𝐂𝐀𝐏𝐈𝐓𝐔𝐋𝐎 𝐈
(𝟏/𝟐)
─ Oh, ya veo lo que pasa aquí.
¡Sesshomaru! ¿Te gusta Sara? ¿Sara Asano?
El mencionado Sesshomaru estaba frente a frente a la chica que realmente le gustaba.
Y esa definitivamente no era Sara Asano.
Si no, Kagura.
Pero, de los suaves labios de esta adorable y peculiar chica había salido la pregunta que casi casi parecía afirmación.
¿Te gusta Sara?
Y él no pudo evitar verla como si a ella le hubiera crecido otra cabeza. Porque no, a él no le gustaba Sara.
Kagura interpretó, mal interpretó mejor dicho, esa expresión como que el gran secreto de Sesshomaru habia sido descubierto.
Sintió que su corazón se rompió un poco.
Porque, Sesshomaru podría ser un cara de culo, insípido, aburrido. Sin embargo, su compañero de clase tenía ese no sé qué, que lo hacia verlo y sentirlo de una manera especial. ¿O solo atracción por su cara bonita? No lo sabía.
Ahora, ante ella había sido revelado que su crush, que primero que nada siempre fue su amigo, le gustaba otra chica. Solo tuvo que forzarse a sonreír y hacer como si nada pasara.
En cambio, Sesshomaru en ese hilarante momento de confusión ya no pudo sostener la mirada ante esos grandes y expectantes ojos color rubí. Oh, simplemente no podía.
Ella estaba equivocada pero ¿Como hacérselo saber?
Sesshomaru es demasiado orgulloso. O en este caso, demasiado tímido.
No, no puede simplemente aclararlo:
" Ella no me gusta para nada. La que me gusta, eres tú. "
No puede dejar que ese grito interno salga en forma de palabras que Kagura pueda escuchar.
Vamos desde el principio. ¿Como pasó esto? Y más importante. ¿Quien es Sara?
Sesshomaru y Kagura son compañeros de la misma clase, el último año de preparatoria.
Mientras que la nombrada Sara estaba en 2 años menor.
Una chica proveniente de una buena y adinerada familia.
De vez en cuando toma valor y se acerca a Sesshomaru, el Senpai.
─ Sesshomaru Senpai. ─ susurraría ella con un leve sonrojo.
Y Sesshomaru, tan reservado como es con todo y todos no le daría ningún trato especial. No la veía ni atractiva ni interesante. Simplemente no era su tipo. Y no era la única chica de su clase u otras clases que se le acercaba con el fin de llamar su atención. Como ella habían decenas más.
Más de una vez se ha hecho la pregunta. ¿Que hacía a Kagura diferente? Ella también fue una de las tantas chicas que se le acercó.
¿Será su descaro? ¿Sus ocurrencias? ¿Su agilidad para comunicarse? ¿La manera en como lo trata como un igual, y no como a alguien inalcanzable? ¿Y, el hecho de que se ha hecho su amiga a pesar de sus fríos y duros muros de hielo que irradian su personalidad?
Un día simplemente había llegado a la conclusion: existía una chica que fuera de su interés. Y esa era Kagura.
Estando en el patio del receso, como todas las tardes, el muchacho de cabellos plateados prefería leer sus apuntes o algún libro a la sombra de un árbol. Y esa tarde, por coincidencia del destino, tanto como su compañera de clase Kagura y la tan famosa Sara vinieron a él al mismo tiempo. ─ Buen día, Sesshomaru Senpai. ─ la suave voz de Sara habló al hacer una reverencia.
Ella había llegado un minuto antes, apresurándose a sentarse al lado del Senpai una vez este solo respondió su saludo con un asentimiento.
No es como que la presencia de la chica fuera molesta, al contrario, ella guardaba silencio la mayoría de las veces. Y Sesshomaru apreciaba eso. Aunque siempre prefería ser completamente solitario.
A veces, Sara sacaba su instrumento que, era una flauta tradicional y tocaba algunas melodías para él.
Y, ¿se supone que debería estar agradecido? El gesto era bonito, por así decirlo, pero Sesshomaru sentía que quizás esa flauta y su música intentaban transmitir sentimientos que él, Sesshomaru, jamas podrá corresponder.
Eso lo hacía sentir incomodo.
Pero, como de costumbre, no podría decírselo. Solo dejaría hacer a Sara lo que ella quisiese, no era su responsabilidad.
Su lectura fue de nuevo interrumpida por el sonido de unos zapatos, que se oían como si hubieran aterrizado frente a él.
Una pequeña ventisca sopló su flequillo y ahí él recién se decidió por mirar quien más osaba irrumpir su descanso.
La inconfundible Kagura.
Bueno, esta situación era nueva. Nunca antes dos de sus seguidoras lo habían atrapado al mismo tiempo.
Siempre creyó que aquella leyenda del "Club de Fans de Taisho Sesshomaru " las miembros habían acordado turnarse para perseguirlo.
Quizás era momento de olvidarse de esa leyenda, o concluir que una de las dos no era parte de dicho club y solo se trataba de una coincidencia.
Kagura no necesitó permiso de nadie para tomar asiento en aquella banca en la que cabían perfectamente los tres. Como Sara se sentó al lado del muchacho, Kagura tuvo que sentarse justo al lado de Sara, dejando a la menor el medio.
Por supuesto que los había saludado ambos antes, pero de Sesshomaru solo recibió una mirada y de parte de Sara un tenso Hola.
No era secreto para ella ni nadie de la preparatoria sobre las chicas que tenían a Sesshomaru como crush, incluso ella misma era una de ellas. Así que, comprendía que quizás la pequeña Sara quería a Sesshomaru para ella sola.
En primer lugar, que egoísta.
En segundo lugar, ¿no es un poco ridículo mirar mal a otra chica por un hombre?
Quizás no se habían dado la adecuada oportunidad, Kagura pensó en ello. Quizás podían llegar a ser amigas. La chica de ojos color rubí no estaba interesada en ser la enemiga de nadie. Las chicas deben estar unidas.
Solo debía usar su encanto y habilidades para aliviar el ambiente.
─ ¡Así qué! La pequeña Sara nos acompaña hoy. ─ la mayor sonrió. No sabia como comenzar una conversación con una chica refinada como la princesita Sara, pero lo intentaría. Quizás, solo era callada como Sesshomaru.
Sara la miró extrañada. Conocía a Kagura de lejos, y sabia que podía ser bastante extrovertida. Por no decir atrevida y rebelde. No sabía como responder.
Realmente, veía a Kagura como una intrusa. La castaña vio bien que ella estaba con el senpai primero. ¡Y de todas formas! La descarada no los dejó en paz.
No, no podría pedirle que se vaya, sería descortés.
─ ¿Y ese olor? ─ la oji-rubí olisqueó un poco, sin vergüenza alguna. ─ ¡Ah! Se trata de tu perfume, es muy rico. ─ elogió.
─ Hum, gracias.