Liberate de mi agonia
Oneshot:Libérate de mi agonia
Palabras:2527
Personajes:Dick Grayson/Robin & Raven.
Etiquetas para esta parte:sangre, tortura, traición.
Ubicación temporal de la historia central:Arco 1 del ? al ?
El sudor frío corre por su sien, resultante del miedo consumiendo su cuerpo que se niega a admitir.
Se escucha un quejido penoso si no fuese su intento de respirar una vez más, el oxígeno se vuelve cada vez más una agonía para sus pulmones, puede jurar que tiene la garganta agrietada seguida de la sangre constituyendo como lo único que humedece su boca. Las manchas oscuras colorean el cemento congelado, tan atroz que puede sentirlo escalar en sus huesos adoloridos.
Su cuerpo está agonizando, es hiperconsciente de la falta de calambres o la sensibilidad directa del frío o más bien del filo de cuchillas. Está en el fondo de su pensamiento que eso no es una buena señal. Convulsiona en ocasiones, en un tiempo que aparecen alargarse a años que solo debieron ser unas cuantas horas.
Pero no podrá detenerlo, en parte por su orgullo pisoteado hace mucho, doblegado hasta casi hastiarse de sí mismo, con ello en mente no habría dudado en rogar una vez más a Slade para detenerlo, sin embargo, el hombre de lata no busca el aliento de sus súplicas.
Tose, demasiado esfuerzo para la carne viva indistinguible en la marea de dolor que lo recorre. No le quedan fuerzas para retorcerse, sus ojos desenmascarados se nublan de la poca luz que ilumina este vasto lugar, perteneciente a la abertura de la puerta. Se pregunta si esta habitación fue creada para el solo intento de volverlo loco al ser susceptible a la tortura y castigo, o fue en un principio un mero descuido en su elaboración, Slade no tiene buenos gustos de interiores así que lo cree más probable.
La sangre que se acumula bajo suyo debería ser alarmante para cualquiera, pero ya no le impresiona, por más que su instinto de vivir quiera salir a flote, de mantenerse cuerdo y consciente y seguir buscando alguna abertura o cámara para hacer señas poco formales que espantarían a Alfred y su etiqueta inglesa, sin embargo, su hambre menguó más intentos, la frialdad y humedad del lugar pudieron contra él.
Si no supiera que Slade lo atesora -quizás de una forma todavía enferma, aunque no sobrepasó algunos de sus límites, inserta suspiro de alivio aquí- pensaría que es un tipo de juego hasta matarlo para el hombre.
Sus parpados se cierran, y ruega por un momento de tranquilidad en sus recuerdos.
/./
“¡Cierra la boca!“, grita como último aviso, demasiado fuerte e imprevisto a su anterior apariencia taciturna, su cuerpo se eriza con los hombros tensos como si estuviese frente a una amenaza, lo único que recibe son los ojos verdes muy abiertos llenos de desconcierto y dolor, pero no se permite pensarlo con profundidad sabiendo que se culpará más tarde. Sin molestarse en mirar a los demás, voltea y sigue con su camino a su habitación llevándose consigo las palabras que mordió en su boca por toda la experiencia de regaño y decepción grupal. ¿Cómo se atreven a decir tal barbarie? ¿Cómo se les ocurre compararlo? A lo mucho pensó que estaba actuando como Batman lo hacía cuando trabajaba junto a él. Pensó que hacía lo correcto, ¿y no es esto el camino que debe hacer?
Los titanes demostraron ser menos fiables a cada intervención del nuevo villano que solo juega con ellos y, aparentemente, es el único loco aquí para darse cuenta de que no pertenece al habitual de payasos con juegos infantiles e inmaduros, es arriesgado, pudo verlo desde el primer momento que iba a ser una astilla en el costado.
No se interesa en intentar robar nada importante hasta ahora, solo ocasiona caos a su paso y les permite que le den alcance cada salida lo hace fruncir el ceño, por supuesto que Slade espera a que lleguen. ¿Cuál es su jodida razón para jugar con ellos? ¿Alguna actividad previa antes de finalmente matarlos por aburrimiento? Es un hombre astuto, solemne en su apariencia tuerta, nunca admitirá que el filo en su único ojo le eriza la piel lo suficiente para irritarlo y arruinarle el día.
Por unos días pensó que el hombre poseía un particular interés en él, como si el resto de sus amigos no existieran, casi hizo que se retorciera bajo su escrutinio. Pero seguro que los últimos meses fueron desastrosos, hablar con Batman e ir a Gotham hace poco fue suficiente para ponerlo paranoico, una especie de recuerdo como cuando Batman hablaba con el Joker y él quedaba libremente ignorado de su mundo para tomar de sorpresa al payaso y a veces a Batman. Imaginar que se trata de su estrés es lo correcto, después de todo es el líder del equipo, y único humano que demasiados villanos ignoran, exceptuando Slade, por supuesto que hay un conocimiento extraño en este hombre.
Lo pone cada vez más ansioso. Se trata de un peligro a la ciudad que prometieron proteger y nadie más puede ver que es más de lo que aparenta. No puede permitir que su ciudad caiga en algo tan desastroso como Gotham, no permitirá que le quiten ese aire pacífico e iluminado de tranquilidad a Jump City.
Si su puerta no se deslizara, seguramente la torre escucharía su portazo con la furia a espera de desencadenarse. Llega a su escritorio, con la mente ofuscada tira los papeles en su camino, partiendo algunos a su alcance. Para colmo, no pudo engañarlo, ni a él ni a los titanes ni pudo recuperar los chips que robó a nombre de Red X.
Sus manos se aprietan en sus costados, con la respiración agitada observando el desastre, ya puede sentir la migraña asomándose por todo el trabajo perdido. Se suponía que sería su día para acabar con esto, no que terminen con él. Esta a punto de tirar todo a la basura y darle un orden más actualizado al escritorio que sacó lo peor de su ira y empezar un plan nuevo cuando escucha unos golpes a su puerta. Molesto, pisotea para abrirla, sus palabras quedan en su lengua al encontrar la mirada de Raven.
Irritado, mira alrededor del pasillo.
“Nadie más me sigue. Robin, debemos hablar” dice con una certeza que admiraría en otro momento, Robin frunce el ceño, a punto de cerrar la puerta en la cara, pero sería demasiado y su ira se atenuó un poco con la optimista destrucción, no lo suficiente.
Pero Raven capto su cavilación, dando medio paso para intervenir en la jodida puerta. “Por favor, déjame pasar”, insiste con más dureza y urgencia, Robin la mira con expresión interrogante e irritada. Sospechando que su conversación no se basará en otros regaños, no con la preocupación que ella empezó a asaltar en su espacio sin aviso. Suspira sin aliento cuando siente la sensación fría y espeluznante recorriendo su columna y decide que no le agrada cuando ella -sin aviso previo- emite sus emociones para no ser rechazada y forzarlo a comprender la urgencia. Rebasa un límite. Si no hubiesen hablado sobre como funciona el poder de la hechicera hace unos meses, no sabría que ella concuerda que apesta. Toma nota que se siente demasiado privado y no por primera vez cree que es tan horrible sentirlo por error como Raven indica.
Aunque hubiese preferido nunca saberlo.
Sin poder ver muchas opciones con una hechicera igual de persistente, decide acabar con esto de una vez. Con un gruñido entre dientes cede, los hombros de Robin caen dando paso a su habitación, ambos se sientan en la cama siendo el único lugar que pueda sostenerlos, Raven apenas da una mirada al escritorio caído en la parte de su lugar de trabajo adjunto y los papeles destrozados por el suelo, pero no lo comenta.
“Robin, me gustaría entender tu motivo. La razón por la que nos mentiste. No se trata solo de Slade, ¿cierto?“, va al grano, como esperó. Pero aun así lo toma con la guardia baja mirándola con los ojos de la máscara abiertos y casi desconcertados, luego se recompone.
El héroe trata de no retorcerse o hacer una mueca, por supuesto que ella lo vería, demasiado perspicaz para su bien, no debería agradecer la falta de uso en poderes telepáticos para saber toda la historia detrás. El tic nervioso surge, provocándole arañarse las manos con los guantes de por medio, pero ella no quita sus ojos sobre él demasiado concentrada en las expresiones que pueda soltar para evidenciar su debilidad, eso también es irritante, no desea una “Bat-mirada” fuera de Gotham, no desea recordar nada fuera de Gotham aunque todo lo que pasa ahora realmente no está de acuerdo. Jodida realidad.
Se toma un tiempo, preguntándose por qué lo considera siquiera. Son cercanos más de lo que imaginan los demás titanes, aislados y poco sociables pero con una relación profunda por el entendimiento del pasado que respetan.
No obstante, esto es un tema que recurre a su presente como una herida ignorada hasta pudrirse, incluso ahora está descubriéndolo por sí mismo y lo que en realidad buscaba al dejar Gotham en primer lugar, por lo que decide que no le compete a nadie más que a sí mismo.
Con una sonrisa torcida por la mentira obvia. “Soy un héroe, Raven, ¿no es mi trabajo detenerlo?”
Raven lo mira, es apenas perceptible captar la leve sorpresa agrandada en sus ojos por tal tajante respuesta. Si no estuviesen en esta página, podría sentirse decepcionado consigo mismo por mantenerlos al margen de lo que es su vida. Nunca compartieron ni forzaron compartir el pasado del otro, ¿por qué debería cambiar esto?
La ve suspirar, con ojos cansados, reconociendo la negativa tal como es.
Los segundos pasan, ahora es ella quien empieza.
“Empezaste a actuar demasiado extraño desde que visitaste Gotham” explica, Robin cuadra los hombros, a la defensiva. Ella levanta la mano. “No insistiré en ello, nunca lo hice antes. Solo quiero que sepas” se detiene para mirarlo a los ojos, una sonrisa suave pero tensa en su rostro, con algo de pesadez en sus parpados. Es la misma familiar que compartieron esa noche de pesadillas.
“Todos aquí somos tus amigos, Robin. No tus enemigos, te apoyaremos en todo lo que desees, pero hoy nos demostraste que no nos correspondes. Y eso lastimó a todos”. Es certera y fácilmente de entender pero difícil de tragar. Robin desvía la mirada al escritorio destrozado, mordiendo su lengua, pero la expresión en desacuerdo no escapa de sus facciones. Ella continúa. “Nunca serás como Slade, porque nos tienes a nosotros y si hay alguna forma de ayudarte–“.
“Vete” sale en un mordisco, más tenso y seco de lo que esperaba, pero su garganta se resecó de repente cuando el nudo hizo su espacio presionando sus dientes. No permitirá soltarlo, soltar la angustia y tristeza que son manejables con la ira y el odio a quien consideraba padre y buscaba su aceptación, a una pérdida que no consideró importante hasta que lo perdió. Abriéndose a la nueva crueldad del mundo que gobierna Gotham y que se prometió a sí mismo no permitir en Jump City, aun si eso lo convierte en Batman.
Ella parece tan sorprendida como él, desconociendo el nervio sensible se levanta con lentitud, como si tratara con una animal en peligro de ataque o huida, Robin todavía no se atreve a mirar cómo se aleja hasta la puerta. La salida se abre, ella gira de soslayo, permitiendo escuchar sus emociones en lugar de sentirlas.
“Confía en nosotros, Robin. Eres nuestro amigo y familia. Así como nosotros confiamos en ti”. Menciona antes de salir.
El silencio es ensordecedor horas después, con la noche acabando con el ruido en la Torre.
Robin permanece en sus pensamientos, captando de vez en cuando las luces brillantes que captan sus ventanas de la ciudad. Con un suspiro, sus hombros se desploman, la rigidez lo abandona para quedarse con los músculos adoloridos y los moretones por la lucha, una pequeña molestia que le recuerda qué tan humano es en realidad.
Ignorando el dolor, se arrodilla para sacar la maleta de lo acompañado desde Gotham, entre las fotografías y el peluche, toma la que tiene a Jason conseguida de la mansión. Bien podría tambalear su decisión si no fuese por una causa mayor, es consciente que puede escoger no luchar solo, pero recuerda que no puede permitírselo. Sonríe un poco infelizmente mirando hacia la puerta.
Por supuesto que lo apoyarán en todo lo que diga, pero, ¿comprenderlo? ¿Confiarles esta valiosa información de quién realmente es? ¿Aceptarán sus motivos para hacerlo o le darán la espalda como Bruce? No puede arriesgarse a perderlos, además, seguramente podrá buscar otra manera para demostrar su competencia y buscar su perdón cuando logre capturar a Slade. Una cosa peligrosa menos en la armonía de este mundo, puede que lo acerque a Batman en sus acciones, pero al mismo tiempo sabe que nunca permitiría sacrificar lo que Bruce permite, eso quizás sea una de las cosas más importantes por las que está dispuesto a morir para proteger.
Lo recuerda incluso en los momentos más difíciles.
/./
Las uñas arañan la piedra, la sangre se convierte en parte de la roca por las horas. El dolor de agujas penetrando su piel se extiende a cada centímetro de su cuerpo y decidió que merecía la pena hacer un poco de movimiento en lugar de llorar en la quietud. La distracción por arrancarse las uñas es bienvenida.
Las lágrimas se secaron hace mucho, pero los recuerdos de los titanes permanecen en sus ojos. Casi sintiendo esa calidez y confianza de nuevo, la preocupación cuando no la merecía. Oh, ¡cuanto los extraña!, extraña acompañarlos en los momentos de cine, compartir las comidas e incluso las riñas por cosas tontas, las risas por las mañanas o agendar en su difícil agenda una salida por una pizza, comportándose como adolescentes y no héroes rudos que estaban comprometidos a romper cuando la edad les llegara. Lloraba por una familia fría y perdida, cuando siempre tuvo una alegre y permanente.
Se arrepiente de mucho, pero nunca los culparía.
Esto es por ellos, se repite con intensidad, un mantra como los que le enseñó Raven en sus periodos de pasividad ignorando las risillas de los demás fingiendo pasar desapercibidos, eran para controlar su estrés y gruñidos poco agradables cuando no se daba cuenta por el trabajo abundante o una mala noche de sueños. Incluso después que la sangre inunda sus pulmones, su boca es una fuente del líquido oscuro, incluso cuando deja de sentir sus extremidades, cuando sus ojos se apagan y la oscuridad es lo que queda. Se esfuerza en recordarlos.
Fue ingenuo al querer recuperar y vengar su primera familia, fue estúpido al no reconocer lo que deseaba en la segunda. Fue un idiota al no apreciar la tercera que el destino le brindó en lugar de un mundo eterno de soledad y arrepentimientos.
Afortunadamente, Slade no regresa hasta variosmesesdespués, cuando Robin pierde el sentido de sí mismo. Su resolución no flaquea para entonces, y Slade está todavía más complacido por llevarlo a repetir esta tortura unas cuantas veces más.