Animal encerrado

Summary

Hace mucho, mucho tiempo existía un reino, un reino dividido por dos razas. Los Metahumanos, Licántropos de los animales mas poderosos de la tierra, habitando un lugar mágico, El bosque de los Mil ojos. Y los hombres de hierro, fieles hombres dispuestos a matar y a morir por la sangre real, orgullosos reyes de sangre Uchiha. La guerra era inevitable. Seres mágicos defendiendo su territorio ante la ambición de los hombres, en una clara a masacre de sangre humana, dando campos de exterminio de ambos lados, cuando cabezas de humanos se colgaban en palos y colas, pieles inhumanamente tintadas de sangre. Tanto fue así, que el único, el ultimo príncipe Zorro, de sangre de estos mismos y lleno de la magia del bosque. Encerrado ahora lo podrán encontrar. El querrá escapar y lentamente sus instintos lo dominaran... Pero si hay magia...¿Hay maldiciones?

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
13+

I

Murmullos se hacia escuchar por toda la sala, sala elegante, de candelabros de oro, iluminado con velas, paredes llenas de vitrales de colores, pero uno en especifico, uno donde se encontraban cuatro importantes personas, imponentes y finas, de clase alta a primera vista pues cada uno de ellos, de tez clara, ojos comparados con la noche y cabello y igual de brillante y oscuro que al de un corcel pura sangre.

Pero uno en especial, su rostro serio y afilado, con un traje azul marino y botones de oro, el menor de todos, portando una una corona, adornada de las mas valiosas piedras preciosas.

Este mismo, mirando con aburrimiento la gran sala del palacio, misma donde se encontraban las gentes mas importantes de la nobleza, lleno de bellas condesas, vestidas con los vestidos mas caros y comandantes, adornando sus rostros con cicatrices, portando con ellos las medallas que habrian ganado en su vida.

Pero al fin, después de la espera, el sonido de que las puertas habrían sido abiertas llamo su atención hacia la gran alfombra roja.

sobre ella caminaba un hombre de pelo rubio y ojos azules, aparentemente desnutrido, dado a la flacidez de su rostro, vestido con ropas dañadas y de colores marrones. Pero algo que llamo su atención, fueron los cinco hombres tirando de una jaula con una manta blanca encima de ella, evitando ser vista.

—¡Tiren!. - gritaban aquellas personas de clase baja al arrastrar aquella jaula, hasta quedar frente al Rey, quien miraba con aburrimiento a los hombres que habia llegado, recargando su rostro sobre la palma de su mano.

—Oh mi majestad, he venido desde muy lejos al enterarme que usted buscaba un alma tan pura como exótica en busca de placer. Yo, un simple campesino, he de ofrecerle a mi hijo, un joven mas chico que usted, hermoso y exótico, justo como usted esta buscando, y he de presumir Rey mío, Nunca hallará a alguien similar majestad.

—¡¿Insinúa usted que su majestad aceptaría a un varón cualquiera?!. - Elevo la voz, amenazando a punta de lanza a aquel campesino, cual al instante se arrodillo ante los pies del Rey.

—¿Cual es su nombre campesino y muéstreme la validez de su hijo?. - Su voz, seria y profunda ilumino los ojos del rubio, quien habia levantado la mirada para verlo a los ojos. Casi al instante, se levanto con frenetismo, antes de tomar la cobija que cubría esa gran celda, antes de tirar de ella, dio una sonrisa ególatra hacia el Rey, al ser el centro de atención y le dirigió sus ultimas palabras.

—Mi nombre majestad, es Namikaze Minato y este es mi hijo. -Tiro de la gran cobija. Al instante los ojos del rey se abrieron con sorpresa, los murmullos de la gente clase alta no esperaron a hacerse escuchar al ver a tal bestia.

Los guardias tomaron su posición defensiva por debajo del Rey, rodeando al hombre de ojos zafiro, quien solo levanto las manos, sin alguna pisca de miedo por lo que los guardias amenazaban a hacer.

Pero en aquella jaula, el verdadero miedo que a las personas le causaban era hacia un Licántropo. Un metahumano que habría de causar guerras, el y toda su raza. Pero este era diferente, sus colas doradas como el oro y en sus puntas blancas tal que como la nieve, cubrían la mayoría de su cuerpo desnudo, de tez canela, al igual que su torso, lo suficientemente trabajado para que se viera decente, sus brazos delgados y delicados, sus rubios cabellos al igual que sus colas, de oro puro y brillante. Un manjar para los hombres.

—Oh su majestad, he venido desde muy lejos para traerle a mi hijo. Un demonio de sangre pura, como podrá comprobar, el ultimo del gran Clan Zorro, mi hijo. Y como regalo de la Deidad mi señor, este chico a de conceder regalos que ningún hombre a de poder dar, concebir vida, vida maldita mi señor. Por ello, hoy le traigo este regalo, podrá ponerle fin al gran Clan maldito que causo estribos a la gente del continente o podrá demostrar su supremacía, cogiendose al príncipe de los demonios, demostrando así Rey mío, su poder y vanidad al compartir su piel con la de un monstruo.

El rey escuchaba atentamente, aunque tuviera la mirada sobre el rostro adormilado del Kitsune. Sin tomar conciencia, tomo la espada desvainada que se recargaba en su gran trono de oro, y apunto su filo contra el rostro del contrario.

—Usted habrá cometido traición al eyacular contra un demonio, y el restrojo que a causado esa accion la a ofrecido ante mis pies, lo mismo que a matado a mis padres ¿y aun así ha tenido el valor de arrodillarse ante mis pies? - Dijo, apuntándolo a punta de espada, pero aunque le haya sorprendido y no lo haya demostrado, fue la accion de este, tragando saliva he inflando el pecho, bajo la mirada y dejo que la fuerza de sus hombros dejara volar en el viento.

—Tiene conocimientos básicos como leer, sumar y escribir. El no es muy bien chico pero siempre intenta ser mejor.

Los ojos del rubio comenzaban a abrirse, sus colas hacían movimientos, queriendo acercarse mas a las rejas, unas donde estaba su padre. Alertando a las personas, como una señal para el rubio.

—Esta bien, siempre esta bien, puede sobrevivir solo, ademas que siempre a sido muy fuerte, yo se que cualquier reto que usted le ponga el lo afrontara...se que con usted estara bien.

Pero aquellas palabras poco le importaron, pues segundos de silencio después, el mismo con su espada, corto el cuello de aquel señor, dejando caer el cuerpo inerte sobre la alfombra roja. Pero cuando levanto su mirada pudo ver los ojos de horror del chico, quienes comenzaban a soltar lagrimas como si de un mar se tratase, viendo en shock hacia el frente, justo donde esta su padre.

—Llevenlo y quemenlo en la plaza, que todos sepan las consecuencias de cometer un crimen como este. - Grito, siendo escuchados por todos. Pues su corazón de acero y hielo no permitiría tales palabras y mucho menos dejar que aquel pecado siguiera vivo, sin importarle que pensarían de el.

—¡Desgraciado!. - Todos escucharon gritar en lo profundo de la celda, al ver con atención, pudieron ver al Licántropo colgado de los barrotes, mientras sus colas alcanzaban a sobresalir de ellas, intentando llegar hacia el Rey.

—Vistan al demonio correctamente y llevenlo a mi habitación. -habia dicho, sorprendiendo a todos en la sala, aun así, los hombre acataron sus órdenes, tomando así el cadáver del rubio, comenzando a tirar de la jaula del animal.

—¡Deténganse, hey idiotas deténganse ¿que no me escuchan?! ¡paren o les juro que saldré y los matare a todos malditos desgraciados!. - Pero sus gritos eran escuchados al unisonó, mientras extendía su brazo entre los barrotes para alcanzar a su padre, mientras que derramaba lagrimas de oro, dejando un camino por donde lo arrastraban.

Llamando la atención de las personas, solo quedaba ver como los hombres arrastraban la jaula de chico hacia un pasillo, viendo el rostro de desesperación del chico, antes de que puertas se cerraran frente a el, encerrandolo con otro muro mas difícil de caer.


—Tu padre era muy valiente, un hombre admirable. Venir, conociendo su destino, solo para darte una mejor vida.

Lo escuchaba hablar frente a el, rapidamente se levanto del frio suelo de hierro, golpeándose la cabeza con el techo de la jaula, ahora mucho mas chica.

—Veo que ya te levantaste ¿te parece contestarme unas preguntas antes de comenzar a torturarte?. - Su voz era fría, al igual que su mirada, observando todas las facciones del rubio. Aun así, este no se atemorizaba, en cambio, dejo mostrar sus pequeños colmillos inmaduros de animal, gruñéndole en el proceso —Con que esas tenemos.

—Maldito. En cuanto salga de aquí degollare tu cuello mientras duermes.

—¿Enserio? dudo que puedas salir de esa jaula. Además no te conviene hablarle asi a tu amo, al fin y al cabo, tu eres el que cuelga de un delgado hilo entre la vida y la muerte.

Y″boom″con eso habia tocado una parte importante del orgullo del rubio. Tal que así fue que sus orejas peludas se agacharon, mientras que este inclinaba su cabeza hacia el suelo.

—¿Enserio? ¿tan sencillo fue dominarte?.- dijo en broma, aunque algo no le llamaba la atención, un presentimiento ante el repentino comportamiento sumiso del rubio.

—No es que dependiera de mi, solamente quiero vivir mañana...por mas que te aborrezca Rey de pacotilla.

Bien, ya le llamaba mas la atencion molestarlo, ya le habia dejado claro que lo mataria y al parecer lo habia comprendido. Atravesó con una de sus manos los barrotes para entrar a la jaula, y en un movimiento repentino, coloco su mano sobre la cabeza del rubio, causándole escalofríos, una energía recorriendo todo su cuerpo.

—Atrévete a rasguñarme, si quiera un poco, o a aburrirme. Creeme que un objeto como tu aburrido no me costaría deshacerme de el.

Palabras tan hirientes al rubio lo hicieron temblar, inclusive el moreno pudo ver como una lagrima resbalaba por la comisura de sus labios. Aun así, comenzó a restregar su cabeza contra la mano del moreno, causándole una sonrisa arrogante. Pues bien, habia dominado a una bestia, una hermosa bestia con corazón de oro.

Pero la luna no aullaba esa noche, miraba por la ventana en busca de ella, viendo únicamente al cielo iluminado por miles y miles de estrellas.

Aun así ese corazon vacio no dejaba de latir, mientras que sus ojos, brillando al igual que perlas miraban en busca de compasión, una pisca de piadeza que podría iluminar su camino. Pero bien sabia que no sería así.

Un sonido llamo su atención. Abrió con pesadez sus ojos color cuervo, levantando ligeramente su rostro soñoliento de las suaves sabanas blancas.

Miro hacia donde provenía el ruido, sorprendiendose de algo, donde la luna iluminaba por la ventana la pequeña jaula del zorro, ahora solo se podia ver el hierro vacio de los barrotes abandonados, el habia escapado.

Ya sea sorpresa o decepción, otro ruido lo alerto, dirigiendo su mirada hacia el gran armario de puertas del tamaño de la habitación, viendo como este estaba ligeramente abierto. Escuchando un sonido provenir de el, un gruñido, dispuesto a levantarse, cuando una pequeña cola anaranjada sobresalía de la puerta, siendo iluminada por la escasa luz de luna. Poco a poco, esos gruñidos se convirtieron en pequeños gimoteos. Lentamente, un zorrito, pequeño, dorado y portando nueve pequeñas colas, salía triunfante del armario, trayendo en su boca pieles de animales, abrigos a simple vista costosos, arruinados por los colmillos de felino.

Con dificultad, su cabeza entro en la jaula, mientras que todas las prendas se resbalaban. Tomo las pieles, acomodandolas en bolita en el centro de la jaula, antes de acostarse sobre ellas, y dado a su nueva condición, parecía estar durmiendo en un castillo de nubes, comenzando a cerrar los ojos, grandes ojos azul eléctrico, iluminados tenuemente por la luna.

Los mismos rayos despertaban a esos ojos zafiro, de parpados de piel y rubias pestañas. Parpadeo varias veces, antes de levantarse completamente, sentándose sobre la jaula y las pieles variadas de esta.

—Veo que ya despertaste, ladrón de pieles. - Lo escucho hablar, tras aquellos barrotes, levanto la mirada para verlo, ahora distinto, portando un claro traje terciopelo, color negro de botones dorados, portando una imponente capa roja de pelo de lobo negro, mirándolo fijamente, parado frente a la jaula —¿Que no un príncipe no debería tomar cosas que no le pertenecen?.

—¿Que no se supone que al ser tu mascota no debería de sufrir frío?.

—¿Mascota?. - Pregunto un tanto sorprendido, aquella declaración lo habia tomado por sorpresa.

—Si, además tampoco es que me agrade mucho tu olor a pierdas y pinos silvestres, es demasiado...¿embriagante? creo.

—¿Así que mi olor te parece embriagante?. - Pregunto, aun sabiendo la respuesta, causándole un pequeño tono de rosa en las mejillas del rubio, cual trato de ocultarlo, apartando su mirada —¿No te habían dicho lo adorable que eres?. - Y tomo los mechones del rubio, agitandolos fogosamente, apartándose y comenzando a caminar hacia la gigante puerta de oro —Volvere despues que el sol se haya ocultado, y no te preocupes, enviare a personas a que te traigan pieles de animales, pequeño zorrito.

Tras decir aquello, la gran puerta fue abierta por dos hombres de hierro, dejando pasar al imponente Rey, cerrandolas tras sus espaldas. Tras aquello, el trigueño suspiro con alivio, al instante viéndose rodeado por una nube de humo.

Rápidamente, una nube de humo salió disparada de aquella jaula, traspasando los barrotes, esa bola de humo tan rápido como corria, se desvanecía, dejando ver pequeñas patitas peludas, correr lo mas que se lo permitían, dejando sus colas al viento.

Al llegar a su objetivo, un gran balcón, dejando ver la extensa planicie antes del obscuro bosque. Sin duda, sin algún impedimento o pisca de temor, salto.


En los establos de madera, los caballos relinchaban, caballos cafeses pura sangre, al ver a un zorro caminar por las pajas de su propiedad.

Veía con curiosidad cada animal, caballos que solo habia visto a una distancia considerable, pero ahora, parecía que si se acercaba un poco mas, estos lo aplastarían sin molestia.

—¿Pero por que coño hacéis tanto ruido?. - Escucho a alguien hablar a unos escasos metros suyos, al instante un espasmo de miedo recorrió su cuerpo ¿Que pasaría si lo atrapaban? ni siquiera quería pensar en ello, agito su cabeza, negando esa posibilidad, y haciendo caso a su instinto, al ver una bolsa de cuero colgada junto al establo de un caballo blanco, uno mas grandes que los otros, decidio saltar hacia ella, entrando con mucha facilidad.

al estar dentro dio una amplia sonrisa, lo habia conseguido, ahora solo faltaba esperar a que el desconocido se fuera y podría escapar, directo al bosque. Pero sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando comenzó a tambalearse, cosa que lo alerto, la bolsa se estaba moviendo.

—No recordaba la bolsa tan pesada...pero no me acuerdo que desayune así que no importa. - Lo escuchaba hablar con simpleza, sintiendo como el hombre comenzaba a hacer movimientos agresivos, moviendo su mundo de cabeza.

Pero en la afuerzas, el hombre sobre el caballo de color perla, portando un uniforme verdoso, lleno de medallas de oro, con una tela pegada a su rostro, que cubría hasta su nariz y una venda de tela blanca cubría su ojo derecho, dejando ver el suyo izquierdo, de un azabache profundo, con un pelo rebelde levantado, de un peculiar plateado.

—¡Arre!. - Grito, azotando las cuerdas contra el caballo, causando que este comenzara a correr.

Sentía como se movía, de arriba a abajo, escuchando las alteradas voces de las personas, pero realmente solo tenia un punto fijo para ver, la nada, simple oscuridad.

Pero poco a poco el sonido de las personas se desvaneció, ahora solo podia escuchar los constantes galopes de las pesuñas del caballo, sintiendo como este, ahora mas tranquilo, solo corría al frente.

La curiosidad lo mataba y no permitiría que lo siga haciendo. Con algo de fuerza, empujo la ligera capa de cuero que lo cubría. Mientras que sus ojos se acostumbraban a la luz, sentía el aire brotar por sus mejillas como nunca lo hacia hecho, lentamente abrió los ojos, dándose cuenta que iba una gran velocidad, viendo toda la gran pradera verde, una que tanto deseo ver.

Su felicidad no tardo en aparecer, aullando al viento, diciéndole que gano, hoy el tenia la victoria, llamando la atención del peliplata, quien desvió la vista del camino para ver a su felino acompañante. Suspiro con cansancio, seguramente cuando llegue a la base lo tiraria al bosque, eso no implicaría que en ese trazo de tiempo no rompiera nada.


Next Chapter