Capítulo 1. Cambio de aires forzado
Ha estado cerca esta vez, casi perdemos a 3 personas en esta expedición. A veces desearía ir sola a buscar provisiones, así podría estar tranquila y no me preocuparía de que nadie hiciera tonterías o se matara. De hecho, creo que estaría muchísimo más segura si fuera yo sola.
—Habéis traído mucha comida, buen trabajo—nos felicita Frank
Lo miro con el ceño fruncido. No hemos traído suficientes medicinas, y deberíamos haber cogido ropa, pero apenas y encontramos comida. Mis compañeros se dedicaron a hacer el tonto y beber alcohol en lugar de llenar sus bolsas con cosas útiles. Frank debería tomarse las cosas más en serio, es muy despreocupado y me genera estrés. Además, por algo es el líder del lugar.
—Casi perdemos a Travis, a Eric y a Abel—señalo
—Los salvaste y siguen vivos, bien hecho—
Pongo los ojos en blanco, molesta porque lo tome todo tan a la ligera. Mientras sean mis compañeros, si puedo ayudar ayudaré, tampoco soy un monstruo sin corazón. Yo no podría dejar a alguien a su suerte, abandonado. Frank da unos golpecitos en el tronco caído que hay a su lado para que me siente. Lo hago, resoplando. Todo lo soluciona hablando y sentándose, y eso no está muy bien, pero me calma. En estos meses que he estado aquí, ha sido en el único que he podido confiar, siento que tiene una actitud paternal.
—Eres una chiquilla valiente. Tienes más cojones que todos los hombres de este campamento mugroso—me sonríe
Cuando sonríe se le forman pequeñas arrugas alrededor de sus ojos verdes y estos brillan, haciéndolo parecer más joven. Seguro que debe haber sido muy atractivo en sus tiempos.
—No soy una chiquilla, tengo 25 años—replico, pero solo consigo que se ría ruidosamente
—Qué mayor eres—se burla, revolviéndome el pelo—Está bien, eres una mujer muy valiente, Melanie—
—Todos tenemos que ser valientes para sobrevivir, el mundo siempre ha sido peligroso y hostil y ahora lo es todavía más—
—Demonios niña, eres demasiado modesta y demasiado negativa. La esperanza es algo que jamás debe perderse y tú deberías ser más egocéntrica y chula—
—Dejo todo egocentrismo para los hombres, la verdad—
El viejo vuelve a revolverme el pelo de forma cariñosa. Es buen tipo, siempre tengo reservas con los hombres, pero con él me siento segura. Se ha ganado mi confianza y eso no cualquiera puede decirlo.
—Eres muy buena, tienes que encontrar un campamento mejor que este basurero—
Me giro, observando el bosque en el que nos asentamos. Las tiendas de campaña se distribuyen desordenadamente alrededor del claro y rodeadas por cuerdas y latas por si se acercan caminantes, y tenemos un lago cerca. No es mal sitio.
—¿Me estás echando?—pregunto en voz baja, con cierto recelo
—Por supuesto que no—me sonríe—Eres el miembro de mayor valor que hay en este tugurio de mala muerte—
—La cena ya casi está lista—murmura Héctor, tímidamente
Es uno de los últimos que se han unido a nuestro campamento, tiene 16 años y quiere encontrar a sus padres y hermanos, pero sabe que no puede sobrevivir solo. Los demás no lo tratan muy bien por ser tan joven… y por ser latino.
—Iré a darme un baño antes de cenar—aviso—Que nadie se acerque el lago—
Me levanto y voy directamente a mi tienda para coger lo que necesito y ropa de recambio limpia. Elijo unos pantalones cargo negros de hombre y una camiseta blanca que me queda grande. También cojo unas bragas limpias y un top deportivo negro. Solo tengo un sujetador normal, así que lo lavaré ahora y lo pondré a secar para poder usarlo pronto. Sigo el borde del lago, alejándome del campamento para que nadie me vea mientras me baño. Actualmente soy la única mujer que hay en este campamento y debo lidiar con muchos cerdos babosos. Cuando estoy lo bastante lejos me desnudo y lavo la ropa que tenía puesta, dejándola colgada en unas ramas.
—Está helada—me quejo, en voz baja
Siento cómo si se me cortara la respiración ante la frialdad del agua, pero poco a poco mi cuerpo se acostumbra a la temperatura. Me froto el cuerpo y el pelo con champú que conseguí en una de las últimas expediciones y me quito toda sensación de suciedad. Odio sentirme sucia, pero ahora es complicado mantener una buena higiene. Me lavo los dientes con un cepillo que seguramente fue usado por otra persona antes, incluso puede que el dueño del cepillo esté muerto ahora. Mojo el cepillo en el agua del lago y así me lavo los dientes, es lo que hay, no he encontrado pasta dentífrica todavía.
Salgo del agua y me seco como puedo. Me recojo el pelo, haciéndome una trenza rápida y me pongo la ropa limpia y las mismas deportivas negras de antes. Me llevo la ropa mojada para tenderla cerca de mi tienda de campaña.
—Huele bien—le digo a Héctor cuando me da un poco de comida
Frank coge el cucharón y me sirve un poco más. Intento devolver la mitad de mi comida a la olla, pero no me lo permite.
—No malgastes comida—le gruño
—Estás demasiado delgada, debes comer más. Tenemos comida gracias a ti, te la mereces—
Suspiro y empiezo a comer, sentada en un tronco. Es cierto que desde que el mundo se volvió así he adelgazado bastante, pero “demasiado delgada” no estoy. Al poco rato escucho como Michael y Antonio hacen comentarios obscenos sobre mi cuerpo, al parecer me han estado espiando mientras me duchaba. Que asquerosos son… Por mucho que quiera matarlos o agredirlos, sé que conservar la paz en el campamento es importante para Frank, así que siempre intento quedarme al margen.
—Con esos tatuajes en la espalda y las piernas y ese culo va pidiendo a gritos que la pongan a cuatro y que…—
—Algunos deberían aprender a mantener la boca cerrada y ser más educados o se llevarán un tiro en la jodida cabeza—interviene Fran al ver que me levanto para irme, tira de mí para que me siente de nuevo y siga comiendo tranquila
—No seas así viejo, compártela. Yo también me muero por metérsela—se ríe Antonio
Frunzo el ceño. Ojalá Frank me permitiese matarlos, pero lo respeto demasiado como para desobedecer. Eso no significa que siempre deba mantener mi boca cerrada. Me asquean.
—Para poder metérmela primero tendrías que tener una erección y dudo mucho que a tu edad se te siga poniendo dura. Además, seguro que la tienen del tamaño de un meñique, no sentiría nada—
—¿Qué has dicho, zorra?—me grita, acercándose
—Ya es tarde, todos a dormir. ¡Ya!—nos ordena Frank
Yo no me voy a mi tienda aunque todos lo hacen, porque Fran suele contarme historias antes de que nos vayamos a dormir. Antes de que todo se fuera a la mierda, él era escritor y, al parecer, uno muy exitoso. Me da pena no haber podido encontrar ninguno de sus libros, los busco en cada expedición, pero sin éxito. Quizás algún día…
—Es suficiente por hoy, mañana tenemos que cortar leña y va a ser un día duro. Vete a dormir—me despide
No insisto, si no quiere contarme una historia está bien. Me levanto del tronco y sacudo mi ropa. Frank parece estar de muy mal humor ahora.
—Buenas noches, descansa—
—Buenas noches, chiquilla—
Me meto en mi tienda y cierro la cremallera. Al principio no puedo dormir, estoy demasiado tensa y atenta a todos los ruidos de mi alrededor. Es muy difícil no volverse paranoico, pero hago mi mejor intento. Poco a poco mi respiración se ralentiza y termino por relajarme y quedarme dormida. Aunque no por mucho tiempo. En algún punto de la noche me siento rara y empiezo a despertarme. Escucho una voz cerca de mi cuerpo y trato de abrir los ojos, pero no puedo. Tengo los ojos tapados.
—Agárrala fuerte. Quiero disfrutar de esta puta—
Por las voces reconozco que son Michael y Antonio. ¿Para qué mierda me vendan los ojos? Unas manos me sujetan con fuerza, mientras otras me van desnudando de cintura para abajo. Me hago la dormida para que estén con la guardia baja y trato de pensar con rapidez qué hacer. Mi cerebro se burla de mí, haciendo que recuerde cosas que no quiero recordar.
“Shhh, no grites o mataré a golpes a la perra débil de tu madre. Eres mía y hago lo que quiera contigo, zorra”
Respiro hondo y tenso la pierna para darle una gran patada a Antonio, con toda la fuerza que puedo. Se queja y separa sus manos de mí, pero entonces Michael me da una bofetada y me tira del pelo, levantando la venda. Al menos puedo ver ahora, aunque me escuece el cuero cabelludo. Intenta golpearme de nuevo, pero le doy un codazo en la entrepierna y me libera. Me pongo de pie y trato de salir de la tienda, pero Antonio me tumba, dándome un puñetazo en el estómago que me deja sin aire. Se pone sobre mí y empieza a lamer mi cuello. Qué asco. No puedo soltarme, Michael también me agarra. No puedo defenderme, así que me preparo para coger aire.
—¡Ayuda!—grito todo lo alto que puedo
Michael se sobresalta por el grito que he dado y me suelta. Aprovecho que tengo libres los brazos y clavo las uñas en la cara de Antonio.
—Apártate o te saco un puto ojo, hijo de puta—
—Nadie vendrá a ayudarte, perra—se burla
Le araño todavía más, de forma que le corto la cara y le hago sangre. Nunca dejaré que me hagan daño sin defenderme, así sea lo último que haga.
—¡Socorro!—grito de nuevo, antes de que Michael me tape la boca
Alguien abre bruscamente la cremallera de la tienda de campaña. Es un hombre desconocido con el pelo ligeramente rizado, vestido de sheriff y nos apunta con un revólver. Tras él se asoma un tipo robusto de pelo corto rubio, también nos apunta, pero con una ballesta.
—¿Qué estáis haciendo? Soltad a la chica—ordena el primer hombre
Michael me suelta y levanta las manos, saliendo de la tienda; luego lo hace Antonio. Yo soy la última en salir, todavía en bragas. Me giro para coger mis pantalones, pero el de la ballesta me gruñe y empuja su flecha contra mi nuca.
—Solo quiero vestirme—señalo mis piernas desnudas
—Vale, pero sin truquitos—
Me siento mejor cuando ya tengo los pantalones puestos. Meto las manos en los bolsillos para evitar que se note que me tiemblan No puedo mostrar debilidad.
—¿Qué demonios está pasando?—se acerca Frank, con una escopeta
Tras él viene Héctor, cabizbajo.
—Han intentado… han intentado violarme—
—Ella nos provoca todo el tiempo, Frank—replica Antonio
—Melanie no quiere tener nada que ver con vosotros, bastardos. Marchaos a vuestra tienda ahora mismo—
Obedecen. Antonio me lanza un beso, riéndose de mí. Se me acelera el pulso todavía más. ¿Marchaos a vuestra tienda? ¿Eso es todo?
—¿No vas a echarlos del campamento?—
No me mira, fija sus ojos en el suelo como si la tierra y las ramas mantuvieran una mejor conversación que yo.
—Ellos te han salvado, ¿no?—
—Pues sí, han sido los únicos que no han ignorado mis gritos—espeto
Sus hombros se encogen y me viene una sensación de frío enorme. Ellos… de verdad han ignorado mis gritos… incluso Frank. No iban a venir a ayudarme, iban a dejar que Antonio y Michael hicieran conmigo lo que quisieran.
—Somos Rick Grimes y Daryl Dixon y tenemos un campamento—
—Soy Frank Addams, aquí no hay nadie decente, solo ella y el mocoso. ¿Hay mujeres y niños en vuestro campamento?—
—Puede ser—
—Entonces llevaroslos, aquí no están a salvo—
—¿Qué mierda dices?—murmuro, perpleja
—Este no es tu sitio, Mel. Siempre lo supe, pero elegí ignorarlo porque eres buena proveedora de recursos y sabes cazar. Me dije que eras útil y que valía la pena mantenerte a salvo. Pero eres mujer y nosotros hombres. ¿Sabes lo cansado que es mantenerlos lejos de ti? Estoy agotado, por eso hoy estaba dispuesto a dejar que Antonio y Michael te usaran. Así me dejarían tranquilos—
Lo miro fijamente, decepcionada. ¿Tanto me ha engañado este hombre? Eso parece, porque consiguió que confiara en él… Soy estúpida, bajé la guardia y no debería haberlo hecho. No puedo confiar en nadie, el mundo ya era feo antes, ahora sólo se ha animalizado más. Ignoro el dolor en el pecho que siento por la traición de este hombre y lo disfrazo de frialdad.
—Vaya, un líder que no puede controlar a su grupo—me río, sintiendo como me hierve la sangre—Qué patético—
—Soy un hombre y tú eres una mujer. El mundo funciona así—
—Ya, lo que digas—me giro hacia Rick—¿Es seguro vuestro campamento?—
—Lo es, podéis venir—
El arquero frunce el ceño, pero no dice nada. Le digo a Héctor que vaya a recoger sus cosas y hago lo mismo. Rick me dice que le de mis armas, por seguridad. Le doy mi revólver y un cuchillo, pero me guardo otro dentro de los pantalones. Por si las moscas. Si veo que hacen algo extraño, los mataré en el camino.
—Si estáis listos, nos vamos ya. Es demasiado peligroso andar por el bosque de noche con los caminantes—dice Rick
Termino de guardar mi tienda de campaña desmontada en su bolsa y me la pongo al hombro, junto a la mochila con mis pertenencias y algo de comida enlatada. Hector también está listo, así que nos ponemos en marcha. No vuelvo a dirigirle la palabra a Frank, ni siquiera para despedirme. No quiero tener nada que ver con él.
Vamos caminando con cuidado y en silencio. Rick va delante, seguido de Héctor. Dixon va detrás de mí, todavía con la ballesta en alto, apuntándome. Es listo, sabe que no debe bajar demasiado la guardia. Al poco rato llegamos al campamento de Rick, donde vemos una autocaravana y varios coches aparcados. Parece que tienen bastantes personas por aquí.
—¿Qué haremos con ellos mañana? Tenemos que ir a buscar a mi hermano—habla el arquero
—Shane se ocupará de ellos—
—¡Rick!—exclama una mujer de pelo largo oscuro, que viene corriendo y abraza al sheriff
—Te dije que volvería sano y salvo, Lori—
Aparto la vista cuando la besa. Supongo que será su novia o su mujer. Más personas salen de sus tiendas y se acercan a dónde estamos. Un niño pequeño corre a los brazos de Rick.
—¡Papá, has vuelto!—
—Te lo prometí, Carl—
Héctor, Daryl y yo permanecemos ajenos a ese intercambio de palabras que se dan varios miembros del campamento. Llega un momento en el que Héctor se pone a llorar y grita, abrazando a una pareja con dos niños pequeños. ¿Será su familia? Sonrío cuando los veo intercambiar unas palabras, feliz de ver que ha podido encontrar a su familia como él quería. Ojalá yo pudiera encontrar a mi mejor amigo también. Glenn era un gran apoyo para mí.