1: Nueva etapa
Las velas del pastel frente a mí se ven borrosas por las lágrimas, a mi lado mamá me abraza mientras acaricia mi cabello delicadamente. Nunca pensé que cumplir la mayoría de edad me resultaría tan nostálgico, tendría nuevas responsabilidades, las cosas cambiarían, solo esperaba que para bien.
« Feliz cumpleaños, Harlow. Feliz cumpleaños a ti… »
Todos aplauden felices al terminar de cantar y seco rápidamente mis mejillas. No tengo un deseo en mente, pero aún así cierro los ojos y apago las velas segundos después.
— No puedo creer que mi bebé haya crecido tan pronto — dice mi madre con un puchero dramático en sus labios —. Todavía recuerdo cuando arrancaba mis flores del jardín para regalar ramos a sus amigas, parece que fue ayer.
— Hannah, no empieces — la regaña mi abuela —. Recuerdo que te burlaste de mí cuando yo estaba en la misma situación, nunca pensé que te convertirías en una mamá gallina.
Mamá la mira con indignación y contengo las ganas de reír, estas mujeres son un caso serio.
— Yo no soy mamá gallina — se defiende y observa a su alrededor —. ¡Mike! Dile que yo no soy así.
Mi padre se acerca hasta nosotras y niega con rapidez, la diversión clara en sus ojos.
— No, claro que no.
Y después de esas palabras empiezan a besarse, me tapo los ojos con las manos y suspiro fastidiada.
— No quiero interrumpir, pero me urge comer pastel.
Mis padres ríen al unísono y ruedo los ojos apartando mi mano. Siempre han sido muy amorosos y viven pegados cada vez que tienen la oportunidad, estoy acostumbrada y si soy honesta amo verlos tan enamorados el uno del otro.
Mi mamá se lleva el pastel a la cocina para cortarlo y las personas a mi alrededor se dispersan.
— ¿No podías hacer una fiesta sin pastel? — Charlotte, una de mis mejores amigas, llega a mi lado —. Estoy a dieta.
Contengo el impulso de rodar los ojos, ha estado haciendo dietas desde el año pasado, pero a la semana las rompe y tiene que empezar de nuevo.
— No va a hacer mucha diferencia una rebanada de pastel, Char — digo con una pequeña sonrisa —. Es mi cumpleaños, anda.
Después de pensarlo por unos segundos finalmente acepta, ahogo un gritito de felicidad y la abrazo con entusiasmo, ella corresponde mientras se ríe.
— ¿No me invitan? — Elodie, la otra integrante de mi grupo de amigas viene hacia nosotras.
Extiendo mi brazo libre y me aferro a ambas en un abrazo que se me hace eterno, me separo cuando mamá viene con las rebanadas de pastel, muero por probarlo. El bizcocho es de chocolate blanco, mi favorito. Elodie a mi lado también toma una rebanada.
— Solo una — dice Charlotte con frustración y toma una rebanada del pastel probándolo de inmediato —. De acuerdo, no me arrepiento, está delicioso.
Asiento con la cabeza y sigo comiendo entusiasmada, este pastel ha sido mi favorito desde que tengo memoria. La abuela Grace siempre lo ha preparado para mí, eso lo hace aún más especial.
Me detengo cuando noto algo que había pasado por alto, estuve tan inmersa en mis pensamientos que no me había dado cuenta de que Elliot no ha llegado.
— ¿Har? ¿Que sucede? — me pregunta Elodie al notar que me he quedado paralizada —. No te puede dar un infarto justo ahora.
— ¿Qué? No — niego rápidamente mirándola y observo a mi alrededor —. Elliot no está.
Mis amigas se observan entre ellas y entonces Charlotte rueda los ojos con diversión.
— Seguramente está haciendo babear a media ciudad — expresa restándole importancia, lo entiendo, estamos acostumbradas —. ¿Ya le preguntaste a tu papá si lo ha visto?
— Él nunca faltaría a mi cumpleaños por… bueno, eso que ustedes ya saben — Busco mi teléfono y marco su número —. Voy a llamarlo, esperen.
Me llevo el teléfono al oído esperando pacientemente, segundos después escucho ruidos al otro lado de la línea.
— Har, lo siento — es lo primero que dice y mi ceño se frunce —. Yo…
— ¿Dónde estás? ¿Todo bien? — lo corto preocupada.
— Sí, tranquila, solo… tuve que acompañar a mi hermano a un asunto de trabajo — responde y sonrío comprensiva aunque sé que no puede verme —. Prometo ir a verte apenas termine con esto.
— De acuerdo, tonto, no te preocupes.
Aparto el teléfono colgando la llamada y volteo a ver a mis amigas, ambas me observan con diversión y luego empiezan a discutir sobre quien tiene al mejor novio.
Aprovechan cada oportunidad que tengan para hablar de ellos, yo solo me limito a escucharlas y a reír con sus ocurrencias, no tengo novio, lamentablemente tengo expectativas demasiado altas que aún nadie consigue llenar. O tal vez solo soy demasiado exigente.
No, recuerda que mereces cosas buenas.
Elliot es mi mejor amigo de toda la vida, bueno, en realidad desde que tengo cuatro años, pero es mucho tiempo. Su padre trabajaba con el mío, ambos, así que lo traía a casa algunas veces, otras yo iba a visitarlo, tenemos un vínculo inquebrantable.
— ¿Har, me pasas una servilleta?
Me volteo hacia mi hermano, tiene la comisura de los labios llena de la crema del pastel.
— Por supuesto — sonrío tomando un par de servilletas de la mesa y me inclino hasta quedar a su altura para limpiarlo con suma delicadeza —. Matt, te amo.
Sonríe mientras revuelvo su cabello rubio, es tan adorable. Matt tiene solo diez años, pero es un niño muy educado y amoroso, lo amo con todo mi corazón y haría cualquier cosa por él.
— Y yo a ti — susurra para después apartarse.
Vuelvo a centrarme en mis amigas una vez mi hermanito se encuentra lejos. Ellas han dejado de discutir y ahora se abrazan felizmente, son bastante raras, pero divertidas.
— Justin acaba de invitarnos a una fiesta — me informa Elodie con emoción, su novio es muy popular — . ¿Vendrás con nosotras?
Hago una mueca de inmediato. Las fiestas no son lo mío.
— Chicas, me encantaría, pero prefiero quedarme en casa hoy — hablo con una pequeña sonrisa apenada —. Mejor otro día las acompaño.
Ellas solo asienten y me abrazan, lo que más me gusta de ellas es su compresión, tengo buenas amigas.
🦋
Estoy recostada boca arriba sobre mi cama cuando la puerta se abre, ni siquiera me molesto en mirar, sé de quién se trata.
Elliot.
— No puedo creer que te encuentre aquí — camina hacia mí y se sienta a mi lado en la cama —. ¿Por qué no estás en una de esas tontas fiestas adolescentes?
Ladeo mi cabeza apoyando una de mis mejillas en la almohada y lo observo con diversión. Lleva puesta una camisa blanca de mangas largas, los primeros botones están abiertos, su cabello tan oscuro cómo las alas de un cuervo está peinado ligeramente.
— Lo mismo debería preguntarte, ahí siempre consigues hacer babear a todas — murmuro con un leve encogimiento de hombros —. Aunque veo que ya eres un señor trabajador.
La comisura de sus labios se alza en una sonrisa y me siento sobre la cama sin dejar de mirarlo.
— Muy pronto diré lo mismo de ti — dice sin borrar su sonrisa y me extiende una gran bolsa de regalo. Es blanca con detalles dorados —. Espero que te guste, me tomó mucho tiempo.
Abro la bolsa con emoción, en el interior hay un par de cosas, lo primero que tomo es una libreta y lo observo con el ceño fruncido.
— ¿Qué es? ¿Me escribiste un manual de cómo enfrentar la vida adulta?
Niega mirándome y me quita la libreta, solo me quedo quieta observando sus movimientos.
— Tiene llave — explica pasándomela de regreso —. Te la daré cuando sea el momento.
Le doy una mala mirada.
— ¿Por qué me regalas algo que no podré usar?
— Es solo una, termina de revisar.
Le hago caso y sigo buscando dentro de la bolsa, segundos después saco una caja de pinceles nuevos. Elliot sabe que mi pasatiempo favorito es pintar, algo que tenemos en común.
— Gracias — digo con sinceridad, aunque ya los tenía, pero eso él no tiene que saberlo —. ¿Hay más?
— ¿Por qué me preguntas si ya sabes la respuesta?
Suelto una risita, adoro molestarlo, es mi otro pasatiempo favorito. Lo siguiente que saco de la bolsa es un lienzo mediano y le doy la vuelta, una gran sonrisa se forma en mis labios y repaso el contorno del retrato con uno de mis dedos. Soy yo.
— Elliot… es maravilloso — susurro fascinada observando cada detalle —. Es el mejor regalo que he recibido hasta ahora.
— Me alegra que te haya gustado, no sabía que regalarle a alguien que ya lo tiene todo.
Abrazo el retrato observándolo esta vez a él y asiento con la cabeza sin dejar de sonreír.
— No tenía un retrato mío, pero ahora sí, oficialmente ya lo tengo todo.
Él extiende su mano y acaricia mi cabello, el amable gesto no dura mucho, segundos después está revolviendo y desordenando mi peinado.
— No puedes ser amable ni siquiera un segundo — me quejo.
— Soy amable — habla haciéndose el ofendido —. Pero tu vida sería muy aburrida si yo no te molestara.
— Claro, mi mayor miedo — expreso con sarcasmo.
🦋
— ¿Y dónde era la fiesta? — Mi abuela pregunta por tercera vez en lo que va de la cena —. ¿Aún estás a tiempo de ir?
— Mamá, déjala — dice mi madre, pero yo solo sonrío con diversión.
— La verdad es que no quiero ir, abuela — le respondo con una sonrisa amable removiendo los vegetales en mi plato —. Pero ya vendrán otras.
La mujer mayor me observa cómo si yo fuera un extraterrestre, finalmente niega con la cabeza.
— Oh, querida, tu madre tiene suerte — empieza con cierto tono dramático —. Cuando ella tenía tu edad no paraba en casa, estaba en cada fiesta a la que la invitaban y a las que no también, mi mayor preocupación llegó cuando se escapaba para besuquearse con tu padre en el techo de la casa.
Mi padre no aparta la mirada de su plato en ningún momento mientras contiene la risa, mamá en cambio deja de darle la comida a Maeve, mi pequeña hermana.
— Es suficiente — se queja y todos reímos —. Harlow no puede hacer eso.
— Exactamente — la apoya papá.
— Tú hazlo — me susurra la abuela —. Yo te cubro.
— No, no puede — habla Matt pinchando un trozo de carne con su tenedor —. Nada de novios.
Mi padre lo observa con orgullo y asiente. Son la principal razón por la cual no me atrevo a tener cualquier novio, se encargarían de espantarlo.
— Por cierto, no ví cuando se fue Elliot — dice la abuela con expresión divertida —. Es un muchacho muy atractivo, siempre lo he dicho.
— ¿Tú lo crees, Har? — pregunta mamá mirándome con la misma expresión de la abuela —. No es que seas ciega.
— Bueno…
— Sí, Harlow, cuéntanos — habla mi padre bastante interesado en el tema, pero muy serio.
— No lo sé, nunca lo he visto así. Elliot es mi mejor amigo.
Las mujeres comparten una risa entre ellas, mi hermanita grita con emoción, papá y Matt… bueno, ellos están muy ocupados hablándose con la mirada.
— Es suficiente, dejen a mi niña.
Le doy una mirada agradecida a mi padre cuando interviene y sigo comiendo en silencio. Obviamente he notado lo atractivo que es Elliot, pero no es algo que pueda admitir, todos piensan que terminaremos casados.
Ilusos.
Nunca podría mirar a mi mejor amigo de otra forma. Ni siquiera es mi tipo, hay algo que lo hace ser muy irritante, pero lo soporto porque lo aprecio. Sé que él también me ve cómo a una hermanita, nada de qué preocuparse.
¿O sí?
Mi conciencia es igual de imprudente que las personas a mi alrededor, siempre me sabotea.
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Nota de la autora: ¡Hola! Es un placer tenerte por aquí, querido lector, espero que esta historia sea de tu agrado. No te olvides de votar y comentar para así compartir nuestro entusiasmo.
Los amo <3