Hola ¿Estás ahí? [SETTPHEL]

Summary

Él no ha dicho nada, su piel se tiñe de morado, azul y verde «púrpura, púrpura, púrpura.» Hay un cuaderno abandonado al borde de la cama, leí cada maldita página y fue doloroso, me da escalofríos mirarlo a la cara el brillo de sus ojos desapareció, ¿Estás bien? le pregunto cada que lo visito en el hospital, él solo asiente con simpleza, apenas y voltea a verme, los doctores dicen que lleva días sin comer, tuvieron que obligarlo; desde el incidente no lo he visto derramar alguna lágrima, ya no grita. Odio ver sus muñecas llenas de vendas las cuales cada cierto tiempo se tiñen de rojo «¿Es doloroso?» Tomé el maldito cuaderno y rasgue cada estúpida página en un intento por llamar su atención, pero él ya no está ahí, no dice nada, no hace nada, no ve nada, no escucha nada... Pero reacciona a tu nombre el psiquiatra mencionó que es un reflejo, Sett si lees esto, por favor ven...

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Al principio

Jonia 7 de enero

Tarde despejada 18°, suave brisa.

He vuelto a soñar con ese día, recuerdo sentir la arena húmeda, había caído de rodillas debido a la impresión, mi mente aún luchaba por procesar lo que había ocurrido, para ese punto todo pasaba tan lento que apenas pude notar como te acercabas creo que intentabas ayudarme a ponerme de pie, me extendiste una de tus manos, dudé un poco, pero al final no la tomé, sentía que si lo hacía definitivamente todo llegaría a su fin. —Terminamos —repetiste una última vez, aquella palabra hizo eco en mi mente paralizándome nuevamente, volví a sentir como mi garganta se contraía era... «sofocante» y mis ojos... por fin cedieron.

No sé cuánto tiempo había pasado desde que me negué a tomar tu mano, tal vez solo fueron algunos segundos, pero para mí fue una eternidad, me quedé ahí inerte hasta que te vi partir, recuerdo haberte llamado, fue inútil ya no me mirabas.

El sudor frío se mezclaba con mis lágrimas, mi respiración era errática, buscaba apoyo en mi oscura habitación, rebusque entre las sábanas aquel peluche.

—No está—. Murmuré apretando las delgadas telas, estaban húmedas, podía sentir un frio abrumador subir por mi espalda.

Fue entonces cuando la puerta de mi cuarto se abrió estrepitosamente, y escuche mi nombre, Alune yacía en el marco de la habitación y aunque había poca iluminación pude ver su rostro, ella estaba tan aterrada como yo, corrió a abrazarme con firmeza mientras trataba de consolarme. Creo que murmuraba algo, pero no entendía lo que decía, solo podía sentir como mi cuerpo temblaba bajo su toque.

— «Todo fue tan real — le repetía, mientras me aferraba a su cuerpo —. Volví a verlo y no pude hacer nada.»

No sé cuánto tiempo pasamos abrazados, al final Alune terminó por quedarse dormida, ella también había llorado, sus ojos estaban ligeramente rijosos, me sentía horrible, terminé por arroparla, tome mi cuaderno y salí de la habitación con dirección a la terraza, aún era de noche, el aire era gélido, no había ruido, estaba cansado. Me senté en la banca con el diario en mano y comencé a garabatear por impulso, liberando todas mis emociones sobre aquella blanquecina hoja.

Podía sentir como volvía a ser presa de mi propia mente, las noches son eternas, me duele el cuerpo, estoy cansado. — No puedo — me repito una y otra vez, mientras garabateo el papel, soy testigo de mi propia inestabilidad y...

Después de un rato me fue imposible descifrar qué se escondía tras aquellas manchas negras que yacían sobre el papel, entrecerré los ojos acercándome lo suficiente en un intento por darle algún sentido a aquellas palabras; sin embargo, parecía imposible, la tinta estaba esparcida por todo el papel, incluso faltaban algunos pedazos era como si los hubiesen arrancado. Suspiré hondo y terminé por botar la absurda idea de tratar de descifrar lo que habían escrito, dejé la carta de lado y terminé por tomar mi celular el reloj marcaba las 5:40 a.m. Aún faltaban veinte minutos para que sonará la alarma. Me levanté con pesadez de la cama, por alguna razón me sentía con la obligación de botar la carta de donde la había sacado, fui directo al closet y saqué del fondo aquella maltratada caja.

«Al principio traté de deshacerme de ella, probando en más de una ocasión botarla a la basura, a pesar de mis esfuerzos por alguna extraña razón aquella caja terminaba regresando, repetí la tediosa rutina cada que podía; y al cabo de unas semanas desistí al descubrir a mi madre traerla de vuelta en cada intento.»

No era muy grande, estaba abollada de algunas esquinas, parecía una caja vieja y común de color marrón; ya habían pasado unos dos meses desde que había llegado por correo, y solo habían pasado unos días desde que por fin me atreví a abrirla, no había remitente, pero por el contenido podía hacerme a la idea de quien la había enviado. Por alguna razón terminé cediendo a mi curiosidad, una parte de mi esperaba encontrar los regalos que alguna vez te di, pero en su lugar me encontré con una absurda cantidad de “cartas”, busque en el interior tratando de encontrar algo más, hasta que en el fondo justo en una esquina encontré algo, era redondo y suave al tacto, al sacarlo descubrí que se trataba de aquel peluche con forma de pingüino que te regale justo el día que me declare, era de noche, el clima era agradable, recuerdo que comenzaste a llorar te veías tan adorable que no pude contenerme y terminé besándote.

—Aphelios...

Labios dulces y carnosos, con un ligero tono rosado, adornados por aquel peculiar delineado púrpura que iniciaba en su labio inferior y descendía hasta la punta del mentón. Su rostro sin duda era bonito, ojos oscuros y profundos como la noche, donde en uno de ellos se asomaba una media luna trazada con el mismo tono púrpura. Sonreí de manera inconsciente ―Aphelios ― volví a llamarte como si estuvieras aquí. Miré el peluche con más detalle, estaba desgastado, algo sucio y descocido, ¿Cuánto tiempo había pasado desde aquel día?, suspiré con pesadez mientras contemplaba aquel peluche, después de todo no es algo que quisiera conservar, lo medite unos minutos, podría dejarlo sin más en la caja y fingir que no había notado su presencia o ¿Debería tirarlo?

—Conservarlo cariño, después de todo fue algo muy importante para ambos... — escuché la voz de mi madre con cierto aire de melancolía.

Dejé el peluche sobre la cama y fui directo a abrazarla, su cuerpo temblaba un poco bajo mi tacto, palmeo con sutileza su espalda como ella solía hacerlo cuando yo era más joven.

— Procura no llegar tarde — añadió en un tono apagado, mientras se apartaba esbozando una tenue sonrisa.

Le sonreí de vuelta, sentía que de a poco volvía a ser aquella mujer que solía recordar. Era consciente de que para mi madre la mudanza había sido más difícil, ya que no solo significaba dejar parte de nuestra historia atrás, sino que también significaba dejar a mi padre y aunque ella lo negará, podía notar cómo seguía siendo parte de sus pensamientos. Sabía que no me contaría lo que había sucedido y para ser honesto yo no estaba listo para escucharla; hasta que... inevitablemente sucedió; todo había sido a causa de la infidelidad de mi padre, decir que estaba molesto era «poco», aquella revelación me cayó como un balde de agua fría, estaba seguro que de no ser por su insistencia habría partido a Jonia para encargarme personalmente de «él»; sin embargo, aquello solo significaba dejarla sola, tal como mi padre lo había hecho «y yo no estaba dispuesto a abandonarla.»

— No tardes — repitió una última vez antes de desaparecer tras las escaleras.

6:10 a.m. Pateé la caja de vuelta al closet logrando que varias cartas salieran volando, le reste importancia, después de todo podría recogerlas cuando volviera. Busqué en el perchero el uniforme tomando un monótono conjunto gris, un pantalón de corte liso, y una camisa blanca de manga corta con algunos detalles en tonos grises y por último unos tenis blancos.

— Settrigh.

La escuché llamarme escaleras abajo, tomé mi mochila y bajé sin mucho cuidado, hasta toparme con su semblante molesto justo al pie de la escalera.

—¿No pensabas irte con el estómago vacío?

— No te preocupes, de camino pasaré rápido a la cafetería por un bocadillo — pude ver como torcía ligeramente sus labios —, volveré pronto.

No muy convencida la vi ir hacia la cocina, al cabo de un rato regresó con una caja envuelta en una bolsa de tela color mostaza —Es tu almuerzo — dijo extendiéndomela.

— Entonces me marcho — tomé el almuerzo, besé su frente antes de salir de casa.

Logré salir justo a tiempo, aún debía caminar durante 20 minutos hasta llegar a la casa de Ezreal, preferí omitir ese «pequeño» detalle a mi madre, ya que sabía que no le terminaba de convencer mi nueva relación.

Él vivía con su tío en uno de los barrios más lujosos de Piltóver, quedando en la zona alta de la región, de allí el trayecto a la escuela sería más sencillo ya que podríamos usar el metro, 6:25 a.m. Aún faltaba poco menos de la mitad del camino, conforme fui avanzando el sol se hacía presente iluminando los alrededores, el camino era bastante tranquilo no pasó mucho para que pudiera llegar a mi destino, toqué el timbre y el pequeño monitor se cerca de la puerta se encendió.

—¡Sett!, creí que ya no vendrías.

No me perdería la oportunidad de pasar más tiempo contigo Buttercup.

Tras aquellas palabras pude notar un ligero sonrojo en sus mejillas, antes de que cortarse la transmisión, la verdad es que hasta para mí era nuevo, no fue algo que hubiese planeado, simplemente salió sin mucho cuidado y sin duda aquel apodo encajaba a la perfección; la puerta se abrió dejando ver aquella hermosa melena tan rubia como el trigo, mi hermoso «botón de oro.»

— ¡SETT!

Sus mejillas seguían ligeramente sonrojadas, no pude ante aquella escena y lo tomé entre mis brazos, sin duda esto era lo mejor que podía pasarme cada mañana.

— Tardaste mucho, mi tío estaba a punto de llevarme tuve que mentirle con la excusa de que Catlyn pasaría a recogerme.

— Lo siento Buttercup, hoy me entretuve con unas cosas.

— ¿Cosas? — dijo rompiendo el abrazo para mirarme extrañado por lo que acababa de decir.

— No es nada importante, solo sigo ocupado con la mudanza.

Parecía que mi respuesta había sido suficiente, pues no indago más al respecto, de cierto modo estaba aliviado, lo que menos quería era decirle que había estado husmeando un paquete que me había enviado mi ex. Probablemente aquello solo desencadenaría una breve discusión y por el momento lo que menos quería era romper el ambiente que habíamos creado, tomé una de sus manos para entrelazar nuestros dedos mientras lo guiaba, Ezreal solo se limitó a aferrarse más. El trayecto fue bastante tranquilo, la suave brisa golpeaba nuestros rostros, caminamos alrededor de 6 minutos más hasta la parada del metro, cuando por fin nos vimos obligados a esperar unos 4 minutos más hasta que llegara el tren 6:35 a.m. «Justo a tiempo.» Abordamos como pudimos pues, aunque Piltóver fuese una de las regiones más avanzadas y lujosas, la sobrepoblación, se estaba volviendo un problema, aunque bueno, no es como si yo pudiera opinar al respecto. Al final, pudimos hacernos un espacio entre la avalancha de personas, preferí mantenerme de pie, después de todo estar sentado todo el día durante clases era suficiente para mí.

De apoco el vagón se vio completamente lleno, vi a Ezreal sacar su celular y prender sus audífonos; hubiese hecho lo mismo, de no ser porque preferí perderme observando la extravagante ciudad, Piltóver no se podía comparar con Jonia, extrañaba la naturaleza y el poder llegar a pie a la escuela, mientras platicábamos de cualquier cosa tomados de la mano «Aphelios.»

— Sett, Sett, Sett, ¿Sett?

— Buttercup.

— Ya llegamos, ¿En qué pensabas? — preguntó sin soltarme mientras descendíamos del vagón.

— Estaba contemplando la ciudad, aún no logró acostumbrarme a los suburbios.

Soltó una risa ante mi respuesta, ni siquiera me percaté cuando comencé a recordar lo que había vivido hace 4 años en Jonia, y sobre todo la idea de seguir pensando en Aphelios me estaba agobiando, culpaba a mi estúpida curiosidad por hacerme abrir aquella molesta caja, de no haberlo hecho no tendría que estar pasando por esto.

Caminamos un rato más hasta llegar a la escuela, mi mente aún me traicionaba no podía dejar de pensar en aquella carta; no fue hasta que noté como Ezreal se había alejado, aunque no era algo que me extrañará pues solía hacerlo siempre con la excusa de que no debían vernos juntos, justo como cuando le pedí que saliéramos, él se negó, o bueno... me dijo que sí, pero que «¡Debía ser un secreto!»

Era ridículo, pero al final terminé accediendo, era un completo martirio el tener que ocultarnos, no es como si fuésemos un par de adolescentes como para escabullirnos atrás de los laboratorios para poder besarnos. Estaba frustrado, no solo por la incapacidad que tenía de ver a mi ‘novio’, sino porque yo era dos grados mayor lo que reducía aún más nuestro tiempo a solas.

Al final lo vi desaparecer junto a Caitlyn la presidenta de su clase y miembro del consejo estudiantil, aquella muchacha tenía los aires de creerse superior a los demás, para mi desgracia resultó ser una de sus amigas más cercanas; yo no podía soportarla por más de 15 minutos y las pocas veces que me vi obligado a interactuar con ella había sido por culpa de Vi, ya que después de todo la niña malcriada y rica terminó siendo la novia de la que se había convertido en mi amiga más cercana desde la mudanza.

— ¡Hey!, veo que volviste a llegar temprano.

Logré escuchar la voz de Vi a mis espaldas, palmeo uno de mis hombros con brusquedad. — ¿Qué no piensas hablar? — insistió al mismo tiempo que incrementaba el ritmo de sus palmadas, logrando por fin irritarme.

— Debo pasar a la cafetería — reproché frustrado mientras la tomaba de la muñera, Vi se quejó, pero no retrocedió, comenzando así un ligero forcejeo.

— ¿A la cafetería?, llevas una caja enorme con tu almuerzo fácilmente podrías tomar un bocado si quisieras.

— Ya lo dijiste, “es para el almuerzo” — enfaticé.

Hubo un ligero silencio hasta que nos burlamos por lo ridículo que sonaba, solté su muñeca y ella hizo lo mismo con el cuello de mi camisa, abrí la caja y suspiré aliviado el almuerzo seguía intacto lo metí de nuevo en la bolsa y terminamos yendo a la cafetería; Vi prefirió quedarse afuera, apenas había gente, se podía ver uno que otro estudiante y por lo que se podía observar la mayoría estaba ahí para terminar algún proyecto, en eso Piltóver se parecía a Jonia, recuerdo que durante mi primer año tuve que hacer eso junto a Kayn, y un aire de nostalgia me invadió en ese momento, pagué mi compra y salí de ahí.

Vi estaba apoyada sobre el barandal de las escaleras, ladeo los ojos al ver lo que había comprado era algo «demasiado» sencillo, una barra de chocolate, nada especial, lo había tomado sin mucho cuidado. Di el primer mordisco arrasando con un poco más de la mitad, la crema de avellana brotaba de lo que quedaba de barra, era demasiado dulce para mi gusto, pero estaba seguro de que tú la degustarías sin problema.

7:15 a.m. La clase de filosofía ya había comenzado, y era obvio que el profesor Viktor no nos dejaría entrar, aunque no era algo que me molestara, después de todo era una clase que prefería ignorar, por otro lado, Vi permanecía indiferente, pues a ella no le afectaba prácticamente nada, ya que además de ser la presidenta de la clase, también era miembro del consejo estudiantil, así que podía ingeniárselas y no afrontar las consecuencias.

— Hoy tengo reunión — dijo mientras que de uno de los bolsos de su pantalón sacaba un conjunto de llaves.

Preferí no decir nada y la vi marcharse mordí el otro trozo que sobraba del empalagoso chocolate de camino tiré la basura y me dirigí a la azotea asegurándome de que nadie me viera, después de todo la clase de filosofía duraba alrededor de 3 horas y seguiría la hora del almuerzo. Cruze la reja de seguridad sin mucho esfuerzo, me senté a un costado de la puerta de acceso dejando la bolsa mostaza sobre mis piernas, deje la mochila de frente para usarla de apoyo, saque mi celular, busque entre mis contactos y marque colocando el celular sobre la mochila como una especie de trípode.

La pantalla permaneció en negro hasta que hubo respuesta