Para recuperarte
La noche era fría, el invierno en aquella nueva isla no sería nada amable con ellos, la casa, si es que se podía llamar así, era pequeña y apenas se sostenía en pie. Abrazaba a Luffy, sintiendo el poco calor que el mayor trataba de darles, acorrucados bajo una mullida manta, desgastada y sucia, así era la mayor parte de sus pertenencias.
Ace, su hermano mayor, solo un niño de 10 años, notando como temblaban de frío, los miro con determinación, un apretón más y salió de su capullo, quemando una silla, un tazón, algo de ropa, lo que sea para mantenerlos abrigados y seguros, el invierno no estaba pasando con suficiente rapidez, desde que huyeron, la vida era más difícil.
Ace había cambiado tanto... y al mismo tiempo era el mismo.
Sus ojos pesaban al igual que su cuerpo, el calor y la seguridad que les daba su hermano mayor lo hacía relajarse, Luffy no estaba mejor, durmiendo casi al instante de que Ace besara sus frentes para desearles buena noche.
Ambos dormían, ajenos a que su querido hermano salía sigilosamente de la casa, pasando entre el peligroso bosque que separaba la casa del pueblo, caminando prácticamente descalzo por la nieve, soportando el aire helado con solo una remera sin mangas.
Buscando leña, algún animal para cazar y finalmente, un trabajo, todo para que ellos no pasaran más frío, más hambre, Sabo sabía que Ace les daba todo, incluso su vida, ¡CARAJO! Había quedado sordo por un maldito trato para que él, un noble sin vergüenza, la cría de bastardos despreciables, pudiera ser libre.
Cuando despertó, sintiendo el aroma tentador de una buena sopa caliente, pan recién horneado, la suavidad de las nuevas mantas y ropas que ahora tanto él como Luffy portaban, pensó estar muerto.
Solo la triste vista de su hermano mayor cubierto en vendas, con quemaduras que solo el frío extremo podía causar, ajeno a ellos, curándose en soledad y con el menor sonido posible, lo hizo abrir los ojos, pegarse a él para llorar, Ace odiaba a los llorones, pero desde el incidente, simplemente los consolaba.
[...]
Suspiro, soplando un poco para poder degustar el placentero sabor de su café mañanero, no era el mejor, pero vamos, no podía pedir más de una maldita base marina, a veces los recuerdos transportan el alma.
Es interesante como la mente recuerda cosas tan hermosas en un escenario más parecido a un apocalipsis, pedazos de carne y sangre se cernia como decoración, esta era una misión diferente, necesitaba que todos supieran que no bromeaba, no estaba como reconocimiento o sigiló, estaba como lo que es, un acecino despiadado.
A pesar de su juventud, Ace hizo todo para mantenerlos felices y darles una mejor vida ¿Y el mundo quería que se quedara con los brazos cruzados?.
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Llegaron a un pequeño pueblo, estaba emocionado, no entendía muy bien porque debían moverse tanto, pero aceptaba todo para que nadie volviera a lastimar a sus amados hermanos. Ace era lo más cercano que tenia a un padre o madre, lo había visto en otros niños, el cuidado, el amor y la atención que los adultos les daban, Ace les daba el doble, sabía que ofrecería su vida con tal de proteger sus sueños, así que él haría lo mismo.
Aquel pueblo que tenia escasa comida, oportunidades limitadas, casi inexistentes, sería su nuevo refugio, odiaba no poder darles más, había peleado, consiguiendo más dinero por aquellas peleas callejeras, robando en cada oportunidad, trabajaba en cualquier cosa que quisiera contratar a un niño de 11 años.
Pero no se sentía suficiente, los zapatos de sus pequeños hermanos ya se encontraban desgastados, los suyos tenían tantos agujeros que quizá, sería más seguro caminar descalzo.
Se sentía mal de acariciar aquella delicada piel, sus manos estaban curtidas por los golpes, sus nudillos modelaban, prácticamente cada semana, enormes costras, tocar seres tan puros como lo eran sus hermanos, siempre se sentía como manchar una hermosa pintura.
Ace siempre fue así, Luffy nunca entendió eso, si ellos lo amaban ¿Porqué él no podía amarse a si mismo? Era genial, los protegía, los cuidaba, eran su única familia, Luffy juró hacer todo para proteger a sus hermanos, solo quería que Ace dejara de despreciarse tanto.
Una tarde, mientras el mayor caminaba en busca de más trabajo, encontró una pequeña marioneta tirada en la basura, algo maltratada por el sol y el mar. Sabiendo que a sus hermanos les encantaría; Aunque apenas podía sobrevivir con la suficiente comida para no morir, decidió llevársela, preparando una sorpresa para ellos.
Tres meses más tarde, Ace abrió de golpe la puerta de la cabaña donde vivían, mirándolos con una cálida sonrisa, ambos se acercaron, su hermano ocultaba sus manos en la espalda, cuando ambos se sentaron, Ace saco una caja de cartón, se veía vieja, talvez para el fuego?
Cuando mostro la marioneta y las golosinas, sus ojos se iluminaron de alegría, incapaz de contener las lagrimas, Sabo y él se abalanzaron contra Ace, llorando y gritando agradecimientos a pesar que él no los podía oír.
¿Cuanto tubo que soportar su hermano para poder hacerse de aquellas chuches?
Solo una cosa era clara, sin importar la dureza de sus vidas, su hermano mayor siempre encontraría una manera de hacerlos sonreír, todo estaría bien mientras Ace siguiera vivo.
[...]
Volvió a ver el mapa, nadie lo consideraba inteligente, una persona más bien alegre e infantil, en una situación normal, habría tomado al toro por los cuernos, pero esto es diferente, se metieron con algo más valioso que la propia existencia del mundo.
¿Quinto emperador? Basura, les mostraría por que merece ser el rey.