Cuarto #683
“La historia a continuación se sitúa en la capital de Zacatecas, en el jardín independencia para ser exactos, en los años 1920 y 1930 se corría el rumor de que el gobierno odiaba a la iglesia, con lo cual era un tema de cuidado.
Ahora, estás jugando afuera de tu humilde morada donde las llaves de las puertas eran grandes y pesadas para un infante que estaba por llegar a la pubertad, por eso se podía ver a travez del picaporte de las cerraduras de las puertas, tenían ese agujero característico.
En aquellos años, niños y niñas jugaban felices sobre las calles de piedra o tierra, la gente se sentía mucho más libre aún con las noticias, era un zacatecas totalmente diferente.”
Te encuentras jugando en la calle con varios infantes de la misma colonia, salían a correr y hacían varias actividades juntos, el sol en aquellos días estaba a todo lo que daba, la gente podía salir a las calles sin problema, podían estar sentados en una silla a pleno sol, como a las 12 del dia, escuchas que te llaman de tu casa, era tu mama que ya era de ayudar en la casa.
Molesto por lo que acabas de escuchar, no te quedaba de otra que ir a hacer caso, apenas entras a la casa te mandaron a ordenar tu cuarto, a los pocos minutos de que estas acomodando, escuchas como de la nada azotan la puerta de la casa, ese ruido repentino te espanta, llevando a un miedo invadir tu cuerpo en ese instante, obligándote a caminar despacio sin hacer ruido.
Aunque tenias vista hacia la puerta de la casa desde tu cuarto, la luz proveniente de la calle te cegaba, era muy difícil ver a esa persona entre los rayos de luz, apenas podías apreciar cómo gira la cabeza hacia donde te encontrabas, por el miedo de que te pudiera hacer algo, corres hacia dentro de tu cuarto y cierras la puerta, el miedo te tenía en su poder.
Sin decir una palabra, aquella persona entra dando pasos sonoros en toda la casa, el miedo era tu dueño, sientes como tus latidos se aceleraban conforme el caminaba, tus manos empezaban a sudar a temblar, tu vista se hacía cada vez más aguda… algo estaba por suceder.
Aquella persona intrusa en tu morada, se encontraba en dirección hacia donde se encontraba quien mas querias en el mundo, se encontraba en un cuarto, cercas de la ventana, sentada en una silla bordando una tela mientras aprovechaba la luz de la calle, súbitamente escuchas aquel portazo, era la puerta de ese cuarto.
Sin decir una palabra, te encontrabas viendo la puerta de ese cuarto, desde tu posición, a los pocos segundos de que cierra la puerta, te mueves con silencio, intentando hacer el menor ruido posible, te acercaste al picaporte y viste la espalda de esa persona.
Lo veías tan grande y tan fuerte, que el hecho de solo pensar que te podría encontrar espiando, te provocaba mucho miedo, aun callado intentas ver que es lo que está pasando, pero, ¿deberías intervenir, y si te matan?, realmente querías defender eso que tanto amas, aun asi no tenias las agallas que se requieren.
Un murmullo de palabras apenas percibes, “...iglesia… te lo advertí…”, aun seguias mirando por el picaporte, un movimiento súbito acompañado de un golpe con un quejido sonaron por toda la morada, los nervios eran claramente visibles, sin poder ver con claridad lo que estaba pasando adentro, seguias viendo por ese picaporte hincado.
Con los ojos bien abiertos, en un parpadeo viste como algo rojo salpicó el techo y la pared de aquel hermoso cuarto, cuando te percataste de que era ese líquido rojo, la piel se erizaba conforme el tiempo pasaba, los golpes eran cada vez más fuertes y no sabías que hacer, un miedo incomprensible te invadía, querías abrir la puerta y hacer algo, pero ese miedo te dejaba inmovil, solo podias ver como pedazos de carne caían al piso, la espalda de aquella persona se movía al compás de los golpes que resonaban, como si se tratase de una sinfonía de la muerte.
Los gritos eran lo más horrible de aquel momento, por 3 segundos de que estabas espiando por el picaporte, decides taparte los oídos, pero fue en vano, aun así escuchabas los aterradores y dolorosos gritos de esa persona siendo golpeada.
Aun inmovil, veias como el hermoso cuarto se tornaba cual color escarlata, la sangre brillaba como rubíes en el resplandor del sol, aquella persona intrusa bufaba del cansancio, los segundos pasaban como minutos, no podías dejar de ver, tu mente se encontraba perdida, querías moverte, ¡Hacer algo!, pero a la vez no, ese brillo característico de los ojos se perdió.
Entre los golpes y tu vista inmovil, esa persona voltea de reojo hacia atrás, donde se encontraba la puerta de donde te encontrabas espiando, de manera lenta y casi coordinada se miraron ambos fijamente, ¿como es que sabía de qué estabas mirando por el picaporte?
Por unos pocos segundos de mantener esa mirada fija, veías como un vapor brotaba de la carne que se veía del piso, también salía algo de vapor por la sangre salpicada en las paredes.
Aquella persona se dio la vuelta después de lo sucedido, mientras se daba vuelta viste como quedó cubierto de sangre y rastros de carne, se iluminaban con los rayos del sol, no podías apartar tu mirada de aquella persona, algo dentro de ti se habia muerto, lo que solía ser tu sonrisa característica, ahora era una sonrisa un tanto peculiar.
a los pocos segundos escuchas como abre la puerta, aun inmovil e hincado sobre el piso, tenias una vista muy penetrante y una sonrisa de que algo internamente se habría roto dentro tuyo.
“Disculpe, ¿puedo entrar al cuarto?” mencionaste con paz y tranquilidad, aunque tu mirada decía lo contrario, mientras veías a esa persona una lágrima salió de tu ojo derecho, recorriendo la mejilla poco a poco.
Aquella persona solo veia como caia esa lágrima, su mente le atormentaba, sabia lo que habia echo, pero no podia decir nada, ni ayudarte, ahora eres huérfana, los pocos segundos que pasaron se sentían como horas, las miradas eran tan tensas que cualquier otro sentiria miedo.
Mientras mantenía una mirada en aquella lágrima que había recorrido tu cara, se despide con el sombrero y sale corriendo de la casa, para que las demás personas no se percataran de lo que había pasado.
Aquel paso lo sentiste tan lento, una escena se revelaba ante ti, una mutilación grotesca, en medio de la habitación yacía el cadáver de tu madre, sin vida, con la cara desfigurada y la ropa llena con la misma sangre que escurría por las paredes de lo que una vez fue un hermoso cuarto.
Tus ojos se llenaron de lágrimas, estabas llorando, pero, tu mirada era feliz, tu sonrisa era de felicidad, sientes como algo dentro cambio.
Lentamente te acercaste, caminabas con lentitud, manteniendo la mirada fija en aquel cadáver, entre toda la sangre viste como la mano izquierda empezaba abrirse, por alguna razón se habría lentamente, un ruido metálico muy débil se hizo escuchar por la habitación.
De la mano que aún tenía la marca, cayó una cruz de metal, cuando viste la cruz, te acordaste que hoy era tu cumpleaños, era tu regalo de cumpleaños.
Agarraste la cruz y la guardaste entre tu ropa que tenias puesta, sabias el riesgo que conllevaba tener algo asi, las paredes del cuarto donde te encontrabas gritaban terror, miedo, traumas, por otra parte, tu transmitias una felicidad por alguna razón.
A los pocos segundos te levantas y sales de tu morada, hacia la calle, un amigo que se encontraba pasando por tu calle te ve, y se queda perplejo, apenas te vio se echó a correr, quisiste gritar ¿porque corres?, la vecina vio como alguien salía de tu casa, estaba cubierto de la sangre y carne del delito que había cometido, sin pensarlo dos veces salió de su casa corriendo hacia ti con los brazos abiertos para abrazarte.
Seguías llorando y emitiendo esa felicidad, no era normal para alguien de tu edad, apenas la vecina te abraza, busca cómo tranquilizarte en lo que venían autoridades para ayudarte, tu solo le dices “estoy bien vecina, acaban de golpear hasta la muerte a mi madre”.
El silencio incómodo se hizo presente en esa calle, nadie se podía creer la facilidad con lo que mencionaste esas palabras, la vecina se percató del trauma que te había provocado, ya no había marcha atrás, ahora tenías que vivir con aquel momento tan desagradable.
Después de lo sucedido, tu seguias con tu vida, algunas personas amables quieren ayudarte con lo que decían era un trauma muy fuerte, escuchabas como hablan entre ellos, decian que era tema a tratar muy complejo, ya que esa clase de traumas eran los más arraigados y difíciles de sobrellevar.
“¡NO TE DES LA VUELTA DESGRACIADO! DA LA CARA SI ES QUE TE ATREVES!”, gritabas con fuerza cada vez que alguien te daba la espalda, por más furia que sintieras, tu cara mostraba paz y alegría.
Conforme crecías, las noches eran un eterno sufrir, apenas intentabas cerrar los ojos, te llevaban de regreso a aquel día, era como volver atrás en el tiempo, las mismas sensaciones cada noche, cuando abrías los ojos para regresar a la realidad, estabas temblando, sudabas en frío y tu respiración era agitada.
Cada vez que te pedían ir a por cosas o querías salir a la calle, pedías permiso, de manera elegante le preguntabas a quien fuera el propietario de la casa “Disculpe, podría darme permiso de salir a la calle? Desde la casa podrá ver donde me encuentro”, la gente respondía que sí con el mismo tono que preguntabas, algunos te responden un poco más coloquial.
Lo que más te hacia sufrir en comparación de tu comportamiento y de otras cosas, era cuando te daban regalos el dia de tu cumpleaños, en ese maravilloso dia, siempre solías permiso para salir, de la misma forma en que pides permisos, los primeros cumpleaños la vecina, quien ahora era tu madre adoptiva, te seguía en secreto, tu caminabas con paz y alegría en tu rostro, después de caminar un tiempo, llegaste al panteón de los ricos, donde descansaba en paz el cuerpo de lo que más amabas.
Cuando llegabas a los pies de la tumba, te sentabas cruzando los pies, viendo la lápida, le platicabas como si aún estuviera viva, le platicabas cómo era tu dia a dia desde que ella se fue, algunos vecinos reconocian tu voz cuando pasaban por el panteón, los que sabían de tu historia, solo bajaban la mirada y seguían caminando, los demás caminaban apresurados por el nudo que se les hacía en la garganta al escuchar como platicabas con tristeza al aire.
Las horas pasaban y pasaban, y no dejabas de platicar con la tumba, ya que solo en ese dia, en esas horas que pasaban cual reloj de arena, te sentías sin dolor, como si el trauma se hubiera desvanecido por arte de magia,
Al final del día, llegaba el sepulturero a decirte que era hora de irse, ahora le tocaba a él cuidarla hasta tu siguiente cumpleaños, salias caminando con paz y tranquilidad en plena noche, sin miedo a que algo te pasara llegabas a la casa, donde tu madre adoptiva te esperaba para ayudarte a dormir, cada noche era lo mismo.
Los años pasaban y tu seguías como si nada hubiera pasado, toda la gente del pueblo te saludaba muy alegremente, por donde pasaras te trataban de la manera más agradable posible, sabían que te perseguía un pasado demasiado oscuro, algunos se quedaban pensando en cómo es que mantienes una sonrisa en la cara después de que abandonas el lugar.
En un día de tu cumpleaños, cuando cumplías 18 años, pediste permiso como cada maravilloso día, para ir a visitar la tumba de tu madre, solo que esta vez no sería como siempre.
Caminabas con la paz que siempre te poseía, con la mirada fija hacia delante, por un momento volteaste a ver hacia la plaza independencia, viste como una persona te dio la espalda y daba vuelta la cabeza para verte.
Solo fue un segundo lo que te baso para correr cual relámpago, la gente que se encontraba a tu lado nomas vio como saliste disparado hacia aquella persona, tus pasos eran silenciosos, tu mirada ya no era alegre.
Mientras corrías hacia esa persona, recuerdos de aquel día brotaban desde lo profundo de tu mente, con tanta fuerza tumbaste a esa persona, te colocaste encima de él, y con la sutileza como de un mayordomo mencionaste “Mira a quién tenemos aquí, al fin te encuentro pedazo de basura” te inclinaste hasta que ambas narices tocaban, con toda la fuerza de tu voz gritaste “!Pinche cabrón desgraciado!”.
Eras el centro de atención, todo transeúnte que se encontraba cercas de la plaza ahora se encontraba poniendo atención mientras tú golpeaste a quien se encontraba en el piso, mientras los golpes surgen con la rabia del alma, le gritabas “Ahora que? te gusta pedazo de mierda?”, “Te gusta lo que hago?”,
los segundos eran como aquel día, horas y horas acompañadas de sangre que salpicaba tu cara, haciéndola brillar como el diamante en el sol, los gemidos y pujidos eran el sonata del dolor de un trauma.
“ESCÚCHAME BIEN CABRON! AHORA MISMO TE ME VAS AL CIELO A PEDIRLE PERDÓN A MI MADRE, Y ME LA TRAERÁS DE VUELTA, ENTENDIDO PENDEJO?, ENTENDIDO?!” gritaste con todas tus fuerzas y energía de tu alma hacia aquella persona moribunda que estaba debajo tuyo.
Para cuando las autoridades llegaron al evento, ya era demasiado tarde, llegaban quitandote de encima de aquella persona, pero al ver la situación, ya no se encontraba con vida, uno de ellos te menciona “Acaso sabes lo que hiciste?!, mataste a un sacerdote, ahora como le haremos con el gobierno y la iglesia?”.
Después de la adrenalina y de que pudieras reaccionar, tu cuerpo se relaja hasta casi desmayarte, tu mano derecha brotaba sangre desde dentro del puño, cuando te relajaste, soltaste una cruz, era aquella cruz que siempre cargabas en tu mano cuando visitabas la tumba de tu madre, estabas vengando la muerte de tu querida madre.
“Llevensela muchachos, directo al manicomio, y rápido, traigan a alguien que limpie esto, mira nomas… dejo todo manchado de sangre, también tapen aquí… la gente no debe ver el cadáver. ” fue lo que dijo la autoridad antes de que te sacarán de la plaza con las manos atadas en tu espalda, a pesar de lo sucedido, te encontrabas con una sonrisa de oreja a oreja, al fin vengaste la muerte de tu madre, ¿pero a qué costo?
El tiempo pasó y los años también, ahora te encontrabas en el manicomio por el resto de tu vida, te la pasabas deambulando por los pasillos en los días tan eternos, pero la paz y la calma que emitias era tanta, que los psiquiatras ya te conocían de lejos, tus compañeros de celda te tenian respeto, estaban al pendiente de tu salud mental.
Entre tu búsqueda de superar aquel trauma, encontraste cobijo en la religión, resulta que el manicomio tenía una pequeña iglesia con unos pocos pacientes feligreses, de alguna manera lograste convencer a los demás de que te dejaran esa cruz, la que tu madre te regalo después de muerta.
Los psiquiatras ahora debían estar espiando tu comportamiento, pues se habían dando cuenta de un patrón que tenias muy marcado, al convertirte en religiosa y no soltar nunca tu cruz, ni la cruz que siempre portabas en las manos, ese comportamiento era bastante extraño, cualquier persona que te diera la espalda mientras mantenias una conversación, le preguntabas si podías hablarle de la religión y como fue que te ayudo con tu problema.
Aunque te decían que no, no dejaban de insistir, ya que tu voz se alteraba junto con la adrenalina, haciendo que las venas del cuello se sobresaltan mucho, ya que si aceptaban a que les contaras de la iglesia, a los pocos días de que empezaban a asistir a la iglesia, buscabas la manera de matarlos.
Tuvieron que apartarte de los demás pacientes a los pocos días de que te ingresaron, ya que siempre ese fue tu comportamiento, explotabas demasiado rápido y dejabas muy lastimado a quien se te pusiera de espaldas.
Entre la misma sociedad del manicomio tenias un apodo, “la religiosa”, todo mundo debía evitarte a toda costa si querían seguir con vida, no era tu culpa.
Y en medio del silencio del manicomio, mientras la penumbra de la noche se deslizaba por los pasillos, el protagonista, conocido como ‘la religiosa’, finalmente encontró un momento de calma. Con los ojos cerrados y la cruz entre sus manos temblorosas, una única verdad se le reveló: ’No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti’. En ese instante, comprendió que la verdadera redención yace en el perdón y la compasión, incluso en el corazón más oscuro. Y así, con esa revelación, encontró una paz que había estado buscando desesperadamente desde aquel fatídico día en el jardín independencia.
–Sir_Erox