🌼Enamorado de mi lindo empleado🌼
Narrador
Chanyeol vivía sumido en una fatiga que no era solo física, sino del alma. Estaba harto de su vida monótona, pero sobre todo, estaba harto de Sandara: la mujer que sus padres le obligaron a desposar, unión que él aceptó sin oponer resistencia, aunque nunca hubo amor de por medio.
Al principio, cuando apenas la conocía, ella se mostraba amable, dulce y siempre lucía una sonrisa encantadora en su rostro. Sin embargo, para Chanyeol, ella nunca fue más que una buena amiga; nunca logró verla como la compañera de vida que sus padres querían. Pero en cuanto se dieron el "sí", todo cambió. Fue como si un interruptor se hubiera activado en su cerebro: su personalidad dio un giro de ciento ochenta grados. Se volvió fría, calculadora, grosera y, lo que más le molestaba a Chanyeol, sentía una aversión inexplicable hacia Kim Jongin, su mejor amigo, y hacia la pareja de este. Más de una vez, Chanyeol la sorprendió coqueteando descaradamente con Jongin a sus espaldas, fingiendo inocencia cuando él la miraba con desaprobación.
—Solo necesito aguantar un poco más —se repitió a sí mismo, tomando una bocanada de aire antes de cruzar la puerta de su casa, tratando de mantener la calma.
—¡Amor! —la voz de Sandara resonó en el recibidor, apareciendo con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
—Hola, cariño —respondió él con frialdad, acercándose solo para darle un beso rápido en la mejilla.
—Ve a cambiarte, la cena ya está lista —dijo ella con tono dulce, demasiado dulce para ser real.
Chanyeol se quedó parado un instante, sorprendido. Aquello era inusual. Sin embargo, obedeció y se dirigió a su habitación para darse un baño y ponerse ropa más cómoda, preguntándose qué trama su esposa esta vez.
Al bajar las escaleras, lo que vio lo dejó aún más confundido: la mesa del comedor estaba puesta y llena de comida que tenía buen aspecto. Era la primera vez en mucho tiempo que veía algo así.
—¿Tú… tú cocinaste? —preguntó con escepticismo, señalando los platos.
Sandara soltó una risa breve y miró sus uñas perfectamente arregladas con orgullo.
—¿Yo? No… qué va —respondió con desdén—. Me arruinaría las manos, ¿no crees que se ven preciosas?
Chanyeol no contestó. Se sentó en silencio, esperando entender qué estaba pasando.
—¡Baekhyun! —gritó ella de repente, rompiendo la calma de la casa.
—¿Baekhyun?… —repitió Chanyeol, frunciendo el ceño. Ellos no tenían empleados, nunca los habían tenido porque a Sandara siempre le molestaba tener gente extraña en casa.
—Sí… es un joven campesino que me recomendaron —explicó ella, sonriendo con falsa modestia—. Y como soy tan generosa, decidí contratarlo para que nos ayude. Solo estará por un tiempo.
En ese momento, apareció una figura en la entrada del comedor.
—¿Dígame, señora Park? —preguntó una voz suave y agradable.
Chanyeol sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. El chico que estaba allí parado era hermoso, de una belleza que quitaba el aliento. Tenía ojos grandes y expresivos, cabello castaño que le caía suavemente sobre la frente y una estatura y complexión perfectas, de esas que dan ganas de tener entre los brazos todo el día. Notó que Baekhyun se dio cuenta de que lo observaba con atención y, en respuesta, las mejillas del muchacho se tiñeron de un rojo intenso.
Qué hermoso… y qué tierno es, pensó Chanyeol, sintiendo cómo su corazón daba un vuelco.
—¿Qué haces ahí parado como estatua? —la voz cortante de Sandara rompió el momento—. Sírvele a tu señor… ¡Y MUÉVETE! —ordenó, perdiendo por completo la falsa amabilidad de antes.
—Sí, señora Park —respondió el joven con voz temblorosa, bajando la mirada.
Baekhyun se acercó y se colocó a su lado, y en ese instante, una fragancia dulce y fresca llegó hasta la nariz de Chanyeol. Era un olor agradable, natural, nada parecido a los perfumes empalagosos que usaba su esposa.
—Qué bien hueles… —murmuró Chanyeol, casi sin darse cuenta, pensando en voz alta.
El chico se puso aún más nervioso si era posible, jugando con sus manos, mientras que Sandara lo miraba con el ceño fruncido y una ira contenida brillando en sus ojos.
—¡Lárgate! —le espetó ella de golpe—. Yo lo haré. Vete de aquí, maldito muchacho insignificante.
Baekhyun asintió rápidamente y caminó deprisa hacia la cocina, desapareciendo de su vista.
—¿Por qué le hablas así? —preguntó Chanyeol, con la voz cargada de molestia.
Sandara se encogió de hombros con indiferencia.
—¿Desde cuándo te molesta cómo trato a un simple empleado? Es basura, nada más.
—¡Basta! —gritó Chanyeol, golpeando la mesa con tal fuerza que los cubiertos tintinearon—. Se me quitó el hambre y las ganas de estar aquí.
Se levantó bruscamente y abandonó el comedor, dirigiéndose a la habitación de invitados; no tenía intención de compartir cama con ella esa noche. Sandara, furiosa al verse ignorada, corrió a su propia habitación y maldijo a Baekhyun en todos los idiomas que conocía, jurando que le haría pagar por haber llamado la atención de su marido.
Pasaron las horas y el reloj marcaba aproximadamente las doce de la noche. El sueño no llegaba para Chanyeol, así que decidió bajar a la cocina en busca de algo de beber o comer. Al entrar, se encontró con una imagen tranquila: Baekhyun estaba de espaldas, lavando los platos con dedicación y cuidado.
—Buenas noches —dijo Chanyeol con suavidad para no asustarlo, aunque el chico dio un respingo al escucharlo.
Baekhyun se giró de golpe y, al reconocerlo, volvió a sonrojarse como la primera vez.
—¡Señor Park!… Lo siento, no lo escuché llegar… ¿Se le ofrece algo?
—En realidad… quería pedirte disculpas —empezó a decir Chanyeol, acercándose despacio.
—¿Disculpas? —el joven inclinó la cabeza, confundido.
—Sí. A pesar de que te esforzaste por cocinar y preparar todo, ni siquiera probé la comida. Me fui sin decir nada por culpa de mi discusión con mi esposa.
—No se preocupe, de verdad… —respondió Baekhyun con una sonrisa sincera que iluminó todo el lugar.
—¿No has cenado tú? —preguntó Chanyeol al ver que seguía trabajando—. ¿Te queda algo de la comida de antes? Me gustaría probarla ahora, si es posible.
—¡Claro que sí! —asintió alegremente—. Se la caliento en un momento.
Mientras el joven se movía ágilmente por la cocina, Chanyeol se quedó allí parado, observándolo con detenimiento. Sus ojos recorrían su figura, deteniéndose en cada movimiento, y sintió cómo se le secaba la boca al verlo inclinarse para sacar una olla.
—¿De dónde eres, Baekhyun? —preguntó para romper el silencio y sus propios pensamientos inapropiados.
El muchacho detuvo lo que hacía y miró al suelo, jugando con el borde de su delantal.
—Soy de un pueblo lejano… no creo que lo conozca —respondió con timidez.
Chanyeol entendió que no quería hablar de su pasado, así que cambió de tema.
—Sandara mencionó que llegaste por recomendación… Es extraño, porque ella jamás ha querido tener a nadie trabajando aquí, siempre decía que le estorbaban.
—¿En serio? —preguntó Baekhyun con curiosidad.
—Es muy orgullosa y celosa, supongo —dijo Chanyeol, restándole importancia, aunque sus ojos seguían devorando al joven con la mirada.
—Ah… bueno, todo fue gracias al señor Kim —reveló Baekhyun con una sonrisa dulce.
—¿¿Kim??
—Sí, el señor Kim Jongin. Él habló con su esposo para que me aceptara.
—¿Kai?… Ya entiendo. Pero, ¿cómo es que él tiene que ver en esto?
—Verá… El señor Jongin y su pareja, el señor Kyungsoo, se fueron de viaje, como una segunda luna de miel. Yo quería ganar algo de dinero extra, ya que vengo de una familia humilde, así que él me ayudó a conseguir este trabajo temporal mientras ellos no están.
—¿Entonces… trabajas para Jongin?
—Sí. Ellos son muy buenas personas y siempre han sido generosos conmigo. Por eso estoy aquí, hasta que regresen.
Chanyeol sintió un nudo en el estómago.
—Espera… ¿Me estás diciendo que eres temporal? ¿Que te irás cuando ellos vuelvan?
—Así es —respondió Baekhyun con naturalidad, poniendo el plato humeante frente a él—. Estaré aquí un mes, quizás un poco más, depende de cuánto se diviertan ellos. Aquí tiene su cena, señor.
Chanyeol tomó el plato, pero apenas tenía hambre. Un mes, pensó. Este chico maravilloso solo estará aquí un mes y luego desaparecerá de mi vida.
—Gracias —dijo con voz baja—. ¿Y a dónde se fueron?
—Creo que a Panamá. Dijeron que era un lugar hermoso que nunca habían visitado, así que decidieron ir a conocerlo.
—Panamá… Qué increíble. Me alegro mucho por ellos, de verdad —dijo Chanyeol, aunque por su mente pasaba el deseo de que el viaje se alargara eternamente.
Cuando terminó de comer, se quedó allí sentado, charlando con Baekhyun hasta altas horas de la madrugada. Descubrió que era inteligente, amable, risueño y con una inocencia que ya casi no existía.
—¿Cuántos años tienes, Baekhyun?
—Veinticuatro —respondió el joven.
—Yo tengo treinta y dos —reconoció Chanyeol.
—¡Vaya! Pensé que tenía usted unos veintisiete o veintiocho como mucho —comentó Baekhyun con una sonrisa traviesa.
Chanyeol negó con la cabeza, divertido y halagado.
—Para nada… ya soy un viejo al lado tuyo.
—¿Puedo retirarme ya, señor? Es muy tarde y mañana debo madrugar —preguntó el chico con educación.
—Sí, claro. Ve a descansar. Y gracias por la charla… y por la comida.
—Igualmente, señor. Que descanse —hizo una reverencia y se marchó caminando despacio.
Chanyeol se quedó solo en la oscuridad de la cocina, con una sola certeza en su mente: se había enamorado perdidamente de Baekhyun. ¿Cómo no hacerlo? Era exactamente la clase de persona que siempre había soñado tener a su lado: dulce, hermoso, atento y lleno de luz. Baekhyun era todo lo que Sandara no era.
Pasaron dos semanas. Sandara ya tenía la sospecha confirmada: su marido miraba a Baekhyun de una forma que ningún amo debía mirar a su empleado. Veía cómo sus ojos lo seguían por toda la casa, cómo suavizaba su voz al hablarle y cómo la ignoraba a ella cada vez que el joven aparecía. La rabia la consumía por dentro.
Durante el almuerzo, decidió atacar.
—Baekhyun… ¿Has tenido alguna vez novia? —preguntó de repente, con una sonrisa falsa.
El chico se puso rojo como un tomate y tartamudeó:
—Y-yo… n-no, señora. Nunca.
—¿Por qué le preguntas eso de repente? —intervino Chanyeol, con voz seria y mirada amenazante dirigida a su esposa.
—Solo curiosidad… quiero conocerlo más, al chico que trajimos a casa —respondió ella con inocencia fingida.
—Baekhyun, puedes retirarte. Termina tus cosas y ve a descansar un rato —ordenó Chanyeol amablemente, mirando al muchacho con ternura.
—Sí, señor. Gracias —respondió Baekhyun, saliendo de inmediato del comedor.
—¿Qué te sucede, Sandara? —le espetó Chanyeol apenas estuvieron solos.
—¿De qué hablas?
—De él. Deja de molestarlo. — habló chanyeol ya cansado de su actitud.
— Qué te pasa es a ti y no me niegues lo obvio… te gusta, ¿verdad? —acusó ella, inclinándose sobre la mesa.
Chanyeol suspiró con cansancio y se levantó, empujando la silla hacia atrás con fuerza.
—Sabes qué… En esta casa es imposible vivir en paz.
—¡Maldito Baekhyun! —gritó ella al ver que se iba, comprendiendo que la respuesta era sí.
Sandara corrió hasta su habitación y tomó el teléfono con manos temblorosas de ira. Marcó un número y esperó impaciente.
—Dime —respondió una voz masculina al otro lado, sonando aburrido y molesto.
—Oye, Changmin, necesito que me hagas un favor —dijo ella, recuperando su tono alegre y manipulador.
—¿Qué quieres ahora?
—Quiero que te acuestes con mi empleado.
—¡¿QUÉ?! —la voz de Changmin se elevó por el susto—. ¿Estás loca?
—Tranquilo, es solo un favor. El chico es joven y lindo, no te vas a quejar.
—¿Acaso me ves cara de violador o de enfermo? ¡No pienso hacer eso!
—Si no lo haces tú, llamaré a otro y ya está. Seguro que hay muchos que sí querrán aprovecharse de él. Tú verás.
Hubo un silencio largo al otro lado de la línea.
—Está bien… —cedió Changmin, resignado—. ¿Cuándo?
—Esta noche. Nadie te verá. Entra por la puerta trasera, la habitación es el de servicio ya deberías saberlo — sonrió.
—Bien. Pero esto queda entre nosotros.
Esa noche, Baekhyun terminó de bañarse y se puso su ropa de dormir, dispuesto a descansar. Apenas había apagado la luz, sintió que alguien entraba sigilosamente. Antes de que pudiera gritar, una mano grande y áspera le tapó la boca con fuerza, mientras un cuerpo pesado lo inmovilizaba contra el colchón. El chico pataleó y luchó, pero el hombre era mucho más fuerte y grande que él.
—Tranquilo, precioso… no te haré daño si te quedas callado —susurró una voz desconocida cerca de su oído.
Baekhyun dejó de luchar y asintió con miedo en los ojos. El hombre retiró un poco la mano.
—Mira… La señora Park me contrató para que te hiciera daño. Me dijo que te… —el hombre dudó un instante—, que te forzara. Pero no lo haré. Yo no soy así.
Baekhyun abrió los ojos como platos, horrorizado, y retrocedió todo lo que pudo contra la cabecera de la cama.
—¿Por qué yo?… —susurró con voz rota.
—No lo sé… Pero ten cuidado. Correspondes a un peligro mayor del que crees en esta casa —le advirtió Changmin con seriedad, dándole la espalda para irse.
En ese preciso instante, la puerta se abrió de golpe. Entró Chanyeol, con el rostro desencajado por la furia, seguido muy de cerca por Sandara, quien tenía una sonrisa malvada triunfante en los labios. Sin embargo, esa sonrisa murió al instante al ver la escena: Baekhyun asustado en la cama y a Changmin de pie, sin haber pasado nada.
—¡Baekhyun! ¿Estás bien? —Chanyeol corrió hacia él y lo revisó buscando heridas.
—Señor… su esposa pagó a este hombre para que… —el joven no pudo continuar, las lágrimas brotaban de sus ojos—. Para que me hiciera daño. Pero él dijo que no lo haría.
—¡Maldita seas! —rugió Chanyeol, levantándose y girándose hacia su esposa con una ira que jamás había mostrado.
—¿Le vas a creer a él antes que a mí, tu esposa? —gritó ella, tratando de salvar la situación.
—Yo… yo me voy —interrumpió Baekhyun con voz temblorosa, secándose las lágrimas—. Ya no puedo seguir aquí. No quiero estar más tiempo en una casa donde mi vida corre peligro. Me iré ahora mismo.
—¡No! —Chanyeol lo detuvo, tomándolo de las manos con desesperación—. No es necesario que te vayas. No dejaré que te pase nada.
—No, señor… Es mejor así. Iré con el señor Jongin, él me ayudará.
—¡Vete entonces y no vuelvas nunca, suciedad! —le gritó Sandara, victoriosa.
Chanyeol soltó las manos de Baekhyun y caminó lentamente hacia ella, mirándola con desprecio absoluto.
—Te equivocas, Sandara. El que se va… no es él. Eres tú.
—¿Qué?! ¿Estás loco? ¡Soy tu esposa!
—Ex-esposa, dirás. Quiero el divorcio, y lo quiero ya. Mañana mismo presentaré los papeles. No voy a pasar ni un día más junto a una mujer capaz de hacerle esto a un ser humano inocente.
—¿Me vas a dejar por este insignificante? —ella señaló a Baekhyun con asco.
Chanyeol no respondió con palabras. Simplemente, dio media vuelta, caminó hasta donde estaba el joven todavía temblando, lo tomó del rostro con suavidad y lo besó. Fue un beso profundo, decidido, lleno de todas las emociones que había estado reprimiendo durante semanas.
Changmin, que aún estaba en la habitación, sonrió para sí mismo y aprovechó el momento para escabullirse sin hacer ruido, dejando atrás ese caos.
—Me gustas, Baekhyun… y te quiero a mi lado —susurró Chanyeol al separarse, mirándolo fijamente a los ojos.
—No puedes estar hablando en serio… —murmuró el chico, sorprendido y confundido, pero con una chispa de esperanza brillando en su mirada.
—Vete de mi casa, Sandara. No quiero volver a verte. Nos veremos en la corte —ordenó Chanyeol con firmeza, sin soltar a Baekhyun ni un segundo.
Tomó al joven de la mano y lo sacó de allí, llevándolo directamente hacia su propia habitación, lejos de ella, lejos del peligro.
—S-señor Park… yo… —balbuceaba Baekhyun, aún sin creer lo que pasaba.
—Dime Chanyeol, solo Chanyeol —lo corrigió, abrazándolo con fuerza contra su pecho, protegiéndolo de todo mal—. Me gustas… y no permitiré que te vayas. Llegaste a mi vida para hacerme feliz, Baek… Te amo.
Baekhyun sonrió entre lágrimas. Por fin, esa culpa que sentía cada vez que pensaba en lo que sentía por el esposo de su ama desapareció. Ya no había barreras. Ya no había nadie que pudiera separarlos.
—Yo… yo también te amo —susurró, escondiendo su rostro en el pecho del hombre que ahora era su salvador.
Chanyeol lo besó nuevamente, con más pasión esta vez, sintiendo una paz inmensa. Había algo extraño por lo que sentía gratitud hacia Sandara: si ella no hubiera contratado a Baekhyun, si no hubiera intervenido en su vida, nunca habría conocido a este ángel. Baekhyun era su ángel, su salvación, y lo amaba más que a su propia vida.
Y así, entre abrazos y promesas, ambos supieron que, a partir de esa noche, ya no estarían solos nunca más.
~FIN~