Un día con Rossi

Summary

Sherlock debe cuidar a Rossi ese día porque la maestra de su salón faltó de imprevisto.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Un día con Rossi

Título: Un día con Rossi


One-Shot


Pareja: Johnlock+Rossie


Palabras: 1190


Espero lo disfruten...


Sherlock Holmes, el mejor detective del mundo, capaz de resolver un caso en tan solo unos minutos. Un hombre inigualable y sin duda extraordinario.


Pero hoy no era el gran detective. Hoy era el niñero de Rossi. No es que le molestara ser el niñero de Rossi, él ya lo había hecho antes.


Hace unos dos años él y John iniciaron una relación amorosa y por ende Sherlock pasó a ser algo así como el padrastro de la niña. Y pensar que antes era su padrino.


La pequeña Watson sin duda nació teniendo habilidades mucho mayores que los niños normales. Era tan inteligente que con solo tres años logró armar un cubo rubik ella sola.


Desde pequeña mostró interés en los casos de Sherlock. Él le enseñaba algunas cosas, cosa que era detenida por John diciendo que solo tenía un año para entender esas cosas, lo que llevó a Sherlock a enseñárselo en privado.


Cuidar a la pequeña Rossi no era difícil. Solo había que cambiarle los pañales, alimentarle y dormirla. Pero ya no era así.


Ahora la pequeña tenía cinco años y tenía muchas más necesidades. Lo único bueno es que podía expresarlas con palabras.


-Papi, quiero ver televisión- habló la pequeña.


Esa era otra cosa. La menor lo llamaba papi y a John le decía Papá. No le molestaba, al principio solo se le hacía raro, ahora era normal oírla llamándolo así.


La pequeña se sentó en el asiento de John moviendo con intensidad sus pies. Sherlock se acercó y prendió la tele.


-ten el control. No lo rompas-


La niña tomó el control sonriendo. Sherlock aprovechó que la niña estaba entretenida para ver si había algún caso interesante.


Estaba tan concentrado en su celular que no se percató de que la niña estaba a su lado jalando su manga.


-Papi, no hay nada bueno- dijo la menor refiriéndose a los programas televisivos.


-Pero hay caricaturas- habló el mayor.


-Pero son aburridas. Papi me aburro- dijo la menor.


Sherlock se levantó y la cargó. Rossi río. Amaba cuando su papi la cargaba así.


-¿Que quieres hacer pequeña Watson?- preguntó con una sonrisa.


-Papi, tus sonrisas dan miedo- dijo la menor riendo.


-¿Ah sí?- fingió estar ofendido.


-¿Podemos ir a ver al tío Greg?- inquirió la menor con ojitos angelicales


-¿Quien es Greg?-


-¡Papi! ¡Tío Lestrade!- Rossi hizo un puchero.


¿Cómo era posible que su papi siempre olvidara el nombre de su tío Greg?


-ah, Gary-


La menor rió por el nombre.


-Bien, vístete y nos vamos-


La niña corrió a su habitación, que antes era de John. Sherlock se quedó esperándola en el salón. Se puso su típica bufanda azul y su saco negro. La menor bajó más arreglada.


Bajaron las escaleras y saludaron a la señora Hudson, quién les deseó buena suerte en su viaje.


Llegaron a la estación de policía y para su suerte Lestrade estaba afuera hablando por teléfono con alguien. La menor se acercó corriendo al mayor y abrazó su pierna.


Lestrade se sorprendió y terminó la llamada. Sherlock se acercó a ellos.


-¿Que hacen por aquí?-


-Rossi quería verte- respondió Sherlock.


La niña abrazó más a su tío y este la cargó.


-¿Cómo está mi niña favorita?- preguntó Lestrade.


-Bien- Rossi le dedicó una sonrisa. -¿Tienen casos?- preguntó curiosa.


-Por suerte no-


-Valla suerte- se quejaron tanto Sherlock como Rossi.


Lestrade río por el parecido que tenían ambos por el amor a los casos. Se despidió de ambos y entró a la estación de policía.


-Bueno, ¿que hacemos ahora?- preguntó el mayor mirando a la niña.


La pequeña hizo una pose pensativa y luego respondió.


-Podemos ir a comer helado-


-Si John se entera nos castigará. Dijo que nada que no fuera saludable- aclaró Sherlock. -Sin embargo...-


-Papá/John no tiene por qué enterarse- dijeron ambos a la vez y luego rieron.


Caminaron hasta una heladería. Sherlock pidió un helado simple de almendra y Rossi uno de dos bolas, una de chocolate y la otra de vainilla. Se sentaron en un banco a comerse los helados.


-Papi, cuentame un caso- dijo la menor.


-¿Te hablé sobre Baskerville?-


La menor negó. Sherlock comenzó a recordar esa aventura de hace tantos años.


-Fue mucho antes de que tú nacieras. John y yo tomamos un caso de un chico que aseguraba haber visto un enorme sabueso-


El mayor contó la historia. Rossi se asombró al final. Obviamente Sherlock hablaba omitiendo algunas cosas o palabras que podrían dañar la mente de la pequeña.


Más tarde volvieron a Baker Street. La señora Hudson los recibió con un delicioso almuerzo.


Faltaban algunas horas para que John regresara. Horas en las que Rossi y Sherlock aprovechaban para practicar la deducción de la menor y cuando sentían pasos por ala escaleras la menor encendía la tele y ponía sus caricaturas.


-Bien, empecemos con las preguntas. ¿Que es completamente tuyo pero los demás lo usan más que tú?- preguntó el mayor.


La niña se quedó pensando por unos segundos y luego su carita de iluminó.


-¡Mi nombre!-


-¡Muy bien!-


La niña celebró.


-Otra. ¿Cuál es la frase correcta? ¿Los pingüinos vuelan o un pingüino vuela?-


-Papi, los pingüinos no vuelan- dijo seria la menor.


-Perfecto Rossi- celebró el mayor.


La pequeña se dió cuánta de la trampa de la pregunta y celebró porque la había contestado bien sin pensar.


Estuvieron así cerca de una hora. La menor era muy buena con las preguntas trampas. Incluso logró resolver un pequeño caso de tres gatos.


Pero ahora tocaba algo que la niña amaba. Peinar a su Papi.


Sherlock se sentó en su sillón y Rossi se subió en un banquito detrás de él. Comenzó a peinarlo de muchas formas. Rossi amaba el pelo de su papi.


Poco después John entró por la puerta. Rió al ver lo que su hija había hecho con el cabello de Sherlock.


-¡Papá no te rías!- se quejó la menor.


-Te quedó bonito amor- apoyó Sherlock mirándose al espejo.


No había hecho nada en especial, solo había peinado un poco para atrás y le había puesto una presilla de pelo en forma de flor.


John negó con la cabeza sonriendo. Sin duda su pareja y su hija eran parecidos.


-¿Y que hicieron hoy?- preguntó dejando el maletín en el sofá.


-¡Visitamos al tío Greg!- dijo la niña con entusiasmo.


John se rió al imaginarse la cara de sorpresa de Lestrade.


-Y la señora Hudson cocina rico- siguió la niña


-lo dices siempre- habló Sherlock


-Pues porque es verdad- afirmó la niña.


-Bueno, yo iré a tomar un baño y luego a cocinar- dijo John caminando hacia el cuarto.


-Gracias por cuidarla. La maestra faltó de imprevisto- dijo John sentandose a un lado de su pareja en el sofá.


-Sabes que amo cuidar a Rossi- habló el más alto.


-Lo sé- John besó cuidadosamente el cuello de Sherlock sacándole un suspiro -Y ahora Rossi se durmió-


Y con solo decir eso Sherlock entendió a la perfección lo que quiso decir el más bajo. Es que ¿Que mejor que recibir amor cuando llegas a casa del trabajo o cuando ya terminó tu turno de cuidar a una pequeña y adorable niña?