Algo para distraerse
Dentro de la mente de Eirian corría la idea de que si tenía casa sola, tenía que aprovecharlo, pues aunque no quería salir a interactuar, hace mucho que no veía a sus amigos y no quería sumergirse más en esos pensamientos que a veces lo llevaban a conclusiones que no iban para ningún lado. Y nada mejor, que convivir con aquellos que le alegraban sus días en tiempos de antaño.

Pasaron aproximadamente quince minutos para que los dos hermanos Vidal se encontraran enfrente de la casa verde salvia de Eirian, esperando a que su amigo les abriera la puerta.
Eirian los recibió con semejante facha, que Marcos no pudo disimular aquella mirada criticona que le caracterizaba. Eirian tenía puesta su pijama azul de medias lunas, su cabello castaño parecía un nido mal hecho y de bajo de sus ojos se notaban grandes ojeras, señales de que su amigo no había dormido bien durante esos tres días, donde él evitaba sus llamadas.
—Hola —saludó Eirian, con desánimo y con la vista perdida en un punto en el exterior.
Observaba las casas de su colonia con cierto desdén, mientras que sus vecinos alegremente caminaban en ciertas direcciones, paseando al perro, manejando su dron, niños corriendo detrás de un pequeño robot que robaba su pelota…
«¿Por qué a mí?». Se preguntó internamente, al percatarse de algunas personas sonriendo y caminando con harmonía. Harmonía que él deseaba.
Pero de pronto, la voz de Lucas lo sacó de sus pensamientos.
—¿Eirian?
El aludido giró la mirada hacia sus amigos que le miraban confusos.
—Ya van dos veces que te saludamos y no nos contestas —intervino Marcos, con una tenue sonrisa en su rostro—. ¿Podemos pasar?
—¿Eh? Oh. Lo siento —se disculpó Eirian, y posteriormente los dejó pasar.
Pero al momento que Lucas cruzó la puerta, Eirian se percató de que en sus manos llevaba una pequeña caja hexagonal, aparentemente forrada de cuero oscuro, pero dejó de darle importancia al escuchar a su amigo Lucas hablar:
—¿Cómo has estado? Hace tres días que no vas a la escuela —preguntó, mientras los tres se sentaban en el sofá color mostaza de la sala. Eirian no dijo nada y la sala empezó a llenarse de un silencio incómodo.
Lucas al ver la seriedad en la cara del chico, agregó:
—Comprendo que después de lo de tu madre estés pasando por algo difícil, pero si faltas un día más, te vas a atrasar como no tienes idea.
—Y los exámenes son la próxima semana —recordó Marcos, haciendo que Eirian le mirara con cierto abrumo.
Lo que menos quería el castaño era saber lo atrasado que iba en la escuela. No era bueno para los estudios, pero si le preocupaban.
—Después del incidente no creo tener ganas de ir —contestó Eirian con baja voz. Hablar de su madre y de todo aquello que le abrumaba en ese momento le hacía sentir un enorme nudo en la garganta—. Al menos no por ahora.
La mirada de Lucas se entristeció al ver la mirada cabizbaja de su amigo, no obstante, la voz de Marcos resonó en la escena sacando a los dos chicos del ambiente melancólico en el que se estaban por sumergir.
—¿Por qué no tratas de distraerte? —preguntó Marcos, mientras comenzaba a abrazar a su amigo por el cuello—. Hay muchos métodos, y aquí entre nos… —Marcos tomó de las manos de su hermano aquella caja que había captado la atención de Eirian unos momentos antes—. Este es el mejor.
Para Eirian fue algo extraño, ya que a su amigo le brillaban los ojos de solo tener esa caja en las manos, como si entre sus dedos se háyase el mayor de los tesoros.
—¿Qué demonios llevas ahí? —preguntó Eirian con curiosidad, desviándose hacia Lucas, quien no dejaba de sonreír como si la situación le divirtiera.
—¿No lo sabes? —El hermano de Lucas le miró con incredulidad y ese brillo que tenía en los ojos no tardó en perderse al percibir el movimiento de negación por parte de Eirian
—Es OAXO —intervino Lucas, aún con una sonrisa—. Es el juego de realidad virtual que anda de moda
Eirian frunció el ceño con ligereza, trataba de asimilar la información. El nombre no le sonaba para nada, pero no le sorprendía tanto, después de todo, Eirian no era tan fan de los juegos de realidad virtual, era un chico más inclinado a los juegos de consola o móvil.
—¿Quieres probarlo? —preguntó Lucas, invitando a su amigo con la mirada a abrir la caja.
Eirian tomó dicha caja, pero estaba indeciso, pues la cara de Franco no dejaba de darle vueltas en la cabeza, amenazándole con que, si aquel tutor se enteraba, este sería capaz de colgarlo del primer puente que viera.
Entre tanta indecisión, Eirian dirigió sus ojos hacia Marcos, quien empezaba a sacar otra pequeña caja similar de los bolsillos de su short.
—Anda. Sera divertido —insistió Lucas, mientras movía ligeramente la cabeza con diversión.
Eirian tragó saliva al momento de desensamblar la tapa.
—¿Eh?
En el interior había unos audífonos muy similares a los que se usaban en los inicios de los dos mil. Y aunque estaba por reprochar que esos audífonos parecían los mismos que usaba su tatarabuelo en tiempos de antaño, se limitó a ver con más detenimiento el aparato.

No cambió de opinión.
Lo único que tenían de llamativo era su diseño: Audífonos estilos In Ear, si no se equivocaba, oscuros, con un grabado de círculos rojos, brillantes y exquisitos en su superficie.
El castaño acomodó el aparato de tal modo, para poder ver la parte del sonido. Dicha parte tenia luces let, formando un circulo rojizo. Ok, pero para Eirian, eso ya no era tan novedoso como para que sus amigos hicieran tanto escándalo.
—Uy sí, que padre. Se ve de lo más moderno.
Los dos hermanos no lograron disimular su disgusto por el comentario sarcástico de Eirian, mirándole como si frente a ellos estuviera el programa más aburrido de sus vidas. Eirian mejor optó por dejar el aparato en su caja.
—Se llaman In Ear Vir. —Defendió Lucas, cruzándose de brazos.
—¡Hasta el nombre es tan original!









