Emociones en palabras

Summary

Con la recien llegada a la tripulación Nico Robin, los Mugiwara deben proveerse de provisiones para continuar con sus aventuras. Como de costumbre, Zoro se pierde y llega a un bar en el que una bebida le cambiará la vida para siempre. Fanfic SANZO Arte portada Nori31291404 Los personajes no son míos, sino sería millonaria xD son de Eichiro Oda, al cual amamos por haber creado One Piece ♥

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Complete
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12
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n/a
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18+

Capítulo 1 - No le entiendo

El clima era perfecto para una buena siesta, sin una sola nube en el cielo y la temperatura ideal para que el sol caliente el cuerpo pero no te haga sudar, aunque en realidad eso poco le importaba a Roronoa Zoro, bien era capaz de dormir en mitad de una tormenta en su hamaca y despertar en una esquina del camarote de chicos sin percatarse de lo sucedido hasta que alguien le despertaba.

En esta ocasión, un Luffy volador cayó sobre él al estar jugando con Usopp y Chopper a un nuevo juego que se habían inventado y que poco tampoco le importaba al espadachín de la tripulación que siempre se negaba a participar, prefería entrenar o dormir que estaba precisamente haciendo eso.

- Ah, lo siento Zoro. Shishishi~ - sonrió el capitán en el regazo de su amigo, el primero que se unió a la banda de los Mugiwara.

- ¿No podéis jugar a algo más tranquilo o hacerlo lejos de mi? – se quejó frotándose la frente ante el evidente chichón que le había dejado por el golpe.

- Eres tú el que está en medio, idiota... - Suspiró Nami desde su hamaca bajo la sombrilla.

Se estaba tomando un descanso, había pasado toda la mañana con su mapa dibujando la isla de Arabasta en la gran carta de navegación que estaba elaborando, ese era su sueño, dibujar un mapa de todo el mundo.

- Supongo que no puede evitarlo, tendrá narcolepsia.

Respondió la morena a su lado, la última que se había integrado a la tripulación, tras la pelea que tuvo Luffy con Crocodrile, le ofreció unirse y ella aceptó. Conocida como Miss All Sunday cuando trabajaba para el usuario de la fruta de la arena, también era famosa por su propio nombre: Nico Robin.

Se decía de ella que mató y destruyó muchos barcos al arrasar la isla Ohara y con solo ocho años de edad, pusieron la increíble cifra de 79 millones de beries por su cabeza, desde entonces, había estado asesinando a placer hasta alcanzar su puesto en la organización Baroque Works.

Su fama era reconocida y en ningún momento dijo algo al respecto a lo que se contaba de ella cuando se coló en el Going Merry para salir de Arabasta. Luffy la aceptó, Nami también tras un pequeño “regalo” de joyas que Robin había cogido de Crocodrile, y a Usopp y Chopper se los ganó con un juego de manos gracias a su fruta del diablo flor.

Zoro desconfiaba totalmente de ella, por mucho que sonriese con sus labios, sus ojos no lo hacían, ocultaba algo y algo le decía que, si no hacían lo que ella quería, acabarían asesinados bajo esos brazos que era capaz de generar donde quisiera.

- No te preocupes por él, preciosa Robin-chwan. – Apareció el que faltaba haciendo el estúpido como siempre cuando estaba frente a una mujer – Es un idiota que solo sabe luchar y dormir, y parece que ni eso se le da bien.

Sanji, el cocinero.

Le agotaba, en todos los sentidos.

Lo conocieron en el barco-restaurante Baratie, un baboso con las mujeres y desdeñoso con los hombres. No tuvo ocasión de tratar demasiado con él allí, pues hubo alguien que apareció mucho más interesante que él, Mihawk. Pensaba que tendría la oportunidad de vencerle, pero solo se llevó un largo tajo que ahora cruzaba en su pecho por aquel duelo.

Donde sí pudo tratar con el rubio fue en Arlong Park, su máxima prioridad era ayudar a Nami, tras escuchar la historia de abusos que hizo el gyojin a su nueva amiga, hizo todo lo posible por ella. Sabía luchar, vaya si sabía, era ágil y rápido, no se lanzaba a lo loco, tramaba estrategias para enfrentarse a sus adversarios con esas potentes patadas que eran capaces de destrozar muros.

Aunque Sanji dijese que los hombres no le importaban se lanzó al agua para ayudar a Luffy y enfrentarse a un gyojin sabiendo que estaría en clara desventaja y después peleó a su lado para luchar contra más esbirros de Arlong.

Allí fue donde le consideró su nakama.

También fue cuando le consideró insufrible, aprovechaba la más mínima posibilidad para irse a ligar con mujeres, halagarlas y babear como un auténtico cretino. Si invirtiese ese tiempo en entrenar sería mucho más fuerte, pero prefería perder el tiempo así, justo como estaba haciendo ahora. Sanji fue el primero en aceptar a Robin en la tripulación, seguramente esperando tener la oportunidad de seducirla.

- Aquí tienes la merienda, sorbete de mandarina. - Puso frente a ella en la mesa donde ya había un libro de Robin.

- Gracias, cocinero-san. – sonrió ella.

- No hay de que, Robin-chwan, lo hago encantado~ - comenzó a dar vueltas como una peonza mientras lanzaba corazones para ir luego hacia su acompañante – Este para ti, Nami-swan~♥

- ¡Gracias, Sanji-kun! – Se le iluminó el rostro al ver que las mandarinas que trajeron desde su isla seguían siendo comestibles y más con la gran habilidad del rubio.

- Ahhh, Nami-swan es tan linda y dulce como sus mandarinas. - exageró un flechazo directo al corazón, aunque esta ya le ignoraba.

- ¡MERIENDA! – fue turno de saltar sobre el cocinero que hábilmente esquivó acostumbrado ya a esos arrebatos del capitán.

- ¡Ya va, pesado! – gruñó tras darle de la bandeja que llevaba otra de las copas para él y de paso a Chopper y Usopp que daban las gracias por su ración.

- Eh. – Llamó Zoro para que le hiciese caso sin conseguirlo - ¡Eh!

- ¿Qué ha sido eso? ¿Un neandertal maleducado? No, se extinguieron hace millones de años... Ah, no. Quedó uno. – Bufó desganado mirándole con desagrado - ¿Por qué justo tengo que estar en el mismo barco que él?

- Déjate de gilipolleces y dame el mío.

- ¡Guau, cuanta educación y saber estar! – fingió sorprenderse - ¿Eres de la realeza, marimo?

- ¿Ahora soy marimo?

- Un marimo neandertal desagradecido. – declaró como si fuese obvio mientras le dejaba el sorbete a su lado.

- Idiota, cejas de sushi...

- ¿Qué has dicho! – gritó enfurecido.

- Das tantas vueltas babeando por ahí como un idiota que por eso tienes las cejas en espiral.

- ¡Estás muerto, espadachín de mierda! – se lanzó a por él dándole una patada que Zoro esquivó.

- ¡Eres tú el que va a morir! – desenvainó sus katanas cayendo de nuevo en una estúpida pelea.

- ¡No peleéis en el Merry, vais a romperlo! – lloriqueó Usopp, sabiendo que sería él quien terminaría reparándolo.

La pelea continuó, divirtiendo al capitán, preocupando al médico, al borde de un ataque de corazón al francotirador y cabreando a la navegante que decidió zanjar la disputa con tacto. Tacto acompañado de golpes y gritos mientras Robin observaba con gracia la situación de sus nuevos compañeros de travesía.

Al caer la noche llegaron a una isla, no era muy grande, se divisaba una gran ciudad portuaria donde atracaron, el Log Pose volvería a la normalidad en apenas una hora, por lo que fue excusa suficiente para que cada uno escapase del barco, mientras el pobre Usopp reparaba los daños.

Zoro lo tuvo fácil esta vez para encontrar un bar, había docenas en el mismo puerto... aunque acabó en uno al extremo donde casi sale de la ciudad, tuvo suerte de que ninguno lo viese y comenzase a burlarse de que si se perdía o tonterías similares. Él solo daba pasos extra, era un entrenamiento... o esa era una de sus excusas.

Para estar tan apartado, había buen ambiente allí, se notaba que los clientes eran habituales, no había peleas y jugaban al póker entre risas. Supuso que al estar lejos los marineros de paso no llegaban hasta allí. Fue directo a la barra y pidió una jarra de cerveza que apuró de un trago.

- Wow, más despacio, chico. Al fondo de la jarra no encontrarás la solución a tus problemas. – Dijo el camarero al otro lado de la barra, un hombre corpulento con barba ligeramente canosa y amplia sonrisa.

- ¿Quién dice que tengo problemas? – Gruñó señalando su recipiente vacío para que lo rellenase de nuevo.

- Lo tienes escrito en la cara, – se rio aceptando la orden mientras colocaba la jarra bajo el grifo para que se fuese llenando – además, ¿quién no los tiene? Siempre hay algo que nos trae de cabeza y tú no vas a ser la excepción, sobre todo con el entrecejo tan arrugado que tienes desde que has entrado.

- ... - Tomó de nuevo la bebida, viendo como la espuma burbujeaba sobresaliendo de los bordes sin salirse, se tomó unos segundos y decidió contestar – Es que no le entiendo. Se queja de todo, me ignora y si no, busca pelearse conmigo, no importa lo que diga o haga, siempre acabamos igual.

- Oh, ya veo. – Sonrió entendiendo la situación – No os entendéis con palabras.

- Para nada.

- Aun así, te importa.

- ¿Qué? Claro que no. – bufó Zoro, molesto.

- Si no fuese así no le estarías dando vueltas al asunto, chico. – se rio sin maldad – Además, aunque suenes molesto, parece que te lo pasas bien.

- ... - Levantó la vista para encontrarse la cara del viejo barman, un hombre también con canas en las sienes que por lo visto había tratado ya con mucha gente contándole sus historias y aun así, parecía dispuesto a escuchar una más... en la que tenía razón. Odiaba admitirlo, aunque Sanji fuese insufrible lo consideraba su nakama y la extraña relación que mantenían le divertía, le gustaba pelearse con él, burlarse de sus cejas y su cabeza de pato. – No importa si me lo paso bien o no, lo que está claro es que no es igual para él. Me odia.

- ¡Jajajaja! – se echó a reír el camarero sin que Zoro entendiese a que venía esa tremenda carcajada ¿Qué había dicho tan gracioso? - ¡Ay, chico! ¿De verdad no lo ves?

- ¿El qué? – frunció el ceño de nuevo.

- No tiene gracia que te lo diga yo, será mejor que lo veas, o mejor dicho, “leas” por ti mismo. – Dijo dándose la vuelta mientras rebuscaba entre las botellas expuestas.

- ¿De qué hablas, viejo?

- De esto. – le quitó el polvo a una botella sin etiquetar. A simple vista no tenía nada de extraordinario, el líquido era transparente, pero cuando golpeó la base contra la mesa al dejarla ahí, las ondas creaban colores de todo tipo – Verás, chico. En esta isla los hombres tenemos un secreto para entender a nuestras mujeres... a veces son muy complicadas, dicen “sí” cuando quieren decir “no”, frases tipo “no sé, tú sabrás”, que nos vuelven locos... así que un lugareño logró destilar las emociones en palabras.

- ... No te sigo.

- Te estoy diciendo que si bebes esto te será más fácil comprender a tu novio.

- ¡PFFF! – casi se le escapa el trago que le acababa de dar a su cerveza - ¡él no es mi novio!

- Ah, claro... no lo es, – no supo por qué, pero a Zoro le dio la impresión de que le estaba dando la razón porque sí. – pero si de verdad quieres entenderle mejor no pierdes nada por intentarlo, ¿no es así?

Miró de nuevo ese extraño líquido, dudaba muchísimo que una bebida como tal existiese, seguramente tenía ganas de tomarle el pelo. De todas formas, tampoco es que le quitase el sueño el llevarse bien o mal con el cocinero, que fuesen nakamas no significaba que tuvieran que ser amigos o entenderse... eso se decía, sin embargo, no podía apartar la vista de la botella.

- No te calientes demasiado la cabeza, – le dijo al chico mientras fue a atender a otro cliente al cual le sirvió un whisky y volvió con él – acabareis entendien...do... - miró la botella, estaba vacía - ¿Qué...?

- ¿Eh? – parpadeó Zoro mientras dejaba la botella sobre la mesa.

- ¿T-Te la has bebido? – preguntó el camarero y este asintió - ¿Entera!

- Sí, estaba demasiado dulce para mi gusto.

- ¡Estás loco, chico? – se preocupó – ¡Con un chupito era suficiente!

- Oh. – dijo, tampoco demasiado afectado.

- Con un chupito el efecto dura todo un día, la botella entera... ¡a saber!

- Bah, pero si no funciona. No leo nada, como tú dices.

- Claro que no, eso solo afecta a las personas que te importan, sino te volverías loco. – Explicó el camarero.

- No intentes enredarme, solo pretendías tomarme el pelo. – se levantó de su asiento dejando dinero de más sobre la barra – Espero que con esto sea suficiente, adiós.

- P-pero, oye... – vio como el de pelo verde se alejaba - ¡Chico!

El espadachín no se detuvo, vaya sarta de tonterías había escuchado en ese bar. Leer las emociones era absurdo e innecesario, a él sólo le importaba una cosa; ser el mejor espadachín del mundo, por lo que una habilidad así lo veía una estupidez, no le dio más vueltas al asunto, si no a como regresaría antes de que la bruja de Nami le regañase si llegaba tarde. Habían quedado a media noche, tenía tiempo de sobra, o eso creía.

- ¡ZOROOOO!

Reconoció la voz de su capitán al instante, no le dio tiempo a ponerse en guardia antes de que este le derribase por la espalda haciéndole caer al suelo y barrerlo con su cara unos cuantos metros.

- ¡Argh, Luffy! – se quejó dándose la vuelta para encararse a su amigo que todavía estaba sobre él - ¿Qué coj...!

Se quedó sin habla.

- ¡Shishishishi, mira, mira! – le enseñó las dos serpientes que llevaba fuera de combate en cada mano - ¡He atrapado la cena, por fin Sanji podrá cocinármelas! ¡Me prometió que si atrapaba alguna, él las cocinaría para mí!

Eso era lo de menos, de hecho, ni se fijó en ellas, sino en las gigantescas letras que había sobre su cabeza “ENTUSIASMADO”, decía claramente. Eran amarillas y brillantes... también humeantes, aunque no oliesen a nada. ¿Qué diablos significaba aquello?

- ¡Oye, oye! – continuó el moreno sin moverse, con sus ojos echando brillos de ilusión - ¿Sabes cómo las he conseguido? Estaba persiguiendo un águila enooorme que me atrapó con su pico y me llevó a su nido, había tres huevos tan grandes como yo y...

No le escuchó, estaba demasiado pendiente al ver como una nueva palabra aparecía sobre la de antes “¡AVENTURA!“, las letras bailaban de un lado a otro, como si estuvieran dando brincos de pura emoción, justo como sus ojos oscuros reflejaban.

- ¿Me estás escuchando? – hizo un puchero al ver que Zoro seguía sin decir nada al cual le pellizcó las mejillas.

- ¿Q-Qué tienes ahí? – señaló el espadachín con el dedo.

- ¿Dónde? – levantó la cabeza Luffy al ver que señalaba por encima de esta.

- Ahí. – se acercó el mismo tratando de tocarlas, pero estas no eran reales físicamente, no sintió nada cuando las letras en cuestión desaparecían un instante para volver a su aspecto anterior.

- Shishishi, ¿Ya te has pasado bebiendo? – se rio, otra palabra apareció “Divertido” – Venga, volvamos al Merry ¡Quiero que Sanji me prepare la cena!

- ¿Qué? ¡No! – se vio arrastrado por su capitán que ya no le escuchaba, pues estaba cantando su nueva canción “Cena de serpiente” que iba improvisando sobre la marcha.

¿Qué diablos estaba sucediendo?

Arribaron al barco tras una larga carrera por todo el puerto, muchos los miraban con curiosidad ante aquel par que corría, o más bien, el más menudo arrastraba al que portaba tres espadas en el cinto a toda velocidad hasta que subieron al peculiar barco-oveja.

Con la carrera no pudo fijarse demasiado, ya que estaba más pendiente de no tropezar, pero al llegar, ya estaban Chopper y Usopp en cubierta.

- Hola, chicos. – Saludó con una gran sonrisa el reno.

- Jejeje, ¿Zoro ha vuelto a perderse y has tenido que traerle hasta aquí, Luffy? – preguntó socarrón el otro.

Al peliverde no le dio tiempo de sentirse insultado, en ellos también pudo ver esas palabras encima de su cabeza, en este caso, solo ponía “Feliz” en cada uno. Fue directo a por Chopper y trató de atrapar esa palabra con sus manos sin resultado alguno, de hecho, si hubo un cambio, se transformó a “Confuso”, mientras la ceja del médico se arqueaba.

- ¿Qué haces, Zoro?

- N-Nada. - comprendió entonces que la bebida si funcionaba, era exactamente lo que expresaba la cara de Chopper, podía leer sus emociones con sus propios ojos.

- No deberías beber tanto...

- No te preocupes.

Aparecieron en ese momento Nami y Robin, cargadas de bolsas mientras hablaban entre ellas y los otros las saludaban, al igual que en el caso de los chicos, sobre ellas también había palabras; “Satisfacción” y “Felicidad”. Le extrañó ver que pudiese ver las emociones de Robin, ya que él mismo no la consideraba nakama, aunque era bueno poder hacerlo, si en algún momento pensaba traicionarles, con suerte podría adelantarse a sus intenciones.

- ¡Nami-swaaaan, Robin-chwaaaan, bienvenidas! – Se abrió la puerta de golpe mostrando a un cocinero con ojos en forma de corazón.

- ¿Estabas aquí? – protestó Usopp con la palabra “Molesto” en la cabeza – Cuando hemos llegado nosotros no has salido a saludarnos.

- Pensábamos que no estabas. – añadió el reno.

- Estaba guardando las cosas en la despensa, de todas formas, solo sois vosotros. – les sacó la lengua con burla.

Los chicos empezaron a quejarse mientras que Zoro estaba con los ojos como platos, sobre la cabeza de Sanji había un montón de palabras que se apilaban una encima de la otra. Desde abajo, estaba “Satisfecho”, “Feliz”, “Nakamas” y arriba del todo “Enamorado/rechazado”.

- Ah, también estás tú, marimo. – bufó irritado el cocinero tras encenderse un cigarrillo – Creí que en esta ocasión si te perderías para siempre, nunca me das el gusto.

- ¿Eh? – se fijó encima de su cabeza, aunque la voz del rubio sonase molesta, no surgió la palabra.

- ¿Qué te pasa? ¿Estás borracho? – esta vez sí salió un cartel, mucho más pequeño que los otros que ponía “Preocupado” – No jodas, si te caes por la borda no iré a rescatarte.

- No estoy borracho, no te preocupes. – gruñó Zoro, mirándole a la cara.

- Bah, ¿Quién dice que me preocupes? – el cartel se desvaneció – Ahora que estamos todos empezaré a hacer la cena.

- ¡CENA! – exclamó Luffy, no hacía falta ser muy listo para saber lo mucho que le gustaba la idea de llenar el estómago, pero sobre él se iluminó, en letras gigantescas, el cartel de “Comida de Sanji”. Los otros también lo celebraron y surgieron las mismas palabras, casi con la misma intensidad que la del capitán. - ¡Sanji, Sanji, he traído serpientes! ¡Prepáralas para cenar!

- ¡Ni hablar! – se quejó Nami escondiéndose tras Usopp por si acaso el animal despertaba.

Sanji sonrió y se metió en la cocina cerrando tras de sí seguido por el capitán, el resto se dedicó a levar anclas para salir de la isla, luego las chicas desaparecieron para ir a su habitación a guardar sus nuevas compras, los chicos se quedaron en cubierta jugando mientras Zoro seguía observando en silencio todo lo que ocurría y meditaba sobre su nueva situación.

Cuando el cocinero avisó de que la cena estaba lista, todos acudieron con la palabra “Felicidad” sobre ellos y en cuanto tomaron el primer bocado, en letras grandes, apareció “Delicioso”, cada uno en forma diferente, unas bailaban, más grandes o pequeñas, pero en todas ellas estaba claro que les encantaba la comida del rubio, mientras que sobre Sanji, aparecieron las palabras “gratitud” y “aprecio”. Zoro no lo entendió demasiado, ya que había sido él quien hizo la comida no entendía porque se sentía agradecido, apreciado si, ya que todos le decían lo mucho que les gustaba sus platos.

Aun con todo lo que sucedía mientras cenaban, había saqueos de comida y demás, iban apareciendo en cada uno de ellos sus respectivas emociones, salvo que en ningún momento, la emoción de “Enamorado/Rechazado” desapareció, era inamovible, supuso que al estar intentando seducir a Nami y a Robin constantemente y, como estas siempre le rechazaban, no le dio más importancia.

Ya todos más felices tras la cena, se fueron a dormir, salvo Zoro, que era a quien le tocaba hacer guardia esa noche, como Nami no quiso pagar el impuesto de atracar en el puerto más de lo necesario, tuvieron que echar anclas en mitad de ruta a la siguiente isla y vigilar que no pasase nada, por lo que estaba en el puesto de vigía.

- Ten, marimo. – dijo una voz a su espalda en cuanto trepó por el mástil para llegar hasta él – Tu tentempié nocturno.

- Gracias. – dijo de forma automática, aunque en cuanto vio de que se trataba, sí que le ilusionó ver que era el envoltorio donde siempre le guardaba sus onigiris favoritos junto a una botella de sake.

- La comida siempre se te olvida, pero el sake nunca. – gruñó Sanji al ver que este ya tenía una botella a la que le había dado unos cuantos tragos.

- Es lo que necesito.

- Lo que necesitas es una buena patada en la cara... - suspiró tras chasquear su lengua.

- ... ¿Quieres pelea a estas horas? - esta vez, Zoro si pudo ver el cartel de “molesto” mientras el cocinero se encendía su cigarrillo ¿Por qué eso sí le irritaba?

- Pelea y alcohol, sin duda eres todo un pirata. – le tiró el humo a la cara – Pero no, no he venido a eso.

- Cualquiera lo diría. – sacudió la mano para apartar esa nube asquerosa, lo que sí pudo ver fue que un pequeño cartel surgió y ponía “nervioso”.

- Solo quería... saber si todo va bien.

- ¿Eh? – parpadeó confuso.

- No es que hables demasiado, pero en la cena has estado muy callado y Luffy ha logrado robarte dos veces, eso no ha pasado hasta ahora.

- Oh. – Zoro se sorprendió, por lo visto Sanji se había dado cuenta de que le estaba dando vueltas a algo, al igual que, detrás de “nervioso”, se ocultaba la palabra “preocupado”.

- Argh, no importa. – suspiró resignado el cocinero, mientras la palabra “frustrado” ocupaba el segundo lugar en su larga lista de emociones y se dio la vuelta para irse.

- Ah, espera. – pidió Zoro logrando su cometido, él tampoco es que estuviese muy acostumbrado a que Sanji revelase su preocupación abiertamente, bueno quizás no tanto, pero ahora que sí podía leer claramente que lo estaba, le pareció incluso obvio. – Sí, todo va bien.

- ... ¿Seguro? – arqueó la ceja rizada que eso le hizo sonreír a Zoro – No te rías, marimo de mierda. Joder, que pérdida de tiempo.

- De verdad, estoy bien. – repitió el espadachín, contento de ver como “preocupado” y “frustrado” desaparecían mientras que la de “nervioso” se hacía más grande – Gracias por preocuparte.

- ¿Otra vez con eso? Ya te he dicho que no estoy preocupado por ti. – se sonrojó un poco dándole la espalda de nuevo para bajar las escaleras – Buenas noches, marimo. No te emborraches.

- Buenas noches, Cejas de remolino. – observó como bajaba por el mástil, más feliz de lo que podía pensar al saber que ese idiota se preocupaba por él.