝖘...

...𝕵𝖚𝖓𝖙𝖔𝖘 𝖞 𝖋𝖊𝖑𝖎𝖈𝖊𝖘...

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𝔘𝔫𝔞 𝔫𝔬𝔱𝔞 𝔡𝔦𝔯𝔦𝔤𝔦𝔡𝔞 𝔞 𝔞𝔮𝔲𝔢𝔩 𝔮𝔲𝔢 𝔢𝔫𝔠𝔲𝔢𝔫𝔱𝔯𝔢 𝔢𝔰𝔱𝔢 𝔢𝔰𝔠𝔯𝔦𝔱𝔬:

𝔈𝔰𝔱𝔢 𝔡𝔦𝔞𝔯𝔦𝔬, 𝔮𝔲𝔢 𝔢𝔰𝔱𝔞𝔰 𝔰𝔬𝔰𝔱𝔢𝔫𝔦𝔢𝔫𝔡𝔬 𝔢𝔫 𝔱𝔲𝔰 𝔪𝔞𝔫𝔬𝔰 𝔢𝔰𝔱𝔞 𝔪𝔞𝔫𝔠𝔥𝔞𝔡𝔬 𝔠𝔬𝔫 𝔰𝔞𝔫𝔤𝔯𝔢 𝔶 𝔩𝔩𝔢𝔫𝔬 𝔡𝔢 𝔠𝔬𝔫𝔣𝔢𝔰𝔦𝔬𝔫𝔢𝔰 𝔦́𝔫𝔱𝔦𝔪𝔞𝔰, 𝔢𝔰 𝔢𝔩 𝔱𝔢𝔰𝔱𝔦𝔤𝔬 𝔰𝔦𝔩𝔢𝔫𝔠𝔦𝔬𝔰𝔬 𝔡𝔢 𝔩𝔬𝔰 𝔢𝔳𝔢𝔫𝔱𝔬𝔰 𝔮𝔲𝔢 𝔱𝔯𝔞𝔫𝔰𝔣𝔬𝔯𝔪𝔞𝔯𝔬𝔫 𝔪𝔦 𝔳𝔦𝔡𝔞 𝔢𝔫 𝔢𝔩 𝔲́𝔩𝔱𝔦𝔪𝔬 𝔞𝔫̃𝔬. 𝔄 𝔱𝔯𝔞𝔳𝔢́𝔰 𝔡𝔢 𝔢𝔰𝔱𝔞𝔰 𝔭𝔞́𝔤𝔦𝔫𝔞𝔰, 𝔡𝔢𝔰𝔠𝔲𝔟𝔯𝔦𝔯𝔞́𝔰 𝔠𝔬́𝔪𝔬 𝔠𝔬𝔫𝔰𝔢𝔤𝔲𝔦́ 𝔰𝔢𝔯 𝔠𝔬𝔯𝔯𝔢𝔰𝔭𝔬𝔫𝔡𝔦𝔡𝔞 𝔭𝔬𝔯 𝔢𝔩 𝔞𝔪𝔬𝔯 𝔡𝔢 𝔪𝔦 𝔳𝔦𝔡𝔞 𝔶 𝔠𝔬́𝔪𝔬 𝔪𝔢 𝔳𝔦 𝔬𝔟𝔩𝔦𝔤𝔞𝔡𝔞 𝔞 𝔱𝔬𝔪𝔞𝔯 𝔡𝔢𝔠𝔦𝔰𝔦𝔬𝔫𝔢𝔰 𝔢𝔵𝔱𝔯𝔢𝔪𝔞𝔰 𝔢𝔫 𝔫𝔬𝔪𝔟𝔯𝔢 𝔡𝔢 𝔢𝔰𝔢 𝔞𝔪𝔬𝔯.

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Espero este prólogo fuera de su agrado. Espero sus comentarios con sus opiniones o críticas. Gracias por leer.