Apuesta
Zulia maldecía con todas sus fuerzas al universo por haber conspirado en su contra y haberse puesto del lado de su hermano mayor. Miraba con un poco de asco y confusión la llamativa prenda de vestir que el mas bajo le estaba presentando con la obvia intención de que se lo pusiera.
Caracas traía incrustada en su cara una mueca de satisfacción, maldad y perversión al mismo tiempo, la expresión del zuliano no tenia precio, le causaba gracia el imaginar todo lo que esta pasando por la mente del menor. Se relamio los labios discretamente.
—¿De donde coño sacaste vo' esa verga?—pregunto dirigiendo su mirada al rostro del contrario. Este río por lo bajo.
—Digamos que fue un dos que me debía Rosario.—Debio imaginarlo.
—Estai' bien si creei' que me voy a poner eso.—Zulia se cruzo de brazos y desvío la mirada sintiendo sus mejillas arder fuertemente.
El caraqueño se acerco a su hermano y con ayuda de su dedo índice hizo que este levantara la mirada obligándolo a verlo fijamente a los ojos. Ambos rostros estaban peligrosamente cerca del otro, el zuliano por instinto se sonrojo aun mas y fruncio mas el entrecejo.
—Te recuerdo que perdiste la apuesta, mi amor.—dijo socarronamente.—Tienes que hacer TODO lo que yo te pida.
Zulia hizo un movimiento brusco con su cabeza deshaciendo el tacto de la mano ajena.
—Deberias de agradecer mas bien el que te este pidiendo algo bastante suave—Caracas sacudió la prenda con una sonrisita burlona.—Digo ¿O prefieres hacer otras cosas en las que no necesariamente necesites ropa?
El de un sol se estremeció ante esa pregunta, volteo a ver al mas bajo el cual le extendía la prenda con una expresión picara en su rostro. A regañadientes tomo dicha ropa y se dirigió a paso rápido hasta el baño.
El caraqueño por su parte se sentó al borde de la cama a esperar pacientemente a que el contrario regresara. Una corriente eléctrica paso su columna al imaginar en como se le vería esa ropa puesta al de un sol, una imagen mental que sin duda hizo que un ligero rubor se formara en sus mejillas y se mordiera el labio inferior, lo iba a disfrutar como nunca.
No pasaron muchos minutos para cuando el zuliano termino de colocarse la ropa y entrara tímidamente de nuevo a la habitación.
La prenda de vestir no era nada del otro mundo de hecho. Consistía en un camisón negro con encaje, algo pequeño para el cuerpo de Zulia por lo cual le quedaba un poco ajustada, acompañado de una medias pantys de color rojo también bastante ajustadas para su gusto; y como toque final una pequeña diadema la cual tenia un broche de rosa como decorativo.
Zulia se encontraba a recostado en la puerta de habitación, cruzado de brazos, sonrojado hasta las orejas y con el ceño fruncido evitando por completo el contacto visual con el contrario; se sentía demasiado humillado al verse con esa clase de ropa, le era incomodo llevarla puesta, se sentía expuesto tanto literal como metafóricamente, ahora mas que nuca quería que se lo tragara la tierra pues podía sentir la penetrante mirada del caraqueño que lo miraba como un depredador miraría a su presa justo antes de atacar y devorarla. ¿Por que rayos Rosario tendría esta prenda de vestir? Sin dudas tendría que tener una charla muy seria con su hijo mas tarde.
Por su parte Caracas estaba deleitándose con la imagen que tenia enfrente, ese traje no le quedaba nada mal si se lo preguntan; lo apretado que le quedaba hacia resaltar su figura centrándose su atención hacia la cintura marcada y los muslos de este. El pequeño detalle de la diadema con la rosa, la mirada baja de Zulia y su enorme sonrojo lo hacían verse adorable, tierno, pero al mismo tiempo la ropa hacia un contraste brusco con esa dulzura y la transformaba en una sensualidad embriagadora, una que logro hacerlo sentir un ligero cosquilleo en su entrepierna.
—Verga papi, no te ves nada mal con eso, pa' que sepai'—comento en un tono seductor a la par que se levantaba de la cama.
—Mamalo.—respondio.
Zulia no se había percatado de que Caracas se acercaba de manera peligrosa hacia el.
Al estar frente el caraqueño lo acorralo contra puerta provocando que el zuliano se asustara un poco por el repentino movimiento del mas bajo. No lo admitiría, pero si se sentía indefenso e intimidado al verse en tal posición, con esas ropas y sobre todo por la mirada llena de una lujuria creciente en los ojos del de rojo; este solo lo veía expectante, esperando el siguiente ataque de su depredador, estaba consciente de que estaba completamente a su merced justo ahora, era la dulce presa de ese pequeño león que estaba dispuesto a saciar su hambre.
Caracas se volvió a relamer los labios antes de acortar la poca distancia entre los dos besándolo, Zulia tardo unos segundos en reaccionar y corresponderle. Sus labios se movían a un ritmo que después de un rato fue subiendo de intensidad, podían sentir como el ambiente de a poco se iba volviendo mas pesado y sofocante a medida que el beso se hacia mas intenso.
El de escudo recorrió los costados del bicolor con sus manos de forma lenta bajando poco a poco entre caricias hasta llegar a la cintura donde detuvo sus manos y aplicando un poco de fuerza lo apego a él de forma brusca. Ese choque entre cuerpos hizo que Zulia soltara un ligero suspiro que fue ahogado por el beso.
El calor empezaba a envolverlos, volviendo todo mas asfixiante para el par de amantes los cuales no mostraban signos de querer detener lo que estaban haciendo a pesar de eso. Los dos se dejaron llevar por el deseo y terminaron cayendo ante el mar de placer y lujuria que los ahogaba.
Al final la ropa termino estando de más siendo desechada y tirada en el suelo de la habitación.
Me veo obligada a aclarar esto.
Caracas y Zulia NO SON hermanos de sangre. Solo se tratan asi por costumbre pero no, no son hermanos.