Prólogo
—¡Cuidado Adam! —exclamó Ashlynn antes de ser golpeada por una bala en el cuello.
—¡Ashlynn! —Adam corrió hacia su novia, no sin antes disparar una bala al que la disparó. La tormenta estaba apenas comenzando y los rayos ya caían descontroladamente a todas partes.
El ser oscuro causante de todo se elevaba del suelo, quitándose su collar y arrojándolo al suelo. Los entes volaban de aquí para allá sin control, solo atacando y aterrando a los presentes. Thomas corrió por las escaleras hasta llegar al demonio mayor.
—¡Detente ya! ¡¿No te das cuenta que nos condenas a todos, incluyendote?! —le gritaba el rubio al de ojos totalmente negros.
—¿Por qué habría yo de tener piedad con el mundo cuando el mundo no tuvo piedad conmigo? — chasqueó los dedos, causando que el suelo se partiera y salieran más criaturas de allí. Thomas retrocedía lentamente —¡Cuando la medianoche llegue, seré el monstruo que todos tanto querían ver!
Thomas fue arrojado por una de las bestias, siendo iluminado por la luz de la luna roja que se podía ver por el agujero en el techo de la iglesia, por último siendo arrojado a una de las grietas abiertas y cayendo a un pozo profundo y lleno de oscuridad que no tenía final, siendo los gritos de desesperación lo último que se oyó de él.
...
Los gritos invaden la habitación de Adam, levantando bruscamente de su cama y sacudiéndose mientras retorcía las sábanas. La puerta se abre y las luces se encienden, dejando entrar a su tía y a Matthew.
Sabine se sienta en la cama y arrulla a Adam en sus brazos —¡Ya cariño! Fue un sueño... solo un sueño — el de ojos verdes comenzó a calmarse de a poco respirando profundo, sus manos temblaban.
—¿Estás bien, Adam? ¿Qué viste? —Matthew se sentó en la silla giratoria frente a Adam.
—Thomas...— dijo el moreno en voz baja. —Hay que encontrar a Thomas.
El pelinegro volteó a ver a Sabine pensando, luego su vista volvió a mirar profundamente a los ojos del vidente —... ¿Y quién carajos es Thomas?








