Luz en la oscuridad

Summary

La tripulación Mugiwara parte de la isla Gyojin, con la mala suerte de que desde el principio carecen de cocinero porque ninguno puede llevar el ritmo del capitán. Lo que no esperan es que, en mitad de la noche, alguien enmascarado venga a asesinar a Monkey D. Luffy.

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Capítulo 1 - La sombra oculta del Thousand Sunny

Los Mugiwara volvían a estar juntos de nuevo tras dos años desde que la Marina les atacó en el archipiélago Sabaody, gracias a Bartholomew Kuma, un revolucionario infiltrado como Shichibukai, les ayudó en esa gran pelea desintegrando a la banda esparciéndola por todo el mundo para que se hiciesen más fuertes.

Luffy logró dar el mensaje a su tripulación tras perder a su hermano Ace en Marineford con un tatuaje falso de que se reunirían de nuevo justo donde se separaron. Todos entendieron el mensaje, pues dos años después, ya todos juntos, emprendieron camino a la isla Gyojin que estaba sumergida en el fondo del mar donde ayudaron al rey Neptune a salvar a su hija Shirahoshi y a detener el ataque de Hody Jones.

Ya listos, salieron de nuevo a la superficie para continuar sus aventuras, aunque poco pudieron avanzar, a los dos días de salir de allí, Luffy ya había devorado todas las reservas de comida y tuvieron que detenerse en una isla para repostar.

- Es que no tienes control ninguno. – Suspiró agotada de repetirse la pobre navegante - ¿No ves que así nunca lograremos llegar a ningún sitio? Moriremos de hambre en mitad del mar antes que de un poderoso enemigo.

- Shishishi, va, va. No seas exagerada, Nami. – Le palmeó el hombro a la pobre chica resignada a que fuese una pelea en la que sabía que jamás ganaría – Para eso estás tú, para que eso no ocurra.

- ¡No pidas imposibles! – Estiró de su mejilla de goma hasta que su brazo no dio a más y soltó de golpe sonando un potente chasquido cuando la piel retornó a su lugar.

- Oye, bruja. – dijo Zoro tras bostezar mientras bajaba del Sunny – Dame dinero para sake.

- Sois horribles... - Murmuró agotada.

- Eh... disculpad. – Interrumpió tímido una voz en cubierta, todos se giraron para mirarle – Yo... no creo que pueda seguir aquí con vosotros, lo siento.

- ¿Qué! – Gritaron todos a la vez.

Se trataba de un gyojin que se había ofrecido como cocinero para los salvadores de su isla, era su manera de darle las gracias por todo lo que había hecho por ellos, pero le bastó solo dos días para ver que era imposible de controlar y saciar el hambre voraz del capitán que le exigía a cada dos segundo algo de comer y en cuanto se descuidó la despensa estaba vacía, había fracasado estrepitosamente y lo que era peor, vio como este empezaba a mirarle con cara de hambre, como si fuese a comérselo en cualquier momento.

- ¡Ya hemos perdido otro cocinero por tu culpa, grandísimo idiota de estómago infinito! – sollozó Usopp y se tiró a los pies del gyojin – ¡Por favor, quédate! Es una auténtica agonía tener que cocinar para él, te daré un 10% de mis tesoros.

- Lo siento, he empezado a perder escamas de la ansiedad que tengo... - Se disculpó de nuevo.

Todos suspiraron a la vez, no había nada que hacer, aunque tuvieran una gran fama, cada vez que se iban de una isla, muchos querían apuntarse a los famosos Mugiwara, pero al ver la faena y los peligros a los que se enfrentaban todos acababan rindiéndose o huyendo en cuanto podían. La tripulación estaba completa a falta de un cocinero.

- Shishishi, no os preocupéis, ya encontraremos el adecuado. – Dijo despreocupadamente el capitán cuando el gyojin se fue buceando de vuelta a su hogar y los otros le habían dado tremenda paliza al moreno que ahora estaba lleno de chichones.

- Eso dices siempre... - Murmuró Chopper, hasta que se dio cuenta de que este ya se había adelantado a la ciudad en busca de aventuras.

Cada uno era especialista en algo, medicina, música, lucha, ... ninguno se preocupaba realmente de coger el cargo de cocinero, era algo tedioso y que no les interesaba, aunque al final el pobre Usopp con ayuda de alguno, terminaba siendo el que abastecía el barco mientras los otros se dedicaban a divertirse.

Como Zoro se perdió tuvieron que buscarlo y al final salieron de la isla ya a la noche después de cenar en un restaurante, para ahorrar en gastos, Nami ordenó volver al Sunny y no invertir dinero en dormir en un hotel ya que el Log Pose estaba listo para continuar.

En cuanto el espadachín puso un pie en el Sunny tuvo un mal presentimiento, miró alrededor con el ceño fruncido tratando de averiguar de que se trataba.

- ¿Ocurre algo? – Preguntó Brook ante la intensa mirada de este.

- No, nada. – Respondió al cabo de unos segundos soltando el agarre de la empuñadura de Wado Ichimonji.

Guardaron todo lo necesario antes de volver al mar, ya era tarde y todos se fueron a dormir cuando echaron el ancla, esa noche Franky hacía guardia mientras que los otros se fueron al camarote de los hombres y las chicas al suyo.

Un suave murmullo pasó desapercibido entre los ronquidos, unos silenciosos pasos fueron callados por un grito de “¡Carne!” cuando se detuvieron frente al que había hablado en sueños y ahora tenía la lengua fuera, babeando como si de un niño se tratase.

La figura invisible le observaba con detenimiento, delante tenía a su objetivo: Monkey D. Luffy. Era un chico moreno con una cicatriz bajo el ojo izquierdo, ni si quiera se había cambiado de ropa, llevaba puesto un chaleco con volantes rojos que mostraba la cicatriz en su pecho y unos vaqueros en los que encima había dejado su sombrero de paja, debía de tener menos de veinte años, era más joven que él, aunque todo eso no importaba, iba a morir en ese mismo instante.

Apoyó su mano en la daga que había en su cinturón y le asaltaron las dudas. No, no debía dudar, debía ser certero, cumplir con su misión, cortarle el cuello a ese chico y llevarle la cabeza. Demostrar que sí era capaz, que podía ser como ellos. No podía fallar.

Tragó saliva y el poco valor que fue capaz de reunir fue para sacar el cuchillo de su funda, el sonido metálico para él fue tan escandaloso como los ronquidos de ese crío. Por lo visto no fue para el único, de repente sintió una ráfaga a su lado y vio el brillo del único ojo del espadachín en dirección hacia él con la katana desenvainada asestando un tajo que, si no llega a esquivar, hubiera sido él quien hubiese perdido la cabeza.

Del susto, chocó contra las hamacas, tirando al suelo a uno de ellos que se quejó de inmediato, aunque no tuvo tiempo a nada más, otro tajo iba directo a por él ¿Cómo era capaz de verle?

- ¡Da la cara, cobarde! – Exclamó.

- ¿Qué dices? ¿Estás sonámbulo? – Gruñó Usopp adolorido hasta que vio como su nakama recibía un golpe invisible que le tiró al suelo - ¿Z-Zoro?

- No te librarás de mi. – Tomó impulso desde el suelo y aunque todos comenzaron a despertarse, escuchó los pasos que se dirigían hacia la puerta y de un salto lanzó otro corte que erró, pero que chocó contra alguien que derribó al suelo y rodaron por la cubierta, el mecanismo que le hacía ser invisible falló y por fin se mostró por el golpe.

Llevaba un traje negro con decoración dorada en los pantalones al igual que los botones, sus guantes y botas eran blancas y en el cuello llevaba un pañuelo rojo. Su cara iba cubierta por una tela rigida que cubría desde la nariz al cuello y sus ojos estaban ocultos bajo unas gafas. Su cabello era rubio, que era lo que más le hacía destacar, pues cubría uno de sus ojos y estaba peinado en un gran tupé. No pudo fijarse demasiado, debía ser un error porque le pareció que la ceja tenía forma de espiral porque recibió otro golpe, esta vez una patada que si pudo ver y que le hizo volar contra el mástil.

El intruso no tuvo tiempo de reaccionar demasiado cuando otro enemigo se le enfrentó, una especie de ciborg que trató de asestarle un puñetazo acertando en la capa, por lo que no le dejó moverse del sitio hasta que apoyó las manos para impulsarse y darle una poderosa patada en el triple mentón que también mandó a volar en otra dirección para poder librarse del agarre.

- ¡U-UN NINJA! – Gritó emocionado con los ojos llenos de estrellas.

- ¡No es momento de emocionarse, Luffy! – Le regañó Usopp mientras tensaba su tirachinas en dirección a ese tipo que llevaba una capa negra con el número 3 en blanco- ¡Hissatsu firebird star!

La pequeña esfera fue directa hacia su objetivo que a mitad de camino se transformó en un pájaro de fuego que impactó de pleno.

- ¡Bien! – Celebró Chopper. Poco duró la alegría al ver que el fuego se desvanecía contra la capa que no sufrió daño alguno y este se mantuvo en el aire sin complicaciones - ¡UN NINJA VOLADOR!

- ¡Dejádmelo a mi!

Se escuchó una voz que desenvainaba su espada de lo que supuestamente era un simple bastón que logró acertar, aunque solo fue en la suela de esas extrañas botas que llevaban unas esferas azules y atravesó una de ellas. El ninja maldijo su mala suerte para si mismo y cogiendo fuerzas dio una voltereta en el mismo aire y golpeó al esqueleto derribándolo al agua.

- ¡Brook! – Gritó Franky que acudió rápido al rescate.

Eran demasiados enemigos, había fallado y acabarían matándole, debía huir. No pudo reflexionarlo mucho más porque de nuevo ese espadachín de pelo verde fue a por él y esta vez si que acertó con su espada, aunque usase la capa como barrera protectora que se endureció, el impacto fue tal que iba directo contra la cubierta del barco.


- ¿Qué diablos pasa? – Preguntó una voz femenina que justo salía por la puerta y que el rubio iba en dirección a ella. - ¡KYAA! - Como acto reflejo se cubrió a si misma, aunque sabía que eso no sería suficiente, iba con demasiada fuerza y rapidez, el golpe sería tremendo.

- ¡Nami! – Se escucharon varias voces preocupadas al ver que iba a resultar herida y que ninguno iba a llegar a tiempo para ayudarla.

El asesino al ver que se trataba de una mujer hizo lo necesario para hacer un quiebro y en vez de caer sobre ella lo hizo justo a su lado, rompiendo las tablas de madera y atravesándolas hasta el nivel inferior dejando a la chica perpleja. Al haberla esquivado no pudo protegerse a si mismo y el golpe había sido terrible, había perdido las gafas y le dolía con horrores el costado derecho, trató de ponerse en pie, estaba mareado, tenía un corte en la frente que le chorreaba sangre por la cara y no le dejaba ver con claridad, aunque poco más pudo hacer antes de perder el conocimiento.

Frunció el ceño y parpadeó confundido hasta que logró enfocar su vista y ver sus propias piernas y césped, dio un respingo al escuchar voces a su alrededor, eso le alertó lo necesario parar levantar la cabeza y encontrarse a todos los integrantes de la tripulación Mugiwara que se callaron al verle despierto. Trató de moverse, estaba atado con pesadas cadenas de kairoseki, aunque eso a él le daba igual ya que no era un usuario de fruta del diablo, aun así no pudo escapar.

Estaba jodido.

- Oye, oye, ninja-volador. – Se puso frente a él su objetivo que ahora si llevaba puesto su sombrero de paja y una gran sonrisa que no entendía a que venía - ¡Eres increíble, puedes volar! ¿Cómo lo haces?

- ... - No se esperaba un halago, de hecho, era lo último que esperaba de alguien al que había estado a punto de matar.

- ¿Qué haces preguntando algo así? – Intervino Franky cruzándose de brazos – Es por esas botas, son como potenciadores que le impulsan hacia arriba lo suficiente para mantenerse en el aire, lo que me parece súuuuuper interesante es cómo logra controlarlo.

- ¿Queréis dejarlo? – Gruñó el espadachín con el ceño fruncido mirando fijamente al enemigo - ¿Quién eres tú? ¿Por qué has intentando matar a nuestro capitán?

- ... - Continuó sin decir nada, manteniendo su ojo azul que no ocultaba el flequillo rubio contra el verde oscuro del otro, era algo curioso ver como solo dos ojos en vez de cuatro se enfrentaban.

- ¿No vas a hablar? – Chasqueó la lengua desenvainando su espada apuntando con su filo directamente a su cara – Quizás debería ser yo quien corte tu cuello.

- No digas bobadas, Zoro. – Se inclinó Luffy apartando el arma de su vicecapitán para poder mirarle a la cara de cerca, cuando la mirada negra se encontró con la azul este tuvo el impulso de esquivarla, parecía que podía atravesarle y leerle la mente – En ningún momento sentí peligro, no iba a hacerlo ¿A qué has venido entonces?

- ¿Cómo no iba a matarte? L-Luffy eres tú el que dice tonterías, es un asesino, solo hay que verlo. – Comentó Usopp escondido detrás del enorme cuerpo de Franky que solo asomaba la cabeza por temor a que se soltase y empezase de nuevo la pelea.

- Ah, el corte... ya no sangra – observó Chopper acercándose al rubio que le miraba con curiosidad – De hecho, está cerrada ¿Cómo es posible? Apenas hace una hora que te desmayaste ¿Sólo te hiciste esa herida? Fue un buen golpe el que te diste.

- Atravesar la madera del Sunny es súuuuper difícil. No hay madera más fuerte y resistente en todo el mundo.

- Parece que Ninja-san no quiere responder a ninguna de nuestras preguntas. – Dijo Brook que se había cambiado la ropa que llevaba antes por una muda seca.

Todos se quedaron en silencio esperando alguna palabra por parte de este, nada.

- Quizás se ha mordido la lengua y se está desangrando hasta morir. – Comentó la arqueóloga.

- ¡No digas cosas tan espeluznantes, Robin! – Sollozó el de nariz larga.

- ¿Esto qué es? – Preguntó Chopper al darse cuenta de que en el cinturón del asaltador había un emblema que nunca había visto, era una calavera con rayos alrededor, lo tocó con curiosidad.

La hebilla brilló de color dorado creando un haz de luz en mitad de la oscuridad que cegó a todos momentáneamente, se prepararon para un posible ataque, pero este seguía atado, la diferencia era que sus ropas habían cambiado.

Llevaba una camisa blanca con volantes en el cuello y parte baja, unos pantalones negros y una capa de color rojo, el cubrebocas había desaparecido y ahora mostraba su rostro, era muy guapo, sus labios eran finos y su nariz recta, en la barbilla poblaba una perilla y el extraño tupé ya no estaba, el pelo estaba lacio hacia su lado derecho ocultando parte de su cara, como bien pudo comprobar Zoro no eran imaginaciones suyas, su ceja tenía un remolino.

- ¡IMPRESIONANTE! – Exclamó Luffy al ver que el aspecto de ninja desaparecía y un bote negro cayó al suelo con el número 3 en amarillo impreso en el metal - ¡Oye, oye como se pone esto?

- No puedes. – Habló por primera vez el rubio sorprendiendo a todos – Solo se adapta a mi.

- Empezaba a pensar que eras mudo. – Se rio quedándose el envase todavía entre las manos – Me llamo Monkey D. Luffy, voy a ser el rey de los piratas ¿Y tú?

- Sé quien eres. El pelo verde tiene razón, he venido para asesinarte.

- ¡IIIIH! – Se asustó Usopp – Y lo dice tan tranquilo.

- ¡jajaja, pelo verde! – Repitió divertido el capitán que cayó de culo al suelo por tanto reírse mientras los otros trataban de detener la ira de Zoro para que no desenvainase - ¿Por qué quieres matarme? ¿Nos conocemos? ¿Te he hecho algo?

- No, sólo eres trabajo.

- ¿Trabajo? – Repitió Robin. - ¿Quién te ha contratado?

- Hace poco le tocasteis las narices a quien no debíais.

- Oh, tienes que ser un poco más concreto con eso... es algo que hacemos muy a menudo. – Respondió Nami lamentándose de que fuera exactamente así.

- En la isla Gyojin.

- Mmm... - Todos se llevaron la mano al mentón pensando en todas las posibilidades que había.

- ... Os comisteis sus pasteles. – Le sorprendió que hasta tuvieran que pensárselo ¿No exageraba el narizón al haber dicho eso antes?

- ¡Big Mom! – Gritaron a la vez Usopp, Nami y Chopper alarmados.

- Ah, es cierto. – Recordó Luffy – También reclamé la isla como mía, shishishi. Los pasteles estaban deliciosos.

- Tsk, que cobarde por su parte mandar a un asesino en vez de venir ella directamente a vengarse – Se cruzó de brazos Zoro.

- ¡No queremos que venga! – Le azotó en la cabeza Nami para que no dijese tonterías - ¡Es una yonkou! Nos matará sin compasión alguna.

- No es cosa suya, – corrigió el rubio – ella tiene amigos importantes con ganas de que le deban un favor, ha sido uno de ellos.

- ¿Un noble? – preguntó Robin dejando a los otros sin comprender – Esas ropas que llevas no son ordinarias, son de alta calidad... aun así ellos jamás darían algo tan bueno a un simple asesino, por lo que tu debes ser un noble también.

- ... - Este abrió los ojos con sorpresa, esa mujer era muy inteligente.

- Osea que es alguien adinerado... - Los ojos de Nami cambiaron de forma mientras se frotaba las manos – Entonces pediremos un rescate por él.

- ¿Qué dices? Deberíamos tirarlo al mar directamente para que se lo coma algún rey marino. – Dijo Zoro.

- No va a quedarse aquí, no voy a dormir tranquilo sabiendo que está en nuestro barco. – Añadió Usopp.

- Lo que está claro es que esta noche no lo vamos a solucionar... - Bostezó Brook. – Es tarde, sigamos durmiendo, aun falta para el amanecer.

- Yosh, decidido, se quedará aquí esta noche.

- ¿D-Dónde? – Preguntó Chopper preocupado.

- Ah, tenemos un calabozo para estos casos, – respondió Franky – podemos llevarle allí.

- ¿Tenemos calabozo? – Desde luego el Sunny estaba lleno de sorpresas.

- Nunca se sabe cuando vamos a tener prisioneros, asi que hice uno cuando construí esta belleza. – Se rio el carpintero.

Desataron al chico para llevarle a la planta más baja del barco, al fondo había una puerta del mismo metal que el de las cadenas, al abrirla, vieron en su interior una jaula en la que dentro había un camastro y un par de cubos.

- Entra. – Ordenó Zoro.

Se ganó una mirada de desprecio por parte del asesino que no tuvo más opción que obedecer, Franky cerró tras él, dejando a más de un miembro más tranquilo al saber que no podría escapar una vez que le cambiaron las cadenas que rodeaban su cuerpo por grilletes en manos y pies. Le registraron por si acaso descubriendo que sólo llevaba encima un paquete de cigarrillos y un mechero que se lo quitaron.

- ¿Es necesaria tanta precuación? – Preguntó Luffy.

- No sabemos si es un usuario, además no quiero que dañe mas al Sunny intentando provocar un incendio. – Respondió el peliazul – Por cierto, capitán ¿Podría quedarme con el bote?

- ¿EEEEH? ¿Por qué? – Hizo pucheritos tratando de ocultarlo.

- Quiero investigarlo.

- Jeh, buena suerte con eso. – Sonrió de lado el rubio aun en pie.

Todos salieron del calabozo dejándolo solo y a oscuras, había una claraboya que dejaba entrar algo de luz del exterior, pero no era demasiado grande, este se resignó y se tumbó en la cama, ante el movimiento brusco el dolor del costado se acentuó unos segundos, aun estaba amoratado, después suspiró mirándose los grilletes.

- Es como estar en casa. – Murmuró a solas.