Chapter 1
Sabe que su valor es inexistente.
O al menos ha creído que lo único que puede darle valor a un ser humano era el poder y el dinero. Kim Taehyung no posee ni uno ni otro, por tanto no tiene ningún valor como ser humano. Tal vez lo más cercano sean los derechos de una constitución que olvida a los menos afortunados pero eso es una mera fantasía.
Lo más cercano al poder que ha tenido fue el resultado de convertirse en el objeto de deseo del renombrado Min Yoongi, un jefe criminal conocido en el bajo mundo. Entró al bar donde cantaba y después de escuchar sus pobres intentos de composiciones ofreció mucho dinero porque cenara con él. Tenía hambre y había hecho cosas peores por un plato de basura. Fue divertido al inicio, luego tomó el rumbo natural de esos encuentros. Manos sobre su piel, susurros desagradables en su cuello y una propuesta de pasar por el hotel.
No escondió su decepción, dejó caer su espalda en la silla y maldijo en voz baja.
—No tengo interés en los cerdos —dijo con molestia. Esperó su triste destino cuando los perros bipedos gruñeron pero a diferencia de otros desgraciados, Min tuvo la decencia de solo dejar caer dinero en la mesa y levantarse con el orgullo herido.
—Espero con ansias nuestro próximo encuentro.
No fue una declaración a medias, ese hombre de largas cicatrices tomaba en serio su palabra y desde esa noche Min Yoongi ha visitado el local con regularidad. Tenía la costumbre de sentarse en primera fila, pedía un whisky para acompañar sus cigarrillos y su voz.
Cada vez que Taehyung subía al escenario podía verlo listo para vitorear su nombre y cada vez que dejaba la tarima tenía que tomar asiento junto a él en su mesa para beber un poco. Se llenaba los bolsillos con joyas y efectivo. Le agrada que Min YoonGi compre su compañía con tanta regularidad y que nunca intentará ir más allá de lo que Taehyung cedia.
Una mínima muestra de respeto a sus negativas le entregaba un grado de poder que no ha tenido desde que nació. Tal vez por eso coquetea con su suerte tan seguido. Sabe que el Jefe Min lo desea, que sus intenciones son meramente carnales y cuando obtenga todo lo que puede dar no dudara en desecharlo.
¿Qué crimen hay entonces en disfrutar de los regalos antes de que su vida sea comparada por completo?
Es demasiado feliz, tal vez un grado más de lo aceptable.
Cumpliendo la normalidad de una vida fatalista el destino decide que quiere jugar un poco. Taehyung piensa mientras está sentado en la mesa de su benefactor que tal vez dios ha colocado esa prueba en su camino para ver hasta dónde está dispuesto a llegar o tal vez sea que necesita algo de emoción.
Sentado en la barra, lejos de su alcance, puede ver a un hombre de ensueño. No tiene nada que ver con el jefe de matones con el que comparte mesa. No encaja con las calles sucias donde están, su estilo es demasiado tranquilo y su sonrisa es amable. Es como una mancha brillante en una pared maloliente.
No puede quitarle los ojos de encima. Es atractivo. Es extraño.
Desencaja con el ambiente tanto que es imposible desviar la atención, descansa sus ojos en su cabello largo, en su espalda encorvada y sus ropas sueltas, contempla con tanta intensidad que el extraño deja la cerveza aun lado y gira en su dirección.
Conectan sus miradas y se pierden en ellas. Los ojos extraños son como pozos sin fondo, oscuros, negros, parcialemnte vacios. No presta atención a las barbaridades que Min Yoongi está relatando y solo es consciente de su silencio hasta que la mujer en la tarima baja a recoger sus propinas.
—Parece que encontraste algo más entretenido que yo en este basurero —dice su acompañante chasqueando la lengua, lleva el trago que pidió a la boca y vacía el contenido de un trago. Sus ojos negros se entrecierran.
El pánico se apodera de él cuando Min se gira en dirección a su mirada. Intenta todo lo en su miserable poder para mantener la calma, para fingir que no le importa el hombre que ahora tímido vuelve su atención al tarro de cerveza.
—¿Ese es tu tipo? —pregunta Yoongi con una sonrisa que no tiene nada de alegría—, ¿él no es un cerdo para ti?
—No lo conozco —consigue decir sin temblar.
—Claro que no, tipos como tú no pueden acercarse a hombres como ése —responde despectivo. Escupe en su existencia y tira la miserable ilusión de poder que tenía a la basura.
Taehyung casi había olvidado que era.
No es la pareja de un gran jefe mafioso, con poder o dinero que enaltezcan su existencia. Es solo la prostituta que Min Yoongi está adornando para tomar cuando quiera. El hombre que lo llena de regalos y le ofrece un mínimo de respeto es en realidad alguien que podría matarlo en cualquier momento. Solo se sienta a su lado porque su terquedad es divertida, cuando deje de parecer gracioso tomará todo lo que le dió y más.
En realidad, ¿por qué siquiera se aferra a su vida de mierda?
Lo único bueno que le ha pasado estos meses es que no ha tenido que coger con desconocidos pero cuando deje de ser el muñeco de Yoongi volverá a lo mismo. Si eso es lo que le espera prefiere morir. Hoy, mañana, en un mes ¿que diferencia hace?
—Tienes razón Cariño —dice levantándose de la mesa—, él definitivamente no es un cerdo.
Vive lo suficiente para caminar hasta la barra y sentarse junto al desconocido, vive lo suficiente para saber que se llama Kim Namjoon, es periodista y está paseando por esos terribles lugares para escribir un artículo sobre las desigualdades sociales y cómo el gobierno no hace nada por ayudar.
Y Taehyung no puede evitar compararlo con un personaje de película. Como un príncipe azul que va a su rescate. Se ilusiona un poco.
Hablan durante varios minutos de temas en común como películas viejas o las canciones más populares del momento. Incluso se sorprende cuando ríe por primera vez en mucho tiempo, no la risa fingida para sus clientes, una risa genuina que le hace sentir humano.
—Taehyung-ah —Namjoon interrumpe su palabrería sobre porque Avengers es mejor que El Padrino—, ¿realmente está bien que hablemos así? ¿Tu novio no se enojará? —pregunta temeroso, señalando la mesa donde Min Yoongi los observa interesado, con una sonrisa cínica.
—No tengo pareja hyung —señala a sus espaldas con una mueca de asco—, el tipo es solo un pervertido que paga bien por sentarse a mi lado.
—Supongo que al final tienes un trabajo complicado, lo lamento Taehyunnie.
—¡Oh!, eso es muy amable —muy extraño también si lo piensa. Nadie le ha dicho algo como eso antes, supone que tiene que ver con que las personas que lo rodean están igual de jodidas. —Solo ignoralo.
—¿Crees que podríamos ir a otro lugar? —pregunta.
Taehyung no dice en voz alta que está decepcionado, intenta que no se le note en la cara. Al final todos son iguales, las personas que visitan ese bar no esperan conversaciones largas a cambio de nada. Namjoon no es diferente y eso le molesta, ¿porque creyó en primer lugar que él, de entre todos los hombres, lo vería como algo más que una compañía nocturna?
Al menos puede decirse que le gusta mientras caminan fuera del lugar. Mira el rostro solemne de Namjoon entre las luces de neón y descubre que desprende pura solemnidad, como un personaje sacado de sus sueños y armado a su medida. La gente murmura a sus espaldas mientras se alejan de su zona de trabajo, no dice mucho pero Taehyung se da cuenta de que le agrada. No ha tenido tiempo para definir su tipo de persona pero si alguna vez lo hace él sería la descripción.
No tardan demasiado en dejar las callejuelas con olor a cigarrillo. El mundo más allá de su trabajo le resulta fascinante. Parece que las personas están viviendo en una dimensión alterna donde las cosas son más simples, las criaturas son tan ajenas a él que respiran aire sin el temor de desarrollar cáncer, las pocas parejas que ve parecen tener genuino amor que entregarse, incluso parece que el cielo tiene algo de azúl.
Sabe que es estupido emocionarse por algo tan banal, por el simple hecho de caminar en silencio con alguien que es una compañía agradable. En gran medida, las veces que ha dejado el bulevar siempre ha sido en contra de su voluntad —que no es que tenga mucha de por sí—, la mayoría de veces sucede tan rápido que no tiene tiempo para admirar el movimiento de la población, de la ciudad. Hasta Min Yoongi, que se jacta de ser su amante predilecto, solo lo mete a un auto de lunas opacas y lo lleva a lugares donde las ventanas no existen. Tal vez si se acuesta con él pueda tener una visita al río Han que tan popular es por su belleza, para admirarlo —y arrojarse a él para morir—.
—Pareces entretenido —dice Namjoon llamando su atención.
—No salgo mucho, me divierte ver cosas nuevas.
—Si me permites, —ofrece sacando la llave de su auto, un Volkswagen plomo con ligeros rasguños, pequeño y acogedor. Hasta alguien de su calaña sabe que son viejos y no suelen circular más allá de pequeños pueblos. —Puedo llevarte a nuevos lugares.
Taehyung duda un segundo.
Aprendió que no existen las buenas intenciones, las personas siempre buscan algo que ganar con sus acciones así que intenta pensar que ganaría ese desconocido llevándolo en su carro. ¿Qué ganan haciendo eso?
—Mira Namjoon-hyung, —se rasca la nuca nervioso. Mueve su cabello, ahora rubio por una mala decoloración que hizo solo, para que su mente se despeje. Odia ser tan desconfiado pero ya le ha ido mal en el pasado por confiar en los hombres— no sé cuales sean tus intenciones. Si quieres cogerme vamos a un hotel cercano, no necesitas fingir interés, me gustas así que no te cobraré.
—¡Oh, no! —el hombre mueve sus manos frenético, intenta esconder el rubor que sube desde su cuello hasta el rostro— solo quería llevarte a comer, en realidad me gusto mucho tu voz y eres tan guapo, pensé que sería como tener una cita con una celebridad.
Taehyung bufá.
—Bueno, en realidad soy alguien cebrele —dice convencido de que esa palabra es correcta—, desde que el Jefe Min me conciente soy como él más popular en el burdel.
Sonríe con todos sus dientes, desvía su mirada más allá del rostro angustioso de Namjoon. Se da cuenta demasiado tarde de lo que dijo. Vuelve a sentirse miserable cuando se da cuenta que su mayor logro en la vida es ser la puta de un matón. Tiene que parpadear para esconder el escozor en sus ojos, traga la saliva en su boca para ignorar como sus músculos parecen decididos a convertirse en una mueca miserable.
El largo silencio obliga le obliga a darse cuenta de quién es en realidad, se avergüenza de su existencia.
—Al menos por hoy, ¿por qué no intentas ser solo Kim Taehyung? —ofrece con amabilidad, solo su nombre por una noche, por un día—, puedes fingir que somos amigos del alma, nos encontramos después de años y vamos a beber para ponernos al día.
Le agrada. Namjoon le agrada demasiado.
Tal vez por eso acepta subirse al auto sin cuestionarse demasiado. Quiere tener todo lo que esa noche va a ofrecerle, eso incluye la posibilidad de ser usado una vez más.

Min Yoongi contempla la idea de que en algún punto se acostumbró a poseer todo. Reconoce que no fue fácil hacerse un lugar en la organización. Cuando ingresó hace más de treinta años la gente esperaba que muriera rápido. Pero sobrevivió como un parásito, se volvió el perro más fiel, tan temerario y agudo que el anterior jefe terminó llevándolo a todos lados para que aprenda como funciona el mundo, entonces cuando el maldito viejo finalmente murió solo tuvo que deshacerse de un par de personas y el imperio fue suyo.
Algunos dirán que le tomó toda una vida, un tiempo vano. Pero para Yoongi fueron solo años de sacrificio que terminaron en la más jugosa recompensa.
Todos estaban bajo sus pies y en la cima terminó familiarizado con la idea de tenerlo todo. Poder, dinero, riquezas, tranquilidad. Todo bailaba en su mano como monos adiestrados pero, ¡oh!, el amor. Él no conocía algo como eso.
Conocía la ambición, el deseo, la necesidad de meterte bajo la piel ajena. No le interesaba realmente pero, la idea de que él que todo tenía en su poder de entre todos los seres que habitaban la misma tierra no hubiese experimentado el amor le frustraba. Era el mundo que lo trataba como un bufón, como si fuera tan patético que no tuviera el derecho a experimentar algo que hasta los perros moribundos podían tener.
Entonces un día de puro aburrimiento entró al burdel de un pobre infeliz que se negaba a pagar la cuota mensual. Iba asustarlo un poco con su presencia, no planeaba dejar sin trabajo a toda esa pobre gente, después de todo cree ser alguien bondadoso. Se sentó cerca del escenario, con el dadivoso personal acicalando su presencia. El dueño le prometió un buen espectáculo y cuando las cortinas rojas se abrieron confió en esas palabras.
Siempre le gustaron las cosas brillantes y bonitas. Cuando era un simple ladrón y pasaba por las tiendas lujosas todas eran tan inalcanzables, llenas de tela que parecía hechas de diamante. Soñaba con un día tener algo tan reluciente para sí mismo y ahora que estaba rodeado de lujos le parecía que el oro era insípido.
Sin embargo, sobre el escenario, envuelto en tela dorada que probablemente era barata, bañado con una pobre iluminación, el rostro hermoso de ese hombre parecía ser el mismo sol, lo más cálido que hubiera experimentado. Era oro en la piel, en el cabello, en los dedos, en la voz y en todos lados.
Quería tenerlo.
Colocarlo en el vitral de su museo personal y admirar bajo las luces brillantes sus facciones casi perfectas. Extender su cuerpo desnudo en su cama y besar cada centímetro de piel, escuchar su voz llamando su nombre. Tenerlo en la palma como una mascota adiestrada. Admirar cuál sería su expresión cuando lo penetrara, averiguar a qué sabrá sus besos y su semen.
Lo llamó a su mesa apenas terminó su canción. Era alto, delgado, fingía una sonrisa que le encantaba y sus ojos, aunque inexpresivos y disparejos, hacían que su rostro tomara una dimensión diferente. No era solo guapo, era interesante.
Quería poseerlo, ser su dueño.
Hizo lo único que sabe sobre satisfacer para conseguir, dar regalos, dar veladas y ofrecer palabras pero el rechazo tajante desencajó algo. La expresión llena de desdén, el odio cuando le dijo cuánto quería acostarse con él también le gusto.
Kim Taehyung, ignorante de quién era, lo rechazó de manera cortante. Le hizo saber cuán repugnante le parecía e incluso lo llamó cerdo. Nadie había insultado a su persona en mucho tiempo y ahora ese intento de divo creía que podía hacerlo solo porque le compro ropa cara. El rechazo solo hizo que anhelara tenerlo con más fuerza.
Quería doblegarlo, humillarlo, destrozarlo tanto que cuando volviera a ser armado fuera solo un perro obediente a su voluntad. Acarició su rostro, se tentó de tocar sus labios con el pulgar pero cuando noto sus ojos fríos supo que era lo que tanto deseaba en realidad. Ansiaba ver a ese hombre necesitado, arrodillado, rogando por su atención. Que viniera por propia voluntad y se ofreciera.
Sonrió.
—Espero con ansias nuestro próximo encuentro.
Le apetecía tanto probar su boca pero sabía que cuando el momento llegará, obtener su voluntad sería más exquisito que solo obligarlo.
Caminó al exterior con la extraña sensación de que era feliz, de que ver a ese hombre en un futuro sería agradable, como recibir cariño de una manera extraña. Encendió su cigarrillo antes de subir a su auto, todavía con una sonrisa tonta.
—¿Será que es amor? —preguntó tontamente golpeando el brazo de su guardaespaldas. No obtuvo respuesta.
Por supuesto, Min Yoongi sabe que cuando se le ha negado algo a alguien tanto tiempo es fácil confundir lo que experimenta. Felicidad, anhelo, amor, obsesión. Pero como tantas cosas no le importa. Sigue insistiendo en hacerse un lugar importante en cualquier lugar que aquel hombre guarde su afecto, noche tras noche sin detenerse porque considera en el pequeño estándar que ha preparado que Taehyung representa el amor que el mundo egoísta le ha escondido.
Es suyo aunque no lo acepte y como toda persona egoísta odia compartir.
Naturalmente eso le lleva a odiar al desconocido que se gana sin esfuerzo lo que tanto ha intentado obtener durante meses.

Las noches comunes suelen incluir ramen instantáneo que se prepara en una tienda de veinticuatro horas, nigiris de atún procesados y un auto con motor ruidoso que busca las vías alternativas del tráfico para moverse más rápido.
Es un truco excelente, dice Namjoon concentrado en el volante. Tenía la luna abajo y el viento golpeaba su cabello negro y brillante. Parecía sedoso y al tocarlo se sentía como cerdas de un cepillo. Era brusco al toque, distinto a lo que podría imaginar.
Namjoon sonreía cada vez que acariciaba su cabello, se veía inocente cuando en sus mejillas se formaban unos hoyuelos profundos como pozos. Hablaba tanto que a veces devoraba algunas palabras y hacía que fuera difícil entender sus ideas.
Un apasionado del mundo.
Cuando más lejos iban más fuerte resonaban las palabras de Yoongi. Personas tan brillantes solo terminan lastimadas cuando se topan con tipos como él. Un pequeño atisbo de arrepentimiento empezó a tomar lugar cuando la música se volvió más alegre, cuando su único aporte a la conversación eran monosílabos o sonidos afirmativos a lo que sea que dijera.
Tipos como tú, no pueden acercarse a tipos como ese.
Apretó los párpados, no estaba dispuesto a llorar, después de todo se encontró con un viejo amigo con el que tomaría unas copas y se pondría al día.
—¡Oh!, ya estamos cerca del mar, Taehyung.
Observó a través de la ventana un enorme lago sin final, tan lejano como sus posibilidades de encontrar un hogar nuevo, donde no lo conozcan y traten como un pedazo de carne que todos pueden tener en sus manos. Era un paisaje deprimente.
—Eh…, pensaba que se vería diferente —dice mientras apoya el rostro contra la luna del auto, sin dejar de ver el paisaje nocturno.
—¿No te gusta?
—Se ve triste —confiesa, mira de reojo la sonrisa que se forma en su acompañante y ríe también.
—Perdona, no es la mejor temporada para venir a la playa, las nubes de lluvia no dejan ver nada pero si volvemos por aquí en verano seguro será más lindo.
—¿Volveremos en verano? —preguntó sin saber porque la insinuación de volver a tener tiempo a su lado le hacía tan feliz. El verano no llegaría hasta el siguiente año, ojalá viviera tanto.
—Por supuesto, traeremos alcohol, comida y puedes traer a tus amigos y yo a los míos.
—Es un poco inocente de tu parte creer que tengo amigos —refuta bromeando aunque es verdad.
—¿Un novio entonces? —pregunta curioso y esta vez es molesto, no divertido. No lo hace a propósito, hasta un ignorante como él puede saberlo ¿pero no le ha dejado claro a qué se dedica?, ¿intenta humillarlo acaso?.
—Hyung, tal vez no lo deje claro pero soy un hombre de compañia, la gente me paga por servicios sexuales y a veces por cantar —la brecha entre sus mundo parece enorme en ese momento, la broma sobre su amistad ahora se siente como una historia trágica en la que uno fue aplastado y el otro se elevo como dueño del mundo. —Las personas como yo no tenemos algo tan lindo como un novio.
Namjoon esta incomodo. Bueno, tal vez todos lo estarían si se obligan a convivir con un tipo de su clase que conocieron en un bar horrible. Si el auto se detiene sólo debe conseguir un taxi o tomar su teléfono y llamar al perro que fue asignado para su cuidado y estará de nuevo en…
No, prefiere la incomodidad de ese pequeño auto. El silencio de la ignorancia antes de las insinuaciones. Es mucho mejor que la basura que soporta todos los días. Namjoon es la mejor compañía que ha tenido nunca, puede perdonar un solo desliz en su ignorancia. Puede tener su perdón, su afecto, su todo si le apetece.
—Lo siento, hable de más —suena arrepentido de verdad, se gana su perdón sin esfuerzo—, aun así, me gustaría llevarte a conocer otras personas en el verano próximo.
—Sí, eso sería agradable , Namjoon-hyung.

El bar es aburrido sin la abrumadora presencia de Taehyung en él. Si no tiene a su hombre negando sus afectos, insultando su existencia o fingiendo indiferencia mientras le saca su dinero y tarjetas no es entretenido. El pobre idiota a cargo a enviado a sus mejores chicas y chicos en un intento de apaciguar su molestia, incluso una pobre imitación su querido Tae canta en el escenario con leotardo brillante que es desagradable.
Debido a la inesperada situación tiene tiempo de analizar que el lugar es un desastre. Mala iluminación, humedad, escenario viejo que parece caerse a pedazos. Tienen a un candidato a modelo entre su personal pero la instalación es decadente. Su muñeco merece luces brillantes, cámaras profesionales y el mejor escenario para brillar. Estar en la cima donde todos lo desean pero solo él puede tocarlo.
Saca el cigarrillo de la boca y apaga la colilla en la mano de algun idiota que intenta meterse en sus pantalones. No pierde el tiempo en voltear a ver a quien le pertenece el grito, está demasiado feliz por la idea que acaba de tener para ser adorado.
—Oye, Jae —llama a su acompañante mientras se pone de pie—, contacta con agencias de modelaje y envía algunas de las mejores fotos de Taehyung, que solo lleguen a mi las mejores ofertas, ese idiota me agradecera más tarde.
—Sí señor.
Está emocionado.Como no había pasado por su mente una idea como esa antes. Mantener alejado a la basura de sus pertenencias es fácil, incluso más simple si lo pone bajo su cuidado directo. Tiene un buen rostro, un cuerpo bueno que puede mejorar con dieta adecuada y definitivamente el potencial para atraer masas. Puede reconocer que está tan enamorado que ni siquiera se dio cuenta de la pocilga que estuvo visitando hasta que su atención se dirigió a otra parte.
Hará de Taehyung una mina de oro, le dará la independencia con la que tanto sueña. Seguro le dará poder, gloria y lujos. Algo que sea suyo para que crea que puede hacer más cosas, entonces vendrá a él como abejas en la miel.
—Umn, sin duda será popular de inmediato, —toma del cabello a la pobre imitación de taehyung y la arrastra consigo a la salida— mierda Jae, asegurate de traer maravillosas noticias.
Ingresa al auto y coloca de rodillas al sujeto que viste la ropa bonita. No tiene un rostro tan agraciado como Taehyung pero lleva el cabello decolorado por lo que si lo pone de espaldas seguro que puede fantasear un poco.
—Oye mocoso, contestame algo —levanta su barbilla, annalisa su expresión entre asustada y ansiosa por complacer. Igual que el resto. Extraña a su pequeña mascota atrevida. —El cerdo de Lee, ¿se acuesta con ustedes?
—No puedo dar ese tipo de- —le aprieta las mejillas con fuerza, evita que su mandíbula siga moviéndose.
—En realidad son generoso, si me tratas bien obtendrás mucho, —sonrie y sus ojos se enmarcan entre sus arrugas, la cicatriz de su ojo derecho se arruga dando un aspecto desagradable— pero si me haces enojar, creeme que preferiras estar muerto. Así que dime lo que quiero saber.
—El sr. Lee no suele tocar a su mercancía, pero —se frota las mejillas asustado mientras el lujoso auto avanza— se que ha llevado a Taehyung a su cuarto en varias ocasiones.
—¿Cuándo fue la última vez?
—Hace dos meses, la semana que usted dejó de visitarnos.
—Ya veo, eso explica por qué Taehyung estuvo tan molesto conmigo a pesar de traerle un diamante. —Se apoya en el respaldo del asiento y abre sus piernas pensativo. —Eres buen chico, puedes descansar hasta que lleguemos a casa.

—Oh, es incluso peor de lo que piensas —comenta mientras disfruta de hasta el último fideo del ramen. No puede evitar volverse hablador mientras vacía una botella de soju y come tan bien. No es un plato de fideo preparado por un gran chef pero la agradable compañía hace que la sopa se vuelva la mejor. —A veces tienes que atender clientes toda la noche, si no consigues escalar te tratan peor que basura y ni siquiera puedes comer comida para humanos. Y estas jodido si te enfermas, solo pagarán al médico si la gente paga lo suficiente por ti, sino a la fosa común.
—¿Por qué solo no se van?
—Vamos hombre, eres más inteligente que eso —empuja su plato vacío y toma con sus palillos un poco de tteokbokki, ni siquiera le gusta el picante pero no es quisquilloso con la comida—, ¿crees que están ahí por su voluntad?, estamos jodidos hasta el cuello. Probablemente morirás antes de pagar las estúpidas deudas que te imponen.
—¿Entonces cómo es que tú…?
—Mi caso es ligeramente diferente.
Comparte sobre cómo funciona la jerarquía en los bares donde trabaja. Algunos son solo eso, lugares de entretenimiento donde hay cantantes, bailarinas e incluso nudistas. Quienes trabajan allí suelen buscar un medio rápido y eficaz para pagar sus estudios, departamentos o mantener a sus familias. Taehyung los envidia un poco porque tienen la oportunidad de dejarlo cuando reúnan lo suficiente o se conviertan en profesionistas.
Debajo de ellos están los desafortunados como él que acabaron como pago por una deuda. Padres alcohólicos, apuestas, préstamos de necesidad para pagar la enfermedad de un hijo o lo que sea. Los prestamistas tienen tasas de interés tan altas que sólo puedes pagar después de tres vidas pero como son de fácil acceso la gente prefiere eso a un banco. Se hacen bajo contratos medianamente legales y con pagar a un juez no puedes huir de trabajar hasta que todo está saldado. Los medios para conseguir dinero a través de esto genarlemente son el trabajo pesado y la prostitución. Prometen dejarte ir cuando reúnan lo que costó tu vida. Tal vez incluso más abajo, no puede asegurar, estén los que resultaron ahí por trata de personas. La mayoría de los que le rodean están endeudados hasta el cuello y duda que si alguien está allí por secuestro lo dijera tan fácil.
—He ahorrado cada centavo y pronto, gracias a un grandioso idiota coseguire comparar mi apartamento lejos de ese lugar —Taehyung parecia orgulloso.
Su propio hogar era algo con lo que había soñado desde que era solo un niño, si la suerte seguía con acompañado sus días, tal vez pronto lograría escapar. Lejos de todo, incluso de Yoongi.
—¿Desde qué edad estás ahí? —pregunta Namjoon cauteloso, no quiere que Tae lo considere un entrometido.
—Bueno querido amigo, tengo veinticinco años y llevo trabajando en el local más de una década, saca tus cálculos.
—Debe ser una vida horrible.
—Umn, no más que otras.
—No más que otras —repite el mayor, llenando su copa con alcohol.
Taehyung está feliz, no creyó que alguna vez lo estaría. Es una cosa extraña que no parece tener lugar. Recuerda muy pocas ocasiones donde un sentimiento tan agradable haya cosquilleado en su pecho.

Es fácil encariñarte cuando el afecto es novedoso.
Ese es un concepto que Taehyung no comprendía del todo debido a que pasó la mitad de su vida convertido en un objeto de deseo y la otra mitad siendo menospreciado. Conocer a una persona distinta en pensamiento, abierta a escuchar sus opiniones y que estaba lejos sentir atracción por su persona fue el descubrimiento más grande en sus veinticinco años. Quizá ahí radica la singular emoción que se multiplica como un cáncer y envenena su pensamiento crítico.
En esa absoluta ignorancia pequeños actos de amabilidad se convierten en muestras fidedignas de amor.
Reírse de sus bromas, comer juntos mientras vagan por las calles lejanas de la ajetreada ciudad. Abrazarlo cuando se siente vulnerable debido a las cosas que relata repentinamente al sentirse en confianza, cuidado, protegido.
Cree ilusamente que si escapa con Namjoon a Ilsan, la ciudad donde nació el reportero, podrá tener una vida tranquila. Taehyung puede trabajar como peluquero, dependiente, incluso hacer trabajo pesado y Namjoon no tendría que renunciar a su prestigioso trabajo de reportero, solo pedir un traslado. Se ríe de sus vanos pensamientos e interrumpe el relato ajeno sobre cómo tuvo que acampar fuera de casa de Park Ji Yoon para que la reconocida artista le ofreciera una entrevista sobre los cambios musicales y cómo colaborar con un joven de perspectiva distinta la animó cantar de nuevo.
—Fue un trabajo difícil, —detiene su relato y ríe junto a Taehyung porque si es sincero, es una anécdota divertida— pero fue una buena nota, el artículo se hizo popular a nivel internacional, en especial por el fandom de BTS.
—Tienes una vida bastante entretenida, que puedo decir. —apoya su rostro en la luna del auto, ahí en el mirador donde decidieron estacionarse para escapar del mundo al que pertenecen.
Namjoon le lanza su cámara al regazo con una actitud bromista y confiada que hace a su corazón sufrir una ligera arritmia.
—Si eres bueno con las fotos, prometo contratarte como mi camarógrafo.
Taehyung observa el objeto. Es lujoso, no podría pagarlo si llegara a romperlo. Toquetea el aparato en todos lados. Le gusta mucho ver películas, aunque sus favoritas sean las de avengers y no las aburridas joyas del cine que un grupo de señores rancios escogió. Sale del auto junto a Nam y este le ofrece un cigarrillo. Lo rechaza, quiere dejar de fumar y ha estado alejado de ese vicio durante un par de meses.
Toma la cámara, camina unos pasos y se imagina como una persona distinta.
Mientras presiona el shutter imagina que es un talentoso fotógrafo de revistas, que tiene una vida tranquila y gana lo suficiente para abrir un estudio fotográfico. La gente lo aprecia, es reconocido por el mundo y sobre todo, es feliz.
Viendo todo a través del cristal se da cuenta de que le gusta mucho imaginar. Acepta con tranquilidad que soñar despierto le da toques de paz que no podría conseguir solo aferrado a la realidad.
Consigue una fotografía en movimiento de Namjoon mientras fuma, el flash el que revela su acción pero su hyung se enoja, solo ríe mientras asegura que la foto debe ser malísima. Ese acto tan sincero se siente como buena fortuna, también como gozo.
Esa felicidad compartida le lleva a creer que tal vez está enamorándose de esse desconocido que se hace llamar un viejo amigo. Vuelve a sonreír mientras sigue fotografiando hasta las rocas que cubren el lugar.
No durará mucho tiempo así que intenta imprimir su amor en todo lo que puede. El cielo, la naturaleza, las rocas, el auto viejo y la persona que ha despertado el sentimiento más puro que su versión mancillada puede ofrecer.
Namjoon termina su cigarro y camina hacia él. Le pide la cámara y observa con detenimiento las imágenes capturadas. Taehyung no siente miedo de su reacción, se obsesiona en la manera que sus cejas se mueven de arriba abajo, como sus labios se tuercen en una sonrisa y le dan paso a sus hoyuelos.
—Eres un novato talentoso —adula soltando un silbido—, seguro que con entrenamiento tus fotos serían de revista.
—¿Tú crees Namjoon-hyung? —saborea su nombre tanto como ansia saborear sus labios.
—Definitivamente, no puedo hacer mucho por ti pero te conseguiré empleo cuando pagues tu deuda.
No lo dice con mala intención pero sus palabras le recuerdan su lugar en la cadena alimenticia, hace un esfuerzo en mantener la sonrisa. Se concentra en las cosas buenas, tendrá la ayuda de Nam cuando deje ese lugar. Tal vez está siendo un poco iluso al confiar en un extraño como él pero confió en peores personas.
—Estoy planeando pagar mi deuda por completo en seis meses —confiesa. Es la primera vez que lo menciona en voz alta y de alguna manera ese acto de valentía, decirlo más allá en su mente, hace que su deseo se vuelva una promesa personal. Namjoon deja de juguetear con la cámara y voltea en dirección a su acompañante. El semblante decidido de Taehyung hace que sonría sin saber por qué.
—Entonces me aseguraré de conseguir un ascenso en ese tiempo, asi sera mas facil ayudarte con un empleo. —Namjoon lo empuja por el hombro y Teehyung vuelve a reír cuando tropieza. Su rostro casi toca el suelo, su buen amigo evita que se lastime.
Conocerlo se siente como el acto bondadoso de dios. Tal vez no huyan juntos a Ilsan pero la buena fortuna preparó un camino más agradable para ambos. Un futuro juntos suena como una realidad, soportar solo unos meses más es un precio justo.
finalmente no puede evitar llorar.
Llora mucho, casi todo el tiempo, pero llorar esa noche se siente diferente porque no está solo, porque tiene certeza de un futuro mejor. El suicidio o esperar la muerte se convierten en aspectos lejanos de su personalidad por un momento. Namjoon lo abraza, besa su cabello en un acto de amor tan puro que termina destrozando su mente por completo.
Taehyung piensa durante ese tiempo que así debe ser el amor.
Viene en pequeñas acciones de desconocidos, se filtran a través de sus poros y recubren su piel con un calor no documentado. E incluso si no es así, Taehyung sentencia que debe ser así. Amable, desinteresado.
Se dice que está enamorado de Namjoon y quiere creer que es real aunque solo sea por una noche. Por un momento es el protagonista de sus películas favoritas y es amado de vuelta.
—Deberíamos entrar al auto —dice el mayor observando las nubes. Taehyung se niega porque eso implicaría soltarlo y él quiere morir en ese instante o que su cerebro se apague hasta que sea el siguiente año y estén juntos de nuevo.
Se queda en el refugio que son sus brazos hasta que puede calmar su respiración. Namjoon le ofrece papel higiénico cuando caminan al auto y él lo toma avergonzado. Se toma su tiempo para limpiarse cuando escucha un estruendo a lo lejos.
No tienen tiempo de procesar cuando un chaparrón los golpea mojando su cabello y la ropa. Las gotas son tan pesadas que duelen, tan gordas que de inmediato convierten en lodo la tierra. Namjoon se encorva sobre su cámara y corre a refugiarse en el auto. A Taehyung le toma un poco más de tiempo procesar lo que está sucediendo. Solo empieza a moverse cuando escucha el sonido del claxon.
—Lo siento, lo siento —se disculpa entre risas mientras se acomoda en el asiento de copiloto— me quede pensando que la lluvia es agradable.
—Lo es definitivamente —concede su mayor mientras limpia la cámara con un trapo— hace que crezcan los campos de arroz, limpia las calles y te da un aspecto guapo cuando estás mojado.
—¿Crees que soy guapo? —pregunta el menor inclinándose con una sonrisa.
—Por supuesto, eres como un idol, —Taehyung se sonroja— bien, es muy tarde, vamos a mi departamento por un poco de ropa seca.
—¿Solo ropa? —pregunta mirando la hora, está muy cansado para algo más.
Namjoon mira en su dirección mientras alza una ceja, parece analizar su comportamiento durante unos segundos. Empuja dos de sus dedos sobre la frente de Taehyung, un golpe ligero lleno de aprecio que devuelve la sonrisa a sus labios.
—Bueno, tal vez también comida caliente y café.
—Y café —repite Taehyung después de acomodarse en el asiento a pesar de no gustarle el café. Cierra los ojos confiando por primera vez en que llegará a salvo a su destino.

Taehyung concluye su viaje de autodescubrimiento en el pequeño apartamento ubicado en una zona muy diferente a donde vive. Le sorprende que un complejo de edificios pueda ser tan distinto, las películas se vuelven una realidad.
Procesa el descubrimiento y solo confirma que está emocionado por conectar con alguien. Cuando las cosas mejoren para él quizá pueda alquilar una habitación en algún lugar aledaño, tener de vecino a Namjoon convertiría su libertad en algo menos desconocido. Le daría la confianza de entregarse por completo a algo nuevo.
Suben las escaleras de metal conversando sobre ir al cine para futuras entregas de Marvel, pero no le dice que nunca ha estado en un cine, ve las películas de manera pirata en su celular.
Nunca ha estado en el apartamento de un hombre que le gusta, le sudan sus manos, su garganta se irrita de anticipación a lo que puede suceder pero el apartamento que creía vacío se abre con la ayuda de alguien más.
Al otro lado de la puerta una mujer joven los recibe con una sonrisa, toallas y comida caliente. No está seguro de quién es pero acepta su amabilidad si con ello escapa de la noche fría. Dentro del cálido apartamento las atenciones no se detienen, parece orquestado.
—Namjoon-oppa me avisó que vendrían empapados —anuncia la joven buscando detener su curiosidad—, prepare sopa así que deben asearse antes de comer.
Taehyung ha visto muchas mujeres bonitas pero ella es diferente, tal vez la evidente vitalidad que emana hace que se sienta de otro universo. Agradece la amabilidad y toma una ducha, cuando termina descubre que tiene un cambio de ropa listo para él. Sale contento, feliz. Demasiado embriagado de sentimientos nuevos para darse cuenta de que tal vez se está ilusionando por algo sin sentido.
Cree que es amor lo que siente por Namjoon, tal vez porque nunca lo han tratado tan lindo. Sus referencias sobre el amor son películas donde la gente se enamora en un día ¿así que por qué no aplicarlo a la realidad?
Sale dando saltitos, camina a la cocina no muy lejos del baño y se queda quieto cuando ve a su fuente de felicidad besar a la desconocida.
Entonces se da cuenta del gran error que ha cometido.
Namjoon siempre le dijo seamos amigos, nunca fue más allá. Taehyung solo ha sido un tonto, creía su propia mentira sobre príncipes azules que viven felices para siempre. Sigue siendo demasiado idiota para alguien que ha vivido su situación.
Hay una sensación de dolor en su pecho, como un aguijón que se clava entre los huesos. Se pregunta si así se sintió Yoongi cuando lo rechazó, cuando rompió sus ilusiones. Cree que puede entender ahora el deseo de poseer a alguien, de tenerlo entre tus manos para que sea tu propiedad.
Pero lo único que puede ser comprado en esa habitación es él. La mercancía es sólo mercancía al final.

Su nombre es Kim Somin, el Kim porque están casados desde hace dos años. Es una persona de sonrisa fácil. Es bonita con su cabello negro atado en un desordenado moño. Taehyung quiere ser su amigo pero también quiere odiarla.
Se pregunta lo diferente que sería este momento si en ese universo su vida no fuera tan triste. Tal vez habría conocido a Namjoon en la universidad. Sería su dongsaeng en la facultad de periodismo y llamaría la atención por su inteligencia. Sería popular entre sus compañeros y profesores porque es guapo, tal vez una agencia de entretenimiento le ofrecería audicionar pero rechazaría la oferta porque su sueño es ser reportero. Entonces un día Namjoon se acercaría a él en la cafetería y le invitaría a una cita.
De ahí en adelante todo iría de viento en popa. Estarían casados y su querido esposo llegaría un día con Somin, una amiga de hace algunos años que necesita donde quedarse por una noche. Él en definitiva no sería tan amable, haría un show vergonzoso y escupiría en su persona. Tal vez ese es el motivo de porque las cosas son al revés, porque ella es mejor persona.
—Ya hablamos mucho sobre nosotros, cuentame Taehyung ¿a qué te dedicas? —pregunta ella llena de sonrisas.
—Canto en un bar —responde con la verdad a medias. Aunque desea odiarla no puede hacerlo. Ella sería una linda amiga si él no amara a su esposo.
—¡Debes tener una voz muy linda! —dice casi gritando—, cuando esté embarazada ven a mi baby shower. Eres un amigo especial para mi Nam, puedes venir y cantar un poco, por supuesto pagaré.
Sacude sus manos nerviosa por una posible ofensa y él solo puede pensar en lo que dijo. Cuando esté embarazada. Entre más tiempo pasa con ellos más se da cuenta de lo lejos que están, del diferente mundo que habitan a pesar de existir en el planeta tierra. Cuando abandone ese departamento el tiempo seguirá fluctuando sin prestar atención a la vida que se reduce a su paso.
Namjoon vivirá tranquilo, tendrá un hijo en un hogar lleno de amor, creará un espacio donde personas como él no están admitidos. Se alejará todavía más y él seguirá atrapado entre los dedos de su destino y Min Yoongi.
No quiere vivir así más tiempo. No se cree capaz de soportar volver al lago después de conocer el mar.
Y llora.
Porque no tiene sentido seguir aguantando su lamentable existencia, llora porque no sabe cómo procesar el dolor que causa amar aquello que nunca podrá tener, porque nunca experimentó libertad ni tendrá una familia en la que refugiarse cuando esté lleno de odio, de celos. Porque el día acabará y tendrá que volver a su prisión. Porque recuerda una vez más su lugar en el mundo y se odia más fuerte que nunca.
—No llores Tae —dice Namjoon acercándose a él. Lo envuelve en un abrazo protector, acaricia su cabello con parsimonia mientras su esposa va por un vaso de agua. —Te aseguro que nos volveremos a ver ¿está bien?
—Es cierto, y haremos una reunión con amigos en tu honor —agrega Somin. Quiere odiarla pero es tan dulce que solo quiere ser cercano a ella.
—En verano, cuando el mar está más bonito, nos juntaremos de nuevo, lo prometo —dice Namjoon y besa su cabello. La mujer extraña también lo abraza y consuela.
Duerme en el sillón cuando está más calmado. Su corazón se retuerce mientras observa el cuadro matrimonial que cuelga en la sala. Es un dolor que se asemeja a millones de agujas insertadas bajo las uñas que intentan alcanzar su núcleo aunque lo soporta, ha pasado por peores dolores a lo largo de su vida.
La noche acaba y con los primeros rayos de sol abandona el lugar atesorando una promesa que quiere complir a toda costa.

Namjoon dijo que se vería una próxima vez en verano, cuando los tiempos sean más amables, haya calor en todos lados, la playa sea un lugar hermoso y sobre todo, cuando sea libre.
Cuando sea libre podrá tener amigos de verdad, un pequeño espacio al que pueda llamar hogar y vivir esa vida tranquila que tanto presumen en las películas, que ha experimentado. Entonces el mundo se volverá maravilloso.
El amor que cultiva en su pecho brotará como un hermoso árbol y aunque sus frutos sean amargos apreciará algo tan cálido dentro suyo. Tal vez, pueda conocer otras personas que lo amen y experimentar amor verdadero. De todos los tipos.
Quiere que el tiempo pase más rápido, quiere que llegue fin de año, cuando por fin cumpla veintiséis le espera un mundo nuevo, lleno de cosas buenas.
Lejos de todo.
A la orilla del mar donde un paraje deprimente le recuerda que hasta la tristeza puede desaparecer en el horizonte. Abraza su cuerpo escondido entre las mantas, el calor allí dentro es tan agradable, lo sumerge en el cansancio de la vida y al cerrar los ojos sueña con el verano.

Kim Namjoon vive en relativa tranquilidad desde que tiene memoria. Tiene padres que lo aman, una hermana independiente con la que se lleva bien, un círculo social grande con buenos amigos, una carrera que le permite un gran sueldo y sobre todo, una linda esposa. ¿No es esa la vida pacífica a la que aspiran los hombres?
Cuando lo tienes todo deseas más, crees que el mundo te debe todas las victorias. No piensa que haya mejores maneras de consolidarse en ese momento así que llega a la conclusión de que quiere un hijo. No es una decisión fácil, traer vida al mundo no es algo sencillo y para alcanzar esa vida perfecta necesita un ascenso para que su linda esposa pueda dejar el trabajo y dedicarse al hogar.
Pasa los meses intentando conseguir buenas historias. La mayoría se publica pero no son tan buenas como para conmocionar a todo un país. Sus artículos sobre la sociedad imperecedera o las contribuciones al arte de jóvenes pintores se ven opacados por el reciente rumor de citas de una idol muy querida en el país.
Se frustra pero tampoco quiere abandonar su esencia para conseguir un puesto en la sección de chismes. No cree que haya caído tan bajo. Tiene que aferrarse a lo que considera su verdadera pasión cuando lo llaman a la oficina del editor.
—Hemos intentado obtener una historia escandalosa, algo sobre la imitación de barrio rojo que tenemos acá pero ningún periodista se arriesga a entrar. —Su jefe, un hombre canoso de apellido Min le ofrece una hoja con información sobre los burdeles manejados por la mafia. Todos lo saben pero nadie interfiere.
Es un lugar tan horrible su sola mención le hace fruncir la nariz.
—¿Qué quiere que haga con esto?
—Si puedes conseguir el testimonio de alguna persona que trabaje o haya trabajado allí te daré ese ascenso. Tomalo o dejalo.
Observa el papel durante largos minutos. Nadie quiere tomar esa historia porque son peligrosas, involucrarte con el bajo mundo nunca trae nada bueno. Pero él quiere un ascenso, quiere hijos y sobre todo, quiere la gloria de conseguir aquello que nadie ha publicado hasta ahora. Puede ver su pulitzer adornando su escritorio.
Es bueno en su trabajo pero puede ser el mejor.
Toma el papel y promete regresar con una gran historia.

¿Qué diablos es esto?, ¿qué clase de broma le están jugando?, ¿cuando aceptó él ese tipo de trato?, ¿le habían engañado?
Tira de su cabello desesperado, ignora las notificaciones en su teléfono y las risas de todos en el camerino. No se ríen de él pero en ese instante todo se siente personal. Claro, ahí todos son simple ganado pero tuvieron la suficiente inteligencia para no dejarse humillar de esa manera. Lleva el pulgar a su boca, muerde la uña hasta que los dientes se tornan sensibles y detonan un escalofrío desde sus coronillas al cerebro. Ignora el dolor penetrante hasta que sus dientes chocan entre sí y rompen el cartílago, tal vez trozos de su propia dentadura.
La sangre mancha toda su lengua y cae por el borde de sus labios, lo saca de su estado de shock. Mira sus manos temblorosas y se da cuenta de cuan idiota es. Taehyung sabía perfectamente que nadie se acercaba con amabilidad y ofrecía mucho a cambio de nada.
Hombres como él no se fijan en tipos como tú.
Puede escuchar la vocecilla raposa de Yoongi en su mente, recordando su lugar en el asqueroso mundo una vez más y se reprende por no haber escuchado. Si no fuera un soñador tan crédulo podría haberse salvado en varias ocasiones pero una vez más era víctima de sus propias acciones. Probablemente nada de eso estaría pasando si cuando le dijeron que no habría regresado a la mesa de Yoongi.
La gente no se junta con personas de su tipo sin esperar nada a cambio. A veces quieren su cuerpo, en otras ocasiones su voluntad, Kim Namjoon solo quiso la información que podría darle.
Llora mientras tira de su cabello, las lágrimas manchan su maquillaje y el suelo, sus quejidos son cada vez más altos y cuando más grita más se inunda de dolor. En medio de miradas ajenas de lástima se rompe en pedazos.
La traición sube desde su garganta como vómito, araña su propio cuerpo y en su dolor cae en cuenta de que no importa que pase con él a nadie le importa.
Cuando llegue el verano él seguirá allí, sin vivir ni poder morir. Condenado a ser solo una existencia que la gente recordará sin su rostro.
Cuando el verano llegue no será libre, nunca será libre del sufrimiento. Si logra escapar cada vez que vea un rostro sabrá que ellos leyeron su historia incluso si su nombre no fue revelado, sabrá lo que todos piensan de él incluso sin conocerlos y no podrá escapar nunca de su pasado.
Cuando el verano llegue a Seúl Kim Namjoon no estará esperando por él, estará disfrutando de los beneficios de su traición junto a la perra que conoció aquella noche.
Finalmente se ríe a carcajadas y es consciente de cómo el amor es un privilegio reservado para la gente que está más allá de su alcance. Es tan voluble.
El amor puede pasar a odio en cuestión de instantes.

“Viaje al corazón de una prostituta”
por Kim Namjoon
El artículo se publicó a mediados de diciembre.
Kim Namjoon por fin recibe el ascenso que ha estado esperando.
Min Yoongi ríe por la feliz coincidencia.
Kim Taehyung solo vive.

Esperando la llegada de una nueva estación Kim Taehyung llega a la conclusión de que alguien que solo conoce la desesperanza del amor está condenado a buscar venganza.
Y él siempre estuvo condenado.

A Kim Taehyung no queda nada que ofrecer.
No tiene afectó, su corazón fue arrancado y pisoteado por la dura realidad, solo le quedan sus palabras vacías, sus arrepentimientos y la miserable cuota de dignidad que salvó cuando dijo no.
Mientras sube al escenario vestido con el traje rojo que Yoongi compró para él después de mencionar que le quedaría maravilloso sobre el escenario, que se lo pusiera cuando esté dispuesto a ser suyo; es consciente de que solo puede ofrecer su existencia. Ya no le importa, al igual que a nadie le ha importado nunca. Es lo que es.
Bañado entre miserables luces, ofreciendo el unico espectaculo que sabe dar fuera de la cama sube sus manos con cuidado alrededor del trípode que sujeta el micrófono, se mueve despacio mientras la música aumenta su volumen y al abrir los ojos dirige su atención a la única persona que puede cumplir sus deseos. Quiere que Min Yoongi voltee a verlo, que encuentren sus miradas y sepa cuánto lo añora en ese momento.
Una vez más. Nunca ha deseado tanto que un hombre voltee en su dirección, solo una vez más.
—Amame una vez más —susurra contra el micrófono, subiendo sus manos al cabello, despeja su rostro para que vea cuán desesperado está.
¿No es eso lo que Yoongi siempre ha deseado? Su absoluta entrega, su sumisión, que se arrodille ante él y le suplique. Puede tenerlo, ya no le importa. Su voluntad, sus deseos, su cuerpo, su todo. Aceptará cualquier destino que implique volverse la propiedad de un cerdo despiadado como él a cambio solo quiere una cosa, un solo deseo que nadie más podrá concederle.
Termina de cantar.
Parpadea para limpiar sus ojos de las lágrimas y el sudor, se descubre agitado, sudoroso a causa de su propia desesperación vertida en forma de música.
—Por favor, —llama una vez más, se deshace entre las luces cuando por fin voltea a verlo. No quita su mirada, quiere que sepa cuán desesperado está por él—. Amame una vez más.
Y Min Yoongi sonríe. Sus labios se tuercen en una expresión llena de victoria, sus ojos negros brillan de puro deseo. Sonríe porque sabe que esas palabras son para él, porque es consciente de que ha ganado. Taehyung también sonríe.

El olor del sofrito está en todo el espacio, si se pega más puede sentirlo en el cabello de su esposa. Envuelve sus brazos en su cintura. Aún es esbelta, agradable. Besa su cuello al imaginar que pronto pondrá un niño dentro, le emociona la vida qué les espera. Tal vez el próximo año, cuando se muden a una residencia un poco más grande, estén listos para ser padres.
Por ahora solo quiere hacer una pequeña fiesta, planea invitar a sus amigos, sus padres. Puede que llame a Taehyung un momento, no dejará que se acerque mucho a su esposa pero cree que merece al menos un poco de reconocimiento. Si no fuera tan iluso no tendría su ascenso.
Su historia era demasiado buena. Un hombre miserable con sueños miserables que comparte sobre cómo es vivir en ese ambiente. No puede enviar pensar que si hubiera nacido con un poco más de fortuna tal vez sería famoso o al menos podría alcanzar la felicidad mediocre con la que sueña.
—Somin, quiero hijos —murmura escondido en su cuello.
—Los tendremos en el futuro, Oppa, todavía soy muy joven.
—Tienes veintisiete —reprocha deslizado sus manos bajo su delantal.
—Una edad joven para ser madre, —golpea los brazos de su esposo con el cucharón de madera. sirve dos platos de bibimbap y los deja en la mesa— además aun quiero trabajar mucho tiempo.
—Pero conseguí un ascenso —se queja tomando asiento, mastica con pereza la comida.
—Ya te felicite por eso Oppa, —se quita los lentes y procede a comer despacio— además te arriesgaste demasiado por eso, me da miedo lo que pueda pasar. ¿Taehyung no dijo que salía con un matón?
—Puedo luchar contra un matón sin problemas.
—Aún así, —destroza la yema de su huevo frito incómoda— si estuviera en su lugar estaría molesta. Él pobre no tuvo opciones y encima hiciste publicó su sufrimiento.
—Somin-ah, actúas como una persona bondadosa pero quemaste la ropa que usó cuando estaba aquí.
—¡No quería que me contagiara nada! —refuta ofendía.
Namjoon se ríe por el puchero que hace y le roba un pico antes de seguir comiendo y cambiar de tema a como su artículo se hizo viral.

Caminar detrás de Min Yoongi se siente siente como cavar tu propia tumba. No es irónico compararse como un cerdo que va al matadero, lo único que los diferencia es que al menos el cerdo morirá ignorante de su destino, él tendrá que asumir la consecuencia de sus propios deseos.
Cuando finalmente están sentados frente a frente la madera de su caro escritorio actúa como la línea divisoria entre un depredador y su presa.
Yoongi permanece sonriente frente a él, una sonrisa torcida que deforma su rostro. Parece muy bien practicada para intentar ser inofensiva, pero su peinado y la cicatriz en su rostro solo hacen que sea escalofriante. Está emocionado, como un niño que obtiene su recompensa después de una ardua tarea.
—Entonces, —está orgulloso, demasiado contento— ¿porque estás aquí Taehyung?
—Para, —le cuesta formular la oración completa, es como si una enorme bola estuviera presionando su garganta y le impidiera hablar. Todavía puede arrepentirse, decir que fue un error y colocar el último clavo en su ataúd, pero recuerda su enojo, su rabia, su amor gangrenado y toma una decisión— para ser tuyo, te deseo Min Yoongi.
Miente a medias.
—¿Es así? —pregunta con una sonrisa que parece genuina. Sus labios suben tanto que muestran parte de sus encías, sus ojos se arrugan y con ella la cicatriz se deforma.
Se levanta de su asiento, parece dar saltitos mientras camina alrededor del escritorio y llega hasta donde está sentado. Taehyung tiene que alzar el rostro para ver cuando se acerca, es imponente, poderoso. Con las sombras y cicatrices profundas mostrando el verdadero rostro de un cerdo.
Yoongi acaricia su pecho, sube con la paciencia que le dedica un amante. Arrastra sus yemas hasta su cuello, pasa el pulgar por sus labios y finalmente sus dedos apresan toda la mandíbula y obligan a su rostro a levantarse aún más. El apretón duele, estruja sus mejillas a un punto que sabe quedarán moretones.
—Soy paciente Taehyung, no idiota, dime porque estas aqui o largate.
Deja ir su rostro como si estuviera haciendo un favor y se aleja para mirar por la ventana. La diversión en su rostro ha desaparecido por completo. Tal vez no fue una buena idea después de todo pero está ahí, no puede perder nada más.
—Quiero un favor tuyo, Yoongi.
—Los favores son algo peligroso, deben ser equitativos —sonríe, divertido de nuevo—, ¿qué puede ofrecerme alguien como tu?
—A mí.
—No me gustan los juguetes usados. —responde con burla.
Taehyung se muerde los labios, recuerda que no es humano, es solo una moneda de cambio. Es horrible darse cuenta de cuán patética es su existencia. Odia a Min Yoongi, lo repugna más que a cualquier otro pero lo necesita.
Se levanta y camina hasta el hombre. Se planta en sus narices. Parados lado a lado puede darse cuenta que es más alto.
Pega su pecho al de Yoongi, sube sus manos con cuidado y no encuentra barreras, si no lo empuja entonces es porque está haciendo algo bien, aprendió eso a los quince. Gira su rostro hasta casi rozar sus labios con el otro, respira un poco y mantiene la mirada, no se asusta, no le teme a morir.
—Me deseas Yoongi —susurra, sus manos viajan desde sus hombros y se envuelven en la cintura—, sin importar lo que digas quieres tenerme.
—Puedo tenerte cuando yo lo quiera —responde el mayor y presiona sus caderas.
—No, puedes tener mi cuerpo cuando quieras pero eso no es lo que deseas ¿verdad? —sonríe— quieres que sea yo quien te ame. Puedo hacerlo pero tengo un precio, uno que solo tú puedes pagar.
Yoongi enreda sus dedos en sus cabellos, tira de ellos hacia atrás y no necesita más para colocarlo de rodillas, sus ojos brillan más que la luna. Genuinamente feliz ahora.
—Cuál es tu precio.
—Quiero que mates a alguien por mí.
—Oh, —Yoongi suelta su cabello y cae al suelo sin encontrar donde sujetarse. El mayor parece confundido, una mueca extraña toma lugar en su rostro y se acuclilla frente a él— pensaba que diririas algo loco como matrimonio pero un asesinato, eres más barato de lo que pensé.
Taehyung no comprende cómo acabar con la vida de alguien es más simple que el matrimonio, pero le parece divertida la expresión pensativa que hace el mayor mientras decide cuáles serán sus siguientes palabras. Choca sus palmas entre ellas e inclina levemente la cabeza.
—Entonces dime, ¿a quien debo matar?, ¿a tu proxeneta?, ¿tu padre? —extiende su mano y toca su nariz con los dedos, casi parece un gesto cariñoso—, a ambos los odio por igual si me preguntas, ya sabe-
—A Kim Namjoon —interrumpe su parloteo—, el reportero Kim Namjoon.
—Vaya, me disculpo por mis insinuaciones —dice con suavidad, extiende su mano con la intención de ayudarlo a levantarse—, eres muy ambicioso. ¿Puedo follarte ahora?
—Solo cuando hayas cumplido tu parte.
—¡Ah!, eres tan cruel, —toma su rostro y lo besa con ansia, desesperado. Introduce su lengua en la boca y se asegura de probar todo, incluso chupar su lengua. Taehyung lo empuja y limpia su boca con el dorso de la mano. —Me merecía una probada al menos ¿eres mio no?
—Lo seré cuando cumplas mi deseo. —Escupe a los pies de Yoongi.
Min Yoon lleva su mirada alli donde el escupitajo mancha sus pulcros zapatos negros, considera si enfadarse llevará la situación a algun lado. Concluye que no.
—Bien, —toma asiento en su escritorio, invita a Taehyung a tomar su lugar al otro extremo mientras tararea algo que intenta ser una canción. Revuelve entre los papeles que hay escondidos en sus cajones y saca una carpeta blanca. Le extiende los documentos y un lapicero con una sonrisa confiable ¿Tal vez está tan jodido que ve confianza en ese tipo? —firma ahí.
—¿Es mi contrato de esclavitud? —intenta bromear pero no le sorprendería que el tipo hubiera preparado algo así de antemano. Frunce las hojas mientras hojea los documentos, no entiende mucho pero llega a leer algo acerca de trabajo y modelaje.
—¿Serás mi esclavo?, maldita sea, haces que desee matarlo con mis propias manos —toma la mano de Taehyung, acaricia sus nudillos y apoya su rostro en su palma. —Pero no, es solo un contrato con una buena agencia de modelaje. Mi amante no trabajara en un bar asqueroso. La mitad de las ganancias para ti y la otra para mi, con la promesa de que cuando quieras irte no te quitaré nada ¿No te gusta?
—¿Por qué haces eso? —pregunta incómodo. No es lo que esperaba cuando vino acá, le aterra que la situación esté tomando un rumbo tan favorable. Es una mentira.
—¿No es obvio? —pregunta dejando ir su mano, acariciando la herida que yace en su pulgar derecho— es porque te amo y porque eres mío. Planeaba darte ese regalo incluso antes de que vinieras a mí, soy gentil.
—¿El cincuenta por ciento para mí? —pregunta leyendo los documentos, si hubiera terminado la secundaria sería mejor entendiendo palabras difíciles. —¿Podré irme cuando quiera?
—No, Taehyung, eres mi pertenencia ahora, te irás solo cuando esté cansado de ti. Es mi manera de demostrar cuánto te amo.
—Entonces solo buscas tenerme bajo tu control —bufa y toma el lapicero. Parece un trato justo aunque suena como un engaño. El cerdo para el que trabajaba antes se quedaba con todo, es una mejora. ¿Qué más puede pedir? Obtendrá una venganza, trabajo bueno y los lujos que incluyen un benefactor como el jefe de una mafia. No será miserable, ¿tendrá poder?. Ya está sentado ahí, ofreciéndose como sacrificio, tiene el derecho a exigir más. —¿Puedes asegurar que nadie a parte de ti volverá a tocarme?
—Mientras me parezcas solo nos divertiremos los dos, tienes mi palabra —ofrece con sinceridad junto a un vaso de whisky. —Quiero agregar que tienes una cara que me gusta mucho, no la tocaré de nuevo.
Taehyung observa el vaso que le ofrecen. Dicen por ahí que cuando lo compartes un trago con alguien de su calaña estas sellando un trato, quiere confiar en que cumplira su palabra, ¿puede hacerlo no?, después de todo, en el tiempo que se conocen nunca ha traicionado su palabra.
Se recuerda que tiene derecho a exigir más.
—Oye, —firma el documento y se lo entrega con desinterés. Aún no bebe el trago que le ofrecieron. La mitad de sus ganancias, la promesa de libertad cuando se cansen de él. Toma todo lo que le ofrezcan a cambio de encontrar su felicidad, su venganza. —¿Podré ir a la playa en verano?
—Si eres una buena mascota, te llevaré a donde quieras.
Su humanidad a cambio de poder. Si será un animal en el matadero al menos quiere tener lo mejor antes de ser sacrificado. Namjoon nunca le habría dado nada de esto, no podría ofrecerle algo que se parezca. Tal vez se hubiera conformado con su amor pero como nunca lo obtendrá es mejor que esté muerto. Los sueños son para los perdedores.
Taehyung quería tener amor, en ese punto no le importaba obtenerlo del de Yoongi. Después de todo había dicho que lo amaba aunque fuera sólo su posesión valiosa.
—Dicen que el mar es bonito en verano, llevame.
—Convenceme.
Se ríe. Es divertido. Le gusta que sea tan divertido coquetear con un destino fatalista.

“Encuentran cadáver de periodista. La policia lo califica como suicidio”
por Park Jimin
Kim Taehyung sonríe mientras ve una fotografía de la urbanización que conoció una vez.
Min Yoongi sale de la estación de policía junto al jefe Dohyun en busca de un café.

Yoongi entra a la habitación quitándose la pesada gabardina, desabrocha su traje con apuro y sube a la cama. Taehyung lo espera con un pijama de seda, le abre los brazos . Se sumergen en un abrazo que tiene la intención de durar toda la noche. Comparten el silencio hasta que su respiración se sincroniza.
No hacen nada más que permanecer unidos. Es agradable. De alguna extraña manera se siente pacifico. Taehyung se pregunta si ese siempre fue el futuro que le esperaba ¿habría sucedido lo mismo si aceptaba desde antes?
Cuando el sol empieza tomar su lugar en el cielo Yoongi se despierta. Sus ojos rasgados se asemejan a un felino jugando con su presa. Se coloca entre sus piernas y siente la erección ajena buscando su comodidad al aplastarlo. Sube repartiendo besos en la piel expuesta de su ropa, acomoda el rostro en su cuello y Tae amablemente envuelve sus piernas en la cadera. Hace presión hasta que sus penes se sienten entre la tela. Se mueven juntos con un ritmo abrupto, los gemidos toman el lugar del silenció y cuando más cerca está del clímax más se convence de que no lo odia.
No odia tanto a Yoongi.
No odia tanto el sexo.
No odia tanto los días que le toca vivir.
Enreda sus manos en la cabeza de Yoongi y se corre en sus pantalones. La humedad mancha hasta las sabanas y a medida que el calor va bajando nota que su hyung también está mojado. No se separan hasta que el día parece estar en su lugar.
—Pasaré por tí después de tu sesión de fotos —murmura perezoso—, estarás en la portada de CQ Corea, hay que celebrar.
Taehyung no quiere celebrar pero no se queja. Es un buen día para arruinarlo con sus negativas.

Se da cuenta de donde están cuando sus pies descalzos sienten la calidez de la arena. Recuerda la promesa que hizo hace tanto tiempo, no siente mucha culpa de no estar cumpliendo con quien quiso en algún momento. A pesar de ser de día está completamente vacía así que avanza a trompicones hasta que la arena húmeda se desliza entre sus dedos y las olas mojan su ropa.
Es verano.
Mira a su derecha y no está él esperándolo. Mira al frente, donde el azul del cielo y el mar se vuelven uno solo y no tiene más opción que darle la razón.
El mar es más bonito en verano.