Cap.0.5>Un viejo recuerdo
—¡Ame, ven mira! Te traje minis maicenitas que hizo mi madre
Comentó el pequeño argentino con emoción y orgullo de haberle traído aquel dulce al estadounidense, los cuales, salvó a toda costa de las mascotas que tenia en su humilde casa.
—¡Wow, Gracias Argie!Son...muy..deishioshas..
Dijo el de rayas pequeñas mientras llenaba su boca de aquellos postres, no quería que se los arrebatara su hermano mayor como usualmente hacía cada que el argentino le traía alguna comida de su casa. Ambos rieron con inocencia por lo poco que habían durado las maicenas en su encuentro, así, siguieron con su rutina, yendo a lagos a refresarse con el agua cristalina, a jugar con la pelota, dibujar y pintar con sus cuadernos como cada tarde.
—Argie..¿Me prometes algo?
—¿Mh? ¿Que cosa?
—Cuando seamos grandes y nos vean como alfas, no me ignoraras, ¿Verdad?
Preguntó apenado el de cabello ondulado y rayado, dejando su lápiz de color a un lado de su hoja, para ver atentamente al latino por la respuesta que daría, aunque...el que él estuviera tardandose en darle la respuesta le empezaba a poner nervioso.
—Mi padre me dijo que cuando sea grande debo buscar a mi pareja destinada, así como el hizo con mi madre, y que no debo dejarla por nada-
—Entonces seamos tu, tu pareja y yo, no quiero dejar al único mejor amigo que tengo y quedarme solo...
—Pfff, ¡Claro que no! ¡No te dejaría por nada, también sos mi único mejor amigo, no te cambiaría por nadie, ni siquiera por el asado de papá!
[Ring! Ring! Ring!]
El estadounidense frunció el ceño apretando algo más sus ojos ante aquel irritante sonido, al cabo de unos pitidos más abrió sus ojos, dándose cuenta que aquello no fue más que un sueño de un antiguo recuerdo de su infancia...un horrible sueño según su opinión personal.
—Ugh...otra vez con lo mismo
Susurró con su voz ronca llevando su mano hacia su cabello, entrelazando sus dedos entre los mechones de este en un intento de ponerse de buen humor por lo temprano que sonaba su alarma para ir a su trabajo, el cual, odiaba mucho últimamente, solo eran papeleos y problemas internacionales, aunque, al sentir un fresco aroma de menta y chocolate amargo sonrió.
Giró su cabeza hacia un lado viendo el pequeño y esbelto cuerpo desnudo de su Omega, durmiendo tan dulcemente en su pecho siendo cubierto por una delgada sábana negra, oh..bueno, lo que quedaba de ella. Soltó una risita y se acercó a sus labios para besarlos, bajando poco a poco a su cuello en una fila de besos, logrando ver, aquellos chupetones que el mismo había dejado en el menor, siendo solo rastro de la acalorada y ajetreada noche que habían pasado entre los dos.
—Texas, cariño, ya levántate, debo ir a trabajar y tu también, pequeño perezoso.