Prólogo
Narrador
En una carretera se puede ver un auto lujoso, lleva a un importante hombre dentro.
- ¿Falta mucho para llegar a la embajada? - el hombre pregunta curioso.
- Aproximadamente unos 20 minutos - contesta el chofer de manera amable - ¿eh? - murmura luego de internar frenar, las curvas se acerca y debe disminuir su velocidad - los frenos no funcionan.
- Oye chico... ¡mira al frente! - el hombre dice alterado antes de que el auto pase las vallas de seguridad y caiga del puente de donde estaban, el auto quedo destruido en su totalidad y la vida de ambos hombres también fue arrebatada.
En un cuartel diferente de donde se llevo a cabo ese accidente, varios funcionarios están reunidos en aquel salon, decidiendo que se hará para lograr La Paz entre las naciones vecinas.
- Uno de nuestros diplomáticos murió en un accidente de tránsito en Ostania - expone uno de esos funcionarios tan misteriosos - las autoridades creen que fue asesinado por un partido de ultraderecha del este. Pretenden organizar una guerra contra nuestra nación de Westalis. Debemos averiguar sus planes cueste lo que cueste.
- Dejémoslo en sus manos - dice otro de los funcionarios con tono confiado - es nuestro mejor agente, “Sanzu”.
Cambiando de escenario, en un callejón de mala muerte, se encuentran dos hombres, uno le entrega un sobre que contiene fotos de un político.
- Las fotos acordadas - dice el hombre que entregó dichas fotos - prueban que el ministro de exteriores una peluca. Y los negativos - dice arrojándole un rollo con los negativos de las fotos.
- Muy buen trabajo - dice el hombre mayor - con esto lo obligaremos a renunciar. Seguiré contando contigo - dice a modo de despedida entrando a un auto y alejándose de ahi.
El otro hombre solo eleva la mano en señal de despedida y cuando se gira vuelve a ver al mismo hombre, quedando expuesto que fue engañado.
El hombre dentro del auto quita la mascara revelando su joven rostro, con dos cicatrices a los costados de su boca, cambiando rápidamente su estilo a uno mas sofisticado e intelectual.
Nombre en clave: “Sanzu”. Ese hombre era un espía. En esta época, los servicios de inteligencia de los países libraban una guerra oculta. El hacia uso de sus mil y una caras para sobrevivir en el campo de batalla.
El hombre se dirige al restaurante con el que se quedo de ver con quien en ese momento podia llamar novia, aunque era mas una fachada para su misión.
- Mi padre dice que le robaron unas fotos con peluca y lo pago conmigo - murmura la chica siendo completamente ignorada por su pareja - oye, Robert, ¿me escuchas?
- ¿Eh? Si, es terrible - le dice regresando su atención a su comida.
En ese momento las miradas de la mayoría del salon se centran en la pareja que esta al lado de la mesa de ambos, una propuesta de matrimonio se lleva a cabo en ese momento donde todo es alegría para ambos prometidos en ese instante.
- Oye, Robert, ¿Tu crees que llegaremos a casar...? - la chica es interrumpida en ese momento.
- Karen, tenemos que dejarlo - dice bajo la mirada sorprendida de la chica - conversar contigo es muy poco intelectual. Así que adiós, que seas muy feliz - dice limpiando su boca y tomando sus cosas para salir de ese lugar.
El lugar queda en silencio ante lo que acaba de ocurrir y los gritos de la pobre chica que queda sola en la mesa.
- Lo siento Karen. Ya no los necesito. Ni a ti, ni a tu padre - son sus pensamientos mientras de su gabardina revela las fotos que le fueron entregadas hace horas - hoy me deshago de la mascara de “Robert”. ¿Casarme? ¿Ser feliz como alguien normal? Me deshice del apego a esas cosas y de mi identidad el día que me hice espía.
Con el fin de esa nueva misión debe ir a otra ciudad en una nueva misión, pasa la noche en esa ciudad y al otro día se dirige a la estación de trenes, con su maletín, cafe y un periódico.
En una banca hace el intercambio de periódico con otro espía, dando si el inicio de su nueva misión.
- Código C ¿eh? - se dice mientras sube al tren y toma su lugar, comenzando a leer como una persona mas en ese transporte.
Buenos días, o tal vez buenas tardes o noches, Sanzu. Enhorabuena por la ultima misión. Gracias a ti, el ministro se salvo. Nuestra nación sale beneficiada. Ahora debo encargarte tu próximo trabajo. Tu objetivo es Donovan Desmond, el líder de la unidad nacional. Amenaza La Paz entre el este y el oeste. Tu objetivo es acercarte a el y descubrir que esta tramando. Deberás empezar por casarte y tener hijos.
En ese momento Sanzu escupió el cafe que bebía, incrédulo ante tal misión.
Desmond es muy precavido. Apenas hace apariciones en público. Solo asiste a las reuniones sociales de la escuela a la que acude su hijo. En ellas también se reúne la elite política y empresarial. Matrícula a tu hijo en ese centro e infiltrate a las reuniones. El plazo de matrícula se acaba pronto, así que solo tienes una semana.
- ¿Que tenga hijos en siete días? - se queja en alto rompiendo fácilmente el periódico, alertando al resto de los pasajeros - perdón - murmura regresando a su postura serena.
Es la operación “Strix”. De ella depende La Paz no solo del este y del oeste, sino del mundo entero. Son los “heroes sin sombra”. Sus hazañas jamás verán la luz del día. No recibirán medallas ni aparecerán en la prensa. No olviden que es su sacrificio el que permite a la gente vivir vidas corrientes.
- Lo acepto. Deseche mi nombre y mi cara. Soy Sanzu - piensa mientras mira hacia el cielo - soy capaz de interpretar el papel de padre. Lo que sea con tal de hacer un mundo mejor.
Sanzu Pov.
Al llegar a la nueva ciudad, lo primero que hice fue buscar el hogar en donde me instalare con mi nueva familia, claro que primero debo conseguirla, el departamento que rente tiene de todo, aun así no debo confiarme y me dedico a inspeccionar todo buscando trampas.
- Este es un apartamento de estilo familiar. Viene amueblado, climatizado y ademas... ¿va todo bien señor? - el casero me dice viendo con extrañeza mi comportamiento.
No hay micrófonos, y me es posible trazar rutas de escape en este lugar.
- Me lo quedo - digo cerrando las persianas.
- Bien, señor Akashi, ¿Puede firmar los documentos? - el casero me dice y de inmediato pongo mi mejor cara para firmar.
Akashi Haruchiyo. Profesión, psiquiatra. Esta es mi nueva identidad. Una vida feliz. Con una familia feliz.
- Que bien que su familia tenga casa nueva - el casero dice de lo mas feliz - ¿tiene usted un hijo o una hija?
- Ah, eso. Lo decidiré luego - le digo y el se extraña aun mas, lo entiendo, soy un hombre que esta viviendo solo en este nuevo lugar. Para un espía, todo eso no es mas que un obstáculo.
Ahora lo siguiente en el plan es tener un hijo, en me preocupare por darle una madre, mientras menos gente este involucrada en esta misión sera a mejor.
Gracias a los informantes ahora tengo un buen lugar donde puedo adoptar sin la necesidad de documentos legales.
Me abre un hombre que claramente se nota esta borracho, es un lugar de mala muerte por lo que se ve.
- ¿Eh? ¿Quiere adoptar? - el hombre me dice a como puede, se nota que esta a punto de caer.
- Si, me comentaron que en este orfanato puedo adoptar - miento un poco - Vera, es que mi mujer y yo... - el hombre tiene la imprudencia de interrumpirme.
- Si, si. Llévese los que quiera - me dice mientras me guía dentro del orfanato.
Todo es un entorno deficiente, esta es una institución clandestina, hay muchos niños de origen incierto. Me sera mas fácil alterar su historial. La misión sera mejor si tengo un hijo. Preferiría no depender de nadie. Pero aunque tenga la fama de ser el mejor espía de Westalis, no puedo hacerme pasar por un niño.
- Perdone, pero preferiría a un niño que sepa leer y escribir - digo lo mas tranquilo posible.
- En ese caso... - me dice y me lleva al cuarto de un niño rubio de ojos oscuros - oye Manjiro. Es el mas listo del centro. No habla mucho, pero es un buen chico. Vamos, saluda al señor.
Wow. En la escuela Edén admiten niños a partir de seis años. Este niño tendrá cuatro o cinco años.
- Seis - contesta con una voz demasiado dulce, como si hubiera leído mis pensamientos.
Entiendo, pero la altura que tiene no es de niños de esa edad. El Niño me muestra el periódico, justo en la parte del crucigrama, como si pudiera hacerlo, me acerco curioso hasta el, sera difícil para el, pero para mi es como un juego de niños. Vertical uno, homeostasis, horizontal uno, resolución casual, sigo así, resolviendo en mi mente todo ese crucigrama y curiosamente este niño lo termino todo, tiene una inteligencia asombrosa. Podría hacer el examen de ingreso sin problemas.
- Me llevare al niño. Hagamos los documentos - le digo al director del orfanato que ladea una de sus manos sin importancia.
- No hace falta. Lléveselo ya - me dice con fastidio que me sorprende.
Ahora, tener un hijo: misión cumplida. Fue tan fácil que me esta haciendo dudar.
- ¿Tu estas de acuerdo con venir conmigo? - miro al niño que solo asiente con su cabeza y un adorable sonrojo en sus mejilla.
Ese niño tiene poderes mentales. Sujeto de estudio 007. El Niño es capaz de leer las mentes. Nació por accidente de un experimento en una organización. Luego huyo de las instalaciones. Fue de un lado a otro, intentando que la adoptaran.
- Escucha pequeño - le digo en cuanto estamos en la puerta del edificio donde viviremos.
- Manjiro o Mikey - me dice con su carita toda seria.
- Mikey - digo calmado - a partir de hoy, eres mi hijo. Pero al resto les diremos que siempre he sido tu padre. ¿Entiendes?
- Si - me dice casi secamente.
- Recuerda que debes llamarme “padre” - digo esperando su reacción.
- Baba - me dice emocionado. Con eso me conformo.
- Bien - en mi mente eso suena demasiado lindo.
Los dos entramos al edificio y tenemos la suerte de encontrarnos con una de las vecinas.
- Ah, pero que niñito tan adorable. Hola - dice la señora mayor.
- Nod mudamos hoy. Somos los Akashi - digo a modo de saludo quitando mi sombrero, hay que ser educados con los vecinos.
- Soy Mikey, siempre he sido su hijo - Mikey dice y yo siento que lo ultimo estuvo de mas.
- Vamos, entremos a la casa - trato de evadir el tema entrando con El Niño rápidamente.
- ¿Es mi casa? - Mikey me dice mientras corre dentro a la sala.
- Si - le digo, el mocoso se ve interesado mas en la televisión del cuarto, aunque me resulta increíble como se concentra mas en el canal donde pasan una serie de espías que en algún otro programa.
Necesito salir, buscar lo necesario para la misión, ademas El Niño necesitará documentación falsa.
- Voy a salir un rato - le digo al niño para que no se sienta angustiado - quédate aquí viendo ese programa.
Estoy a punto de salir pero el mocoso me lo impide aferrándose a mi pierna.
- ¡Una aventura! - grita aferrado a mi.
- No, solo voy de compras - por mas que intento sacarlo de encima mío no puedo.
Al final termino dejando que venga conmigo, así también damos una mejor impresión de ser padre e hijo.
- Quiero una pistola que no haga ruido - me dice emocionado y yo no entiendo ese deseo.
- Si claro. Eso si la venden - tenemos que tratar de evitar ser el centro de atención. La esencia de un espía es actuar con normalidad.
- ¡Baba! - me grita siendo medio arrollado por la gente que baja del tranvía.
- No, no. A un niño pequeño hay que tomarlo de la mano - una mujer me ayuda a sacar a Manjiro de ahi y no tengo de otra mas que cambian con el de la mano.
Con la mano ocupada no podré responder en caso de un ataque enemigo, pero no hay opción.
- ¿Enemigo? - Mikey corre a ocultarse en un taburete de menu de una cafeteria, ese niño es cada vez mas raro.
- ¿Que haces? - lo trato de mirar pero es tan pequeño que se esconde muy bien.
- Me protejo - ¿Que? ¿Siente que debe protegerse de mi? ¿Lo tome de la mano muy rápido? ¿No le agrado? Ay no. Una buena relación con el es esencial para cumplir con la misión. Tengo que averiguar todo sobre ese mocoso. Seré diplomático. Sin conocer al otro no puede haber paz.
- ¿Si me conoce habrá paz en el mundo? - veo al mocoso salir de su escondite y mirarme firmemente - Taiyakis. Me gustan los Taiyakis. Y la zanahoria no. Me gusta el bacon crujiente - me señala al letrero que esta detrás de nosotros.
- Bakery significa panadería. Nada que ver con el tocino - veo como su carita se pone toda roja de la vergüenza que seguro ha de sentir.
- Deme esto, por favor - por un segundo lo pierdo de vista y ya esta comprando quien sabe que cosa a un vendedor.
- Eso cuesta un dalk. Diez pentos no es suficiente - digo y pago al vendedor lo que sea que Mikey haya comprado.
¿Sera que en realidad este niño es tonto? ¿Lo del crucigrama en el periódico fue suerte? Quizá deba cambiarlo por alguien mas...
- ¡No me dejes! - empieza a llorar con demasiada fuerza.
- ¿Que te pasa? - me altero porque puedo escuchar a las señoras detrás de mi, diciendo lo mal padre que soy - te comprare Taiyakis, pero no llores.
- ¡Taiyakis! - solo eso parece emocionarlo. Después de hacer las compras necesarias, ahora tengo ambos brazos llenos y una gran frustración en mi porque no se como lidiare con este mocoso.
- Baba. Tengo sueño - el mocoso me llama mientras se tambalea, no tengo de otra mas que cargarlo.
Estos sera imposible. No lo entiendo. Su comportamiento es ilógico. Necesito manuales para aprender a ser un buen padre.
Y en casa bien instalado, me hago cargo de arropar bien a Mikey en su cuarto y yo leo esos manuales, cosas como que a los niños hay que compréndelos y que les cuesta expresar sentimientos. Entenderlos. ¿Como es que los demás padres llevan esto tan complejo todos los días?
No se porque me dedico tanto a esto. Al terminar la misión tendré que regresarlo al orfanato. Nuestra relación no pasara de ahí.
Al otro día...
- ¡No quiero! ¡No me gusta estudiar! - Mikey me grita desesperado.
- Debo comprobar tu capacidad de estudiar para el examen - digo tratando de estar calmado.
- ¡Puedo hacer el examen sin estudiar! - sigue con esa postura firme.
- ¿Como piensas pasar? ¿Harás trampa? Si no te matriculas esto sera... - sera misión fallida.
Tenemos una lucha de miradas hasta que me rindo.
- De acuerdo. Voy a salir - digo poniéndome mi saco y mi sombrero - ¡hoy no puedes venir! - le digo antes de que de un paso mas.
Siento su presencia cada que intento irme, regrese a encontrarlo al menos unas cuatro veces. A la quinta vez tuve que encerrarlo con un armario frente a la puerta.
- ¿Por eso llegas tarde? - me dice uno de nuestros informantes. Takemichi.
- Tuve que hacerlo o me seguirá - digo cansado.
- Espero no te denuncien por maltrato - este idiota me dice con burla.
- No entiendo que piensan los niños - digo en un medio suspiro - eso de solucionar todas las cosas llorando me irrita mucho.
- El trabajo de un niño es llorar - me dice burlón - en fin. Lo que me pediste. El formulario del examen y copia de las preguntas. No fue fácil conseguirlo.
- Eres de gran ayuda Takemichi - digo dándome la vuelta - si memoriza las respuestas, lo conseguiremos.
- Ohh cierto. Lo de tu hijo - me extiende otra hoja donde - encontré su historial. No estaba en el orfanato. No hay datos del nacimiento. Tampoco de su edad ni de sus padres. Solo hay información del ultimo año. Fue adoptado cuatro veces, y siempre lo han regresado. Estuvo en dos orfanatos.
- Manjiro Williams, Manjiro Levsky, Manjiro Roche - demasiadas adopciones.
- Cambia mucho de nombre. De tal palo, tal astilla, ¿eh? - me dice burlón pero yo solo lo miro como retándolo - es broma. Es por una misión, ¿no? Es un niño, pero si le tomas cariño, se complicara todo.
- Gracias por avisarme - tomo mis cosas para regresar a casa. Ignoro los gritos de que le debo algo y solo tomo mi camino.
Narrador
El pequeño Manjiro se encuentra en el sillón en su casa, totalmente aburrido, hasta que un pensamiento le regresa la emoción que tiene, recuerda que su padre tiene bajo llave todas sus cosas de espía, y ahora que lo recuerda, le leyó la mente para obtener esa contraseña.
Con gran habilidad, abre el candado adentrándose después al cuarto, en busca de bombas o algún instrumento que sea de su agrado.
Al principio no encuentra nada interesante, hasta que da con la radio, sin pensarlo demasiado se dedica a encenderla y envía un mensaje en código morse, que llega a las personas menos deseadas en ese hogar.
- Jefe. Se detectó una nueva transmisión - dice un hombre pegado a un radio en un gran edificio.
- ¿Lleva cifrado del oeste? - el jefe pregunta.
- No, parece sin codificar - le responde de vuelta el que dio el aviso - veamos... “Aquí Sanzu”. ¿Sanzu? Es la frecuencia que usan en el oeste. Esta llegando otro. “Estoy aquí“.
- ¡Localicen el lugar de emisión! - el jefe grita rojo de la ira.
Manjiro cierra aquel maletín, orgulloso de su trabajo hasta que cae en cuenta que todo esta desordenado. En su mente su padre viéndolo con un arma por haberlo descubierto hace que con rapidez vuelva a meter todas las cosas dentro de la caja.
- No puede descubrir que soy telepata, me echara - dice el pequeño niño para si mismo.
De inmediato recuerda lo qué pasó con esos doctores que lo “ayudaron” a ser mejor, con la intención de mantener a salvo a la humanidad. Aun no entiende nada de lo que le paso. Pero ahora agradece tener un padre y no seguir en ese laboratorio.
El sonido de la puerta lo distrae, con emoción se acerca, sabe que es su padre, así que da saltitos emocionado. Mas sin embargo, una vez la puerta se abre, queda en shock y con miedo al ver que no es quien esperaba.
Varias horas después, Sanzu por fin regresa a casa, sintiéndose algo cansado y rezando en su interior que Manjiro no haya echo ningún desorden.
Iba a quitar el mueble, pero el rayon circular en la puerta le llama la atención y lo hace fruncir el ceño.
Cuando remueve el mueble entra con una seriedad en su rostro, esquiva con facilidad el ataque de uno de los sujetos que estaba escondido detrás de la puerta. Lo golpea de inmediato, del pasillo aparece otro, con una pistola silenciadora, de inmediato le lanza las latas de comida que trae para crear una distracción, con habilidad y rapidez toma una silla y golpea al sujeto del arma con ella. Ambos hombres están inconscientes así que le da tiempo de ir a buscar a su hijo.
- ¡Manjiro! - grita al meno dos veces antes de empezar a hacer conjeturas en su cabeza. Trata de estar calmado pero a la vez sabe que la misión esta en peligro. Ni si quiera se da cuenta del maton que despertó y ahora esta a punto de golpearlo con un tubo justo en la cabeza.
En un viejo almacén, Manjiro esta atado dentro de una canasta de carrito, viendo expectante la interacción entre los hombres que lo secuestraron y rogando en su interior que su padre aparezca pronto.
Sanzu Pov.
Con problemas pude noquear al tipo y crear una mascara, lo mas difícil fue cambiar la ropa con el, pero al menos sus secuaces quedaron inconscientes en el departamento. Ahora solo queda sacar a Manjiro de aquí.
- Atrapamos a este tipo - digo dejando el cuerpo de mi supuesto yo en el suelo - no luchaba como un novato. Tal vez sea un profesional.
En cuanto me dicen que vaya a descansar y me dan la espalda, tomo a Manjiro en mis brazos y corro a la bodega de la salida, estarán distraídos mientras se dan cuenta que no es el famoso “Sanzu” a quien tienen ahi.
Cometí un gran error entrando en zona enemiga. No es propio de un espía.
- Baba.. - escucho los lloriqueos de Manjiro pero no puedo detenerme ahora, tengo que sacarlo de aquí.
Ahora recuerdo porque me irrita tanto escuchar llorar a un niño. Es porque me recuerdo a mi mismo cuando era un niño. Nadie me tendió una mano para ayudarme. Me sentía impotente. Solo podia llorar. Pensé que había olvidado ese pasado, pero solo me lo repetía siempre. Aunque ahora no es momento para eso.
Cuando salimos de ese almacén viejo, dejo a Manjiro en el suelo, saco de la chaqueta un papel y pluma, escribiendo la dirección de un buen lugar.
- Escucha niño - digo con la voz distorsionada del otro sujeto.
- Manjiro - me dice corrigiendo su nombre.
- Manjiro. Nosotros somos profesionales de jugar a policías y ladrones. Cuando encontramos a gente con talento, los retamos sin avisar. Ahora escucha. Si vas por esa calle recto y giras a la derecha en la avenida, hay una comisaria. Si le das esto a un policía, habrás ganado. ¿Entiendes? - si les enseña esto, lo llevaran a un mejor orfanato. Mi misión no puede depender de un niño.
- Pero, baba... - por un segundo escucho al mocoso pero ahora eso no es importante.
- Ya vete. Rápido - veo a Manjiro correr hacia donde le indique.
¿Impropio de un espía? No. Mi gran error fue poner a ese niño en peligro. Si, eso es. Yo quiero un mundo donde un niño no tiene que llorar. Por eso me hice espía.
No se han dado cuenta de que sigo aquí, eso me da tiempo de hacer una gran distracción para cuando lleguen a esta parte del almacén. Tengo que dejarles en claro que nadie puede meterse con Sanzu.
Cuando al fin están en el almacén, caen directo en mi trampa, rompiendo las bolsas de harina que colgué, eso me da la ventaja en cuanto a vista, noqueo a uno, le quito el arma a otro y luego lo dejo inconsciente, al ultimo lo derribo y batallo un poco con el, tiramos varios estantes pero al menos ahora solo queda el jefe final.
Estando ahora solo los dos le apunto a la parte de atrás de la cabeza con el arma que le quite al otro sujeto.
- Si intentas si quiera voltear, te mato - digo a modo de advertencia.
- Sanzu - me dice presa del miedo.
- Buenos días, o buenas noches, Edgar - digo quitando el arma que tiene en su mano, regresando la mía a donde apuntaba - ¿cómo está Karen?
- ¿Sabes el nombre de mi hija? - me dice aun mas asustado.
- Claro. En eso consiste el trabajo de un espía. Se su peso, su altura y su talla de pie. Su comida favorita y cuantos lunares tiene. - me resulta imposible decirle todo para al menos provocar miedo en el. Se que no debería dejarme llevar, pero toco algo importante así que termino de amenazarlo dando un ultimo disparo al arma que el anteriormente cargaba, espero que con esto me deje en paz al fin.
Salgo bastante cansado del almacén, mientras voy caminando reconozco a Manjiro sentado cerca de una caseta.
- ¿Manjiro?- digo impresionado de que no haya ido a la comisaría.
- ¡Baba! - me dice emocionado abrazándome la pierna.
- Oye, ¿porque sales de casa sin permiso? - trato de sonar enfadado - yo, por casualidad vine a comprar aquí al lado, pero estaba cerrado.
- Yo jugué a policías y ladrones con unos señores - me dice inocente y recuerdo la mentira que le dije.
- ¿Si? ¿Te divertiste? - lo miro esperando su respuesta.
- Tenia un poco de miedo - veo como se cubre el rostro en mi - quiero ir a casa. A nuestra casa.
- ¿De verdad? - digo incrédulo.
- Si me dejas y te vas, llorare - solo eso me dice para hacerme recordar todo lo que Takemichi me dijo de el, cuatro veces lo han adoptado y siempre lo regresaron.
Un montón de apellidos pero ninguno permanente.
- Esta bien, volvamos - acaricio su cabeza para que se separe un poco de mi - pero ese apartamento es peligroso. Nos mudaremos. Ayer encontré una serpiente.
- No me gustan - me dice serio - quiero vivir en un castillo.
- No se si venderán alguno - digo mirando afuera en el tranvía - en cuanto nos mudemos, deberás estudiar.
Escucho su queja pero la ignoro.
- Solo debes leer las respuestas y recordarlas. Sera pan comido - digo y después de la mudanza es cuando por mas que intento que se le quede algo memorizado.
Es difícil pero tiene que hacerlo.
El día del examen llega y yo tengo que esperar afuera para cuando termine el examen, revisar en las listas si esta aprobado.
Cuando Manjiro sale, tenemos que esperar un poco hasta que las listas sean publicadas, todas las familias se acercan a los tableros en cuanto son colocados, me dedico a buscar el numero y letra de Manjiro en cuanto me acerco. Casi siento el alivio en mi cuando veo su matricula entre los aprobados.
- ¡Ahi esta! ¡Lo lograste! - digo y lo alzo en brazos por la emoción.
- ¿Soy un niño bueno? - me dice sonriente e igual de emocionado que yo.
- Si, muy bueno - digo pero enseguida siento un mareo que hace que me vaya de espalda al suelo, tengo a Manjiro en mis brazos no lo puedo dejar caer.
Baje la guardia y apenas estoy notando el cansancio. ¿Baje la guardia? ¿Yo? Pero ¿que me esta pasando?
A como puedo, regreso a casa con Manjiro, de inmediato me tiro al sofa a descansar lo poco que pueda, no es propio de mi, pero tengo que hacerlo.
Estoy seguro que el timbre se escucha, pero lo ignoro, siento mis ojos cerrarse por el cansancio.
Narrador
- Baba murió - Manjiro dice para si mismo. El timbre de la casa suena así que no tiene de otra mas que ir el mismo a abrir.
- ¿Señor Akashi? - el cartero mira curioso al niño.
- Soy Manjiro Akashi - dice frente al carteo que le extiende un sobre.
- Toma, dale esto a tu papá o mamá - el cartero solo es amable.
- No tengo mamá - el pequeño dice como si nada.
- ¿No? Lo siento - el hombre dice antes de retirarse rápidamente.
- Baba, vino el cartero - Manjiro corre dentro de la casa con el sobre en mano.
Golpea a su padre un par de veces con la carta, pero al ver que no reacciona, sonríe con emoción tomando esa su oportunidad de oro. Siendo cuidadoso, alza el brazo del adulto y se mete bajo su ala, quedando acurrucado en sus brazos, eso hasta que Sanzu despierta totalmente exaltado.
- ¿Quien eres? ¿Vienes a matarme? - casi grita, entrando en razón poco después al ver a su pequeño hijo ahi.
- Una carta - Manjiro tiene una bonita sonrisa mientras le extiende dicho objeto.
- Bien veamos - Sanzu dice abriendo la carta con la mirada expectante de Manjiro - boletín informativo de la escuela Eden. La segunda fase es una entrevista en familia. Asistencia obligatoria de ambos padres y El Niño. No se admiten excepciones.
- Pero, no tenemos madre - Manjiro dice entendiendo la magnitud de tal problema.
¿Como lo resolverán?
Continuara...