☆ I: Todos duermen y nosotros avanzamos:
De alguna manera habían conseguido subir a ese avión antes de las 12 am. El cielo oscuro envuelve el avión y las estrellas los observan como si fueran luces de emergencia. Hay tres personas en ese avión, una piloto desgastada que ansía lanzarse al sofá y permanecer en un letargo
Las otras dos personas son una pareja, que a las 12 am, no querían lanzarse al sofá, sino del avión, y respirar la adrenalina; segun ellos, asi es como deberían empezar su 31 de diciembre, con exactamente veinticuatro horas para realizar sus planes antes de despedir el año.
Tomados de la mano, uno de ellos ansioso por saltar, y el otro con un sentimiento mezclado entre angustia y emoción. La puerta se abre, y ahí están, a un paso de saltar hacia la peor—o mejor—idea que han tenido este año.
—¡Listos!—Exclama la piloto Uraraka—¡Ya es hora!
—Ya es hora…—Repite Shoto Todoroki mientras aprieta la mano de su pareja—Feliz 31 de diciembre, amor.
—Igualmente, amor—Expresa Katsuki Bakugou con una gran sonrisa maliciosa, retando a la voz de su conciencia que le indica que hacer esto es pésima idea—A la cuenta de tres.
—¡Tres!—Exclama Todoroki, y como Katsuki lo quiere mucho, pues saltó con él igualmente.
Nada más romántico que saltar a medianoche con tu pareja a una posible muerte. El sueño de todos aquí presentes.
Dando un paso hacia el vacío, soltando sus manos—porque no pueden estar tan cercas cuando sus paracaídas se abran—, y de inmediato gritando rodeados de oscuridad, estrellas y el inicio del último día del año.
A lo lejos se aprecia la enorme ciudad, donde sus edificios brillan. Todo abajo es insignificante, y todo allá arriba parece surreal.
—¡Coño, vamos a morir!—Exclama Katsuki sin sonreír, orgulloso de haber saltado sin acobardarse.
—¡Que suicidad eres a veces!—Le grita Shoto de vuelta, aunque también expresa una sonrisa, porque aunque su corazón vaya a mil y su cuerpo tiemble, puede observar una perspectiva más allá de lo que pudo imaginar.
La pareja observa la ciudad, una que dentro de veinticuatro celebrará el fin de año. Pasan los minutos y ya es hora de abrir el paracaídas, menos mal que Katsuki lo exclama a todo pulmón ya que su novio está distraído con el paisaje y la euforia.
Ambos jalan el cordon de sus mochilas y los paracaídas se abren. Shoto temía que la experiencia durara más de lo necesario, pero ahora siente que estuvo allá arriba muy poco tiempo.
—Tengo taquicardia ¿y tú?—Pregunta Bakugou mientras observan el suelo cada vez más cerca, aterrizarán en un campo verde.
—Igual…—Levanta la mirada para observar a su novio—¿Katsuki?
—¿Mmh?
—Esto fue estúpido y asombroso.
—Lo sé—Katsuki lo dice como si fuera digno de elogio—¿Shoto?
—¿Qué pasa?
—Te ves increíblemente guapo con el cabello revuelto.
Todoroki esboza una sonrisa, da un par de pasos hacia su novio para tomar su mano, ambos están temblorosos—producto de un subidón de adrenalina—se miran, entonces Katsuki también sonríe, y no con burla, sino con gentileza, porque esas sonrisas le pertenecen a Shoto.
—Andando, tenemos mucho que hacer—Dice Shoto mientras se lleva a su novio de la mano—Solo tenemos veinticuatro horas antes de que termine el año.
Porque para ambos, va más allá de despedirse de otro año, se trata de cerrar un mal episodio de sus vidas.
(...♡…)
No puedes comenzar el cierre perfecto del año con el estómago vacío, por eso mismo, Bakugou y Todoroki merendaron lo que desde hace meses llevan queriendo probar: unas arepas.
—¿Por qué carajos había un puesto de arepas?—Pregunta Bakugou con una arepa en la mano.
—Porque es casual que alguien se levante con ganas de arepas a la medianoche—Contesta Todoroki antes de darle un mordisco a su arepa—¿Cual es nuestro siguiente paso?
—Ir a la cámara de gravedad, estuvimos insistiendo desde junio del año pasado, pero por fin conseguimos nuestras entradas.
Desde hace años, la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial abrió un atractivo turístico—y extremadamente caro—, una cámara de gravedad cero; como en las películas donde los astronautas comienzan a flotar, simulando que están en el espacio.
Hay un sinfín de requisitos para ingresar, pero hoy es el día, Bakugou y Todoroki entrarán y flotarán en la completa nada, y lo mejor es que posiblemente no haya nadie más, todos están con sus familias o de vacaciones, ¿y ellos? Ellos quieren hacer de todo.
—Pues es hora de irnos—Dice Todoroki al ver su reloj puesto en su muñeca—Es un viaje un tanto largo, perderemos valioso tiempo.
—Está cubierto—Ambos comienzan a caminar hacia la vieja pero útil choche de Bakugou, el rubio quería una motocicleta, pero no le gustaba la imagen mental de Todoroki sujetando su cintura desde atrás donde puede caer en cualquier momento, así que un coche le pareció lo mejor.
—¿Cubierto? ¿De qué hablas?—Pregunta Shoto mientras ambos suben al coche de color negro. Bakugou rebusca por la guantera, y saca un disco viejo de música rock japonés de los 80´s y 90´s.
—Lo agregué a la lista, hoy es el último día así que escucharemos esa música que no nos dignamos a escuchar en toda nuestra vida.
—¿Y este auto tiene reproductor?
—No, pero la descargué en Spotify, el disco es para presumir.
Todoroki suelta una pequeña risa, hoy tiene que sonreír mucho, porque a diferencia del resto del año, este día si hay razones para sonreir.
¿Por qué Katsuki y Shoto tienen tantos planes? ¿Que no les basta el resto de los futuros años para realizarlos? Es porque este día es también un ritual; uno de despedida.
Mientras Bakugou conecta su celular al estereo para comenzar la música, Shoto decide recordar, este año fué un asco, y si no fuera por Katsuki, Shoto no tendría ni idea de donde estaría ahora.
☆ Pasado:
Bakugou y Todoroki se conocieron en el peor momento de sus vidas, por lo tanto, su relación se convirtió en un ancla para ambos.
Todoroki caminaba por las calles nocturnas con los audífonos puestos, había discutido con su padre—otra vez—, algo normal para ser un adolescente de diecisiete años. Pero esta vez se sintió diferente, su padre dijo un par de palabras que en Shoto resonaron con fuerza.
“Estoy cansado”.
Dos palabras que en Shoto generó culpa.
Caminando sin rumbo fijo, Todoroki llegó al barrio chino de la ciudad, donde las luces, las risas y el olor a comida frita eran el ambiente. Shoto rebuscó en sus bolsillos, tenía lo suficiente para un ramen, aunque después no tendría para regresar a casa.
Shoto no se sentía tranquilo, sus pulmones estaban a rebosar de piedras y todo estaba explotando en su pecho; quería comportarse como un adulto, pero en ese momento no pudo. Prefirió el ramen que llegar a casa.
Tras decidirlo, Shoto retiró los audífonos y entró a un pequeño puesto, donde un amable joven de cabello rojo en punta lo atendió felizmente.
—¡Bienvenido al pequeño rincón Kirishima!—Exclamó el joven con un entusiasmo contagioso—Me llamo Eijiro, ¿que desea ordenar?
—Un shio ramen, nada más.
Kirishima asintió con la cabeza, se dio la vuelta para comenzar a preparar el platillo: Shoto guardó los audífonos en su mochila y simplemente esperó. Se escuchaba a una radio puesta en una esquina, transmitiendo alguna melodía que Shoto no reconocía, parecía de los 80s.
Pero había una tercera persona en aquel puesto del barrio chino, un rubio que revisaba su celular con una cara de enfado. Todoroki lo vió de reojo, y se percató que el rubio estaba moviendo su pie al ritmo de la música.
—Aquí tiene, caballero—Dijo Kirishima mientras le entregaba el ramen.
—Oye, un té helado negro—Dijo el rubio, quien ya conocia de antes aln pelirrojo, siendo su cliente frecuente y conocido del vecindario.
—Claro—Kirishima toma un vaso—¿De nuevo problemas con Mitsuki?
—Si, ¿que parte de no es no? No quiero ir a esa estúpida universidad,no me interesa.
—Pero la universidad a la que quieres ir es muy cara.
—Yo la pagaré.
—¿Y de verdad crees que puedas?
El rubio no dijo nada, porque sabía que la respuesta era no.
—Ya casi cumpliré los dieciocho, seré libre de lo que opinen ella y mi padre, es así de simple.
Todoroki no quería enterarse del chisme, pero literal estaban hablando a su lado. Chismoso de manera no intencional.
Además, Shoto empatizó con lo último que dijo el rubio.
—¿Entonces te quedarás de nuevo con Denki? Tus padres se van a preocupar.
—No me importa.
—Te vas a sentir mal por la mañana, pero tú sabrás, ya estas grande para tomar tus decisiones.
Mierda. Es casi como si el pelirrojo se lo estuviera diciendo a Shoto; mas culpa generada.
Shoto se percata que tambalea su mano frenéticamente, y no es por la música, es nerviosismo. Su cuerpo le está gritando que debería darse la vuelta e irse a casa; no por su padre, sino por su madre y sus hermanos.
—Oye Eijiro, bastantes sermones ya me dió papá, no necesito los tuyos.
—Jaja, perdona Katsuki, pero no puedo evitar preocuparme.
¿Así que su nombre es Katsuki? Pues combina bien con su voz rasposa y pesada.
Shoto terminó su ramen, entonces rebuscó en sus bolsillos para pagar, dándose cuenta que no trae suficiente, ¿dónde está el resto? ¿Se habrá caído en algún lado?
—Mierda…—Murmura Shoto, y dado que no es muy sutil, Eijiro se da cuenta.
—¿Sucede algo, caballero?
—Yo…no tengo para pagar.
Shoto estaba a punto de decirle “puedo lavar los platos” cuando el rubio se adelantó.
—Yo lo pago.
—Que amable de tu parte Katsuki—Expresó Kirishima con una sonrisa.
Todoroki observa al rubio, quien sigue mirando su celular.
—Gracias…—Shoto sabía que no hay que fiarse de los extraños, pero tampoco podía hacer mucho.
Katsuki sacó su billetera y pagó su cena como el ramen de Shoto. Ambos se levantan porque ya no tienen nada que hacer ahí.
—Te veo el lunes, Eijiro—Comentó Katsuki mientras estiraba sus brazos.
—Cuídate Katsuki.
—Si si, lo sé.
—En serio, cuídate—Kirishima quería hacer énfasis.
—Lo haré.
Katsuki se va del puesto, Shoto agradece a Eijiro por el ramen.
—También cuídate caballero—Respondió Kirishima con una sonrisa. Con solo ver el rostro de Shoto, se sabe que no tuvo un buen día.
—Gracias—Shoto hace una pequeña reverencia como agradecimiento, cuando sale ya todo está oscuro, con solo un par de lugares abiertos.
Shoto es de esas personas que prefieren escuchar su propia música en su móvil que la ciudad, pero ahora mismo tiene un problema mucho mayor: saber dónde carajos va a pasar la noche.
—(Tal vez podría llamar a Momo)—Piensa mientras comienza a caminar con las manos en los bolsillos—(Pero vive como a una hora de aquí, pero prefiero eso que dormir en una caja bajo un puente).
Entonces, empeñado en no regresar a casa esta noche, Shoto comienza a caminar mientras escucha música y risas de los pocos lugares abiertos a estas horas—posiblemente bares—.
Existen tres voces en la cabeza de todos, la que nos dice cómo nos sentimos realmente, la que nos dice que es lo más lógico, y la maliciosa que nos tienta a hacer lo que queramos sin pensar en las consecuencias, incluso sin son dañinas para nosotros mismos.
Shoto ya había estado escuchando la voz de la lógica muchos años, siempre la ha obedecido, y ahora estaba harta de ella. Quería seguir la tercera voz, aunque sea una vez.
Y las consecuencias de ello, era estar caminando por el barrio chino, sin dinero, con frío, perdido, y con el aplastador sentimiento de culpa sobre su pecho y su consciencia.
Y también con un par de sujetos siguiéndolo, esperando un momento de vulnerabilidad para atacar al chico de cabello bicolor.