El fuego del amor [NamJin]

Summary

Cuenta la leyenda que el príncipe doncel SeokJin, hace mucho tiempo fue raptado por el temible dragón del rey NamJoon. Todos los caballeros iban en rescate por el bello príncipe, para poder pedir su mano. Lo que nunca esperaban era que Nam y Jin en realidad ya estaban felizmente casados, tenían un próspero y abundante reino, también dos futuros príncipes y quién sabe... Tal vez el rey decidiera hacerle otro príncipe a su doncel esta noche.

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Único

Siempre hay maneras distintas de contar una historia, cada una tiene su propio estilo dependiendo del contenido que posean, yo en esta ocasión me tomo la libertad de contarla como un viejo cuento de hadas. No se dejen engañar, porque a pesar de que los cuentos actualmente sean para dormir a los niños, esto no es uno de esa clase, es más bien para que un adulto lo disfrute a la luz de la luna llena y tenga el deseo de sumergirse entre las letras que relatan la historia de un amor pasional. Este es un pequeño cuento sobre el hermoso príncipe SeokJin, un doncel rebelde y el temible rey NamJoon, señor de los dragones.

Hace mucho tiempo, tanto que ya no lo puedo recordar, existía un reino muy próspero y era gobernado por el codicioso rey Edward, quien disfrutaba de explotar a sus súbditos con arduas tareas, puesto que era dueño de todas las tierras que estos trabajaban, a la burocracia tampoco le iba mejor, porque ellos solamente recibían un diez por ciento más que los aldeanos comunes. La administración de la economía era todavía peor, pues el rey no quería pagar a sus súbditos por su trabajo, pero además de eso, solo incrementaba los impuestos de todos solo para aumentar más y más la colección de sus bienes. Podría decirse que este era el peor rey de la historia, pero lo más sorprendente, era el hecho de que el reino no se caía a pedazos y continuaba enriqueciéndose más en comparación con otros. ¿Por qué? La razón era simple, todo se debía al príncipe SeokJin.

Jin era el único hijo que el rey Edward había tenido, debido a que la reina Lizbeth enfermó gravemente después de que SeokJin nació. Ella le heredó el poder de la abundancia y la vida, su habilidad no solo se limitaba a la tierra en donde vivía, también se podía influenciar en sus súbditos y él mismo, por esa razón SeokJin era un doncel y más hombres como él nacieron en su reino, por efectos de estos mismos poderes. Mientras que el rey se la pasaba holgazaneando, Jin estaba organizando el reino como se debía, enviando a escondidas dinero y joyas de su padre a los nobles y plebeyos, para que pudieran tener una vida medianamente decente, pero él no se sentía feliz haciéndolo. Para que su poder surtiera efecto, necesitaba estar contento con su vida, lo cual no sucedía, porque sentía que su padre lo tenía a su lado solamente por la habilidad que poseía y alargaba su juventud a niveles inimaginables.

Lo único que lo mantenía esperanzado, era poder encontrar el amor un día y que lo sacara de ese martirio. No se confundan, ha intentado en muchas ocasiones salir de ahí, pero su padre fue más astuto y le pagó a una bruja para que le lanzara un hechizo de devoción a su tierra natal, al menos hasta que se enamorara de verdad y fuera correspondido de igual forma. ¿Predecible? Por supuesto, pero lo hicieron porque era imposible que SeokJin se enamorara de un hombre o mujer fuera del reino... Al menos eso pensaba el rey, quien cuando menos se lo esperó, su hijo estaba siendo raptado por un enorme dragón azulado y llevándoselo lejos, hasta las áridas y peligrosas tierras del rey Kim NamJoon.

Desde que SeokJin se fue, el reinado del rey Edward pereció, junto con la muerte de su monarca. Las tierras se volvieron infértiles y los súbditos tuvieron que trasladarse a otros reinos y dejaron en el olvido lo que alguna vez fue una tierra llena de riquezas y belleza. Los años pasaron y la historia se volvió una leyenda para los caballeros y príncipes que ansiaban probar algo de aventura, las brujas cuentan que el príncipe doncel continúa encerrado entre las garras del cruel rey NamJoon, en espera de que su príncipe azul lo rescatara y le diera un beso de amor verdadero. Al menos eso contaban las brujas.

Dieciocho años habían pasado y ahí estaba el caballero Min YoonGi, escalando la empinada y peligrosa montaña de Ignis, reino de Kim NamJoon, pueblo de los dragones, un lugar árido y hostil, donde nada crecía y la muerte te observa. YoonGi sinceramente no deseaba ir ahí, iba a rescatar al dichoso príncipe doncel solo porque su rey era tan caprichoso que no quería rescatarlo él mismo, Min no debería estar ahí, debería estar durmiendo en una tibia cama por una semana debido a la gran cruzada que terminó por traer el cáliz de la vida eterna, además de que debería buscar a un doncel que lo mimara y fuera su esposo. Bueno, sí seguía así seguramente no conseguiría uno.

—Bien, Min YoonGi. Solo tienes que escalar ese muro, dormir en algunos arbustos e ir por su majestad —se animó a duras penas, mientras comenzaba a escalar de nuevo.

Las afueras de Ignis eran horribles, mucho calor, cráteres, sin agua, árido, peor que un desierto y Min suponía que el interior no podría ser mejor. Ya estaba cansado y si pudiera renunciar a la corona lo haría, pero no podía ir a otro reino, lo reconocerían al instante e informarían a su rey, pero tampoco podía quedarse ahí, nadie podría sobrevivir en esas condiciones. Al menos eso pensó hasta que estuvo en lo más alto del muro y vio un paraíso en medio del infierno, un reino alegre y prospero, con sus aldeanos y nobles conviviendo unos con otros, la flora adornando cada casa y jardín, pero lo más hermoso radicaba en el patio del palacio, donde él se encontraba. Fuentes de agua pura adornaban el basto jardín de distintas flores y arbustos, cada uno más exótico que el otro. El castillo de igual manera rebosaba de esplendor y naturaleza, mientras que el sonido de las aves y niños jugando era lo que hacía más divino aquel oasis en medio del desierto.

—¿Qué demonios...? —preguntó anonadado de tanto esplendor.

—¿Usted viene a secuestrar a mi papi? —preguntó una pequeña vocecita desde el suelo.

Min enfocó su vista en el pequeño niño que se encontraba al otro lado del muro, era tan pequeño, hermoso y angelical, sentado en el verde césped y recolectando algunas flores en su canasta. El caballero observó la vestimenta de aquel infante, sorprendiéndose al notar que portaba ropas propias de la realeza, lo cual significaba que era un príncipe, pero se suponía que el rey Kim NamJoon no podía tener descendencia, era estéril. A decir verdad, todo el reino de Ignis debería estar repleto de decadencia y sequía, no ser un paraíso en medio de tierra volcánica. ¿Se confundió de reino?

—¡No quiero que sigan molestando a mi papi! —gritó el pequeño con un porte firme.

De la nada, de la espalda del niño salieron dos hermosas alas de dragón, más grandes que su cuerpo, pero resistentes ante la tempestad. Aleteó en dirección a YoonGi y quedó frente al caballero de brillante armadura que se atrevió a invadir el reino. Min por otro lado, se quedó sin aire del susto que le provocó aquel pequeño desconocido, no podía creer lo que estaba viendo, era completamente una locura, los híbridos de humano y dragón se extinguieron hace miles de años por una maldición de una vieja bruja.

—¡Qué demonios...!

El grito de Yoon fue interrumpido al momento en que se cayó del muro por la gran sorpresa, impactando al instante sobre la canasta de flores del infante. Fue un golpe bastante duro, incluso el pequeño híbrido hizo una mueca al escuchar el sonido, así que bajó rápidamente y trató de despertar al caballero, dándole pequeños empujones para que despertara. Se metería en problemas con su papi cuando viera el cuerpo del pálido en medio del jardín, de eso no había ninguna duda. Este era el tercer caballero que asustaba en la semana, no podía ser posible que no soportaran ver a un lindo híbrido con alas de dragón.

—¡YeonJun! ¡¿Dónde estás?! ¡Es hora del baño!

Oh no, es su papi Jin.

—¡YeonJun no está aquí! —gritó en respuesta, mientras intentaba arrastrar al hombre detrás de los arbustos.

—¿No? ¿Entonces a dónde se fue? —volvió a preguntar SeokJin, estando más cerca de su hijo.

—A Narnia.

—YeonJun, pero si Narnia no existe... ¡Kim YeonJun! ¡¿Qué estás haciendo?!

El doncel se apresuró a ir donde estaba su pequeño cuando vio a un hombre con armadura tirado entre las flores, no tuvo que preguntar respecto a lo que sucedió, sabía muy bien la respuesta y es que su hijo debería ser solo un cuento de hadas para el mundo exterior. Desventajas de vivir separados del resto del mundo, pero sinceramente era mejor así, ahora lo que tenía que hacer era preocuparse por como solucionar esto. Discretamente sacó una pequeña campanilla de su túnica, la hizo tintinear y al instante llegó volando un híbrido de dragón, su doncel de compañía, Park JiMin.

—¿Me llamó, majestad? —preguntó el menor, mientras limpiaba un poco de polvo de su vestimenta.

—¿Puedes ayudarme a llevarlo al palacio? YeonJun asustó a otro caballero.

—¡Pero yo no tengo la culpa de tener estas alas! —se quejó el menor.

—Hoy en día los caballeros se asustan por todo —argumentó JiMin con una sonrisa maliciosa.

Jin dio un gran suspiro en resignación, así que tomó al caballero desfallecido por los hombros y empezó a arrastrarlo, pero no tuvo que hacer mucho esfuerzo, ya que JiMin había cargado al pálido de armadura, subiéndolo a su hombro cuál saco de patatas. El rey SeokJin sonrió complacido, así que tomó la mano de su hijo y caminó detrás del híbrido doncel, que se dirigía a los aposentos de la servidumbre en lo que despertaba el hombre sobre sus hombros. Cuando finalmente llegaron a su destino, su doncel de compañía lanzó al caballero sin ninguna delicadeza sobre la vieja cama, sorprendentemente este no despertaba a pesar de que se escuchó algo crujir cuando cayó, esperaba que eso fuera la cama.

Jin sonrió complacido al notar que todo estaba en orden ahora, así que estaba dispuesto a retirarse, al menos hasta que JiMin empezó sobrecalentar el metal de la armadura con su aliento de fuego, como técnica rápida para despertar al caballero, lo cual funcionó antes de que tuviera oportunidad de darle una reprimenda al menor. Min se quitó con rapidez la armadura, mientras lanzaba algunas maldiciones y se notaba su piel más rojiza por el calor al que se expuso, mientras que JiMin se reía, pero de lo fuerte que lo hizo terminó cayéndose del borde de la ventana en donde estaba sentado, yendo directo al vacío.

—¡Dios mío! —gritó asustado YoonGi, recargándose para ver lo que sucedió.

A pesar de todo, el caballero no pudo evitar sentirse maravillado al ver a JiMin aleteando con sus hermosas alas blancas de dragón, pareciendo ante sus ojos como un ángel. Sus miradas conectaron y no pudieron evitar sonrojarse por tal situación en la que se tuvieron que conocer, ahora el doncel de compañía se sentía apenado por la travesura que le hizo al caballero, que si lo veía mejor ahora le parecía apuesto. Así que entró de nuevo a la habitación, siendo recibido por el pálido, quien le ofreció su mano para aterrizar con cuidado. JiMin no se negó en aceptarla, por supuesto.

—¿Eres un ángel? ¿Eres el príncipe doncel SeokJin? ¿Te casarías conmigo? —preguntó Min.

—No, soy un híbrido dragón blanco. No, soy el doncel de compañía de SeokJin. Sí, acepto —respondió Park, sin pensar realmente lo último.

—Ay, por favor. JiMin, no seas ridículo —se quejó Jin, mientras se le acercó al mencionado y lo separó con brusquedad—. Yo soy SeokJin, supongo que eres un caballero que viene a rescatarme.

—Sí, pero prefiero abandonar mi cruzada y cortejar a este hermoso doncel —habló Min con sinceridad.

—Fue más fácil convencerte de lo que creí —comentó Jin con diversión.

Y así era realmente la vida del bello doncel SeokJin. Todos los días, desde hace un año comenzaban a llegar más y más caballeros en busca de rescatarlo, aunque en realidad no lo necesitara, porque estaba felizmente casado con el rey Kim NamJoon, dueño y señor de los dragones o al menos así le hacen llamar en otros reinos. La verdad era que Jin nunca fue secuestrado, conoció a Nam cuando este iba de excursión por otros reinos en busca de una bruja o poción que rompiera la maldición de su pueblo, ahí es cuando un día llegó al reino del rey Edward y conoció a Jin, un triste príncipe doncel que estaba atado a su tierra y su padre.

El encuentro no fue muy bueno, Nam tomó un pequeño descanso en el lago en medio del bosque de aquel reino, pero lo que no esperó fue que al intentar beber un poco de agua, se encontrara con un hermoso doncel, que tomaba su ducha matutina ahí mismo. Deben su poner que SeokJin gritó tan alto que Nam cayó también al lago del susto, pero cuando se miraron a los ojos, sintieron una conexión, algo como una pequeña luz seductora y un futuro juntos. El tiempo pasó y aunque al principio eran algo tímidos, su relación fue floreciendo, hasta caer profundamente enamorados y así, SeokJin finalmente pudo huir de su padre, porque había encontrado el amor con Nam y sabía que debía ir a su lado.

Obviamente los primeros años de matrimonio no fueron fáciles, los pocos híbridos de dragón no estaban contentos con su unión, principalmente porque era imposible que un humano soportara llevar a un primogénito para Nam, mucho menos este podría dejarlo en cinta, porque era estéril debido a la maldición. Pese a todo, los súbditos y nobles callaron al notar como las cosechas eran más abundantes, los crudos inviernos resistibles, los veranos refrescantes, pero sobre todo, la llegada de nuevas crías al mundo. Entre esta nueva generación, nació en primer hijo del matrimonio real, Kim JungKook, un híbrido doncel y futuro heredero al trono, mientras que tres años después llegó al mundo su pequeño YeonJun, un híbrido dragón también. No podía ser más feliz.

Su día había transcurrido con normalidad, bañó a YeonJun, tuvo clases de política con JungKook, escuchó algunos problemas de sus súbditos para comentarlo con el rey, se encargó que empezar a organizar los preparativos del festival de la primavera y entre otras cosas. Tuvo que cenar con sus hijos, JiMin y el caballero Min, porque su esposo fue a un viaje de exploración por las otras montañas cercanas, buscando más híbridos dragones para acogerlos en Ignis. Después de la cena se dirigió a sus aposentos, mientras se quitaba su elegante túnica y se introducía desnudo entre las sabanas de seda.

Estaba acostumbrado a dormir de esa forma desde que contrajo matrimonio, principalmente era porque Nam emitía bastante calor corporal, aunque se suponía que debería ser de sangre fría, el cuerpo de su esposo se adaptaba al de SeokJin para que siempre estuviera cómodo y cálido, lo cual agradeció mucho cuando estaba embarazado. Oh, como extrañaba a su amado, algo torpe e intimidante en ocasiones, pero con un corazón tan cálido, inteligente y amable que lo derretía cuál nieve sobre roca volcánica.

Cerró sus ojos con una sonrisa en sus labios y caía poco a poco entre los brazos de Morfeo, eso hubiera pasado de no ser como sentía unas cálidas manos pasear por su abdomen y una osada mordida sobre sus perfectos muslos. La sorpresa del acto despertó a Jin en un dos por tres, observando la gran figura de un cuerpo masculino debajo de las sabanas y cuando retiró estas, pudo observar a Nam, quien le sonrió mostrándole sus colmillos de dragón.

—NamJoon, me asustaste —se quejó el doncel, quien después observó a Nam con una mirada cariñosa —. ¿No habías dicho que volvías para desayunar?

—Para Kookie y Junnie si, pero para ti volví para la cena —aclaró con travesura, tomándose la libertad de besar el interior de los muslos de su amado.

El doncel notó al instante a que se refería el híbrido con “cenar”, así que no pudo evitar soltar un jadeo de la excitación que le provocó verlo tomar una postura más dominante. Nam dejó su posición anterior para alzarse sobre Jin, acomodándose con confianza entre sus piernas, mientras acariciaba la parte interna de sus muslos para que su esposo relajara su postura de a poco. SeokJin suspiró satisfecho cuando pudo tener una muy buena vista del miembro de NamJoon, quien por otro lado este repartía masajes y presiones suaves sobre los glúteos del doncel, separándolos de a ratos para observar la entrada rosada y un tanto dilatada.

—¿Me extrañaste mucho, mi doncel? —preguntó Nam con travesura en su voz.

—Sería una mentira decir que no, Margaret sufrió cambiando las sabanas todos los días —confesó con una sonrisa apenada, sintiendo como sus orejas poco a poco se calentaban.

—Tan encantador como siempre, Jinnie.

NamJoon aproximó su rostro al del doncel, rozando sus narices un momento antes de comenzar un apasionado beso. Jin sintió como los fuertes brazos de su amado envolvieron su cintura, mientras lo levantaba un poco, para que sus pelvis se juntaran y en el proceso ambos miembros se sintieran mutuamente. Ambos sabían comunicarse, no hacía falta palabras, ellos se entendían por medio de las miradas, caricias o incluso por el sonido de los besos húmedos que compartían. No cabía duda de que ambos se habían extrañado, al pasar sus manos por los fuertes pectorales del híbrido, podía sentir el corazón del dragón, que latía en una melodía enamorada a su alma gemela.

Era normal que pudiera sentir lo que decía el corazón de dragón de Nam, tenían una conexión mística porque ambos era mágicos, se entendían mientras más contacto carnal tuvieran. Cada vez que hacían el amor, era como si fuera la primera vez, todas las caricias, sus mordidas seductoras, como lo trataba con delicadeza a pesar de lo resistente que era, los músculos marcados del híbrido restregándose contra la suave y blanda piel del doncel, pero ni hablar de cuando sentía el miembro de su esposo instalarse en su interior, mucho menos de las embestidas que los orillaba al delirio y máxima expresión de placer.

Ahora, ahí, estando sobre las sabanas de seda y con el precioso cuerpo de su marido entre sus piernas, recorrió el pecho del contrario, dejó su toque sobre la zona del corazón y comenzó a sentir el compás de los latidos. El ritmo era adorable, suave y dulce de sentir, como cuando lo sintió en su primera noche de bodas, pero había algo distinto, tal vez esperanza, alegría y futuro, como la noche en que nació su primogénito. Miró a Nam a los ojos, para confirmar lo que estaba pensando y sonrió con algo de burla al ver la reacción apenada del híbrido, quien tenía sus mejillas teñidas de un ligero rojo sobre su piel tostada.

—¿Tu viaje te hizo sentir falto de amor familiar? —preguntó el doncel con interés.

—No encontré a nadie, Jinnie. Parece que somos los últimos híbridos dragón en toda la región —confesó con una sonrisa triste—. Tal vez por eso mi dragón quiere tener más crías.

—Seguirá prosperando, recuerda que antes no había donceles híbridos y desde que llegué salieron varios, incluso tu consejero JiMin se convirtió en mi doncel de compañía —opinó con una voz suave y comprensiva.

—Lo sé, pero... ¿Sería tan malo tener otra cría? —preguntó Nam de forma melosa.

Jin sabía lo que se aproximaba, cuando sintió la larga lengua de su esposo saborear su cuello y el beso húmedo que se dispuso a dejar sobre sus clavículas. Podría parecer algo rudo que Nam usara algunas de sus características híbridas en medio de su pasión carnal, pero eso no le molestaba en lo absoluto. La pregunta anterior había pasado a segundo plano, entre las mordidas traviesas, el cálido cuerpo de su amado y como este tomaba el frasco de aceites aromáticos, esparciendo aquel líquido por toda su parte baja y dándole exquisitos masajes en el área cercana a su anillo de carne, introduciendo ocasionalmente la punta de su dedo por el orificio. SeokJin ya estaba delirando entre los brazos de su esposo.

—¿No quieres otro bebé? YeonJun quiere una hermanita —continuó persuadiendo NamJoon.

—Sí quiero, pero... ¿Podríamos esperar a que YeonJun crezca un poco más? —preguntó algo apenado.

Nam soltó una pequeña risa por la reacción de su esposo, así que no pudo evitar dejar un beso pequeño sobre su frente, para después asentir como respuesta a su pregunta. Esperaría todo lo que fuera necesario para que SeokJin se sintiera listo, no iba a presionarlo, después de todo la idea de un bebé debía ser mutua y en el momento que lo creyeran correcto. Pero eso no significaba que detendría lo que habían empezado.

—¿Al menos me dejarás disfrutar de tu cuerpo, amor mío? —volvió a preguntar.

—No es necesario que pregunte eso, mi rey. Usted sabe que siempre estaré dispuesto a entregarle mi amor —respondió el doncel en un susurro.

Jin juntó sus labios con los de su marido, mientras se dejaba acomodar entre los brazos del contrario, abrazó con sus muslos la cadera de Nam y restregó su pelvis contra la de su esposo, llenándolos de esta manera con los aceites que anteriormente NamJoon había puesto sobre su cuerpo. Ambos miembros se unían en un balanceo resbaladizo, mientras que los amantes jadeaban el nombre del contrario, pidiendo por más contacto que se les fue privado desde hace unas semanas. Sus cuerpos se calentaban más y más, era un calor sofocante que solo podía ser saciado por el toque del contrario, como el fuego o la llama ardiente de la pasión que en vez de perder su chispa, simplemente encontraban la manera de avivarla más y más.

Nam interrumpió el beso impaciente de su doncel, puesto que a este le encantaba ser besado la mayoría de las veces posibles. Se maravilló con la hermosa vista que le proporcionó Jin, con sus esponjosos labios color carmín, su bello rostro pidiendo ser amado, su delgada cintura y los deliciosos muslos a su alrededor y cubiertos de los aceites con los aromas que más les gustaban. Tan húmedo, pero al mismo tiempo caliente ante los ojos mortales, todavía seguía sin poder creer que el universo le había dado como alma gemela a un ser tan bello, pero fuerte como para poder resistir la unión con un híbrido dragón.

El rey hizo un pequeño masaje sobre la rosada entrada de Jin que se encontraba perfectamente dilatada, mientras que con su mano libre comenzó a introducir su miembro por el cálido orificio, provocando que el doncel tuviera pequeños espasmos al sentir la intensidad del calor que emanaba el pene de Nam en su interior. Tan ardiente que quemaba, pero se sentía muy bien, tan bien que no pudo detener sus gemidos al momento en que el híbrido comenzó a dar fuertes embestidas contra su cuerpo. Los aposentos se llenaron de los llamados temblorosos de SeokJin, junto con los constantes gruñidos de Nam que mordía de vez en cuando la hermosa piel del doncel, dejando marcas de mordidas con sus colmillos, mientras que el sonido de su unión eran chasquidos de sus labios, acompañados de chapoteos húmedos debido al lubricante y sus fluidos corporales.

—Joonie —llamó el doncel con su voz quebradiza por el placer.

—¿Sí, Jin? —preguntó con dificultad.

—Te amo, Nam.

—Yo también te amo, Jinnie —confesó.

Del pecho de NamJoon se empezó a formar una luz anaranjada debajo de su piel, en la zona donde estaba su corazón, SeokJin por inercia tomó la mano derecha del híbrido, mientras que su propia izquierda se dirigía al pecho de Nam, tocando la zona iluminada y sintiendo el llamado del dragón, de acuerdo con las palabras del rey. El calor y el amor se sentían tan intensos que era sofocante, pero esto los orillaba más cerca del punto más alto del clímax. Nam podía sentir como el interior de Jin se volvió tan caliente como sentir el exquisito vapor de la montaña volcánica, mientras que para SeokJin, los fluidos pre seminales de su marido se sentían como gotas de aguas termales.

Nam tomó con fuerza las caderas de SeokJin, levantando bruscamente al doncel de la cama, pero esto solo provocó que terminara por derramar su orgasmo en su abdomen, porque al levantarlo había llegado a su punto dulce y el doncel estaba tan sensible que solo era cuestión de tiempo para acabar. Joon salió rápidamente del interior de su esposo, aprovechando el estado anonadado de Jin para subir las piernas de este sobre sus hombros y continuar las embestidas faltantes para que finalmente pudiera alcanzar su propio orgasmo. Al frotar de nuevo ambos miembros, causó que el pene de SeokJin volviera a ponerse un poco erecto y con esto; Jin estuvo temblando de placer sobre la superficie de la cama, al menos así fue hasta que NamJoon pudo liberar su orgasmo finalmente y SeokJin le acompañara en su segunda vez. Ambos enamorados se dejaron envolver entre las sabanas de seda de su cama, mientras que Nam tenía a Jin contra su pecho, quien soltaba pequeños sonidos de satisfacción al sentir la calidez que emanaba el cuerpo del híbrido.

—¿Te gusta la temperatura? —preguntó con diversión Nam.

—Así está perfecto, siento como estar al lado de la chimenea en los inviernos —respondió Jin.

—Nunca te lo había dicho, pero... ¿Sabías que los dragones solo pueden crear calor para su pareja de toda la vida? Incluso cuando se entregan al placer carnal, para los humanos se le llama “hacer el amor”, pero para nosotros es como crear fuego, por eso le dicen “el fuego del amor”.

—Oh, sí es muy lindo. JungKook ya me lo había dicho.

—Es una tradición muy hermosa y... Espera, ¿te lo dijo nuestro Kookie?

—Sí, cuando estábamos leyendo sus libros del arte del amor en dragones.

—¿No acordamos enseñarle eso cuando fuera a entregarse al amor de su vida?

—...

—SeokJin...

—¿Quieres té?

—¡SeokJin de Kim, necesito una explicación!

Todas la criaturas en este mundo tienen sus formas de expresar amor, pero no hay ninguna más pura y pasional como lo hacen los dragones, uniendo sus cuerpos al compás del fuego de sus corazones, al compás del fuego del amor.